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Imagen de Fábrica de ácidos sulfúricos y abonos Más imágenes + Información

IDENTIFICACIÓN

Denominación: Fábrica de ácidos sulfúricos y abonos
Otras denominaciones:Abonos Carrillo, Nave de la empresa FERTISAC Código: 180220009
Provincia: Granada
Municipio: Atarfe
Dirección y vías de acceso: C/ San Fernando s/n y Camino Molino Bajo. Barrio Estación

DESCRIPCIÓN

Tipologías Actividades Cronología
Fábricas Producción industrial 1920

Agentes
Tipo Nombre Actuación Fecha
Ingenieros Fábregas, Ángel Autor del proyecto 01/01/1920
Promotores Carrillo de Albornoz, José Promovió la construcción 01/01/1920

Descripción

Pese a no ser la región andaluza, y en especial la provincia de Granada, excesivamente abundante en ejemplos relacionados con el sector químico, habría que destacar el importante auge que experimentaron las fábricas de fertilizantes durante todo el siglo XIX y principios del XX. La Fábrica de superfosfatos, abonos y productos químicos de Carrillo S. A., en Atarfe (Granada), es un interesante ejemplo para la arqueología industrial andaluza debido a la importancia tecnológica de la maquinaria e instalaciones utilizadas en la fabricación de su producto, al valor de su archivo empresarial y a la riqueza de esta arquitectura industrial.

El 6 de Diciembre de 1920 se constituyó ante notario la Sociedad Anónima Carrillo, comenzando así la actividad de la Fábrica de superfosfatos, abonos y productos químicos Carrillo S.A., surgida para dar respuesta a la creciente demanda de fertilizantes en la agricultura granadina. Inició su andadura con un capital social de 3.000.000 de pesetas (3.000 acciones de 1.000 pesetas cada una), instalando su sede administrativa en Granada. La fábrica se ubicó en la cercana localidad de Atarfe, junto a una estación ferroviaria de la línea Granada-Bobadilla. La fábrica contaba con un apeadero exclusivo para la carga y descarga de mercancías, tanto materias primas para la elaboración del producto como elementos ya elaborados para su distribución.

Su promotor originario fue José Carrillo de Albornoz, que dio nombre a la empresa, aunque diferentes movimientos en las acciones de la empresa llevaron a la familia Sola, residente en Granada, a hacerse con la propiedad del negocio.

Esta fábrica, proyectada por el ingeniero Ángel Fábregas, estuvo funcionando ininterrumpidamente desde su origen, en 1920, hasta el 26 de noviembre de 1989, cuando dejó de producir ácido sulfúrico. La fábrica producía abonos de superfosfatos y otros abonos químicos por lo que su situación cercana a la línea férrea era básica para su funcionamiento, ya que por medio de ella se abastecía de materia prima y distribuía su producción. La proximidad con el pueblo granadino de Atarfe, le beneficiaba a la hora de contratar mano de obra local, creando así puestos de trabajo en la zona, y de abastecerse de energía eléctrica.

Dentro de la actividad productiva de la fábrica, destacaba el proceso mediante el cual se obtenían fosfatados a partir de la utilización de ácido sulfúrico. Hubo un tiempo en el que la fábrica producía excedentes de este producto, lo que le llevaba a distribuirlo, además, a la Empresa Nacional de Pólvoras de Santa Bárbara, en El Fargue. Esto ocurría sobre todo en la primera etapa de su existencia, ya que posteriormente su producción casi no alcanzaba para su propio consumo.

El ácido sulfúrico (SO4H2), compuesto de azufre, oxígeno e hidrógeno, es un líquido incoloro, inodoro, oleoso, de gran densidad, que se obtenía mediante el quemado en unos hornos de pirita, llegadas en este caso de las minas de Huelva, a la vez que se le va extrayendo el azufre. La fabricación de los superfosfatos se llevaba a cabo en las llamadas ¿cuevas¿, mezclando el ácido sulfúrico con el fosfato (importado desde el antiguo Sáhara español y de Marruecos a través del puerto de Motril), una vez molido para facilitar su precipitación). Así se obtenían los superfosfatos de cal, un gran fertilizante muy demandado en ese momento en la agricultura granadina.

Este conjunto fabril se compone de dos grupos de edificios construidos en diferentes épocas con espacios muy diversos y complejos, dada la diversificación y especialización de las tareas allí realizadas. El primer grupo corresponde a los años veinte, cuando la fábrica entra en funcionamiento, mientras que el segundo aparece en los años cuarenta, cuando la buena marcha de la producción exige la ampliación de las naves. El edificio original, en donde se ubicaban los hornos, las cámaras de plomo y demás maquinaria, presenta una arquitectura propia de los edificios industriales de los años veinte, con fachadas de ladrillo visto. La ampliación de los años cuarenta consistió en la construcción de otra nave a semejanza de la primero.

Cada conjunto consta a su vez de dos edificios de tamaño diferente; tanto las cámaras de plomo, como los Gay-Lusac y la torre de Glover, y los enfriadores de ácido se ubicaban en los de mayor tamaño; en los de menor tamaño se ubicaban lo hornos de tostación de pirita. Estos procesos de fabricación necesitaban unas instalaciones y una maquinaria muy avanzadas que en la actualidad ya no se encuentran en la fábrica.

La nave industrial a dos aguas ha generado un amplio repertorio interpretativo en el cual cabe destacar, como elementos significativos, los materiales usados en su construcción, la estructura del edificio y la escala y composición formal de la nave. En este caso, la interesante arquitectura de estos edificios, construidos con fábrica de ladrillo en celosía, es muy liviana y ventilada en su exterior, facilitando así la salida de gases. Las construcciones responden a las tipologías de nave a dos aguas, pabellón de pisos y arquitectura-máquina para los hornos de tostación y torres Glover. Contrasta, sin embargo, con sus espacios interiores, en los que la estructura de hormigón armado se muestra desnuda y robusta, necesaria para soportar las grandes cargas y tensiones de la maquinaria que allí se aloja. Estos interiores recuerdan a grandes espacios religiosos en su disposición en altura, con la utilización de arquerías elevadas. Las naves, de traza rectangular, se dividen en dos plantas para separar y alojar los diferentes procedimientos allí realizados. Están cubiertas con tejado de chapas de uralita apoyadas sobre cerchas de hierro y hormigón, colocándose sobre ellas otros sobretejados de ventilación.

Este interesante y valioso ejemplo de arquitectura industrial permanece a la espera de una intervención que permita su conservación. No en vano, las instalaciones mecánicas y el archivo de la empresa forman parte ya del Patrimonio Histórico Andaluz.


Datos históricos

Desde que en la segunda mitad del siglo XVIII comenzara a industrializarse el ácido sulfúrico, ha habido enormes avances en el proceso de fabricación de este producto. Si bien en sus inicios no era un producto muy demandado, utilizándose entre otras cosas para la fabricación de compuestos medicinales, es a finales del siglo XIX y principio del XX cuando el auge de las fábricas de abono para la agricultura y las refinerías de petróleo demandaban casi el 90% de la producción total de ácido sulfúrico. Gracias a los avances tecnológicos en su fabricación, como el que aportó John Roebuck a mediados del siglo XVIII, en el que introdujo las cámaras de plomo en el proceso, la producción de ácido sulfúrico se incrementó de manera considerable, proporcionalmente a la creciente demanda que de él se tenía.

A lo largo de su historia, en Granada ha habido diferentes y prometedoras iniciativas industriales que finalmente no han llegado a cuajar y quedaban solamente en la intención. Ejemplos como el gran auge de la industria azucarera tanto en la costa granadina con la caña de azúcar, como en la vega de Granada, con la remolacha, o como la industria textil en Granada capital, Motril, Baza, provocaron que Granada pudiera llegar a competir con otras regiones industriales de España en cuanto a futuro industrial. No en vano, la industria azucarera de la Vega de Granada, por ejemplo, creó la segunda red de tranvías de Europa, por detrás de Viena, que distribuía tanto mercancías como pasajeros a toda la provincia.

En este contexto de progreso industrial es donde aparece esta Fábrica de superfosfatos, abonos y productos químicos Carrillo, S.A. que inició su andadura el 6 de diciembre de 1920 para responder a la demanda de fertilizantes que la agricultura granadina solicitaba con motivo de su desarrollo.

Todavía a finales de los años ochenta, casi setenta años después, esta fábrica seguía produciendo ácido sulfúrico por el método de las cámaras de plomo (dejó de funcionar en 1989), siendo la última en España en hacerlo, por lo que hasta hace muy poco todavía se encontraba en un buen estado de conservación. En los últimos años se han desmontado las cámaras de plomo, las torres de Gay-Lusac, las torres de Glover, hornos de piritas, tubos de conducción de gases, etc. y ha quedado en desuso el resto de maquinaria, ya obsoleta.

Actualmente, la empresa sigue funcionando, pero reconvertida según las nuevas necesidades del mercado. Ahora produce, mediante modernas técnicas, abonos complejos granulados gracias a un proceso de mezcla de nitrógeno, fósforo y potasio, a los que se le aporta materia orgánica para enriquecer aún más las tierras de cultivo.

DOCUMENTACIÓN

Información Bibliográfica

AA.VV.: Patrimonio industrial de Andalucía, Sevilla: Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes, 2006. 156-159. 84-8095-446-9

GIMÉNEZ YANGUAS, Miguel; RUBIO GANDÍA, Miguel Ángel; REYES MESA, Jose Miguel: El pasado del futuro : vestigios de la industrialización en la provincia de Granada , Granada: Diputación Provincial de Granada, 2001. 137. 84-78073108

SOBRINO SIMAL, Julián: Arquitectura de la industria en Granada, Sevilla: Instituto de Fomento de Andalucía, 1998. 151-152. 84-87672-19-1

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