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Imagen de Cortijo el Torbiscal Cartografía Más Bibliografía Más Información

IDENTIFICACIÓN

Denominación: Cortijo el Torbiscal
Código: 01410950104
Caracterización: Arquitectónica, Etnológica
Provincia: Sevilla
Municipio: Utrera

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología Estilos
Cortijos Actividad agropecuaria Edad Moderna

Descripción

Nos encontramos ante un cortijo de grandes dimensiones de 2.800 hectáreas, la mayoría de ellas puestas en regadío. Su tipología arquitectónica es deudora de las construcciones de la década de los cincuenta, contando con numerosas dependencias, pero estrechamente vinculado a un poblado, en este caso del Torviscal. Como áreas significativas con dedicación agrícola sobresalen los graneros, almiares y naves de comercialización; y entre los espacios reservados a la ganadería, las cuadras. Además cuenta con oficinas. Hay que mencionar el poblado del Torviscal, como espacio fuertemente vinculado con la finca, que cuenta con un equipamiento, como tiendas, iglesia con espadaña de la misma época del cortijo, escuela, viviendas, etc. Todo esto encuentra su justificación en la cantidad de gentes que trabajaban, aproximadamente 100 familias fijas, por lo que se requería que estuviera equipado el lugar de hábitat. Se sabe que en la década de los 50 se realizó una transformación, cuyo resultado final fue la puesta en regadío de la zona.

Sin ser una edificación de antigüedad, posee gran interés. Sus modernas estructuras ilustran una época en la historia clave del agro andaluz. Como en ninguna otra explotación del término se puede leer este decisivo capítulo en la evolución de las formas de aprovechamiento de la tierra. La complejidad del conjunto reside no tanto en la dimensión de las fábricas destinadas al cultivo y almacenamiento de los frutos como en el hecho de que la vivienda de los empleados llegó a constituir un poblado que fue construido, a diferencia de otros que surgen en esas fechas, por una iniciativa particular.

Las edificaciones más antiguas que han sobrevivido a las sucesivas reformas de la segunda mitad del siglo XX son de la década de 1950. La fecha 1957 aparece en el umbral de una de las dependencias del patio de oficinas. De entonces data la intervención del arquitecto sevillano Romualdo Jiménez Carlés, posible autor del diseño del señorío y de algunos de los módulos todavía existentes. Empleó en la definición de las formas arquitectónicas una tibia interpretación del regionalismo acuñado por J. Talavera. De este mismo autor son las reformas que en los años treinta se produjeron en el caserío de la Hacienda de Bujalmoro (Dos Hermanas) y en la casa nº 47 de la avenida de la Palmera (1941).

Mucho más moderna e interesante es la aportación de otro arquitecto sevillano relacionado con estas fábricas, Antonio Delgado Roig. Suya es la traza del poblado y posiblemente de los diversos módulos de habitación del mismo. En el diseño de su arquitectura funde las corrientes regionalistas con notas art decó. La carretera nacional separa el poblado del sector productivo. Pese a ello hay un intento de formalizar una unidad, arbolando los márgenes de esa vía desde el camino de acceso a las dependencias agropecuarias hasta llegar a bordear la línea de fachada de las viviendas.

El sector productivo se compone de un núcleo cerrado, marcado por una tapia y diversas puertas de acceso,que se articula mediante patios, y diversas unidades repartidas por las inmediaciones. Desde la carretera se llega al cortijo a través de dos caminos, uno que conduce directamente al señorío y es de acceso restringido, y otro que concluye, tras pasar por delante de la vivienda, frente al área productiva. Al reforzar esta vía, por la que los operarios acceden al cortijo, ha cambiado sustancialmente la forma de abordar el conjunto. Ya no tiene la marcada frontalidad de antaño, cuando la fachada del señorío y los jardines que le antecedían recibían a los visitantes. El patio de oficinas, que se ha convertido en el receptor de las visitas, se encuentra rodeado por estas dependencias administrativas y un cuartel de la Guardia Civil en desuso, todo encalado en blanco. Desde este espacio se accede a un gran patio de labor, donde se encuentran unos grandes talleres, con iluminación natural cenital, construidos con posterioridad a las demás piezas que se distribuyen en torno a este patio. Más antiguas son las cuadras que se disponen en el mismo lateral. En la crujía frontal se ubicaban la casa del encargado y un taller con surtidores de combustible.

Las cuadras, que son de interesante ejecución, conforman junto con otras naves otro patio con una fuente central y el suelo de cantos rodados, denotando cierto aspecto urbano. Desde aquí hasta el muro que cierra todo este sector se extiende otro patio, también de labor. Completan esta estructura cerrada otras naves destinadas al almacenamiento. Todo tras una fachada que desde el punto de vista formal acusa las influencias de la arquitectura urbana neobarroca.

A distancia de este núcleo se hallan otras piezas de considerable envergadura. Así, el silo de gran envergadura, que caracteriza el perfil de la finca desde la distancia, compuesto por cinco depósitos de sección ovoidal y diversas naves. A unos metros se erige otro depósito de grano, de sección cuadrangular y más acorde en lo estético con las formas vernáculas. Al otro lado del núcleo del cortijo se disponen dos naves avícolas de gran extensión. A lo descrito hay que añadir, por último, que todavía se conserva un largo tramo de acequia elevada.
Por lo que respecta al poblado, hay que destacar que acogió a unas 500 personas en 150 casas. Con esta actuación los propietarios de la finca se incorporaron al proceso reformador que durante la autarquía se llevó a cabo en el campo sevillano. Por este hecho, y porque surgiera asociado a una explotación agrícola, se convierte en un capítulo aparte en la historia de esta reforma. Sin embargo, frente a otras intervenciones en que se cuidó un diseño, en muchos casos, en línea con el Movimiento Moderno, en este lugar se ha conjugado esa modernidad con la reproducción de modelos tradicionales. Sin ir más lejos, la propia iglesia repite en sus esquemas básicos los utilizados por la arquitectura barroca dieciochesca.

La estructura del poblado es ortogonal, con las calles trazadas a cordel, más numerosas las que se orientan en dirección este-oeste, por lo que se configuran manzanas muy alargadas. Sin llegar a delimitarse el perímetro urbano mediante una obra explícita, se establecen sutiles formas de separación con el exterior, sobre todo en el lado de poniente, con tres manzanas situadas en paralelo a la carretera como farallones protectores. Traspasado este muro edificado, por la calle central nos encontramos con la iglesia, alineada con este acceso para reforzar la perspectiva. Tras ella se encuentra la única manzana no edificada, que deja lugar a un parque. Se puede decir que este conjunto formado por la iglesia y espacio abierto constituyen el eje vertebrador del poblado.

En cuanto a las edificaciones, cabe considerar las viviendas, en sus diversas variantes, y los recintos de uso común. Un cine, situado en la línea exterior, es la pieza más notable por su dimensión y definición formal, con detalles asociables al Movimiento Moderno. Diversas tiendas, un dispensario de la Seguridad Social, un mercado y garajes, son las otras dependencias de uso colectivo. Hay una amplia gama de viviendas, todas unifamiliares, algunas con jardín.


Datos históricos

El Torbiscal es una enorme explotación agrícola situada en el punto donde se unen la carretera nacional IV, entre Sevilla y Jerez, con la provincial a Las Cabezas. Pese a su modernidad, posee una larga historia. La dehesa del Torbiscal estaba comprendida entre las tierras comunales de la villa de Utrera. Ésa era, al menos, la justificación que dio el Concejo en el pleito que sostuvo contra su pretendido propietario, don Juan Núñez de Illescas, en 1572. Un año más tarde fue reconocida la petición municipal y los tribunales fallaron a su favor. Sin embargo, más tarde está documentado el traspaso de la propiedad a Núñez de Illesca del primitivo dueño, el duque de Béjar.

En 1760 era del marqués de Castilleja del Campo y en 1830 seguía en manos de la misma familia. En 1831 formaba parte de las propiedades del vínculo de don García de Porres, conde de las Atalayas, pasando a don José Manuel de la Cámara Canaleta en 1892.

En 1952 publicaba el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas un estudio en el que se aludía a las nueve especies de trigo con las que se había experimentado en la finca. Pese a su carácter modélico, se vio amenazada por los conflictos sociales de la década de 1960 e incluso por la reforma agraria de la autarquía. En la actualidad es un modelo de explotación, a cargo de la sociedad José Manuel de la Cámara, S. A.

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información documental

Dirección General de Bienes Culturales y Museos. Inventario de Arquitectura Popular 1992-1997. Cortijo el Torviscal, 1992.

Junta de Andalucía. Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio. PAVÓN TORREJÓN, Guillermo; Fernando Quiles García, Inventario Cortijos, Haciendas y Lagares. Provincia de Sevilla. Cortijo el Torbiscal, 2009.



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