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Imagen de Convento de San José de las Teresas Cartografía Más Bibliografía Más Información

IDENTIFICACIÓN

Denominación: Convento de San José de las Teresas
Otras denominaciones: Convento de las Teresas ; Convento de San José de Madres Carmelitas Descalzas ; Palacio del Conde de Palma-Convento de San José ; Las Teresas ; Palacio del Conde de Palma Código: 01410390134
Caracterización: Arquitectónica
Provincia: Sevilla
Municipio: Écija

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología Estilos
Conventos Actividad doméstica Edad Media 1385/1399 Mudéjar
Iglesias Ceremonia cristiana Edad Moderna 1655/1656 Barroco (Estilo)

Descripción

El convento se encuentra emplazado en el antiguo palacio del Conde de la Palma, situado en la Calle del Conde, una de las calles más importantes de la localidad, aledaña a la Plaza Mayor y cercana a la Iglesia parroquial de Santa maría de la Asunción, Hospital de los Galindos, Mercado de abastos, etc.

Es un edificio que destaca en altura del resto de los edificios que lo rodean, no solo en los muros perimetrales sino en la disposición a dos aguas de sus altos tejados, cajas de escaleras, de entre lo que sobresale la espadaña.

Son muy numerosos e importantes los restos del antiguo palacio mudéjar de los Condes de Palma que se conservan en el interior de las dependencias conventuales, aunque por su condición de clausura es el edificio más emblemático y menos conocido por los propios ciudadanos de Écija. No obstante permanece su estructura, con acceso al recinto en eje acodado y la organización original del espacio así como el tipo de decoración, los patios con galerías, el predominio de las proporciones cuadradas, los vanos encuadrados por alfices y frecuentemente, partidos mediante ajimez, las decoraciones planas, el uso de las yeserías y los azulejos, etc.

Al recinto conventual se accede por una portada monumental ubicada en la calle del Conde, entrada que articula el compás donde se encuentra la puerta principal de la iglesia. Un gran arco da acceso a un patio donde se localizan las dependencias anexas del convento: la portería, el antelocutorio y el locutorio y la sala del torno, donde se ubica la puerta reglar que da acceso a la clausura.

El cuarto de la portería, cubierto por un magnífico artesonado y adornado en la parte superior por un gran friso de yeserías, da acceso en eje acodado al claustro conventual: porticado y cerrado en sus cuatro frentes, es de planta rectangular e irregular, ya que presenta cinco arcos peraltados en los frentes Norte y Sur y cuatro análogos en los lados Este y Oeste. Estos arcos, enmarcados por alfices, se elevan sobre pilares cuadrangulares achaflanados de ladrillo. Por conveniencias de la Comunidad, los cuatro frentes de arcadas del claustro se encuentran tabicados con aperturas de vanos rectangulares, necesarios para dar luz a las galerías.

La galería Norte, posee un estupendo artesonado policromado con lacería y piñas de mocárabes doradas. Los arcos fajones y formeros así como el intradós de los vanos cegados del claustro y los frisos superiores, se encuentran decorados con yeserías, donde los atauriques y lazos casan motivos arquitectónicos de depurado dibujo. En cambio la galería del Este se cubre con vigas maestras semejantes a las del lado Norte, careciendo de interés la cubrición de los lados Sur y Oeste.

Junto a la galería Este se ubica el coro bajo, comunicado directamente con el presbiterio de la iglesia conventual, situándose entre las dos rejas el sepulcro de la madre fundadora, Sor Juana de la Santísima Trinidad. Las dependencias del lado Sur, que son una prolongación de la iglesia, lindan con la calle del Conde, habiendo sido remodelada en época moderna con la construcción de cuatro celdas ocupando otras tantas arcadas del claustro primitivo.

La importancia de la galería Norte radica en que sirve de acceso, mediante un arco de medio punto decorado con ricas yeserías en su frente y en el intradós, a la sala baja, llamada Sala de Recreación, importante Salón de Honor del antiguo palacio mudéjar. Está cubierta con artesonado de lacería policromado y decorado con yeserías similares a las del resto del conjunto. Las puertas que cierran esta sala son de gran importancia artística: se componen de dos grandes hojas sujetas por quicialeras, cada una de las cuales presenta un portón. Están relacionadas directamente con diferentes edificios sevillanos como las puertas del Salón de Embajadores de los Reales Alcázares e incluso con algunas de la Casa de Pilatos. Sus hojas están decoradas con ruedas de lazo de a dieciséis, presentando restos de una inscripción en latín, hoy día casi desaparecida y que según los autores del Catálogo podría tratarse de versículos eucarísticos similares a las que presentan otras puertas mudéjares pertenecientes a los siglos XIV y XV.

Al lado derecho de estas puertas se encuentra una ventana mudéjar, decorada con motivos góticos que nos indican el declive del siglo XV, y sobre ella el escudo de armas de los Guzmanes y de los Portocarreros. En el lado opuesto se sitúa un vano con decoración barroca sobre el que penden los escudos del linaje de los Figueroa y otros.

Cruzando la Sala de Recreación se accede al amplio jardín, frontero a la tapia que cierra el recinto conventual y que linda con la calle Morería.

A través de una pequeña galería, y siempre en dirección Norte, se accede a la Celda Prioral y a otras, que conforman todas un espacioso salón. Se trata de un conjunto realizado en el siglo XVI, cubierto con artesonado y decorado con yeserías renacentistas, aunque con ciertas reminiscencias góticas, cuyo alfarje primitivo está decorado con motivos florales y grutescos. En el artesonado se distribuyen escudos de los linajes de Mendoza, Portocarrero, Figueroa, Manrique, Córdoba y otros. Los vanos que iluminan este recinto comunican directamente con la huerta. En este conjunto cabe destacar la Celda de la Venerable, que forma parte de uno de los salones renacentistas.

Prolongando estos salones hacia el Norte, se construyó un nuevo edificio, ocupando parcialmente las zonas libres de edificaciones y separando física y visualmente las huertas, en cuyo extremo se situó el cementerio, del jardín conventual. El edificio, que consta de dos plantas, se articula a través de un pasillo central, cubierto por rollizos y ladrillos por tabla, que da acceso a una serie de celdas que se organizan perpendicularmente a partir del eje definido por ese pasillo central. Según tradición oral de la Comunidad, este edificio fue construido por la Madre Juana de la Santísima Trinidad poco después de la compra del Palacio. No sabemos por tanto si la inscripción que se conserva sobre el pavimento, Año de 1698, se refiere a alguna reforma posterior.

El refectorio es una sala rectangular que enlaza la parte noble del palacio mudéjar con el patio de las cocinas, llamado por la Comunidad "el patio de los limoneros", espacio abierto circundado por tres galerías. La de poniente conserva en planta baja una arquería con arcos de medio punto muy peraltados, enmarcados por alfiz, sobre pilares de ladrillo ochavados; en planta alta se cierra con balcones de factura moderna, sobre los que recientemente se construyó un remonte. En el frente de levante, la galería baja se compone de tres arcos de herraduras enmarcados por sus correspondientes alfices, de tradición islámica, fechados por Félix Hernández como de la segunda mitad del siglo XV; la planta superior se remata con arcos de medio punto rebajados, enmarcados por alfiz que campean sobre columnas de mármol blanco con capiteles corintios, conservándose aún en los extremos, columnas de ladrillo de clara tradición mudéjar, cobijando un artesonado renacentista policromado. La galería Norte se articula a través de cuatro arcos de medio punto peraltados, enmarcados por alfil, sobre pilares de ladrillo achaflanados. En planta alta encontramos una galería con arcos de medio punto rebajados, enmarcados por alfil sobre columnas de mármol, con artesonado similar al frente de levante, a excepción de la parte central, donde se sitúa un artesonado rectangular de lacería con cinco piñas de mocárabes, también policromado. Es este frente precisamente el que articula los accesos a un gran salón, de la segunda mitad del siglo XV, abierto tanto al patio de las cocinas como a la huerta, a través de sendas portadas de medio punto enmarcadas por alfices, flanqueadas por ventanas con dos arcos de herradura, también con sus alfices, dividido por una columna de mármol a modo de parteluz o mainel, cuyos capiteles se decoran con escudos heráldicos. El acceso desde la planta baja de este salón a la huerta, se realiza mediante un pórtico de cinco arcos de medio punto peraltados, enmarcados por alfices, que campean sobre pilares de ladrillo achaflanados.

A la planta alta conventual se accede por una amplia escalera cubierta con bóveda de arista situada en el ángulo Noroeste del patio principal. La escalera, articulada en cinco tramos con cuatro descansos, ocupa parcialmente dos crujías, solución arquitectónica idónea ya que de esta manera obtiene luz y ventilación a través tanto del claustro principal como del patio de las cocinas.

El elemento que articula la planta alta es el claustro con arcos peraltados enmarcados por alfices en dos de sus frentes, careciendo el lado Sur de arquerías, frente construido en una remodelación posterior donde se abrieron vanos de factura moderna. Posiblemente este lado del patio, lindero con la fachada a la calle del Conde estuviera abierto, a modo de terraza mirador, semejante a los patios sevillanos del XV como la Casa de Pilatos, Dueñas o Pinelos, entre otros.

La galería norte, cuya cubierta original fue sustituida por bovedillas modernas, presenta, a la altura del forjado, un friso pictórico sobre tabla, ampliándose en la parte central, frente al Salón de Honor alto, donde la decoración se centra en arcos polilobulados, enmarcados por alfil, en cuyo interior se ubican escudos nobiliarios.

Al Salón de Honor de la planta alta, idéntico en dimensiones a la Sala de Recreación de la planta baja, se accede mediante un gran arco de medio punto. Dividiendo este salón, y ya que la altura de éste lo permitía, se construyó un nuevo forjado que duplicó el área destinada a celdas. Esta división fue suprimida en las restauraciones que en 1971 realizó en dicho salón el arquitecto Don Rafael Manzano Martos, devolviéndole su estructura original, aunque dejando inacabada la reposición de los paneles de yeserías que, aun hoy más de treinta años después están en el suelo, a la espera de su colocación definitiva.

El arco de acceso a la sala está decorado con yeserías en el exterior, interior e intradós, además de presentar en sus jambas alicatados de azulejos, de clara filiación islámica y similares a los zócalos de los Reales Alcázares de Sevilla. Estos zócalos, que también se conservan en la galería del claustro así como en las ventanas, presentan temas de estrellas de ocho puntas alternadas con otras de dieciséis, rematadas en las jambas por un friso de rombos coronados de almenas, con alternancia polícroma del verde, blanco, melado y negro. Su ejecución, de corte fino y cuidado, permite situar estos azulejos en la segunda mitad del siglo XIV, como los que cubrían el ábside de la Iglesia parroquial de San Gil de Sevilla, donde se repetían modelos idénticos a estos. Este acceso estaba cerrado por una gran puerta de dos hojas, similar a la de la planta baja, puerta que fue trasladada a la iglesia a mediados del siglo XVII y de la que aún se conservan las quicialeras altas. Estas hojas se encuentran decoradas con ruedas de lazo de a diez, sobre pintada en color marrón, por lo que los restos de policromía ha desaparecido bajo varias capas de pintura.

El salón conserva un pavimento de azulejos blancos, negros y verdes, formando una retícula, rodeado de un pequeño zócalo de alicatado del mismo tipo. Sus paredes se encuentran decoradas con frisos de yeserías, similares a las conservadas en la parte baja del convento, destacando los motivos orientalizantes. Este salón se comunica con la huerta, actualmente jardín, mediante un vano llamado Balcón de la Esclava, formado por dos arcos polilobulados enmarcados por un alfiz, decorándose las albanegas con un tema derivado de la sebka almohade, todo ello realizado en ladrillo. El vano se encuentra dividido por una columna de mármol a modo de parteluz o mainel en cuyo capitel se representan los escudos de los Figueroa. Las hojas de la puerta están decoradas con pinturas geométricas de tradición gótico-renacentista.

El salón se cubre por un alfarje, de gran importancia dentro de la carpintería de lo blanco, con decoración de lacería policromada entre las que se alternan piñas y cupulitas de mocárabes gallonadas en su parte central, todas ellas doradas.

En el extremo Este de la Sala se encuentra una alcoba, de igual riqueza artística que aquella, llamada Sala de los Cántaros, que también estuvo durante algún tiempo dividida por un forjado intermedio. En sus frentes se repiten los frisos de yeserías, así como un elemento decorativo en el que se representa un busto con cuerpo redondeado a cuyos lados se simulan alas planas de aires góticos, sosteniendo con los brazos y sobre su cabeza una cartela donde se representa el escudo del linaje de los Córdoba. Otro motivo representa una mano que sale de una amplia manga sosteniendo un vástago en el que apea una cartela con escudo. También aparecen representados animales fantásticos alados, serpientes enroscadas, etc., sobre los que se asienta el escudo de los Figueroa.

Las yeserías que decoran ambos salones son de una belleza y de un interés extraordinario. La totalidad del recinto está recorrido por un friso, que lo delimita en altura, decorado con arcos de herradura, lobulados, polilobulados, mixtilíneos, atauriques e inscripciones cúficas. A media altura el recinto es recorrido, de nuevo, por otro friso de paneles de yeserías rectangulares a modo de frontales, con motivos arquitectónicos, de lacería, atauriques, inscripciones cúficas, y elementos similares a los frisos superiores, de un perfecto acabado. En el frontal de la sala y en eje con el acceso desde la galería del claustro, encontramos un gran panel de yesería que simula un arco de medio punto, presidido por el escudo de los Córdoba y enmarcado por alfil, decorado con inscripciones cúficas, lacerías y atauriques que acogen tres nuevos arcos, dos lobulados y el central polilobulado. Del panel central parte el friso intermedio que rodea el recinto, cuya horizontalidad queda rota sólo puntualmente por los escudos de los linajes de los Córdoba y Figueroa, aislados y unidos a este friso mediante motivos zoomórficos de origen oriental.

Sobre la Celda Prioral se conservan otras dependencias con artesonados, semejantes al que cubre el Salón de Honor Alto. Estas dependencias muestran exteriormente un alero con canecillos y motivos decorativos que entroncan con el inicio del Renacimiento.

Continuando por la galería alta del claustro principal se accede a una galería que campea sobre el porche del patio de la portería. Por ella se accede al coro alto, situado a los pies de la iglesia.

Según consta, el recinto del convento debió de ocupar una superficie mayor de la que hoy día presenta, ya que según los autores del Catálogo en la casa número 14 de la calle del Conde, aledaña al convento, encontraron restos de un patio del siglo XVII con algunas habitaciones que presentaban artesonados del siglo XVI semejantes a algunos reseñados en el convento. También en la casa número 17 de la calle Compañía vieron un patio en que se encontraba un capitel con el escudo de los Ponce de León y parte de un claustro que debió de pertenecer al convento.

La adaptación de unas dependencias del antiguo palacio para iglesia así como su exorno interior fue posible gracias a la Priora Madre Juana de la Concepción. Consta de una sola nave cubierta por bóveda de cañón con lunetos, cúpula de media naranja sobre pechinas en el presbiterio, y cerrada por una puerta mudéjar decorada con lazos de a diez, fechada en la segunda mitad del siglo XIV y trasladada desde el Salón de Honor Alto. Tiene coros alto y bajo, situándose el primero sobre la puerta de acceso al recinto conventual y el segundo en el muro de la Epístola del presbiterio.

La portada principal, realizada en piedra, consta de dos cuerpos; el primero se articula en torno a un gran vano de medio punto formado por grandes dovelas y enmarcado por un alfil con decoración de cardinas góticas, situándose en sus enjutas los escudos heráldicos surmontados por águilas, de los Condes de Palma, D. Antonio de Portocarrero y Vega, tercer Conde de Palma, en el lado derecho y el de su esposa, Doña Sancha de Guzmán, hija de Garcilaso de la Vega, en el lado izquierdo.

El cuerpo superior consta de tres vanos enmarcados por arcos conopiales, resaltando desde el punto de vista decorativo el vano central, no sólo en tamaño sino también por su rica decoración gótica. Estos vanos fueron sellados en época incierta, albergando la pintura mural de San José en el central y el escudo del Carmen Descalzo en los laterales, sacralizándose de esta forma la fachada del palacio. Remata el conjunto un pelícano flanqueado por estachas marineras que se enrollan en sendos carreteles de clara influencia del Gótico Manuelino portugués, todo ello delimitado en altura por una banda de bolas.

Esta portada fue construida a finales del siglo XV por D. Lorenzo Suárez de Figueroa, Primer Conde de Feria, quien poseía señoríos en pueblos fronterizos con Portugal, de ahí la influencia del estilo Manuelino en la utilización de los motivos marineros.

En el muro de fachada a la calle del Conde, encontramos una hornacina avenerada guarnecida por tejaroz y protegida por un pequeño balconcillo, que alberga una cruz de madera que destaca sobre un fondo realizado al temple en el que se representa un rompimiento de gloria con cabezas de querubines. Creemos que el origen de este retablo callejero puede entroncar con la edificación de la iglesia del convento, fechándose en torno a 1655, cumpliendo el objetivo de sacralizar un edificio que exteriormente refleja con su fachada monumental un palacio. Aunque ha sufrido numerosas remodelaciones, en la restauración llevada a cabo en el 2005 por el restaurador Pablo O"Neil, obra financiada por la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte de la Junta de Andalucía a iniciativa de la Asociación de Amigos de Écija, el retablo recuperó su aspecto original, inaugurándose la restauración el domingo 5 de junio de 2005.

La espadaña se encuentra ubicada sobre el muro que sirve de cabecera a la iglesia, en disposición perpendicular a la calle del Conde. Su construcción puede fecharse a mediados del siglo XIX o principios del XX, siendo reconstruida de nuevo a mediados de 2003.

La espadaña presenta gran sencillez tanto en elementos arquitectónicos como en decoración. Consta de dos cuerpos y dos vanos, en los que destaca la utilización del frontón partido como remate del cuerpo inferior del que emerge el superior, que se remata a su vez por un frontón curvo del que emerge una cruz de forja flanqueada por remates piramidales. Su singularidad queda patente en la bicromía donde el color almagra y ocre resaltan las pilastras, frontones y remates.


Datos históricos

En el Cabildo celebrado el 23 de mayo de 1614, el Concejo ecijano accedió a la petición formulada por el Padre Provincial de los Carmelitas Descalzos, respaldado por sendas cartas del Duque de Lerma y del Padre General de la Orden, a que se trasladasen a la ciudad de Écija algunas religiosas carmelitas descalzas procedentes del Convento de Sanlúcar la Mayor, para iniciar así los trámites de la fundación de un Convento femenino

Los fundadores fueron, de una parte don Pablo Barragán y su esposa doña Ana de Torres, padres de la Madre María de Jesús, monja perteneciente a la primera comunidad que habitó el convento, y de otra doña Beatriz de Mantilla. Mediante escritura otorgada en Écija el 3 de septiembre de 1636, el susodicho cedía para la fundación las casas de su morada situadas en la calle Trascampanario junto a la Puerta de Palma, en la collación de la Iglesia Mayor de Santa Cruz, adquiriéndose con posterioridad otras casas colindantes además de rentas saneadas, donando el resto de su fortuna tras su muerte. Debido a las incomodidades e insalubridad del lugar alquilaron a la Marquesa de Almenara las casas que fueron del Conde de Palma, junto a la Plaza Mayor, en la calle del Conde, casas que pertenecían al mayorazgo, añadiendo en 1646 algunas aledañas para fabricar la portería del convento, adquiriendo las referidas casas en 1642 al precio de 12.000 ducados. La comunidad se trasladó en solemne procesión nocturna a su nuevo emplazamiento el domingo 21 de junio de 1643


Dentro de la Historiografía existen varias noticias acerca de la historia del Palacio. Unas lo consideran como obra realizada por los árabes durante la ocupación, y otros puntualizan aún más fechando su construcción durante el siglo IX. Otros creen que fue edificado probablemente por Don Fernán Ruiz de Figueroa, hombre rico al servicio de Alfonso X el Sabio, conquistador y poblador de Écija a mediados del siglo XIII.

Los investigadores actuales sitúan su construcción durante el siglo XIV, concretamente durante el reinado de Enrique II. Leopoldo Torres Balbás, realizó un estudio siguiendo una serie de fotografías que se conservaban en el Instituto Don Juan de Valencia, calificándolo de modelo perfecto de mansión señorial, centrándolo en el periodo mudéjar. Coincide con otros en que su construcción debió de realizarse durante el reinado de Enrique II y que debió pertenecer a una de las familias entroncadas con el linaje de los Córdoba, a juzgar por los escudos nobiliarios que presenta entre sus yeserías. En este trabajo Torres Balbás hace una descripción del Palacio, resaltando la organización a base de salas estrechas con alcobas en los extremos, limitados por arcos en cuyos intradoses lucen los enlazados de las yeserías.

Nos encontramos por tanto ante un edificio civil cuya fase constructiva inicial podemos situarla en el siglo XIV, y con claros paralelismos, en cuanto a técnicas constructivas y elementos decorativos, con el palacio de Pedro I en los Reales Alcázares de Sevilla, desde donde probablemente se desplazaron trabajadores especializados. El palacio de los Palma aúna en el mismo conjunto las influencias toledanas, cuna de la nueva nobleza castellana recién instalada en la ciudad, y granadinas, por cuanto la tradición constructiva de la ciudad sigue siendo islámica.

El conjunto, debido a los valores expresados anteriormente, fue declarado mediante Decreto de 3 de junio de 1931, Monumento histórico-artístico, y publicado al día siguiente en la Gaceta de Madrid.

Entre 1967 y 1978 el edifico fue objeto de una serie de intervenciones y restauraciones, dirigidas por el arquitecto Rafael Manzano Martos, tanto en la iglesia como en el recinto conventual y financiadas por la Administración del Estado.

En 1987 la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, encargó a los arquitectos Juan Ramón y Ricardo Sierra Delgado, la reforma de las cubiertas principales del Convento.

Durante los últimos años únicam

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Inscrito BIC Monumento Gaceta 04/06/1931

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

CHUECA GOITIA, Fernando. Historia de la arquitectura española : Edad Antigua y Edad Media. Dossat, 1965. 1800675.

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MACÍAS RICO, José Luis. Monografía sobre la Iglesia de San José y el Palacio de los Condes de Palma (Écija). Asociación de Amigos de Écija, 1982.

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MARTIN PRADAS, Antonio ; CARRASCO GOMEZ, Inmaculada. Sor Juana de la Santísima Trinidad, Duquesa de Béjar, Fundadora del Convento de Carmelitas Descalzas de Écija. . Écija . Asociación de Amigos de Écija, 31/12/2006. 84-611-2722-6.

MARTÍN PRADAS, Antonio; NÚÑEZ BONILLA, José. Sor Juana de la Santísima Trinidad, Duquesa de Béjar, Fundadora del Convento de Carmelitas Descalzas de Écija. Ayuntamiento de Écija , 2006.

MORALES MARTINEZ, Alfredo J... et al.. Guía artística de Sevilla y su provincia. Diputación Provincial, D.L. 1981. 84-500-4428-6.

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NOGUERA ROSADO, Joaquín. Itinerarios artísticos de Ecija. Desconocida, 1970. 4300513.

PEREZ CALERO, Gerardo. Arte mudéjar en Écija. Gerardo Pérez Calero, 1985.

Información documental

Archivo Central de la Consejería de Cultura, Consejería de Cultura, Dirección General de Bienes Culturales, Expedientes de declaración BIC Sin título.

Archivo Central de la Consejería de Cultura, Consejería de Cultura, Dirección General de Bienes Culturales, Expedientes de obras de intervención en el patrimonio inmueble Sierra Delgado, José Ramó, Restauración del Convento de las Teresas de Écija (P), 1987.

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Dirección General de Bienes Culturales y Museos. Juan Manuel Becerra García; Antonio Santiago Becerra García, Expediente de Declaración de Bien de Interés Cultural, categoría Monumento, del Convento de las Teresas en Écija (Sevilla).



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