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Imagen de Cerro de la Encina Más Bibliografía Más Información

IDENTIFICACIÓN

Denominación: Cerro de la Encina
Otras denominaciones: Los Olivares Código: 01181340004
Caracterización: Arqueológica
Provincia: Granada
Municipio: Monachil

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías P.Históricos/Etnias
Construcciones funerarias Edad del Hierro II - Iberos
Poblados Edad del bronce antiguo
Poblados Edad del bronce final
Covachas (Tumbas) Edad del bronce medio
Poblados Edad del bronce medio
Asentamientos Edad del cobre campaniforme

Descripción

El Cerro de la Encina se sitúa a unos 7 Kilómetros. de la ciudad de Granada sobre la margen derecha del río Monachil, que es uno de los valles de acceso a Sierra Nevada. El asentamiento se extiende por una amplia cumbre fuertemente escarpada y perfectamente individualizada de su entorno más inmediato. Posee, por tanto, una importante situación estratégica tanto en relación con el control del acceso a Sierra Nevada y a sus importantes recursos, especialmente mineros y pastizales, como por sus defensas naturales que dificultan y limitan fuertemente el acceso al interior del asentamiento. Además tanto por sus grandes dimensiones, características urbanísticas como por los importantes ajuares que acompañan a los enterramientos el Cerro de la Encina puede considerarse como el asentamiento central de la Vega de Granada durante el Bronce Pleno.

Desde una perspectiva cultural, en el yacimiento se han documentado toda una serie de depósitos sedimentarios, así como de materiales en superficie, entre los que destacan cerámicas con decoración campaniforme, pertenecientes a un Cobre Final/Bronce Antiguo. No obstante, la documentación más importante que se tiene pertenece a la Edad del Bronce. Dentro de este periodo, la primera ocupación pertenece a la cultura del Argar.

En líneas generales la ocupación argárica se organiza a partir de la secuencia de hasta tres grandes recintos defensivos que se suceden en el tiempo y que se sitúan en la meseta central del poblado, zona caracterizada por su inaccesibilidad y por el perfecto control visual de su entorno más inmediato. Las zonas de hábitat se localizan en las laderas y mesetas contiguas de tal forma que la fortificación se convierte en el elemento central entorno a la que se articula el hábitat. Este modelo claramente diferenciado de lo que sucede en otras regiones argáricas y que se repite en poblados como la Cuesta del Negro ha sido definido como característico del Grupo Granadino de la Cultura de El Argar (Molina 1983).

En relación con el poblado del Cerro de la Encina la excavación de la terraza que bordea el yacimiento por su lado suroeste (Zona B) ha permitido definir sus características urbanísticas que responden al esquema clásico de la cultura argárica: aterrazamientos artificiales realizados mediante la construcción de muros que van escalonando las pendientes y creando de esta forma plataformas sobre las que se sitúan viviendas de varias habitaciones que presentan plantas rectangulares o pseudorectangulares.

En cuanto a la necrópolis, siguiendo igualmente la norma argárica, las sepulturas se sitúan en el interior del poblado debajo de los suelos de habitación. El sistema de enterramiento más habitual en el caso específico del Cerro de la Encina consiste en una inhumación individual, doble o de forma más excepcional triple, realizada en pozo con cuevecilla lateral excavada en la roca y cerrada con un murete de mampostería o una laja de piedra. No obstante también se han documentado sepulturas en fosa simple o en cistas construidas con lajas de piedra. Los cadáveres aparecen siempre en forma flexionada y acompañados de ajuares funerarios cuya variabilidad en su distribución tanto cuantitativa como cualitativa marcan la posición social de los individuos (Molina 1983). El estudio realizado sobre las paleopatologías y desarrollo muscular de las inhumaciones (Jiménez y García 1989-90) apoyaría igualmente una organización social claramente estratificada con un acceso diferencial a los bienes de producción.

Incluyendo los diferentes trabajos de investigación realizados en el sitio arqueológico se han documentado 22 sepulturas en total de las que han sido excavadas de forma sistemática 17. No obstante, atendiendo a las indicaciones de M. Tarradell (1947- 48) el volumen de sepulturas expoliadas fundamentalmente en la primera mitad del siglo XX debió ser relativamente elevado lo que indicaría que una parte importante del registro funerario habría desaparecido.
En el caso específico del sector occidental de la Zona B el número de sepulturas documentadas asciende a 9 de las que 4 fueron excavadas en las campañas realizadas a finales de los años 70 y principios de los años 80 y las 5 siguientes se corresponden a los nuevos trabajos de excavación. Las diversas sepulturas de este sector se organizan en concentraciones específicas. En este sentido el primer grupo se localiza en el extremo suroeste de la terraza superior en donde se han localizado dos sepulturas: la tumba 9 consistente en una cista a tumba 13, construida en pozo con cuevecilla lateral cerrada por varias lajas hincadas verticalmente.
La segunda concentración de sepulturas se localiza en el extremo nororiental del área excavada, alineadas todas ellas a lo largo de un banco de roca. En concreto se han documentado 6 enterramientos, construidas por lo general en pozo con covacha o cuevecilla lateral cerrada por una gran laja y un murete de mampostería. La conocida como sepultura 21 se sale de la norma en cuanto a localización, tamaño y forma, onsiste en una gran caja de forma rectangular de 2 metros de longitud por 1,20 metros. de anchura abierta en la roca. En uno de sus laterales se han conservado incluso las marcas de las posibles cuñas utilizadas en el proceso de construcción. Asimismo se han documentado los restos de dos tablones de madera que, situados en los laterales de la sepultura, debieron sostener la techumbre formada por un armazón de materia orgánica sobre el que descansaban grandes lajas de piedra que cuando se han desprendido han afectado a la conservación de los restos óseos. Contenía una inhumación de dos individuos perfectamente articulados en posición flexionada, lo que sugiere que ambos han sido enterrados en un mismo momento. Esta situación no es habitual en las necrópolis argáricas ya que cuando se localiza más de un individuo sólo permanece en conexión anatómica el último en ser enterrado siendo arrinconada la inhumación preexistente o situada sobre el último enterramiento. El ajuar documentado también es de gran excepcionalidad por su riqueza ya que posee un total de 29 elementos entre los dos individuos.
Finalmente asociada a la terraza inferior se ha documento la sepultura 22 consistente en una cista
con una gran losa en la base sobre la que se apoyan las inhumaciones. El alzado de la cista se ha construido con lajas hincadas verticalmente y mampostería. La cubierta de la sepultura también consistía en una gran laja. Todo el conjunto ha sido cerrado por una doble hilada de lajas hincadas verticalmente y un murete de mampostería lo que indicaría que el acceso se ha realizado por un pozo desde el que se ha construido la cista. La sepultura aparece compuesta por una inhumación doble infantil con un individuo desarticulado y arrinconado en el fondo de la cista y un segundo individuo en conexión anatómica y posición flexionada.
Si se tienen en cuenta las importantes diferencias sociales establecidas para la Cultura de El Argar fundamentalmente a partir de los estudios de sus ajuares (Contreras et al. 1987-88; Lull y Estévez 1986; Molina 1983) se puede concluir que se trata de sepulturas de un estatus social elevado. Por tanto ante individuos que en la organización social del poblado ocuparon un lugar preeminente con un acceso a los bienes de producción claramente diferenciado.

Sin duda llama la atención la uniformidad en el hecho de que todos los ajuares son de gran riqueza. En este sentido las diferencias existentes entre los ajuares de las sepulturas descritas parecen estar mucho más relacionadas con diferencias de género o edad que con diferencias acusadas de clase; no obstante este planteamiento deberá ser confirmado con el análisis exhaustivo de la necrópolis en su conjunto. Sea como fuere parece evidente que en cualquier clasificación las sepulturas descritas entrarían a formar parte de los grupos sociales más elevados. En este sentido la conclusión que se deriva parece evidente, el sector occidental de la Zona B se correspondería con una de las áreas de residencia de las elites sociales del Cerro de la Encina. Esta organización espacial del poblado en función de la identidad social de las diferentes familias quedaría confirmada por las excavaciones realizadas en el sector central de la Zona B. En este área aunque cuantitativamente no son muchas las sepulturas excavadas la tendencia es clara hacia un área de hábitat de un nivel social bajo o muy bajo. De los tres enterramientos dos dobles y uno individual, dos de ellos no presentan ningún elemento de ajuar y el tercero posee tan sólo un vaso carenado y una ofrenda cárnica de ovicáprido. El contraste parece evidente entre estas dos áreas del poblado cercanas entre sí y que han sido excavadas sistemáticamente.

A esta organización en dos áreas socialmente diferenciadas se uniría el hallazgo junto a las fortificaciones de la Zona A de una sepultura infantil de gran riqueza, en concreto la tumba 8, consistente en un enterramiento en fosa simple de un individuo infantil en posición flexionada con un ajuar compuesto por un puñal largo y estrecho con dos escotaduras para el enmangue, varios remaches de cobre, cuatro clavos de plata con la cabeza semiesférica, un brazalete de oro formado por una espiral de dos vueltas y un vaso carenado. La aparición junto a la fortificación de esta sepultura, con un ajuar que sin duda marca una posición social muy elevada, podría estar indicando otra de las zonas de residencia de las elites, posiblemente de las aristocracias dominantes, tal y como ocurre en otros poblados argáricos en donde las acrópolis son ocupadas por los sectores sociales más elevados.

En relación con el periodo de ocupación correspondiente a la Cultura del Bronce Final del Sureste las características urbanísticas de estas nuevas poblaciones difieren sustancialmente de las utilizadas en época argárica. Durante estos momentos se abandona el sistema de aterrazamiento y la utilización masiva de la piedra siendo los sistemas de construcción netamente diferentes. El urbanismo se caracteriza por cabañas de planta ovalada que aparecen situadas de forma dispersa adaptándose a las características topográficas del sitio. No obstante en los momentos recientes también se han documentado estructuras de habitación de planta rectangular. Los sistemas constructivos se caracterizan por zócalos de piedra de escasa entidad sobre los que se alzan paredes de barro y ramaje. Las techumbres estarían constituidas por materiales orgánicos impermeabilizados con barro. Estas cabañas poseen grandes dimensiones, no aparecen compartimentadas y en algunas ocasiones presentan un revestimiento interior de sus paredes o estructuras internas realizado con placas de estuco amarillento de forma rectangular y decoradas con motivos geométricos (Arribas et al. 1974; Molina 1976, 1978).

Los trabajos de investigación más recientes se han centrado en el estudio de la secuencia de ocupación incluyendo todas las campañas de excavación realizadas en la meseta central del yacimiento (Zona A). El análisis de las relaciones diacrónicas y sincrónicas entre las diferentes unidades estratigráficas ha permitido construir una matriz organizada en dos periodos culturales y ocho fases constructivas. El primer periodo de ocupación perteneciente a época argárica queda estructurado como sigue:
las tres primeras fases corresponderían a fines del Bronce Antiguo y fundamentalmente al Bronce Medio, y las dos siguientes al Bronce Tardío . Para esta secuencia se cuenta con diversas fechas de C14 que marcarían un periodo de ocupación ininterrumpida entre el 2000 y el 1450 cal. BC.
El segundo de los periodos culturales perteneciente al Bronce Final del Sureste quedaría estructurado en tres fases, la primera correspondiente a un momento avanzado del Bronce Final Antiguo y las dos siguientes al Bronce Final Pleno.
Así mismo se ha realizado un exhaustivo estudio morfológico y tecnológico de los conjuntos cerámicos asociados a esta secuencia.


Datos históricos

Los trabajos de investigación de este sitio arqueológico se remontan a principios del siglo XX. Concretamente es J. Cabré quien en 1922 publica diferentes hallazgos correspondientes a varias sepulturas aparecidas en la ladera suroeste del cerro.. Tanto por el ritual funerario como por los ajuares el yacimiento quedaba encuadrado cultural y cronológicamente en la Cultura de El Argar (Cabré 1922). Con posterioridad son destacables los trabajos de excavación realizados por M. Tarradell en 1946.

Las escasas evidencias arqueológicas documentadas y la poca potencia de los rellenos arqueológicos en donde efectuó los sondeos le condujeron a la conclusión de que las labores de cultivo habían destruido el poblado siendo por tanto mínimas sus posibilidades arqueológicas (Tarradell 1947-78).

Pocos años después, en 1953 se celebra en Granada el Primer Curso internacional de Arqueología de Campo organizado por la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas. Con este motivo se eligió entre otros yacimientos el Cerro de La Encina para realizar un sondeo que ilustrase las nuevas metodologías de excavación (Presedo 1955). Estas excavaciones tuvieron importantes consecuencias para la conservación de los complejos estructurales.

Las investigaciones sistemáticas se iniciaron en 1968, realizándose un total de 12 hasta 1983. Los trabajos fueron realizados por el departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada. Durante las cinco primeras campañas (I-V) desde 1968 a 1972, las excavaciones se centraron en la meseta central del yacimiento (también conocidas como Zona A), en donde se documentó una amplia secuencia de ocupación en la que se identificaron dos horizontes culturales separados por una fase de abandono: el primer horizonte corresponde a la Cultura de El Argar y el segundo al Bronce Final del Sureste (Arribas et al., 1974)

El estudio de la secuencia documentada fue un objeto prioritario durante la década de los 70 (Arribas et al., 1974; Molina 1976, 1978: Torre de la 1977). Especialmente destacable es la importancia que el Cerro de la Encina tuvo en la definición y sistematización de las etapas recientes de la Edad del Bronce del Sureste peninsular. A partir de estos queda definido por una parte el Bronce Tardío como fase final de la Cultura de El Argar, y por otra, la Cultura del Bronce Final del Sureste como un nuevo desarrollo con entidad propia (Molina 1976, 1978).

Concretamente la secuencia quedó organizada en tres periodos:
la fase I correspondiente a un momento antiguo de El Argar B
La fase IIa asignada a un Argar B pleno,la fase IIb definida como Bronce Tardío
La Fase III correspondiente al Bronce Final del Sureste (Arribas et al., 1974 ; Molina 1978)

Durante esta década d investigaciones se abordaron igualmente toda una serie de trabajos específicos sobre diversos tipos de materiales entre los que destacan, por una parte, los análisis sedimentológicos y los estudios de Difracción de rayos X de determinados conjuntos cerámicos (Capel 1977), y por otra parte, las investigaciones de las muestras faunisticas realizadas por el instituto de Paleoanatomía Animal e Historia de la Investigación de la Domesticación de la Universidad de Munich.
La posterior ampliación de los conjuntos faunísticos conforme avanzaban las campañas de excavación dio origen a dos nuevos trabajos que fueron completando las características de la explotación ganadera del sitio arqueológico (Lauk 1976; Friesch 1987). Entre las conclusiones obtenidas es especialmente reseñable el proceso de especialización en la ganadería caballar que durante los momentos tardíos de la secuencia argárica supone más del 50% del número de restos identificados entre las especies domésticas.

A finales de los 70, concretamente a partir de 1977, se reanuda la excavación del poblado con siete nuevas campañas que se prolongan hasta 1983. Durante esta fase las investigaciones van a tener cuatro líneas básicas de actuación:
a) Definición del perímetro del s

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Incoado BIC Zona Arqueológica BOE 26/01/1981

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

ARANDA JIMÉNEZ, Gonzalo. El análisis de la relación forma-contenido de los conjuntos cerámicos del yacimiento arqueológico del Cerro de la Encina. Granada, España. Desconocida, 2001. 1841711721.

ARANDA JIMÉNEZ, Gonzalo; MOLINA GONZÁLEZ, Fernando Ricardo. Intervenciones arqueológicas en el yacimiento de la Edad del Bronce del Cerro de la Encina. Monachil, Granada. 169-175.

ARRIBAS, Antonio. Excavaciones en el poblado de la Edad del bronce, Cerro de la Encina de Monachil, Granada : El Corte estratigráfico Número 3. Desconocida, 1974.

ARRIBAS, Antonio. Las bases actuales para el estudio del Eneolítico y la Edad del Bronce en el Sureste de la Península Ibérica. 1976, pp.139-157.

CABRÉ AGUILÓ, Juan. Una necrópolis de la Primera Edad de los Metales en Monachil, Granada. 1922, pp.23-26.

CAPEL, Josefa. Aplicación de Métodos Analíticos al estudio de los sedimentos del Yacimiento Cerro de la Encina, Monachil, Granada. 1977, pp.321-347.

DE LA TORRE, Francisco; SÁEZ PÉREZ, Leovigildo. Una sepultura argárica inédita en Monachil, Granada. 1975, pp.405-410.

EGUARAS, Joaquina. La copa argárica de Monachil. 1941, pp.82-83.

FRIECH, K.. Die Tierknochenfunde Cerro de la Encina bei Monachil, provnz Granada. Grabungen 1977-1984. Desconocida, 1976.

LAUK, H.D.. Tierknochentunde aus bronzezeitlichen Siedlungen bei Monachil und Purullena. Prov. Granada. Desconocida, 1976.

MOLINA, Fernando. Definición y sistematización del Bronce Tardio y Final en el sureste de la Peninsula Ibérica. 1978, pp.159-233.

TARRADELL, Miguel. Investigaciones arqueológicas en la provincia de Granada. 1947, pp.405-410.

Decreto 43/2013, de 26 de marzo, por el que se inscribe en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Zona Arqueológica, el yacimiento del Cerro de la Encina, en Monachil , Granada.. 14/05/2013, 440-445.

Información documental

Archivo de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de Granada. José Javier Álvarez García; Ignacio Martín-Lagos Carreras; Antonio Manuel Montufo Martín, Expediente para la declaración de zona arqueológica a favor del yacimiento de Cerro de la Encina, Monachil, Granada, 2011.

Archivo Central de la Consejería de Cultura. MALDONADO, Gádor , BRACERO, Gerardo, Inventario de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Granada. Cerro de la Encina, 1992.

Archivo Central de la Consejería de Cultura. RUIZ SÁNCHEZ, Mª Victoria, Inventario de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Granada. Cerro de la Encina, 1993.

Archivo Histórico de la Universidad de Granada. El análisis de los complejos cerámicos del yacimiento arqueológico del Cerro de la Encina, Monachil, Granada. Cerro de la Encina, 2000.

Archivo del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. LÓPEZ LÓPEZ, Manuel , PEÑA RODRÍGUEZ, José Manuel, Actualización y Revisión del Inventario de Yacimientos Arqueológicos de la provincia de Granada. Cerro de la Encina, 1998.

Archivo de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de Granada. ARANDA JIMÉNEZ, Gonzalo , MONTUFO MARTIN, Antonio M. , RAYA PRAENA, Inmaculada, Actualización y Revisión del Inventario de Yacimientos Arqueológicos de la provincia de Granada. Cerro de la Encina, 2001.

Dirección General de Bienes Culturales y Museos. RUIZ SÁNCHEZ, Mª Victoria, Expediente para la Declaración de Zona Arqueológica a favor del yacimiento arqueológico del Cerro de la Encina. Cerro de la Encina, 1993.

Archivo Central de la Consejería de Cultura. Inventario de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Granada. Cerro de la Encina, 1989.



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