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NAVEGACIÓN
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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Real de la almadraba de Nueva Umbría
Código: 01210440023
Caracterización: Arquitectónica, Etnológica
Provincia: Huelva
Municipio: Lepe
Códigos relacionados

Incluye a:
Código Denominación
01210440027 Caseta del gasoil
01210440029 Alquitranadero
01210440031 Espacio de alineación de anclas, corchos y arrizanes
01210440024 Casa del capitán
01210440026 Embarcadero
01210440039 Bloque 9
01210440032 Espacio de preparación de las redes
01210440037 Bloque 7
01210440038 Bloque 8
01210440034 Bloque 2
01210440035 Bloque 3
01210440036 Bloques 4, 5 y 6
01210440040 Bloques 10 y 11
01210440030 Nave de almacenamiento y escurridero
01210440033 Bloque 1
01210440041 Instalaciones del Real Viejo
01210440028 Calderas y chimenea

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología Estilos
Edificios de almadrabas Edad Contemporánea 1928/1963

Descripción

El real de la almadraba de Nueva Umbría se encuentra dentro de los límites del Paraje Natural Marismas del río Piedras y Flecha del Rompìdo, que pertenece a la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía desde el año 1989. El real lo constituye un conjunto de instalaciones construidas a finales de la década de 1920 por el Consorcio Nacional Almadrabero destinadas a albergar a los trabajadores y mandos de la almadraba durante la temporada de captura del atún, así como al desempeño del conjunto del conjunto de tareas y faenas propias del desarrollo de este arte de pesca.

Las instalaciones que componen el real de la almadraba se organizaban en torno a tres áreas fundamentales: una, la administrativa, otra, la de trabajo y almacenamiento y, otra, la de habitación y servicios. La primera de ellas corresponde con la zona de administración, donde se encuentra la Casa del Capitán, uno de los edificios más nobles del conjunto, que albergaba a su vez la vivienda del capitán -arráez- y su familia, que ocupa el lado occidental del inmueble, y la oficina del administrador de tierra, que ocupa el lado oriental del mismo.

La casa del capitán se sitúa en el vértice noroeste del conjunto, a orillas de la ría del Piedras, en una posición estratégica que permitía el control visual sobre ésta, el resto del real e incluso sobre la propia almadraba, calada frente a la costa oceánica. Para ello, el inmueble cuenta, en su lado oriental, con una torre vigía de planta cuadrangular de cinco metros de lado, así como una terraza de 23 metros de longitud que avanza paralela a la ribera.

El área de trabajo y almacenamiento queda conformada por el conjunto de edificaciones netamente industriales, además de una serie de espacios no edificados destinados a la disposición del arte y pertrechos y a las diversas labores de mantenimiento y reparación de los mismos.

El tercer, y último área, corresponde con la zona de habitación, integrada por once barracones, de los cuales sólo se conservan actualmente nueve, que se erigieron en diferentes fases constructivas. Emplazados al sur de la nave de almacenamiento, transversalmente a su eje longitudinal, se distribuyen los bloques de vivienda destinados a albergar a los almadraberos y sus familias, no obstante, se reservan ciertos espacios para servicios tales como barbería, escuela, botiquín, etc. Estos inmuebles se encontraban alineados, a modo de acuartelamientos, al sur de la nave de almacenamiento. En líneas generales se plantean como edificios de planta rectangular, con desarrollo longitudinal, y para su distribución se opta por una agrupación en secuencias de dos, tres, cuatro y dos bloques respectivamente.


Datos históricos

Las primeras noticias que se tienen de una almadraba calada en la desembocadura del río del Terrón -actual río Piedras- se remontan al año 1503, aludiendo a una serie de enfrentamientos y conflictos de intereses generados entre los Duques de Medina Sidonia y los Señores de Gibraleón, que habían intentado calar una almadraba en Punta Umbría. Con firma de 1 de abril de 1766 aparece una 'Escritura de constitución de la almadraba de El Terrón', donde se constituye el arrendamiento de la almadraba por un período de ocho años, previo acuerdo entre la Casa de Medina Sidonia y una compañía sita en Huelva, cuyo propietarios pertenecían a la oligarquía local. Esta gozaría de los mismos derechos y privilegios con los que contaba la casa ducal en lo relativo a las capturas, a su venta, así como a la compra de todos los enseres y provisiones necesarios para su calado. De igual modo, el contrato atestigua que se trataba de una almadraba de derecho (mayo-junio) y de revés (julio-agosto). Esta es la primera referencia que constata la existencia de un real, en las inmediaciones del río Piedras, concretamente en la proximidades del Castillo de San Miguel, en la actual localidad de El Rompido (Cartaya), por lo que habría de contar necesariamente con una zona de almacenaje de los pertrechos y la sal, una chanca, una zona de habitación y un espacio reservado para el varado de las embarcaciones. Entre los años 1775 y 1779 se produce el abandono de dicha almadraba por un período de cuatro años debido a la crisis generalizada que se dio en el sector pesquero. Con posterioridad a este período de inactividad, la almadraba fue calada más a poniente -en la barra de la Tuta frente al poblado de La Redondela (Isla Cristina)-, siendo en este caso de revés.

La segunda mitad del siglo XIX supuso el resurgir de la pesca y la actividad salazonera en costas onubenses debido a la formación de la industria de transformación de pescado en las poblaciones de Isla Cristina y Ayamonte. El fuerte desarrollo de la industria conservera ayamontina e isleña se basó fundamentalmente en los derivados del atún que experimentaron un auge propiciado por la fuerte demanda del mercado italiano. Los empresarios conserveros onubenses, aprovechando un marco legal propicio, extendieron sus inversiones a la actividad extractiva, desbordando incluso el marco provincial llegando a controlar las almadrabas gaditanas y algunas marroquíes. Como consecuencia de este proceso de concentración de grandes capitales que detentan familias adineradas catalanas y valencianas afincadas en Ayamonte e Isla Cristina, se realizan grandes inversiones para el calado de nuevas almadrabas. En la costa onubense se pasaron de tres almadrabas, a principios del siglo XIX, a un total de once, a finales del mismo siglo. A este respecto, y a diferencia del modelo gaditano caracterizado por la concurrencia de las actividades extractiva y de transformación en un mismo espacio, en el caso de Huelva, se produce una fuerte concentración de la industria transformadora en los dos núcleos de procedencia de estos empresarios. Este hecho pudo ser la razón que propiciara la aparición de poblados -como el de El Rompido (Cartaya)- destinados a cubrir las necesidades de una creciente población que acudía cada temporada, desde distintos puntos de la geografía española, a trabajar en las almadrabas.

El período de bonanza se prolongo durante las dos primeras décadas del siglo XX, sin embargo, dicha situación se vio truncada a raíz del preocupante descenso en las capturas de túnidos en las costas andaluzas y, por ello, en la costa onubense. Bajo la dictadura de Primo de Rivera el Estado, con el propósito de racionalizar el calado de almadrabas y de defender el sector almadrabero frente a la competencia externa, principalmente italiana, constituye el Consorcio Nacional Almadrabero mediante Real Decreto 560 de 20 de marzo de 1928, estableciéndose un contrato entre Estado y principales empresarios almadraberos-conserveros del sudoe

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información documental

Archivo de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de Huelva. Pilar ZAFRA COSTÁN; Juan Antonio Pedrajas Pineda, El Real de la Almadraba de Nueva Umbría. Documentación técnica para la inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, 2010.



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