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NAVEGACIÓN
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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Colegio Mayor Hernando Colón
Código: 01410911069
Caracterización: Arquitectónica
Provincia: Sevilla
Municipio: Sevilla

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología Estilos
Colegios mayores Actividad residencial Edad Contemporánea 1948 Neobarroco

Agentes
Tipo Nombre Actuación Fecha
Arquitectos Gómez Millán, José

Descripción

El edificio se sitúa en un solar de amplias dimensiones y poblado por abundante vegetación, en el lado Oeste del campus de Reina Mercedes. Su posición exenta, a modo de pabellón en este espacio ajardinado, permite un desarrollo funcional repartido en diferentes alas con planta en forma de ¿T¿, que determina la organización volumétrica del edificio, extremadamente sencilla en su disposición.

Se trata de un bloque lineal principal dispuesto en dirección Norte-Sur, de 91x11 metros en planta, y de cuatro plantas de altura, en el que se destaca un volumen de 17m, en posición central, que avanza una distancia de 1,5 metros sobre la alineación a la calle Sor Gregoria de Santa Teresa, enmarcado por pilastras almohadilladas en sus esquinas y ofreciendo el acceso principal del edificio. Este elemento, que se marca igualmente en la distribución del edificio como elemento distribuidor, concentra la mayor parte de la carga decorativa que busca producir un efecto de monumentalidad.

Esto se hace patente en la escalinata de acceso, que salva una elevación de 1,50 metros que permite aprovechar la planta de semisótano del edificio para su uso como biblioteca, depósito y locales de instalaciones. Esta escalinata conduce al nivel de acceso, donde se abre en posición central la portada de entrada, de inspiración renacentista, construida en piedra y levemente abocinada.

La puerta se abre bajo un arco de medio punto, y a ambos lados de ella dos pilastras sostienen un entablamento que sirve de balcón al hueco central de la planta primera, que queda enmarcado en un orden adintelado con pilastras de menores dimensiones. A ambos lados de la portada, en planta baja, las ventanas quedan igualmente enmarcadas mediante alféizares, pilastras y dinteles en piedra que sobresalen de manera exagerada del plano de fachada. A ambos lados del balcón central, en planta primera, los huecos que se abren a los balcones laterales se enmarcan de la misma forma, añadiéndose a cada uno dos aleros como remate superior. Los balcones de la planta primera quedan unidos por una cornisa. Completando este programa decorativo, en la planta segunda son tres los huecos, de más reducidas dimensiones, los que se recercan igualmente en piedra, si bien de manera más modesta.

En la tercera planta de este cuerpo central se dibuja una cornisa, sobre la que se apoyan pilastras que alcanzan la cornisa superior de la planta. Entre estas pilastras se abren huecos con arcos de medio punto. Sobre esta cornisa, un entablamento que se apoya en las dos pilastras laterales del volumen central sirve de transición al vuelo de la cubierta, de teja cerámica, que se inspira en la del vecino Pabellón Vasco, al Norte del edificio. En la cumbrera de esta cubierta del volumen central se colocan dos pináculos de cerámica, referencias regionalistas claras que rematan el edificio.

La espectacularidad de la fachada del volumen central marca el desarrollo de las laterales, resueltas de manera más esquemática, con menor carga decorativa: los huecos de la planta baja, de generosa altura, se resuelven con arcos de medio punto, replicando a la puerta principal del edificio. Los de planta primera son ventanas de geometría rectangular, simplemente recortadas en el paramento. Apoyándose en la cornisa entre la planta baja y la primera, se abren balcones con rejas de forja cada tres huecos. Los huecos de la planta segunda se resuelven de la misma forma esquemática, mientras que es en la planta tercera donde se busca un remate singular para la fachada, extendiéndose las cornisas del volumen central, abriéndose sobre ellas huecos con arcos de medio punto y colocándose dobles pilastras entre huecos. La cubierta de las dos alas laterales arranca de una altura más baja, así como reduce sensiblemente la distancia del vuelo. Se construye igualmente a dos aguas, con tejas cerámicas y con pináculos cerámicos en los extremos de sus cumbreras.

Esta monumentalidad se traslada igualmente al interior del edificio, especialmente en la planta baja, donde se sitúan los usos comunes aprovechando la mayor altura libre. Es de destacar, por su escala y materialidad, el vestíbulo, que queda marcado por la presencia de tres arcos de medio punto, sin carga decorativa alguna, que se elevan sobre columnas que separan del vestíbulo secundario de la escalera. Desde este vestíbulo, al Sur se disponen las dependencias de administración y la residencia del director del Colegio Mayor. Al Norte, se sitúa el salón de actos y salas de usos comunes. Desde el vestíbulo secundario de la escalera, en dirección Oeste, parte un brazo perpendicular al volumen principal, en el que se sitúa el comedor y, en una posición extrema, la cocina del Colegio. Por su traza austera, es de destacar la escalera principal del edificio, en la que se emplea profusamente el mármol rojo.

Esta pretendida monumentalidad, característica de la arquitectura de la Autarquía franquista, se aplica como programa ideológico en un edificio que resuelve con absoluta racionalidad su función residencial, con un corredor central en cada ala, al que se abren habitaciones que miran a Este y Oeste, para un total de 136 residentes.

La ordenación de los espacios abiertos que rodean al edificio aporta una enorme calidad ambiental al conjunto. En su disposición, es determinante el hecho de que el edificio fuese construido en el emplazamiento de la Plaza de los Conquistadores, espacio central del sector Sur de la Exposición Iberoamericana de 1929: palmeras, cipreses, plátanos y otros árboles de gran porte cualifican las actividades que se realizan al aire libre. Como vestigios de la Exposición, dos esculturas de Francisco Pizarro y Juan Sebastián Elcano originalmente instaladas en el lugar siguen colocadas en sus emplazamientos originales, si bien con desigual fortuna: la de Pizarro en el centro de una glorieta en el jardín trasero Norte, y la de Elcano engullida por un seto que separa la pista de tenis de la piscina de la residencia.



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