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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Cueva de los Murciélagos
Código: 01140750005
Caracterización: Arqueológica
Provincia: Córdoba
Municipio: Zuheros

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías P.Históricos/Etnias
Asentamientos Edad del bronce
Asentamientos Edad del cobre
Asentamientos Neolítico
Sitios con representaciones rupestres Neolítico
Asentamientos Paleolítico medio
Asentamientos Paleolítico superior
Sitios con representaciones rupestres Paleolítico superior
Asentamientos Época romana

Descripción

Este yacimiento se encuentra dentro de los límites del Parque Natural de las Sierras Subbéticas cordobesas. Consiste en dos grandes salas: Cueva Grande y Cueva Chica, comunicadas en origen por un gran talud que taponaba uno de los accesos al Corredor de las Pinturas. Una rampa alcanza la Sala de los Estratos.
La cavidad está muy alterada por las obras de acondicionamiento para la visita. Las zonas arqueológicas de interés son el Vestíbulo de la Cueva Grande, el Pasillo de comunicación de las dos entradas, el Corredor de las Pinturas y la Cueva Chica, con pinturas parietales y restos materiales que se remontan desde el Paleolítico hasta la Edad Moderna.
La primera noticia sobre la Cueva de los Murciélagos de Zuheros se la debemos a M. de Góngora y Martínez en 1868, en su libro Antigüedades Prehistóricas de Andalucía. Descubierta la importancia de sus restos en 1938, en que se realiza la primera exploración por oficiales del ejército, pocos años después se dio a conocer el interés que tenía el vaso de cerámica a la almagra que había aparecido en la cueva, típico producto de alfarería del Neolítico andaluz pintado de rojo brillante y ricamente decorado, del que es una magnífica muestra, que se expone en el Museo Arqueológico de Córdoba, así como restos humanos procedentes de enterramientos efectuados en la cavidad durante la Prehistoria. Cuando en los años cuarenta Martínez Santa-Olalla nombra a D. Fernández Cruz comisario local de excavaciones para que se ocupara especialmente de la protección de la cueva, ya se había empezado a destrozar el yacimiento por parte de numerosos clandestinos. En 1945, el insigne ingeniero de minas cordobés D. Antonio Carbonell Trillo-Figueroa publica la existencia de una serie de signos pintados en la Cueva. Hacía referencia a varias representaciones humanas de tipo "phi" que se localizan en la "Sala de los Estratos" de la Cueva Chica, una de las dos entradas actuales de la Cueva de los Murciélagos. Durante los años 1962 y 1969, se realizaron dos campañas de excavación por las cuales es muy conocido el yacimiento. Proporcionaron las primeras dataciones absolutas para el Neolítico, por medio de Carbono 14, no sólo de Córdoba sino de Andalucía Occidental. Así quedaba situado entre el 4300 y el 3900 a.C., fecha con más de mil años de antigüedad que la que entonces se suponía para esta etapa. En estos mismos trabajos, además, se localizó un almacenamiento de cereal -trigo y cebada- mezclado con algunas bellotas, que habían sufrido un torrefactado que permitió su conservación. Estos restos vegetales del Neolítico sólo se conocían entonces en Nerja -aunque algo más modernos- y en Valencia. Quedaba así demostrada la existencia de cultivo en estas tierras desde el quinto milenio a.C.
A raíz de las primeras exploraciones realizadas por el Grupo de Espeleología de Córdoba a principios de los años sesenta, se descubren las pinturas esquemáticas que se hallan en la zona del Corredor de las Pinturas, aunque no se darán a conocer hasta 1964. En este año, D. José María Piñol Aguadé cita por primera vez la existencia de estas pinturas, aunque más que estudiarlas hace una posible interpretación del arte rupestre esquemático, indicando la posibilidad de que estas figuraciones sean preámbulo de la escritura. Un estudio más completo se elaborará en 1968 por D. Juan Bernier y el Dr. Javier Fortea. En 1969 se ejecutan los trabajos de su acondicionamiento para la apertura al público, escaleras que marcan el actual recorrido. Éstos se llevaron a cabo sin la supervisión de ningún arqueólogo y conllevaron la destrucción de la mayor parte del yacimiento. Se ampliaron pasos estrechos, se trasladaron grandes cantidades de sedimento arqueológico de un lugar a otro para intentar salvar los desniveles existentes, en el vestíbulo de la Cueva Grande el caos de bloques fue allanado con sedimentos del mismo vestíbulo, en el Corredor de las Pinturas el sedimento fue cortado y arrastrado para intentar nivelar el paso y poder construir los escalones, se retiró la tierra que cerraba determinados pasos practicando zanjas, para facilitar la comunicación entre la Cueva Chica y la Cueva Grande, por ejemplo, se lanzó sedimento al exterior, gran parte de la Cueva Chica se perdió cuando se niveló el recorrido hasta la Sala de los Estratos. Estas obras, junto a la intensa labor de los clandestinos, han supuesto la destrucción de más del 95% de este yacimiento. Los paneles con pinturas y grabados se vieron también muy afectados por estas obras, manchas de cemento, cables, suciedad, quedando muy degradados por pintadas y grafitos realizados sobre las representaciones y en las proximidades.
A finales de 1988, la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en Córdoba solicitó al Dr. Manuel Hoyos Gómez, del Departamento de Geología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, CSIC, un informe geológico y microambiental de la cavidad con la finalidad de valorar la posibilidad de abrir la Cueva de los Murciélagos al público. El citado informe concluye diciendo que nos encontramos ante una cueva perteneciente a un Karts antiguo en estado senil, donde predominan los procesos de alteración hídrica se realiza por absorción directa del agua de lluvia, aparentemente la que llega a la cueva es escasa. La existencia de dos entradas garantiza un cierto nivel de ventilación natural que, junto a la escasa filtración observada, permiten prever niveles bajos de concentración de anhídrido carbónico y es viable la apertura al público, controlando el número de visitantes y tiempo de permanencia en la cueva.
En 1990, la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en Córdoba ofreció a la Dra. Beatriz Gavilán Ceballos y a D. Juan Carlos Vera Rodríguez la dirección de los trabajos de limpieza y excavación de los sectores a los que afectasen las nuevas obras para abrir la cueva definitivamente. Estos se realizaron entre 1990 y 1993, subvencionados por Iniciativas Subbéticas S. A. a cargo de fondos Leader, por el Excelentísimo Ayuntamiento de Zuheros y por el Grupo de Investigación n. 503.100: prospección del Neolítico, Calcolítico y Megalitísmo en Córdoba, dirigido por la Dra. Beatriz Gavilán Ceballos del Plan Andaluz de Investigación de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y han supuesto la limpieza general de la cueva con especial incidencia en el vestíbulo de la Cueva Grande, el pasillo de comunicación de las dos entradas por el interior, el Corredor de las Pinturas, la Rampa, y el desescombro parcial de la Cueva Chica. También se llevó a cabo la excavación del Pasillo o del paso del Jubilado, se inició la documentación de las manifestaciones artísticas, con la colaboración de D. Martí Mas Cornellá y Dña. Guadalupe Torra Colell, del Corredor de las Pinturas en la Cueva Grande y de la Sala de los Estratos o Sala de los Murciélagos en la Cueva Chica, y la realización de una exacta topografía del circuito abierto al público, con la colaboración de D. D. Mendoza y D. A. Pedroche. Los últimos trabajos desarrollados y dirigidos por B. Gavilán y J.C. Vera Rodríguez establecen una secuencia cronológica de ocupación de la cueva de los Murciélagos que comprende la época Romana, el Calcolítico y la Edad del Bronce, el Neolítico -A, B y C- y el Paleolítico Medio.
Es una de las cuevas más extensas de la provincia. A la entrada de la cueva se abre una gran bóveda. Por la derecha se inicia el descenso estrechándose cada vez más el espacio hasta convertirse en una estrecha gatera. A continuación, hay que salvar un cortado de aproximadamente tres metros que comunica con una gran grieta en descenso hacia la derecha. En la parte inferior de las paredes de dicha grieta, a menos de dos metros del cortado, aparecen las pinturas esquemáticas dispuestas longitudinalmente a modo de friso. Hoy no es así, por el deterioro del yacimiento.

Las ocupaciones más antiguas documentadas en la Cueva de los Murciélagos pueden fecharse en el Paleolítico Medio (Pleistoceno Superior), hace 35.000 años, en el que los grupos humanos practicaban una economía de subsistencia basada en la caza de animales salvajes y en la recolección de frutos silvestres. Esta primera ocupación está protagonizada por el hombre de Neandertal y su industria lítica denominada Musteriense. Los Neandertales ocuparon esporádica o estacionalmente la Cueva, frecuentando la zona durante un momento frío y seco-subhúmedo, y allí consumieron especies animales como la cabra montés, el ciervo y el conejo, que cazaron en el entorno serrano. Prueba de ello son los restos faunísticos recuperados, existiendo huellas de carnicería en huesos de cabra y ciervo producidas posiblemente durante el proceso de descarnado, así como las derivadas de la fractura intencionada del hueso para obtener la médula del interior y los indicios del contacto con el fuego. En los niveles excavados se han recuperado grandes cantidades de restos de talla de sílex o pedernal, producto del avivamiento de filos y fabricación de útiles tales como raederas dobles, transversales y desviadas, puntas musterienses, alguna de ellas alargada, cuchillos de dorso típicos y atípicos, sin faltar las raclettes, los denticulados y escotaduras, destacando la presencia de lascas retocadas obtenidas mediante técnica levallois -técnica de talla dirigida a la obtención de soportes de forma predeterminada- bien representada tanto en el material retocado como en el no retocado. Entre los desechos de talla encontramos un núcleo levallois muy típico y otro piramidal. Gracias al lavado y flotación de todo el sedimento de estos niveles, se recuperaron muestras de carbón procedentes de los hogares encendidos en el interior de la Cueva, cuyo estudio ha permitido identificar el espectro florístico del momento.
Los niveles correspondientes al Paleolítico Superior, protagonizado ya por el hombre anatómicamente moderno, entre el 30.000 y el 9.000 a.C., han proporcionado una gran cantidad de restos de gasterópodos terrestres y de fauna, a los que acompañaba una escasa industria lítica tallada, consistente en hojitas de dorso y microgravettes, algún raspador y restos de talla. El reducido número de materiales hace muy complicada la asignación de estas industrias a un tecnocomplejo concreto. También para este periodo se consiguió identificar el espectro florístico y faunístico del momento. Durante los trabajos de documentación de las manifestaciones parietales postpaleolíticas de la Cueva, se descubrió casi de forma fortuita un panel con grabados que revisten especial interés. Los grabados se encuentran en una pared de considerables dimensiones que destaca en el Vestíbulo de Cueva Grande. Hasta ahora se han identificado diversos zoomorfos, formas indeterminadas y un considerable número de trazos. El estilo parece aproximarse a un encuadre cronológico dentro del Paleolítico Superior.
A partir del año 9.000 a.C. (Holoceno) se producen cambios paulatinos en la socioeconomía de los grupos humanos, centrados fundamentalmente en el inicio de la agricultura y la ganadería, si bien no se abandona la caza - recolección, cambio acompañado por un progresivo aumento de la complejidad social. La primera fase de esta Prehistoria Reciente -Neolítico- tiene en la Cueva de los Murciélagos una de las mejores informadoras de esta etapa en toda la zona meridional de la Península Ibérica. Tras las últimas excavaciones realizadas entre 1990-1991 y 1993 ha sido constatada la existencia de al menos tres fases de ocupación, que no culturales, entre el VI º y el IV º milenios a.C. (dataciones radiocarbónicas), con ganadería y agricultura desarrolladas desde el comienzo de la ocupación de la cueva por parte de las primeras sociedades productoras. A lo largo de estas ocupaciones, la presencia humana dejó sus huellas no sólo a través de la cultura material y los restos de su alimentación, sino también mediante la realización de estructuras de acondicionamiento.
La ocupación más antigua o Neolítico A (segunda mitad del VI º milenio a.C.) se caracteriza por la extraordinaria abundancia de cerámica decorada, entre la que sobresalen grandes contenedores a la almagra con todo tipo de asociaciones decorativas con gran variedad de motivos, haciéndose más abundantes que en niveles posteriores las impresiones y las decoraciones plásticas aplicadas. Tanto en esta fase como en la precedente se documenta una industria lítica microlaminar con elementos de hoz como útil más característico, una industria ósea constituida principalmente por punzones sobre metápodo de ovicaprino, y una industria ornamental con variados tipos de colgantes, cuentas de collar y brazaletes de piedra y concha. Las primeras estructuras detectadas hasta el momento en el sector excavado del Pasillo consisten en tres hogares en cubeta simple de 35 a 50 cm de diámetro máximo, dos de ellos superpuestos -hogares NW- y separados por una distancia mínima de 4,10 m del tercero -hogar SE-. Las superposición de dos de los hogares, diferenciados por un nivel intermedio de tierra rubefactada de 3 cm, lejos de ser casual, evidencia una reiteración de acciones en un espacio determinado de la cavidad, a lo largo de un lapso temporal bastante reducido. El uso o intencionalidad de los hogares, parece que trasciende la habitual funcionalidad de iluminación y calefacción inherente a estos elementos, dada su simplicidad estructural y su situación a cierta distancia de la zona de habitación.
Al Neolítico B (mediados del V º milenio a.C.) corresponde una cultura material caracterizada por el predominio de la cerámica decorada, encabezada por la almagra con o sin asociaciones decorativas y cada vez de mejor calidad, seguida por la incisa, muy variada, y finalmente la impresa y las decoraciones plásticas aplicadas. A estas especies cerámicas se asocia toda una gama de sistemas de prehensión y suspensión (mamelones, agujeros de suspensión, asas multiforadas, de cinta, pitorro,...). De estos contextos proceden igualmente fragmentos de cerámicas con decoración simbólica y cordón interior perforado, que constituyen paralelos muebles del Arte Esquemático parietal. En esta fase asistimos a un auténtico fenómeno de acondicionamiento del espacio que ahora va a ser destinado a área de almacenamiento anexa a la zona de habitación, en la que hasta el momento se han documentado un total de tres estructuras negativas excavadas en el subsuelo, interpretadas como estructuras de almacenamiento indirecto, es decir, realizadas para acoger contenedores cerámicos o de otros materiales en su interior, que serían los auténticos elementos de almacenamiento y conservación; de embocadura más o menos circular, de entre 60 y 70 cm de diámetro medio u ovoidal, con ejes mayor y menor comprendidos entre 50 y 80 cm, de sección ligeramente acampanada, suelen presentar un reborde exterior rehundido e inclinado hacia el interior de la estructura.
El Neolítico C se presenta peor caracterizado debido a la escasez e intensa fragmentación del material recuperado, a lo que se une la presencia de buen número de fragmentos cerámicos relativamente rodados, por contra a lo que ocurre en los niveles inferiores, lo que hace pensar que estos niveles se formaron durante un período sedimentario ajeno a la presencia humana más o menos continuada en el yacimiento. Ergológicamente se caracteriza por una buena representación de cerámicas no decoradas, más o menos equilibradas con el resto de las especies, almagras principalmente "aguadas" y escasas incisas e impresas. A ello hay que sumar unas atípicas y poco significativas industrias lítica, ósea y ornamental. Las estructuras documentadas consisten en cuatro pequeñas depresiones en serie (de hasta 30 cm de fondo por 40 cm de anchura), excavadas en plano inclinado, identificadas como una serie de escalones excavados sobre el talud, que provenientes de la zona de habitación del Vestíbulo de la Cueva Grande se dirigen al interior de la cavidad, más concretamente al sector denominado Rampa. Por lo que respecta a los aspectos económicos, la agricultura está bien documentada a través de cuatro especies de trigo, mientras que la base ganadera está compuesta fundamentalmente por ovicaprinos, cerdo y bóvidos, junto a otras especies salvajes cazadas.
El mundo funerario neolítico está representado igualmente en la denominada Sala de las Formaciones. Desde las primeras exploraciones realizadas durante la Guerra Civil -recogidas por la prensa local del momento- y en las primeras publicaciones científicas de la cavidad, se insiste en la presencia en esta sala de restos óseos humanos y enterramientos, al menos uno de ellos concrecionado en el interior de un "lago", y de manchas cenicientas y carbonosas de hogares, evidencias que en su mayor parte fueron sistemáticamente destruidas con el trazado de la escalera y las obras de iluminación artificial emprendidas a inicios de los años setenta. En la actualidad, la evidencia mejor conservada aunque mutilada, la constituye el enterramiento concrecionado en el interior de un gour, situado en la zona más profunda de la sala. Se trata de una inhumación individual correspondiente a un individuo masculino que descansa sobre el lado derecho en posición replegada o fetal bastante forzada, con los brazos recogidos sobre el pecho, las rodillas flexionadas a la altura de la transición entre las vértebras dorsales y lumbares y los talones a la altura de los coxales. El cráneo, extraído en 1938 se conserva en el MAP de Córdoba. La posición replegada forma parte de un ritual funerario en el que parece también adquirir significación la deposición asociada a las aguas, en el interior de charcos y gours activos. Al parecer, a orillas del pequeño "lago" que nos ocupa, fue encontrada una vasija decorada a la almagra. Fue depositada en el MAP junto con el cráneo, relacionada con este ambiente funerario, así como otros vasos de la misma especie cerámica colocados estratégicamente en escondrijos naturales de las rocas.
El Arte Rupestre presente en la comarca es el denominado Arte Esquemático: predominio de la pintura sobre el grabado, en la que se utilizan generalmente las gamas del rojo y del ocre, siendo en menor número de casos el negro, el amarillo y el blanco. Las figuras tienen un acentuado esquematismo, quedando reducidas a los trazos más elementales, lo que llega a plantear serios problemas para su interpretación e identificación. El contenido temático se repite: antropomorfos, zoomorfos, pectiniformes, ídolos, barras, puntos, ángulos simples y en serie,... También llama la atención su ubicación, siempre en las paredes de los abrigos, en paredes al aire libre, y en menor medida, en el interior de cavidades más o menos profundas.
Las pinturas están repartidas en dos zonas bien diferenciadas. La primera zona discurre, teniendo como referencia la entrada de Cueva Grande, a lo largo de Pasillo y Paso del Jubilado, lugar donde se localizan las primeras figuras, consistentes principalmente en puntuaciones y trazos de color rojo, otros pequeños trazos y combinaciones de trazos verticales paralelos con formas ovaladas en color negro. Esta primera zona continúa por el Corredor de las Pinturas, pasillo de más de 17 metros de longitud, que presenta a lo largo de su pared izquierda un amplio conjunto de figuras pintadas repartidas en tres paneles. En este corredor destaca el gran número de representaciones de cuadrúpedos, que llega a superar las treinta figuras, identificadas con cabras hispánicas debido al gran desarrollo de las cornamentas. Representadas en diferentes tamaños, aparecen en distintas posiciones: verticales, horizontales y oblicuas, dando algunas la sensación de movimiento. Llama la atención el denominado "friso de las cabras" que presenta a cuatro caprinos de grandes dimensiones y de enormes cuernos, en una disposición horizontal, una detrás de otra, siguiendo la morfología del soporte rocoso. Además de estas figuras, se han documentado pectiniformes, una figura de difícil interpretación consistente en la combinación de una forma elíptica horizontal atravesada por su centro por un trazo vertical, la representación de un ídolo oculado y trazos sueltos. A estas figuras hay que unir la presencia de un antropomorfo de tipo ancoriforme, un trazo curvado y un zoomorfo de complicada identificación por su acusado esquematismo. Todos estos motivos han sido pintados en color negro, exceptuando las tres últimas figuras mencionadas para las que se usó pigmento rojo. La segunda zona pictórica se halla en la Sala de los Estratos de la Cueva Chica. Son cuatro figuras atravesadas por una línea perpendicular. Por su temática y estilo parecen cronológicamente posteriores a los animales. En otro sector del yacimiento hay una figuración de un ídolo oculado, también en color negro, formado por dos verticales divergentes que parten de una corta horizontal, a la mitad de la cual, en perpendicular, sale un pequeño trazo a cuyos lados están los puntos que representan los ojos. No son éstas las dos únicas pinturas del yacimiento, pero sí las publicadas y dadas a conocer hasta ahora, pues existen más, así como posibles grabados en las paredes rocosas.
Ya en el III er y II º milenio a.C. encontramos en la Cueva niveles correspondientes a ocupaciones fechables en diferentes momentos culturales de la primera parte de la Edad de los Metales. Los grupos humanos comienzan a ser metalúrgicos y a fabricar utensilios y adornos metálicos de oro, cobre y bronce, momento que se caracteriza por un proceso de intensificación económica y de creciente jerarquización social. Comprendidos más concretamente entre el Calcolítico Pleno y la Edad del Bronce Antiguo/Medio se recuperaron platos de borde engrosado como elementos más característicos del inicio de la secuencia, a los que se asocian grandes hojas de sílex y dientes de hoz con pátina de siega, que van dejando paso a formas con cuello y perfil en "S", formas carenadas y grandes recipientes con fondo plano asociados a una industria lítica similar a la precedente y a un fragmento de pulsera de oro y un remache correspondiente al enmangue de una pieza de armamento al final de la serie, cuyos elementos comunes son la presencia de cuencos de tres, dos o un cuarto de esfera, junto a la exclusiva presencia de cerámica a mano en la que se aprecia un marcado predominio de la No Decorada. Además de estos materiales, cabe destacar la presencia de elementos cultuales (ídolos) realizados sobre falanges trabajadas. Un conjunto de estructuras constituido por un total de 10 improntas de agujeros de poste, quedan englobadas en este contexto estratigráfico. Estos contextos parecen corresponder a frecuentaciones de la cavidad para diferentes actividades, entre las que claramente se encuentra un uso funerario de determinados sectores de la misma, especialmente en lo que se refiere a sus dos salas de acceso.
También se ha constatado ocupación romana en la Cueva. Aunque considerada de forma ocasional, los hallazgos han sido diversos y significativos; numerosos fragmentos de vajilla cerámica, terra sigillata y común, de almacenamiento o dolia, lucernas, para la iluminación, objetos de adorno personal, como alfileres de hueso, pulseras y anillos de bronce, cuentas de collar de pasta vítrea y diversas monedas del período bajoimperial. En su conjunto, todos estos indicios corresponden a una ocupación romana que se iniciaría en el siglo II y alcanzaría hasta el V d.C. El objeto más notable de los encontrados es una hebilla de bronce, adornada con dos cabezas de felinos, que probablemente formaría parte de un cinturón ancho guarnecido con placas decoradas, por su singularidad perteneciente a un soldado bárbaro que lo perdió en la cueva; posiblemente llegó a Zuheros a comienzos del siglo V d.C., formando parte de tropas centroeuropeas.

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Inscrito BIC Monumento BOE 29/06/1985 155
Inscrito BIC Monumento BOE (C.E) 11/12/1985

FUENTES DE INFORMACIÓN

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