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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Centro Histórico de Utrera
Otras denominaciones: Villa Código: 01410950081
Caracterización: Todas
Provincia: Sevilla
Municipio: Utrera
Códigos relacionados

Incluye a:
Código Denominación
01410950133 Complejo Hidráulico Arca del Agua - Fuente de los Ocho Caños

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología
Edificios agropecuarios Alto imperio romano
Poblados Baja Edad Media
Ciudades Edad Contemporánea
Ciudades Edad Moderna
Asentamientos Edad del Hierro II
Asentamientos Edad del cobre precampaniforme

Descripción

El núcleo urbano de Utrera está situado en plena Campiña sevillana, en un frondoso valle, entre dos cerros que dominan las inmediaciones y está rodeado de importantes tierras de alto valor agrícola. Su perfil es predominantemente horizontal, con una inapreciable diferencia topográfica, a excepción del Castillo, de origen medieval, y su entorno que se sitúan en un altozano, con edificación adosada por el exterior al desnivel natural. Sus altitudes más significativas son: Plaza del Altozano, 41,5 metros.; Plaza Iglesia de la Asunción, 45,0 metros.; Estación, 42,5 metros; y Mercado (trazado Arroyo), 35,0 metros.

Estructuralmente en su crecimiento ha influido la topografía del relieve ya que éste se produce principalmente por el Norte que muestra una morfología llana mientras que por el Sur se paraliza por la existencia de desniveles. El asentamiento de expansión se produce adaptándose al volumen y forma del casco, situándose las edificaciones linealmente al final de cada salida de la muralla con lo que se ha conservado la red de comunicaciones lógica ya existente. Las manzanas son cerradas, típicamente medievales, en las que las fachadas eran exteriores y en el centro quedaban vacíos, que han llegado hasta nuestros dias. Se pueden distinguir dos grandes zonas, separadas por el antiguo cauce del Arroyo de Calzas Anchas, hoy principal eje de actividad.

La tipología dominante en el casco consolidado es la de Casa-patio con dos plantas (con algún caso de tres y cuatro plantas). En las periferias la tipología es esencialmente popular, por lo que aunque mantienen la altura de planta, en cambio han intervenido en sus fachadas exteriores con recubrimiento de cemento bruñido, zócalos de pinturas llamativas etc.. Los arrabales tienen una imagen degradada que contrasta con las edificaciones nuevas que surgen, tanto residenciales como industriales, que con su altura y proporciones forman un maremagnum constructivo que ahogan a las edificaciones más antiguas.

Durante el siglo XIX y principios del XX la ciudad vio caer partes importantes de ella, pero sin duda la mayor destrucción se ha producido en las últimas décadas. Gran parte de la muralla se encuentra desaparecida, el Castillo abandonado, ruinoso, las plazas destrozadas por construcciones atípicas, muestras de un falso espíritu desarrollista que contrastan violentamente con el origen de los inmuebles que se encuentran adosados al lienzo de muralla.

El espacio que actualmente ocupa la ciudad de Utrera no comienza a urbanizarse hasta época bajo medieval. La existencia de vestigios de ocupación anteriores en este ámbito territorial son dispersas y fragmentarias, contándose muchas veces con referencias orales siempre dudosas. Según los períodos históricos, se pueden resaltar algunos elementos dispersos en la actual planta de la ciudad, para cuyo estudio se ha contado con fuentes cartográficas, bibliográficas, orales y de prospección directa, etc. Desde los períodos más antiguos hasta los más recientes el número de estos elementos vendrá a incrementarse, en parte por la mayor presencia de fuentes de información, pero sobre todo por el incremento real de los mismos.

Los restos arqueológicos hallados son los siguientes:
- Las evidencias más antiguas que se constatan pertenecen a pedernales de finales del Neolítico (Morales 1981, Vol. I, p. 15), que deben pertenecer a la eclosión del poblamiento Calcolítico en este entorno geográfico durante el III milenio a.C. El análisis de los restos aparecidos en los trabajos de acondicionamiento del interior del Castillo ha revelado la existencia de cerámicas pertenecientes al Calcolítico. Estos indican con toda seguridad que en el lugar en el que asienta el castillo medieval hubo una ocupación prehistórica de entidad y funcionalidad bastante desconocida. Se han reconocido abundantes materiales cerámicos realizados a mano, con tipologías propias de un Calcolítico Pleno sin sucesión de continuidad durante el periodo Campaniforme. Aunque la recolección de estos materiales se realizó sin la aplicación de metodología arqueológica, su estudio permite reconocer un lapso temporal de ocupación del lugar en sintonía con otras evidencias del entorno: en general se pueden reconocer materiales pertenecientes a la segunda mitad del III milenio a.C. (2.600 - 2.200 a.C. aprox.). Los materiales reconocidos en el Castillo responden a funcionalidades eminentemente domésticas y propias de sociedades agrícolas comunitarias, aunque la existencia de un punzón de hueso se podría relacionar con algún posible ámbito funerario. Estos materiales se han de relacionar con los localizados en otros puntos de Utrera: materiales cerámicos calcolíticos y enterramiento en cueva artificial en el Olivar Alto, dólmenes y necrópolis de la Cruz del Gato, tumba del Junquillo y en especial con los materiales localizados al otro lado del arroyo Calzas Anchas, en la Vía Marciala, de carácter similar a las piezas localizadas en el Castillo. La localización de materiales en ambos puntos (Castillo y Vía Marciala) representa la máxima concentración en los límites del Conjunto Histórico, señalando una ocupación calcolítica de este medio, en el encuentro de los arroyos Calzas Anchas y de la Antigua. Se trata de una ocupación del territorio al margen de vías de paso y en la confluencia de cursos de agua, que repite un modelo de ocupación del territorio propio de estas sociedades.

En la periferia de estos puntos de máxima concentración se han reconocido algunos indicios, que no evidencias -ya que presentan mayores incertidumbres y no han podido contrastarse suficientemente-, de una posible extensión del poblamiento Calcolítico en un área importante del Conjunto Histórico. En este contexto se encuentran algunas cerámicas a mano encontradas en el interior del recinto medieval: piezas amorfas en C/ Sor Marciala de la Cruz 1 y en C/ Juan de Anaya 1. A estas piezas hay que añadir el hallazgo de cerámicas a mano en C/ Cristo de los Afligidos que se relacionan con un momento posterior prerromano, como luego veremos, pero que habría que analizar desde esta nueva perspectiva (se hallan depositados en el Museo Arqueológico Provincial). Más cercana a Vía Marciala hemos localizado una pieza de cerámica a mano en C/ Maestro Bernabé García, que puede indicar una zona periférica del poblamiento Calcolítico. Cabe mencionar la posible perduración de restos de una necrópolis calcolítica al norte de la población actual, en la zona conocida como La Cruz del Gato, donde durante los años 1950 tuvieron lugar algunos hallazgos que conviene tener en consideración. La localización de éstos se señala a la derecha de la carretera de Utrera a Sevilla, a una distancia aproximada de mil quinientos metros del casco urbano. Los hallazgos más significativos de este yacimiento arqueológico fueron dos dólmenes y unas cincuenta tumbas, además de una motilla que bien pudiera albergar otro dolmen (Morales 1981, Vol. I, pp. 17-33). En este mismo sentido hay que interpretar los hallazgos que tuvieron lugar durante las obras de acondicionamiento del actual polígono industrial de El Torno: aparición de tumbas muy probablemente relacionadas con esta necrópolis (comunicación oral de J. Mena y algunos obreros). Una excavación arqueológica más reciente se debe a Cruz Auñón y Rivero (1987), quienes realizaron en 1985 la excavación arqueológica de la sepultura calcolítica del Junquillo, de carácter colectivo. De estos hallazgos puede deducirse, por tanto, la existencia de un asentamiento cercano a la necrópolis, que no se sabe si podría identificarse con el cerro del castillo o con otro lugar más próximo no revelado hasta el momento; quizás los restos indeterminados, aparentemente prehistóricos, que mencionan algunos ciudadanos en la zona de La Mulata (recientemente urbanizada) pero cuyo contraste no ha sido posible -sólo hemos encontrado alguna pieza cerámica del tipo Gris Occidente, que apunta una ocupación posterior-. La configuración topográfica elevada de este entorno, apta para el control del territorio, así como la existencia de un arroyo cercano, la hace idónea en este sentido, sin embargo las noticias orales sobre este lugar son ambiguas y señalan la existencia de enterramientos individuales en fosa simple.

De época protohistórica, las referencias con las que se cuentan hasta el momento eran algunas noticias orales de aficionados, quienes indican la aparición de una necrópolis ibérica en las obras de edificación de los que fueron terrenos del Cine Alcázar en la Vía Marciala. Otras noticias, también orales, señalaban la presencia de restos de necrópolis ibérica en las obras de la sede de Telefónica, junto al Castillo. En este sentido, no se puede confirmar el carácter funerario de tales hallazgos, pero, en cambio, sí se ha podido corroborar la existencia de un poblamiento de época ibérica en las lomas que luego serían cercadas por el segundo recinto medieval de Utrera. Los hallazgos confirmados han tenido como principales puntos de interés los siguientes: en el mismo Castillo el análisis de los restos cerámicos documentados apuntan a una cronología encuadrable en los siglos IV al II a.C., si bien pudieran ser anteriores. En C/ Sor Marciala de la Cruz 1, los materiales cerámicos reconocidos como ibéricos parecen confirmar una ocupación coetánea o alternativa en la loma de Santa María. Estos materiales señalan una amplia cronología que abarca desde el siglo VII-VI a.C. hasta el siglo III a.C., momento en el que los restos de actividad disminuyen considerablemente en todo el Conjunto Histórico. Finalmente, se ha de señalar el importante registro de un pozo de desechos cerámicos a modo de testar en C/ Cristo de los Afligidos, excavado en 1979 por el Museo Arqueológico Provincial (F. Fernández, D. Oliva y M. Puya), pero cuyo conocimiento se debe a C. Florido (1987), quien realizó el estudio de sus materiales. El pozo, de planta tendente a cuadrangular y con una anchura máxima de 1.40 metros, estaba excavado en la roca adquiriendo una profundidad de 5.50 metros hasta el nivel freático. Su excavación se realizó en la parte oriental, al haber desaparecido la occidental. Esto hace pensar en una disposición del pozo en la zona de la medianera trasera de la parcela, en el encuentro con el desnivel topográfico que aprovechó en el siglo XIV la muralla de Utrera. Las conclusiones de Florido sobre este pozo señalan una mayoritaria presencia de materiales anfóricos pertenecientes a los siglos VI-V a.C., período durante el cual debió estar activo el alfar cercano que daría sentido a este testar.

En cuanto al carácter general de los hallazgos se pueden considerar, como hipótesis de partida, una ocupación de estas lomas con una funcionalidad diferenciada entre actividades artesanales, productivas, de almacenamiento y de hábitat en las lomas del sur (Santa María y El Muro) y un posible carácter funerario en la loma del castillo, donde además de tener noticias orales en este sentido, el análisis de sus materiales diferencia a éstos por su mejor calidad: piezas reservadas para ocasiones especiales como lo eran sus funerales.

De las referencias bibliográficas se puede rescatar una cita de Caro sobre un León de piedra antiguo maltratado (Caro 1634, p. 147) que posee una inscripción visigoda dedicada a Ebvrinvs. Morales (1981, Vol. I, p. 209), ve la posibilidad de que fuera un exvoto de los que se solían ofrendar a Hércules, debiendo considerarse ibérico ya que si hubiera sido romano así lo habría calificado Caro. El dicho león se encontraba en Utrera en tiempos del Licenciado, en casa de Gerónimo Fernández de Córdoba, caballero del hábito de Santiago. No se puede conjeturar sobre su cronología ya que estos leones pueden ser tanto ibéricos como romanos de acuerdo con sus características que se han ido desvelando recientemente. Lo que sí es cierto es que leones similares de época republicana y de función funeraria han aparecido con relativa frecuencia en la región.

De época romana sólo se ha podido documentar algunos fragmentos de cerámica romana: un fragmento Terra Sigillata Hispánica (siglo I-II d.C.) muy rodada en el Castillo, un amorfo de Terra Sigillata Gálica (siglo I d.C.) en C/ Sor Marciala de la Cruz 1 y un borde de escudilla carenada de tipo T.S. Gálica en C/ Juan de Anaya 1. Las evidencias de cerámicas romanas en el núcleo histórico de Utrera han de corresponderse con la dispersión del poblamiento rural de época romana en pequeños núcleos, caseríos y villae, que se evidencia en otros lugares de Utrera como en el Campo de Fútbol San Juan Bosco, el Olivar Alto, Parpagón, El Cerrillo, La Laguna, El Junquillo, Las Arguardienteras y Ruedos de Consolación. En principio, no se piensa en un núcleo de población en el centro de Utrera sino más bien en una o varias unidades de explotación agrícola, aunque será preciso estudiar las características del poblamiento de transición entre el mundo ibérico y el romano en Utrera para poder explicar mejor el carácter de este poblamiento.

La idea de que la actual Utrera no existiría como ciudad romana ya fue señalada por Morales quien también señaló la existencia de restos y huellas de edificaciones de este período (Morales 1981, Vol. I, p. 37). Morales citaba los hallazgos de época romana que en su día señalara Caro (1604, 1634...) y que reproduciría más tarde Boza (1752). De las noticias de hallazgos pertenecientes a época romana sólo algunas no ofrecen dudas sobre su localización en posición primaria, las cuales, por orden cronológico son las que a continuación se relacionan. Las primeras noticias sobre hallazgos de adscripción romana son las que en su día comunicase Caro, de las cuales sólo la primera de las noticias que siguen se podrían interpretar como una evidencia romana en principio aunque sin certeza, mas las subsecuentes sólo son indicios que empiezan a considerarse más seriamente como evidencias, en función de los recientes hallazgos realizados. Caro indica distintos hallazgos en la calle Cantera, Ponce de León, Cuartel de Caballerías, Parroquia de Santa María, Santa Brígida, Losas, Cristóbal Colón...

La interpretación de todos estos hallazgos por parte de Morales (1981, Vol. I, p. 38-39) es que de los restos dispersos y del conocimiento fragmentario que sobre ellos se dispone no cabe concluir la existencia de una población romana en el actual casco de Utrera, lo cual está en sintonía con nuestra hipótesis. Su razonamiento es el siguiente:

- La Ley de las XII tablas prohíbe los enterramientos dentro de las poblaciones.

- Se debe descartar la idea de núcleo urbano en los sectores que giran alrededor de los hallazgos funerarios, por ser puntos distanciados que no señalarían ningún núcleo de población. Aunque es posible que la citada inscripción fuera una de aquellas procedentes de otros lugares del término municipal (Salpensa, Siarum...) utilizadas como material de construcción, lo cierto es que la naturaleza de los recientes hallazgos abren la posibilidad de enterramientos asociados a las citadas explotaciones rurales, como ya pensó Morales.

- Los hallazgos en Santa María, Santiago, el Hospital y la Alhóndiga en lugares distanciados y aislados entre sí y la ausencia de una continuidad de hallazgos durante la cimentación del caserío actual serían evidencia de villae o bien de industrias que requerían agua para su desarrollo (alfares, curtidurías, etc.) - lo cual se induce por su situación en las inmediaciones del Calzas-Anchas-.

Fuera del Conjunto Histórico, la necrópolis del Olivar Alto, excavada prácticamente en su totalidad por el Museo Arqueológico Provincial ha sido fechada en torno al siglo I d.C. por sus excavadores: esta necrópolis ha de ponerse en relación con algún núcleo de población cercano de pequeña o mediana magnitud, que pudiera haberse encontrado en la Barriada de el Tinte (la loma o cerro del Olivar Alto abarcaba desde la calle Cristo de los Afligidos hasta el otro lado de la línea del ferrocarril, en las inmediaciones de la Barriada de la Fontanilla, donde precisamente se localizó la necrópolis), por lo que ha de tenerse esto en consideración en cuanto a las supervisiones arqueológicas que debieran realizarse en el Tinte. A las referencias citadas hay que añadir la evidencia que hasta el momento se puede considerar de mayor importancia en cuanto al carácter romano del poblamiento de Utrera. Son los descubrimientos del campo de fútbol San Juan Bosco, donde (Morales 1981, Vol. I, pp. 223-226), constató la presencia de una villa altoimperial de considerables dimensiones.

Además de los hallazgos citados, se pueden encontrar en las obras de Caro una relación de inscripciones, estatuas y otros elementos que en su mayoría, si no todos, proceden de las ciudades romanas de Salpensa y Siarum, y que, como él mismo aseguraba, fueron usadas como cantera para la edificación de muchos edificios de Utrera, encontrándose incluso como rellenos en las zanjas de cimentación de los edificios. De ese carácter alóctono pueden considerarse las siguientes inscripciones encontradas en Utrera: cinco tablas de mármol posiblemente procedentes de Salpensa de época paleocristiana que debieron pertenecer a algún templo, un cipo funerario dedicado a Flavia Prima, un basamento de estatua dedicada a Doméstico, procedente de Siarum, mármoles y cipo en el Castillo, inscripción dedicada al genio de Augusto, procedente de Zarracatín, estatuas en calle Santa Clara, Niño Perdido y Fuente de Ocho Caños, cipo dedicado a Fortuna en calle Marcos Pérez.

En cuanto a la Edad Media, el primer recinto amurallado (fines XIII-primer cuarto XIV) estaba formado por el castillo y una muralla que discurre por las traseras de las calles Catalina de Perea, La Plaza, Plaza de la Constitución y Fuente Vieja. La superficie de este recinto era de 27 hectáreas. La reconstrucción de este trazado es hipotética a partir de la deducción topográfica y de la morfología de las manzanas, así como por algunos indicios en las medianeras traseras de algunas casas. El castillo cerraba el espolón de la colina donde se asentaba la población en un primer momento, dominando el arroyo Calzas Anchas. De sus esquinas externas se iniciaba el trazado del primer recinto de muralla. No existen lienzos conservados de este primer recinto que se identifiquen visualmente con plena seguridad. Lo que reste de los mismos debe quedar embutido entre medianeras traseras de las edificaciones que presentan su fachada a las calles aludidas. Desde un análisis directo se pueden observar algunos indicios ocultos en el Hospital de la Resurrección y en algunas casas de Catalina de Perea (16 y 20) y calle La Plaza (28). Poco se puede aventurar acerca de la trama urbanística interior del primer recinto ya que la existencia de grandes conjuntos arquitectónicos posteriores, como conventos o el hospital, deben haber modificado aquélla al absorber diferentes propiedades para su conformación final. No es aventurado ubicar una primitiva iglesia parroquial de la localidad en el mismo solar de Santiago el Mayor debido a su integración en el primer recinto, su cercanía a la fortaleza y a su dedicación al santo de connotación guerrera. Debió tratarse de una parroquia mudéjar de ladrillo y armaduras de madera de planta basilical como es usual en las poblaciones de este momento que aún se conservan. El viario conservado pudiera reflejar algo del primitivo de la pequeña y efímera ciudadela aunque pensamos que debió ser diferente en gran parte debido a la funcionalidad defensiva de la población requiriendo espacios amplios para la concentración de tropa, casas de poca entidad y una ausencia de urbanismo propiamente dicho siendo más bien una ocupación de morfología espontánea de mayor concentración entorno a la iglesia parroquial.
El exterior de este recinto debió ser absorbido por edificaciones adyacentes una vez que pierde su función en la Edad Moderna.

El segundo recinto amurallado incluiría el tejido urbano que queda dentro de las calles Cristo de los Afligidos, Resolana, Roncesvalles, Álvarez Hazañas y Altozano. La reconstrucción de este perímetro viene determinada igualmente por la morfología típicamente medieval y, especialmente por el dibujo de un plano de la ciudad de Utrera fechado en 1767 existente en la Iglesia de Santa María. Lógicamente, el plano reproduce la situación de la muralla en el s. XVIII pero la ausencia de expedientes de amurallamientos en la Edad Moderna en el interior de la Baja Andalucía obliga a deducir que se trata de las defensas medievales con las reformas puntuales posteriores, que habrían de ser escasas. Una de las cuestiones que más llama la atención en el segundo recinto a partir de la reconstrucción de su trazado es la separación constante entre la línea de muralla y las torres. Éstas se ajustan al tipo de "torres albarranas de flanqueo en batería". Albarranas por estar adelantadas a la línea de la cerca; de flanqueo por ser esa su función enriqueciendo la capacidad defensiva en asedio y en batería, por tratarse de una solución seriada y no puntual o aislada. Esta batería de torres adelantan el flanqueo hasta 25 metros debiendo estar unidas al lienzo mediante cortinas exteriores transversales sobre arco como es usual, a modo de corachas. Este tipo de fortaleza no es muy usual aunque existe de forma recurrente en la provincia de Toledo donde habría quizás que buscar su filiación. Adaptación topográfica y destrucción. El recorrido del segundo recinto demuestra una adaptación bastante acusada a la topografía resultanto con ello un recinto con superficie deudora más de los aspectos defensivos que de las necesidades derivadas del tamaño de una población. Se observan desajustes de nivel de varios metros por donde se supone con acierto que debe discurrir la cerca urbana. Ahora bien, el amurallamiento supone la erección de las cortinas sobre el escarpe reforzando con ello el desajuste topográfico. Adelantadas y a cotas más bajas dispondría de las torres de flanqueo ya comentadas. Hoy día, sin embargo, no se distinguen con facilidad tramos de este muro que debería emerger en algún punto. Las observaciones in situ permiten suponer que ha debido existir una destrucción de los lienzos con posterioridad a su absorción por el caserío, cuyo alcance no se puede evaluar a la altura de la investigación.

Se detectan algunas bóvedas a modo de covachas excavadas en el escarpe en algunas edificaciones, como por ejemplo en Álvarez Hazañas 24 o al fondo del derribo que se contempla en el número 26. Estos elementos han sido asociados a posibles torres al presentarse en la línea teórica por donde discurre el trazado de la muralla. Se entiende que deben tratarse de bodegas, las a veces denominadas "fresqueras", para conservación de alimentos en ambientes isotérmicos y oscuros, propios de la Edad Moderna y que en otras poblaciones, como Sevilla, se construyen subterráneas. Las bodegas se excavan en el frente del escarpe, al fondo de las propiedades pero son ajenas a cualquier planteamiento o uso defensivo.


Datos históricos

En época prerromana y romana en Utrera, la ocupación tuvo las siguientes características:

- Inexistencia de un núcleo urbano antecesor a la Utrera bajo medieval.

- Localización de algunas villae rusticas dispersas en el entorno y en los mismos limites del recinto medieval del Conjunto Histórico.

- Localización de una necrópolis iberorromana cercana a la que no podemos asociar asentamiento alguno por el momento.

- Reutilización ordinaria de materiales romanos en las edificaciones de la localidad procedentes de los vecinos núcleos romanos de Siarum y Salpensa.

Durante la Alta y Plena Edad media, que comprende todo el tiempo que estos territorios estuvieron bajo el dominio musulmán, no existen noticias arqueológicas, salvo la posible relación de los enterramientos en las calles Losas y Cristóbal Colón con este momento. Según se desprende de lo que decían los moriscos viejos de Utrera en tiempos de Rodrigo Caro, "que es tradición entre ellos que Utrera fue pueblo de moros, y que le llamaban Hatrera. Simbolizan con este nombre muchos como Motrera, Atrera, Butrero, que son castillos y dehesas de cerca de aquí", podemos entender con Morales (1981, Vol. I, p. 235), que hacia el momento de la conquista de Sevilla, en 1248, Utrera era un pobre lugarejo árabe, abierto, sin fortaleza, sin torres, sin murallas, ya que si bien hablan las crónicas hasta de simples castillos y torres, no dicen nada de Utrera.


DOMINIO CRISTIANO DE UTRERA

La repoblación bajomedieval de la ciudad y término de Utrera se enmarca en el contexto más amplio de la de las amplias zonas de frontera existentes en Andalucía durante los siglos XIII y XIV, y en concreto en la del sector meridional de la Campiña sevillana, donde, salvo los enclaves que garantizaban la primera línea de frontera, la repoblación tardó bastante tiempo en realizarse (González Jiménez 1997, p. 151).

La conquista del espacio territorial que ocupa Utrera es probable que se produjese entre 1240, fecha en la que Morón y Cote se entregan por medio de pactos y 1248, fecha de la conquista de Sevilla. La conquista de Carmona en 1247 hace pensar que el territorio intermedio entre estas poblaciones debió quedar bajo poder cristiano, si bien muy despoblado de cristianos. Según Morales (1975, pp-14-15), la conquista de Utrera, una alquería o aldehuela árabe desguarnecida, debió producirse hacia 1252. Estas fechas tan tardías se comprenden entendiendo que la conquista de Utrera se realizó desde Sevilla una vez conquistada ésta; no obstante, que la población musulmana fortificada más cercana a Utrera, ya sea Facialcázar, Alacuás (Torres Alocaz) u otra, pudiera sostener un dominio efectivo sobre este territorio enemigo situado entre poblaciones cristianas de la entidad de Morón y Sevilla en un período tan convulso, parece poco probable. Lo que queda fuera de toda duda es que a partir de 1253 el territorio utrerano está integrado en el alfoz de Sevilla; si seguimos a González González (1993, p. 372), en 1251 se dio el fuero, en 1253 se hizo el Repartimiento, y a finales de ese mismo año se amplió el alfoz de Sevilla, dentro de cuyos límites quedaba integrada Utrera.

Según González Jiménez (1997, p. 152), si bien la mención de Utrera en el Repartimiento de Sevilla (siglo XIII) puede hacer pensar en una pronta implantación de pobladores en este lugar, lo cierto es que de los 183 beneficiarios de donadíos menores, la inmensa mayoría eran miembros del entorno del rey y servidores de su casa, así como residentes o vecinos de Sevilla, que por entonces acogía la corte; según este autor, estos beneficiarios no pueden considerarse, estrictamente como repobladores de Utrera y de hecho, como sucedió en otros lugares, debieron de desprenderse pronto de estas parcelas.

Todo apunta a que Utrera no era por aquel tiempo más que uno de los pagos o zonas en que se dividía el gran distrito de Facialcázar, núcleo de población en otro tiempo (Facialcázar mismo en época musulmana y Salpensa en época romana), pero ya despob

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Inscrito BIC Conjunto histórico BOJA 27/04/2002 49 6868
Inscrito BIC Conjunto histórico BOE 16/05/2002 117 17773

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

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DEL RÍO SOTOMAYOR, Juan. Descripción de la ciudad de Utrera. 31/07/1887.

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GONZÁLEZ DE LA PEÑA, Eduardo. Grandes Casas de Utrera. 31/07/1998.

GONZÁLEZ DE LA PEÑA, Eduardo. Los casinos de Utrera. 31/07/1997.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Julián. Inscripciones visigodas y romanas de Utrera. Sevilla : . 31/07/1988.

GONZALEZ MORENO, J.. Utrera en el siglo XVIII.

MENA VILLALBA, Francisco J.; MORALES ALVAREZ, Manuel; MUÑOZ RAMÍREZ, María Dolores. Guía Turística de Utrera. Utrera . Excmo. Ayuntamiento de Utrera, 30/07/1997.

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MORALES ALVAREZ, Manuel. Utrera y su fortaleza militar en la Edad Media.

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RUHSTALLER, Stefan. Toponimia de la Campiña de Utrera. Estudio lingüístico e histórico. Utrera . Excma Diputación Provincial de Sevilla y Fundación Luis Cernuda., 31/07/1990.

DECRETO 100/2002, de 5 de marzo, por el que se declara Bien de Interés Cultural, con la categoría de Conjunto Histórico, el sector delimitado a tal efecto de la población de Utrera (Sevilla).. 27/04/02, -.

Información documental

Dirección General de Bienes Culturales y Museos. Pedro Pérez Quesada, Carta Arqueológica del Término Municipal de Utrera. Memoria Científica IX. 12. Catálogo de Entidades Arqueológicas. Vol I. Conjunto Histórico de Utrera, 2006.



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