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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Convento de Santa Cruz la Real
Otras denominaciones: Iglesia de Santo Domingo y Antiguo Convento de Santa Cruz la Real ; Colegio Mayor Santa Cruz la Real e Iglesia de Santo Domingo ; Monasterio de Santa Cruz la Real Código: 01180870083
Caracterización: Arquitectónica
Provincia: Granada
Municipio: Granada

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología Estilos
Iglesias Ceremonia cristiana Edad Moderna 1512/1520 Gótico (Estilo)
Iglesias Ceremonia cristiana Edad Moderna 1532/1550 Renacimiento (Estilo)

Agentes
Tipo Nombre Actuación Fecha
Arquitectos de Bada y Navajas, José Posible autor del proyecto del Camarín

Descripción

La construcción del conjunto monumental formado por el convento de Santa Cruz la Real, la iglesia de Santo Domingo y el Camarín de la Virgen de las Angustias, comienza en el siglo XVI, incluida dentro de la campaña de fundaciones religiosas llevadas a cabo por los Reyes Católicos tras la conquista de Granada. En origen, éste constituyó un impresionante conjunto arquitectónico, el cual, a partir del siglo XIX fue objetivo de continuas obras y demoliciones hasta quedar en su estado actual.

El convento de Santa Cruz la Real se fundó el 5 de abril de 1492, tan solo tres meses después de la Toma de Granada. Para su construcción se donan dos de las huertas más importantes de la zona conocidas como Almanjarra mayor y Almanjarra menor, de las cuales, actualmente, queda como ejemplo el cuarto Real de Santo Domingo, en la primera de ellas.

La construcción del convento comienza en el siglo XVI por la crujía sur, aunque es entre finales de éste y principios del XVII cuando adquiere su forma definitiva al construirse los elementos de mayor interés: el claustro y la escalera principal.

El claustro fechado en 1624 es de una impresionante monumentalidad, constituyendo uno de los mejores exponentes del manierismo granadino, en el cual, la única concesión que se hace al ornato son los emblemas de los Reyes Católicos y la heráldica de la Orden Dominica. El claustro es el principal espacio del edificio, en torno al cual se organizan el resto de dependencias conventuales. Consta de dos pisos construidos en piedra con amplias galerías, en torno a un patio cuadrado de treinta metros de lado con siete arcos de medio punto en cada uno. Es de destacar la originalidad que presenta por el uso de robustos pilares con pilastras toscanas en el frente, que sustituye a las clásicas alquerías columnadas propias de los patios granadinos. Los arcos de medio punto llevan ménsula en la clave, de reducido tamaño, de tipo geométrico con dos botones, canalillos y tres gotas. Las pilastras superiores llevan mutilos ganchudos con tres fajas en correspondencia con las que ascienden por la pilastra. Los dos primeros pisos del convento junto con la galería norte, adosada a la iglesia, son las partes más antiguas conservadas. El tercer y cuarto piso, retranqueados, son de construcción moderna y responden a una necesidad de ampliar el espacio de habitación. Las crujías sur, este y oeste fueron parcialmente restauradas a mediados del siglo XIX.
En el claustro arrancan dos escaleras, la principal en la crujía sur y otra en la esquina noroeste del tipo de rincón claustral, con bóveda elíptica sobre pechinas del siglo XVIII.
La escalera principal, en la crujía sur, terminada en el año 1597, es la primera de tipo imperial que se construye en Granada y una de las más destacadas de la arquitectura española. El 26 de marzo de 1596 se realiza el contrato de obra de albañilería que aparece firmado por el prior del convento Alonso Cabrera; por Martín Díaz de Navarrete, obrero mayor y alarife de la ciudad, y por Francisco Gutiérrez, autor de la traza. La escalera, de planta cuadrada, sigue el esquema de escalera imperial de ida y dos vueltas, y rematada por una cúpula de media naranja sobre pechinas. Los escalones se encargan a los canteros Jorge Leal y Juan de Pilas siguiendo la traza dada por Francisco Gutiérrez. Para su construcción se emplean fundamentalmente, la piedra de Sierra Elvira, en las partes bajas y los escalones, y piedra franca de Santa Pudia en las zonas superiores para decorar, al ser un material más fácil de tallar.

La fachada inicial de la escalera queda centrada por un arco de medio punto flanqueado por dos portadas adinteladas. Los pilares y pilastras siguen el orden dórico. En las enjutas del arco central aparecen las iniciales de los Reyes Católicos y los emblemas del yugo y las flechas tallados sobre los laterales. En esta parte baja aparecen tres espacios abovedados consecuencia de la bifurcación de la escalera, cubiertos por bóvedas de arista sobre dobles pilastras de orden dórico. En origen, existían dos puertas de comunicación con las huertas del convento, actualmente hay una puerta de comunicación con el exterior (callejón de Santo Domingo) y dos ventanas de iluminación.
La escalinata, con balaustres torneados, excepto el central de cada tramo, y pasamanos de madera, nos conduce a la fachada superior de la escalera. Consta de triple arcada centrada por un arco rebajado sobre pilares dóricos, en la clave lleva una ménsula con la fecha de terminación «1597». Los arcos laterales son peraltados sobre pilares dóricos y con ménsula en la clave. En los pilares centrales aparecen mutilos superpuestos que igualan su altura en relación a las pilastras que enmarcan la fachada. Corona el conjunto un friso con triglifos.
En el testero oeste de la escalera se abre una ventana enmarcada por dos pilastras con venera como capitel, con perfiles constituidos por moldura de chórcholas. Los laterales se decoran con guirnaldas de frutas en cestos, a la izquierda granadas y membrillo, y en el derecho calabacines, higos y mazorcas de maíz. Esta decoración tendrá continuidad en la cúpula.
Corona la escalera una cúpula de media naranja sobre pechinas, destacada por la riqueza y variedad del programa decorativo que la cubre, el cual combina excepcionalmente elementos de estilos renacentista y barroco. La cúpula monta sobre pechinas, entre las que quedan arcos ciegos de medio punto que se decoran con un óculo en el centro rodeado de molduras gallonadas. En el testero oriental se simula una ventana con yeserías y con una celosía pintada que sujetan dos angelillos. El anillo sobe el que apoya la cúpula, se divide en espacios rectangulares alternando lisos con otros con guirnaldas de frutas (granadas, sandías, melones y peras). Los que coinciden con los ejes llevan cartelas simulando cueros recortados. En la parte inferior hay una gran cartela lisa y en los ángulos un perro enjuto con la cabeza vuelta y una antorcha encendida en la boca (emblema de la orden dominicana), a lo que se suman motivos geométricos, vegetales y veneras. Las pechinas se decoran con una placa ovalada que simula un cuero recortado en el que aparece el escudo de la Orden, sobre él, una cabeza de ángel alada. En la parte baja se sitúa un mascarón, distinto en cada pechina, y bajo él una guirnalda.
El intradós de la cúpula queda definido por cuatro grandes triángulos isósceles de base curva, con molduras en forma de chórcholas, en los que se inscriben otros similares de menor tamaño con las iniciales de los Reyes Católicos. El espacio entre ambos se decora con guirnaldas de frutas (granadas, uvas, manzanas y hojas de maíz y vid). En el vértice superior de los triángulos vuelven a aparecer mascarones distintos en cada uno. Los amplios rectángulos que forman los ejes, llevan decoración geométrica de punta de diamante y pequeñas bolas, en el centro aparece el escudo de los Reyes Católicos. La clave de la cúpula se delimita con molduras en forma de cruz griega definida mediante cuatro veneras en cuyo interior se haya una cabeza de ángel. Como coronación aparece un pinjante en forma de granada abierta.

Volumétricamente, la escalera principal destaca hacia el exterior de la fachada sur del convento, con impostas molduradas, friso con mutilos y cornisa volada sobre ménsulas. En lo decorativo la escalera sigue la tendencia desornamentada del siglo XVI apuntada ya en la Chancillería.
De las salas que conforman el interior del convento destacan las impresionantes armaduras mudéjares. La armadura de la crujía sur, que alcanza los 76 metros de longitud, responde a la tipología de armadura de limas mohamares, con tirantes dobles de lazo sobre canes de perfil en S y sogueado central, cuadrales sobre canes de acanto, y almizate apeinazado en el centro y decorado con piña de mocárabes. Este tipo de cubierta, y otras también mudéjares pero más sencillas, eran las habituales en todo el edificio. Actualmente, el resto de armaduras y alfarjes se encuentran ocultos por falsos techos o están fragmentados a consecuencia de las particiones realizadas en época moderna para adaptar el edificio a los sucesivos usos que ha albergado.
La crujía sur alberga actualmente el comedor y un gimnasio en planta baja, y salón de actos y biblioteca en planta primera. El resto de crujías se destinan para aulario, salas comunes, dependencias auxiliares y despachos en la planta baja y parte de la primera; y habitaciones de los colegiales y frailes en las demás.

Existen dos accesos al edificio, la portada principal abierta hacia la calle Palacios se conforma por un patio delantero cerrado por un elevado pretil, y la segunda portada hacia el norte formando ángulo con la fachada de la iglesia de Santo Domingo. En el segundo de los accesos se situaba la antigua portada del convento ligada al clasicismo serliano, realizada en el primer tercio del siglo XVII que fue demolida en 1889. La actual fue rehecha entre 1939 y 1940, inspirándose en la portada de la antigua cárcel también de estilo manierista. Las fachadas actuales son fruto de reformas y restauraciones hechas a partir de los años 40 del siglo XX, como resultado de las demoliciones de edificios otros edificios conventuales que originalmente formaban parte de Santa Cruz la Real.

La desamortización eclesiástica afectó notablemente al convento, que perdió buena parte de sus obras de arte, siendo destinado el inmueble como sede del Liceo, Museos Provinciales, Academia y Escuela de Bellas Artes, Instituto Militar y cuartel, hasta que finalmente en 1944 se materializó su devolución a la Orden de Predicadores, instalando allí el «Studium Generale» y un Colegio Mayor Universitario.

La construcción de la iglesia de Santo Domingo comienza en 1512 y se interrumpe durante un tiempo para comenzar de nuevo en el año 1532. Se construye completamente en cantería, siguiendo modelos gotizantes, tal y como revelan las bóvedas de crucería y los arcos ojivales, pero su dilatado proceso de construcción hace que aparezcan elementos del primer renacimiento y barrocos, estos últimos, con motivo de la intensa reforma llevada a cabo a finales del siglo XVII. Este templo es, sin lugar a dudas, uno de los de mayor interés de la arquitectura granadina del siglo XVI.

La fachada principal del templo se abre a la plaza de Santo Domingo a través de una loggia con tres arcos de medio punto sobre columnas dóricas, con escudos en las enjutas. La presencia de este elemento escenográfico se explica por ser el lugar donde se realizaban las celebraciones de Autos de Fe, este espacio público conocido hoy como Plaza de Santo Domingo se abre en el que en origen fuera el antiguo compás del convento.
La puerta, de dos hojas de madera con clavos de hierro forjado, es la original del siglo XVI. La fachada presenta una interesante y famosa decoración a base de pinturas murales realizadas por Manuel Maldonado Rodríguez en 1915.
En la parte superior hay una ventana con arco de medio punto ligada a formas platerescas de doble vano separados por una columnilla. En las enjutas aparecen victorias a la manera clásica.
En el lado derecho de la portada se alza la espadaña, compuesta de tres cuerpos separados por impostas molduradas: el primer cuerpo es liso; el segundo, de dimensiones más reducidas, queda abierto por dos vanos arqueados que correspondería al cuerpo de campanas; el tercer cuerpo presenta un solo vano y todo ello rematado por una cruz de hierro. Algunos autores muestran extrañeza ante la inexistencia de torre en vez de espadaña en una iglesia de esta importancia, e incluso señalan el comienzo de la construcción de una torre inacabada, pero lo cierto es que en iglesias conventuales es un hecho frecuente.

La planta de la iglesia es de cruz latina, compuesta por una nave central con diez capillas laterales, cinco a cada lado, cabecera poligonal, un reducido crucero, no sobresaliente del perímetro, y coro alto a los pies. La sacristía se sitúa a la derecha de la cabecera de la iglesia, comunicando el templo con el convento.

La capilla mayor sufre una profunda remodelación a finales del siglo XVII, cuando en 1695 se decide ampliar el templo, modificando también el crucero e iniciándose en este momento la construcción del Camarín de la Virgen del Rosario. La cabecera queda entonces como la vemos hoy, de planta poligonal cubierta por bóveda de crucería con decoraciones añadidas en época barroca. Los dominicos encargan el diseño de la capilla mayor a Melchor de Aguirre que proyecta el espacio en torno a la monumental cúpula sobre tambor del crucero. Aguirre realiza también el tabernáculo. La primitiva iglesia gótica tuvo una disposición semejante a la de la Capilla Real y de Santa Isabel, con elevado y sencillo presbiterio.
Proyectado como elemento central de la nueva capilla mayor, elevado sobre un amplio basamento y ocultando el tradicional retablo mayor, destaca el tabernáculo, obra del mencionado Melchor de Aguirre, maestro de origen vasco muy ligado a lo cordobés. Aguirre fallece en 1697, por lo que las obras serán continuadas por los canteros Francisco Rodríguez Navajas y Francisco Otero que hacen la cubierta y los cuatro frontales del basamento. En 1697 estaba terminado el banco y primer cuerpo hasta la cornisa pero no se coloca en la capilla mayor porque ésta carecía de cubiertas.

El tabernáculo, realizado en mármoles de distintos colores, presenta una estructura achaflanada, sobre un basamento abalaustrado que da paso al tabernáculo en sí, de planta cuadrada con columnas salomónicas y cúpula trasdosada y acasetonada. Las columnas son de color negro con capiteles corintios sobre plintos. Tras ellas pilastras blancas con capitel. Las esquinas achaflanadas son de mármol rojo, llevan hornacina rematada en venera y coronadas por un motivo vegetal en blanco y dos motivos geométricos en negro con recuadro blanco. Cuatro arcos de medio punto dan paso al interior, de esquinas achaflanadas, en las que se sitúan cuatro altorrelieves de angelillos que portan instrumentos musicales, así como otros seis ángeles de bulto redondo y otras cuatro cabezas que decoran el interior del tabernáculo.
Las capillas laterales se abren a ambos lados de la nave mediante arcos ojivales, las tres más cercanas a la cabecera, y con arcos de medio punto las situadas en los dos tramos correspondientes al coro. Todas ellas, cubiertas por bóvedas nervadas con rosetones en los pinjantes, son espacios contenedores de una interesante colección de bienes muebles de distintas épocas.
A los pies del templo se eleva el amplio coro, de dos tramos de profundidad. Éste se asienta sobre un arco carpanel con los escudos de los Reyes Católicos, de Carlos V y el yugo y las flechas. En este mismo lugar se dispone el órgano rococó de la iglesia.
Desde el lado derecho de la cabecera se accede a la sacristía. Ésta consiste en una amplía nave rectangular en la que encontramos interesantes esculturas y lienzos, entre los que caben destacar los bustos de indígenas que subrayan el vínculo de la Orden con la evangelización del Nuevo Mundo, en la que jugaron un importante papel. Desde aquí se tienen acceso a un pequeño patio que conduce a dependencias auxiliares del convento.
El camarín de la Virgen del Rosario es una obra clave en el barroco granadino y que ocupa un lugar destacado entre los camarines españoles. Se sitúa en la parte izquierda del crucero en vez de en el presbiterio, respetando así la configuración de la capilla mayor con tabernáculo central y también la volumetría exterior. Ocupa el pasaje abovedado llamado «Cobertizo de Santo Domingo» y parte de la que fue Casa de la Seda. Su construcción está directamente relacionada con la ampliación del templo, encargada por los dominicos a Melchor de Aguirre a finales del siglo XVII. El camarín debía sustituir el modesto retablo de Nuestra Señora del Rosario, estando así acorde con la suntuosidad de las obras previstas para la capilla mayor.
Las obras de cimentación del camarín comienzan en torno a 1695 por el panteón de la Hermandad. Al proyectar la obra surge un problema de falta de espacio. Para subsanarlo se hizo un trato económico con la Casa de la Seda que consistía en eximirla del pago de las rentas por consumo de agua propiedad del convento a cambio del espacio de solar que hoy ocupa el camarín.
Al poco tiempo de ser comenzada la obra se paraliza durante más de un tercio de siglo, por tener prioridad las de terminación del templo. Una vez terminada la cabecera de la iglesia se retoman las obras del camarín. El autor de la traza es José de Bada que continúa lo previsto por Rodríguez Navajas; éste trabaja en colaboración con los Arévalo, expertos marmolistas. Se proyecta siguiendo el tipo de camarín-torre, con un espacio cuadrado central flanqueado por dos antecamarines y un postcamarín a la espalda. Se realiza con entrada independiente por el antiguo jardín del convento. En la entrada original, actualmente ubicada en un antiguo adarve de acceso privado por la C/ Cobertizo de Santo Domingo, está la magnífica escalera obra de José de Bada realizada antes de 1744, de la misma longitud que el postcamarín finalizado por esas fechas. La escalera es de mármoles de Sierra Elvira con embutidos de color y rampa de retroceso que conduce a la sala posterior. El suelo fue realizado por los Arévalo en 1773. Junto al primer rellano, Bada sitúa una pequeña capilla cupulada similar a la que hizo junto a la escalera del Hospital de San Juan de Dios.
El espacio del camarín se organiza a modo de deambulatorio en torno a la pieza central donde está la imagen de Nuestra Señora del Rosario. La planta sobresale aproximadamente 8 metros por el lateral izquierdo del crucero de la iglesia de Santo Domingo, de los cuales, 3 metros cubren la parte de camarín correspondiente al cobertizo, lo que significa que en la Casa de la Seda penetra hasta una profundidad de cinco metros. El espacio del camarín está dotado de un extraordinario movimiento a base de una sucesiva descarga de cúpulas y medias cúpulas sobre trompas, espejos y dorados que logran un resultado final equilibrado, con total integración entre arquitectura y ornamento. La cúpula central es estrellada y apea en pechinas múltiples. El zócalo se encuentra cubierto por cantidad de relieves donde se representan, en ocho de ellos, ángeles en distintas posiciones y, en los otros ocho, distintas escenas bíblicas. La pieza central se completa con espejos. La decoración de espejos anula la materialidad del muro, aumentando el efecto dinámico y el sentido espiritual de este espacio.

El antecamarín es la pieza más rica en este sentido por el complicado lenguaje de las cubiertas montadas sobre trompas. En un espacio tan reducido incorpora tres cubiertas y multitud de elementos decorativos. La central es elíptica, cubre un espacio peraltado. Las laterales son vaídas sobre medias cúpulas. Están separadas por partes de columnillas de mármol de Lanjarón que configuran una especie de templete central, dando la sensación de estar en el interior de un tabernáculo por las formas cóncavas de los mármoles. El sistema de bovedillas tiene su correlato en los dibujos del pavimento colaborando en el engaño óptico. Este espacio está concebido como dosel o palio por el que la imagen de la Virgen pasaba al entrar por el postcamarín. En lo decorativo destaca como una pieza fundamental del barroco tardío, empleando con profusión elementos como los mármoles formando mosaico, espejos, dorados, transparencias, etc., destinadas a crear esa atmósfera simbólica e ilusionista acorde con la espiritualidad del momento. Estos elementos constituyen la decoración mural del camarín, que responden a una disposición complicada pero que es una complicación uniformemente repetida, lo que consigue eliminar la sensación de desasosiego o confusión. Se mezclan motivos de tradición árabe como las estrellas de ocho puntas en la cúpula y piñas de mocárabes, con elementos muy repetidos en Bada como los revestimientos a base de curvas y contracurvas con eje de simetría, paños colgantes en forma de pabellón y jarrones de flores. En la estudiada disposición de los espejos, los de superficie lisa se utilizan para señalar las líneas maestras del diseño arquitectónico, y los redondos como elementos de resalte.


Datos históricos

En la orilla izquierda del río Darro se extiende el que fuera el barrio judío de la Granada musulmana o «Garnata al-Yahud», que tras la llegada de los cristianos pasó a conocerse y popularizarse como El Realejo.

Entre las grandes reformas urbanísticas y arquitectónicas llevadas a cabo en este barrio, dentro de las campañas de cristianización de los Reyes Católicos, jugó un papel destacado la fundación del convento de Santa Cruz la Real y la iglesia de Santo Domingo, levantados sobre unos terrenos que en época árabe fueron huertas y casas de recreo de la casa real nazarí.

Santa Cruz la Real se funda el 5 de abril de 1492, sólo tres meses después de la Toma de Granada. A partir de entonces el conjunto irá creciendo en importancia alcanzando su cenit, tanto a nivel constructivo como social, en el siglo XVII. Para la construcción del complejo conventual, se donan dos de las huertas más importantes de la zona: la Almanjarra mayor y la Almanjarra menor. En la primera se ubica el cuarto Real de Santo Domingo como pasó a denominarse tras la donación. Los Reyes Católicos mostraron siempre una inclinación especial hacia esta fundación haciendo generosas donaciones y concediendo privilegios, por lo que el convento de Santa Cruz alcanzó una extensión territorial asombrosa.

Los frailes de Santa Cruz jugaron un papel esencial en la evangelización de la Granada morisca e iniciaron desde el principio una intensa labor docente. Desde el año 1500 fue el máximo organismo docente de la Orden Dominica, destacando la presencia de personajes como fray Diego de Deza, fray Tomás de Torquemada o fray Alonso de Valiza.

La iglesia de Santo Domingo, en Granada, adosada en el lado norte del convento comienza a construirse hacia el año 1512 en estilo gótico, aunque su construcción se prolongará en el tiempo añadiendo así elementos de estilo renacentista y barroco, entre los que destaca el Camarín de la Virgen del Rosario, mandado a construir por los hermanos dominicos a Melchor Aguirre en el año 1695, obra clave del barroco granadino, junto con el Camarín del Monasterio de la Caruja, de Francisco Izquierdo, y el del Sagrario de la Catedral granadina, de José de Bada.

El valor artístico del conjunto reside en la calidad de su diseño arquitectónico en el que participan maestros muy destacados del renacimiento y barroco granadino; así como en la colección de bienes muebles entre los que hay obras de Alonso de Mena, Pedro de Raxis, Domingo de Echevarría «Chavarito», Bocanegra, Tomás Ferrer, Tomás de Medialdea, etc.

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Inscrito BIC Monumento BOJA 07/01/2011 4 38

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

GALLEGO Y BURIN, Antonio. La reforma de Granada. Ayuntamiento, 1943. 1800857.

VALLADAR Y SERRANO, Francisco de Paula. Guía de Granada : historia : descripciones : artes : costumbres : investigaciones arqueológicas. Paulino Ventura Traveset, 1906. 4100014.

VALLADAR Y SERRANO, Francisco de Paula. La iglesia de Santo Domingo. 1916, pp.425.

VALLADAR Y SERRANO, Francisco de Paula. La iglesia del exconvento de Santo Domingo. 1915, p. 424.

Decreto 456/2010, de 28 de diciembre, por el que se inscriben en el CGPHA como BIC, con la tipología de Monumento, la iglesia de Santo Domingo y el convento de Santa Cruz la Real, en Grana. 28/12/2010, -.



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