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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Núcleos urbanos de la Tahá y zona de cultivos aterrazados
Código: 01189010019
Caracterización: Arquitectónica, Etnológica
Provincia: Granada
Municipio: Taha (La)
Códigos relacionados

Pertenece a:
Código Denominación
01189010020 La Alpujarra Media Granadina y La Tahá
Incluye a:
Código Denominación
01189010013 Núcleo urbano de Fondales y zona de cultivos aterrazados
01189010015 Núcleo urbano de Atalbéitar y zona de cultivos aterrazados
01189010016 Núcleo urbano de Mecina y zona de cultivos aterrazados
01189010011 Núcleo urbano de Mecinilla y zona de cultivos aterrazados
01189010014 Núcleo urbano de Ferreirola y zona de cultivos aterrazados

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología Estilos
Bancales Edad Contemporánea
Asentamientos urbanos Edad Moderna

Descripción

Se trata de un conjunto formado por los núcleos poblacionales de Mecina, Fondales, Mecinilla, Ferreirola y Atalbéitar y los cultivos aterrazados que se desarrollan en torno a ellos, constituyendo una unidad paisajística y cultural.

Asentados en la ladera Sur de Sierra Nevada, se sitúan en un entorno con importantes valores paisajísticos ligados al río Trevélez y correspondientes a los de la denominada Alpujarra Húmeda en contraposición a la zona alpujarreña inmediatamente al este y que es mucho más seca, constituyendo un ámbito de gran continuidad espacial.

La orografía de esta área y su disposición en media ladera permiten unas magnificas vistas sobre la vecina Sierras de Mecina y, en un segundo plano, las cimas de La Contraviesa y sobre las elevaciones del Cerro del Conjuro y de La Mezquita que cierran visualmente la cuenca del río Trevélez por el este. La propia Sierra Nevada actúa al mismo tiempo como telón de fondo norte.

Las dificultades de acceso y el relativo aislamiento, han permitido la pervivencia del urbanismo y la arquitectura tradicional de estas poblaciones en muy buen estado de conservación. Los procesos de renovación de la edificación se han realizado sobre las parcelas originales, afectando principalmente a las dependencias destinadas a usos agropecuarios.

Estos núcleos comparten rasgos identificadores, tanto en lo relativo a su morfología e imagen urbana como en la materialidad de su arquitectura. Sin embargo, también presentan atributos diferenciados fruto de su localización, de su orientación, del grado de incidencia de los sistemas tradicionales de gestión de los recursos naturales en su configuración y fundamentalmente del carácter orgánico de sus esquemas de crecimiento. En este contexto, los rasgos diferenciadores de cada población constituyen sus señas de identificación, por lo que es necesario describirlos de forma individualizada.


Las zonas de cultivos en terrazas
Estas zonas de cultivo que se encuentran desde el borde mismo de los núcleos habitados permanecen en uso constante desde hace más de cinco siglos, de hecho, la mayoría de ellos se desarrollan sin solución de continuidad entre núcleo construido y zona de cultivo, apareciendo interesantes elementos de transición como veredas o caminos que inician en un ámbito puramente urbano y desembocan directamente en las paratas o bancales.

Los bancales están formados por muros de piedra llamados balates que sostienen la tierra por encima de ellos formando pequeñas superficies llanas que se emplean para el cultivo. Tienen una importante influencia en el régimen hidrológico al aumentar la infiltración y reducir la escorrentía, disminuyen la capacidad erosiva de las precipitaciones y ponen a disposición de los cultivos una mayor cantidad de agua. Combinan cultivos arbóreos y herbáceos. Junto a las acequias constituyen los principales elementos materiales de este agroecosistema de regadío en pequeñas parcelas.

Si bien buena parte de estas parcelas son de regadío, hay que señalar que los cultivos de secano suministraban a las fincas y a las familias granos, para la venta y para el consumo humano y del ganado, y la roturación era una manera de controlar el matorral, evitar el embastecimiento de los pastos y dar beneficio a la arboleda y sus producciones. Los de regadío, por su parte, proporcionaban tanto alimento para el consumo humano como complementaban los pastos y otros recursos para la alimentación animal.

Aunque la lógica del desarrollo capitalista tiende a especializar funcionalmente los distintos territorios en la producción de un determinado tipo de producto (en este caso el cultivo de tomate cherri, frambuesas y/o almendros), llegando a veces al monocultivo, en la perspectiva de las economías de escala, y olvidando la lógica ecológica y los beneficios ambientales de los agroecosistemas tradicionales y su estrategia de uso múltiple del territorio, es imprescindible señalar que dicha lógica no ha encontrado hueco en este territorio que sigue reproduciendo en gran parte sus sistemas tradicionales de gestión y explotación.

Este sistema produce todos los elementos básicos de una economía familiar de subsistencia y así ha sido secularmente hasta la irrupción de la economía de mercado. Ha habido un predominio de cereales panificables (trigo, maíz y centeno), junto al cultivo de leguminosas, el viñedo y las patatas hasta hace unos treinta años. Junto a ellos árboles como el olivo, castaño, almendro e higuera.

La unidad básica de este sistema es la parcela de cultivo, generalmente de regadío. Hay que recordar que en este municipio, de su superficie total de 2.874 hectáreas, se cultivan 718 (el 25%), siendo de secano 158 (22%) y de regadío 560 (78%). Cuando la parcela de cultivo es pequeña se le llama "parata" o "bancal" y cuando es más amplia se le llama "haza" dependiendo de la localidad. En otras ocasiones que se llamen de una u otra manera depende del destino de la explotación: si es de regadío se le llama "celemín", mientras que "obrá" es el terreno cultivado de secano. Mayoritariamente la obrá, los celemines y la hectárea son las unidades de medida locales del terreno en esta zona: 1 obrá son 6 celemines, la tercera parte de 1 hectárea, por tanto una hectárea tiene 18 celemines. Este sistema de medidas está adaptado al tamaño local de estas parcelas que comparadas con otras zonas de Andalucía constituiría un minifundismo extremo. Cada bancal tiene no solo su dueño, sino su nombre por el que todos lo conocen y distinguen ("bancal de la valenciana, el de por encima, bancal de la rubia").

En el territorio hay una clara línea física que separa los pagos de bancales del resto, diferenciando a nivel local de forma taxativa la zona de riego o vega de la zona de monte, aunque ni uno sea llano, ni el otro muy escarpado. La linde entre monte y vega lo marca tanto el terreno roturado como el límite donde generalmente las acequias principales se empiezan a dividir en otras secundarias. Es el caso de la Tahá, donde la Acequia Real o Gorda discurre por una zona montuosa, de chaparros y encinas hasta llegar a la zona regable o vega, aunque no sea terreno llano.

El riego de la vega o las vegas del municipio de la Tahá tiene 546 horas de la Acequia Gorda. La comunidad de regantes de La Tahá divide el agua que le corresponde en 7 partes o chorros de acuerdo al agua que le toca según el calendario socialmente instituido. El riego a cada parcela, bancal o parata de este término, le corresponde cada siete días. En total son 546 horas lo que dura el ciclo completo, al cabo de las cuales debe volver el agua a una parcela determinada. Algunas explotaciones, las mayores generalmente, disponen de una alberca donde almacenan el agua para distribuirla a lo largo de la semana, las demás solo pueden regar cada siete días.

La cantidad de agua que corresponde a cada finca está directamente relacionada con su tamaño. Los propietarios son unos 140, tantos como miembros de la comunidad de regantes de todo el municipio de La Tahá.

Una vez que llega el agua a las fincas para regar se distingue el denominado reguero principal, o cauce básico de donde toman o nacen unas madres o regueros, y los cauces menores que vierten directamente a los trozos de tierra cultivada o "mergas". El tipo mayoritario de riego que se practica en la zona es el denominado "a manta". Consiste en practicar unas cuadrículas (caballones) de unos metros cuadrados cada una en el bancal, con una inclinación suficiente para que el agua discurra por toda la zona de cultivo por la fuerza de la gravedad, pero sin que la potencia de la corriente arrastre la tierra ni el caudal abandone el trayecto marcado. Hacer discurrir el agua por este entramado de caballones se denomina "riego a manta".

Por otro parte es imprescindible tratar brevemente las especies y variedades que se cultivan desde una visión diacrónica. Antes del cambio en este sistema de cultivo de los años sesenta se sembraba trigo (cañabal o pelón sin raspa para harina) en la mitad de las tierras de labor, la otra mitad de lentejas para consumo humano y parte del terreno de otro tipo de lenteja o alubia local denominadas morunas. Era un cultivo para abono, segado en verde antes de su maduración y mezclada con la tierra como materia orgánica puesto que no había suficiente estiércol de origen animal para nutrir al terreno a cultivar. Generalmente en las parcelas donde se sembraba este tipo de lenteja moruna, a continuación se plantaban papas y maíz.

Si se tiene en cuenta que en una época de autoconsumo es necesario maximizar las producciones en tan escasa cantidad de tierras como disponía la mayor parte de las familias, es fácil comprender las estrategias productivas y la forma intensiva de cultivar estos minifundios. Entre el trigo se sembraban las habichuelas en el mes de mayo (antes de que el trigo se secase); el trigo se segaba ya seco a mediados de julio a la altura de las habichuelas. Estas maduraban y se recogían después. También era habitual sembrar calabaza en medio del maíz e incluso habichuelas en las cañas del maíz. En estos casos se obtenían varias cosechas simultáneamente en la misma parcela.

Para los animales se sembraba algo de cebada, poca avena, remolacha para los cerdos y nabos en invierno para las vacas y equinos. Para pienso de los animales y como alimento humano se usaban las castañas. Para que se mantuvieran las enterraban en arena al recogerlas en otoño y se iban sacando progresivamente en el invierno.

Ahora los nuevos cultivos incluyen la remolacha para los animales, tomates cherri y frambuesas entre las especies de mayor éxito, pero al mismo tiempo y utilizando las técnicas tradicionales se siguen sembrando tanto distintas variedades de frijoles y habichuelas, tomates, pimientos etc., como algunas nuevas variedades hortícolas que se imponen desde el mercado. Por supuesto también, aunque en mucha menor medida, se siguen practicando los cultivos de cereales.

Respecto a la arboleda de las zonas antropizadas, las de cultivo, se distribuía en los balates, muros y lindes de separación de los bancales o paratas y a decir de los informantes locales, hoy se da mayor variedad de frutales que antes. Había antes sobre todo olivos, algunos manzanos, cerezos y perales de invierno. Hoy, además de estos se encuentran otras variedades de ciruelas, perales, caquis, etc.

No se pueden olvidar las viñas de Pitres y Mecina, que eran los pagos donde más viña había, concretamente las zonas de cultivo donde no llegaban las acequias, la acequia Gorda o sus ramales. Pórtugos, Busquistar o Trevélez tienen el condicionante de la altitud y las temperaturas bajas. Tanto en Pitres como en Mecina se siguen dando ciertos cultivos de vides, en ocasiones como monocultivo y otras en combinación con higueras, persiguiendo siempre la diversificación de productos en cortos espacios.

Los núcleos de Mecina, Mecinilla, Fondales, Ferreirola y Atalbéitar comparten rasgos identificadores, tanto en lo relativo a su morfología e imagen urbana como en la materialidad de su arquitectura. Pero sobre todo donde se dan las mayores similitudes es en la configuración de las parcelas de cultivo, tanto en sus dimensiones, morfología y usos. Sin embargo, también presentan atributos y valores diferenciados fruto de su localización, de su orientación, del grado de incidencia de los sistemas tradicionales de gestión de los recursos naturales en su configuración y fundamentalmente del carácter orgánico de sus esquemas de crecimiento.


Datos históricos

Aunque existen noticias de pobladores anteriores, tanto la estructura actual de la trama urbana, como las parcelas de cultivos, se configuraron a partir del asentamiento en la comarca de los moriscos expulsados de Granada en el siglo XV. Estos implantaron el urbanismo islámico que es un reflejo de su concepción intimista del mundo en la que la sociabilidad vecinal pierde cierta importancia frente a la familiar; al mismo tiempo que generan, que crean el suelo casi inexistente en estas laderas, convirtiéndolas en aptas apara cultivar mediante las paratas, las terrazas y el agua encauzada a través de las acequias.

La zona urbanizada sigue un esquema de crecimiento orgánico que se adapta a la topografía basado en la repetición de la célula-vivienda, donde el espacio público se privatiza, aparece la sectorización en barrios y su escala se reduce. Posteriormente los repobladores cristianos (siglo XVI) continuaron el desarrollo de estos pueblos siguiendo el esquema precedente.

Es importante destacar la prolongación en el tiempo de este proceso de crecimiento, lo que ha generado estructuras urbanas y compositivas muy complejas, con un enorme valor plástico, que no responden a ningún esquema o planeamiento previo. Esta irregularidad constituye uno de los invariantes arquitectónicos de más valor de este ámbito.

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Inscrito BIC Sitio Histórico BOJA 03/05/2007 86 52

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

Decreto 129/2007, de 17 de abril, por el que se declara Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico, el área delimitada de La Alpujarra Media Granadina y La Tahá, en la provincia de Granada.. 52-83.

Información documental

Dirección General de Bienes Culturales y Museos. GESTO. Gestión y Valorización del Patrimonio Cultural S.L., Documentación técnica para la declaración de bien de interés cultural en la categoría de Sitio Histórico de la Alpujarra Media Granadina y la Tahá. FICHA Nº: AP 23. Núcleos urbanos de La Tahá y cultivos aterrazados, 2007.



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