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NAVEGACIÓN
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IDENTIFICACIÓN

Denominación: La Alpujarra Media Granadina y La Tahá
Código: 01189010020
Caracterización: Todas
Provincia: Granada
Municipio: Taha (La), Almegíjar, Bérchules, Bubión, Busquístar, Capileira, Cástaras, Juviles, Lobras, Pórtugos, Trevélez
Códigos relacionados

Incluye a:
Código Denominación
01181210005 Peñón Hundido
01189010019 Núcleos urbanos de la Tahá y zona de cultivos aterrazados
01181630002 Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación
01181120001 El Fuerte
01180300001 Iglesia de San Juan Bautista
01181210002 Núcleo urbano de Tímar y zona de cultivos aterrazados
01180440009 Conjunto Baños del Piojo
01180330007 Núcleo urbano de Busquístar y zona de cultivos aterrazados
01181210006 Núcleo urbano de Lobras
01180440001 Iglesia de San Miguel
01180330003 Acequia Real
01180440003 Barrio Alto de Cástaras y zona de cultivos aterrazados
01181630004 Zona de cultivos aterrazados de Pórtugos
01180440004 Núcleo urbano de Nieles y zona de cultivos aterrazados
01181120005 Camino Viejo entre Juviles y Tímar
01189010021 Conjunto Enclave de La Mezquita
01181210003 Acequia Alta entre Lobras y Tímar
01181120003 Iglesia de San Sebastián
01189010012 Núcleo urbano de Capilerilla y zona de cultivos aterrazados
01180160004 Acequia de Almegíjar
01180440005 Acequia de Cástaras
01189010009 Iglesia Parroquial de San Roque
01189010018 Acequia Baja de Pitres
01180330008 Minas del Conjuro
01180440007 Minas de Mancilla
01180300007 Acequia Nueva
01180300006 Núcleo urbano de Alcútar y zona de cultivos aterrazados
01181210008 Minas de Retama
01181210004 Minas Rodríguez Acosta
01180440010 Puente minero sobre Camino Real de Trevélez
01189010017 Acequia Alta de Pitres
01180440008 Conjunto Cortijo de los Arcos

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología
Inmuebles de ámbito territorial * Edad Contemporánea

Descripción

Este Sitio Histórico es un área con una fuerte impronta antrópica, transformada a lo largo de un proceso histórico datado al menos desde la Baja Edad Media. Los distintos elementos etnológicos, arqueológicos, arquitectónicos y naturales que componen este sitio, lo dotan de un carácter singular y único que sólo puede entenderse tomando en cuenta las particulares características del territorio donde se ubican. Todos ellos constituyen referentes de las formas de vida y de trabajo, de determinadas identidades colectivas, de unas formas de organización y ocupación del territorio y de una evolución paisajística que las actividades seculares de estas sociedades locales han originado.

Por otra parte, las características y peculiaridades geográficas y paisajísticas de la Alpujarra Media Granadina constituyen otro valor patrimonial de extraordinaria relevancia en sí mismo, y unido a los elementos culturales, conforman una unidad sociocultural singularizada. De esta manera el territorio, mucho más allá de la tradicional concepción como soporte de los bienes culturales, es otro elemento patrimonial y un recurso fundamental.

Está compuesto por treinta y dos áreas patrimoniales, agrupadas en tipologías temáticas para una mejor comprensión:

POBLACIONES Y/O ZONAS DE CULTIVOS ASOCIADAS:

- Barrio Alto de Cástaras y cultivos aterrazados.
- Núcleo urbano de Busquístar y cultivos aterrazados.
- Núcleo urbano de Capilerilla y cultivos aterrazados.
- Núcleo urbano de Lobras.
- Núcleo urbano de Nieles y cultivos aterrazados.
- Núcleo urbano de Tímar y cultivos aterrazados.
- Núcleos urbanos de La Tahá y cultivos aterrazados.
- Zona de cultivos aterrazados de Pórtugos.

En estas áreas se da una tipología de espacios habitados, de arquitectura vernácula, en simbiosis con los espacios agrarios, difícilmente separables mediante una clara delimitación lineal. Las zonas más productivas, los minifundios de regadío, se desarrollan, fundamentalmente, a continuación y en torno a los núcleos urbanos, como un sistema continuo e inseparable.
Por ello cada una de estas áreas constituye un solo elemento patrimonial.

Desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico, la disposición espacial, la localización y la configuración formal de los núcleos urbanos están fuertemente condicionados por dos rasgos intrínsecos a este territorio: las características topográficas del área y el sistema de explotación de sus recursos. Así, la necesidad de adaptarse a una orografía de alta montaña, encajada entre las alineaciones de la Sierra de la Contraviesa y de Sierra Nevada, que dificulta los desplazamientos y propicia el cultivo en minifundios, ha generado pequeños núcleos urbanos, próximos entre sí y a las tierras de cultivo .

Aunque existen noticias de pobladores anteriores, la estructura actual de la trama urbana se configuró a partir del asentamiento en la comarca de los moriscos expulsados de Granada en el siglo XV. Éstos implantaron un sistema urbano que es un reflejo de su concepción intimista del mundo, en la que lo social pierde cierta importancia frente a lo familiar.

La zona urbanizada sigue un esquema de crecimiento orgánico, que se adapta a la topografía, basado en la repetición de la célula-vivienda, donde el espacio público se privatiza, aparece la sectorización en barrios y su escala se reduce. Posteriormente, los repobladores cristianos (siglo XVI) mantuvieron el esquema precedente Es importante destacar la prolongación en el tiempo de este proceso de crecimiento, que ha generado estructuras urbanas y compositivas muy complejas, con evidente valor plástico y que no responden a ningún esquema o planeamiento previo. Esta irregularidad constituye una de las constantes arquitectónicas de más valor del ámbito descrito.

Estos núcleos son compactos y se asientan a lo largo de dos ejes viarios que son los principales elementos vertebradores de este territorio: el eje superior de la Alpujarra Alta, en la ladera sur de Sierra Nevada, y el eje del Guadalfeo, ambos dispuestos en sentido este-oeste, pero a distintas cotas altimétricas.
La linealidad de los recorridos crea cierta continuidad espacial entre los núcleos, que se constituyen como hitos o referentes paisajísticos. En este sentido, destacan las torres campanario de sus iglesias mudéjares, que por su escala y verticalidad sobresalen del tejido urbano, significándose y significándolo.

El tejido urbano se caracteriza por el alto grado de ocupación de las manzanas, por no existir prácticamente patios, por el trazado irregular de su trama condicionado por la topografía, y por la estructura de la propiedad cuyo borde sigue.
La continuidad entre la zona urbana y la agrícola se refleja en las paratas, estructuras de contención de las huertas que, dispuestas en terrazas, conforman los límites de las manzanas del borde. Las calles, generalmente de pequeñas dimensiones, se desarrollan principalmente en paralelo a las curvas de nivel, suavizando las pendientes que ascienden zigzagueando por la ladera, lo que favorece la disposición aterrazada de la edificación.

Las conexiones transversales se minimizan y se resuelven mediante vías que salvan las fuertes pendientes con rampas y escaleras.
La calle es entendida como un espacio de relación e intercambio, incluso como una prolongación de las viviendas. Este rasgo cultural incide en la morfología de los núcleos, siendo el origen de los "tinaos" y zaguanes, espacios anejos a las viviendas cubiertos por el vuelo de la edificación. En ellos, los límites de lo público y de lo privado se desdibujan, creando secuencias urbanas de gran riqueza espacial.
En dichos espacios se desarrollaban los procesos de almacenamiento y transformación de productos agrícolas, los cuales, al tiempo que favorecían las relaciones vecinales, protegían de las inclemencias climáticas, convirtiéndose en destacados indicadores del grado de adaptación al medio de este urbanismo, así como en una de las tipologías arquitectónicas de mayor interés.

Otro componente arquitectónico que comparte con los "tinaos" esta condición de espacios semipúblicos es el "terrao". La disposición aterrazada de la edificación adaptándose a la topografía, y el elevado grado de colmatación de las manzanas, favorecen el uso de las cubiertas planas de la una como espacio de desahogo de las viviendas y de relación de sus habitantes.

Los principales espacios públicos surgen en torno a los edificios institucionales (Ayuntamiento, iglesia o escuelas) y son el escenario donde se desarrolla la vida pública y se convierten, junto a lavaderos y fuentes, en los principales ámbitos de sociabilidad y espacios que propician la convivencia vecinal.
Las plazas se conforman como espacios reducidos e irregulares, fruto generalmente de un ensanchamiento de la trama. En algunos casos presentan distintos planos, definidos por muros unidos entre sí por rampas y escaleras, que reproducen de algún modo el sistema de cultivo en paratas.
En este sentido, es importante destacar la incidencia del sistema tradicional de gestión y uso del agua en la forma de la ciudad y en la configuración del espacio público: lavaderos, acequias, fuentes, pilares-abrevaderos y albercas son elementos arquitectónicos destacados, capaces de singularizar y caracterizar estos espacios.

La implantación en el territorio, la agrupación de unidades, dado que la trama urbana presenta una estructura aditiva y escalonada de las edificaciones, y las formas de humanización del paisaje, como la disposición abancalada de las tierras de cultivo formando terrazas a lo largo de las laderas, constituyen los principales valores de la arquitectura alpujarreña.
Contiguas a los núcleos de población se desarrollan las zonas cultivadas mediante un sistema tradicional de explotación.
Los minifundios aterrazados se escalonan en las laderas aledañas a los núcleos, siendo recorridos por los ramales de las acequias, base de este agroecosistema. Sin este aporte de agua no se daría el tipo de agricultura intensiva en pequeñas parcelas que secularmente han venido cubriendo las necesidades nutricionales de los grupos domésticos.
Los bancales están formados por muros de piedra llamados "balates" que sostienen la tierra por encima de ellos, formando pequeñas superficies llanas que se emplean para el cultivo. Tienen una importante influencia en el régimen hidrológico, ya que al aumentar la infiltración y reducir la escorrentía disminuyen la capacidad erosiva de las precipitaciones y ponen a disposición de los cultivos una mayor cantidad de agua. Combinan cultivos arbóreos y herbáceos y, junto a las acequias, constituyen los principales elementos materiales de un agroecosistema caracterizado por el regadío en pequeñas parcelas.
Este sistema de explotación se conserva, en buena parte, porque ni el sistema de propiedad ni las condiciones orográficas permiten la mecanización en estas sierras. Si bien es verdad que la agricultura a tiempo completo está en retroceso, en determinados casos se mantiene como una actividad complementaria, por lo que no ha perdido su potencial económico, que se activa cuando el mercado demanda productos específicos como los tomates, las cerezas o las frambuesas.


ACEQUIAS.

- Acequia Alta de Pitres.
- Acequia Baja de Pitres.
- Acequia de Almegíjar.
- Acequia de Cástaras.
- Acequia Alta de Timar y Lobras.
- Acequia Nueva de Bérchules.
- Acequia Real o Gorda de Busquístar.

Las acequias son canales artificiales diseñados para transportar el agua, excavados en tierra o roca y con una pendiente generalmente pequeña. Éstas estructuran el paisaje delimitando territorios de cultivo de regadío y son el principal reflejo material de la adaptación de las distintas culturas a un territorio, con un régimen hídrico variable inter e intraanualmente dependiendo de la altitud, domeñándolo y adaptándolo para la explotación agraria, ganadera, industrial y para el consumo humano. De su sistema tradicional de gestión depende no solo su conservación y el riego de las parcelas de cultivo, sino todo un sistema de elementos inmuebles asociados al agua, lavaderos, acequias, fuentes, pilares, abrevaderos y albercas.

Las acequias son elementos sobre los que descansan la globalidad de la lógica productiva tradicional de este territorio.
Actualmente constituyen la base del sistema de pequeñas parcelas aterrazadas que necesitan agua para sus cultivos, y además permiten el abastecimiento de agua para consumo directo en las tareas domésticas. Hasta hace muy poco estos cauces dirigían el agua hacia ingenios de carácter industrial donde ejercían como fuente de energía.
El carácter colectivo del agua y la responsabilidad comunitaria de su mantenimiento han garantizado la pervivencia del sistema durante siglos. Incluso las fuentes documentales señalan que el aumento demográfico significó una mayor presión sobre el terreno y que se buscaron nuevos aprovisionamientos de agua, mediante careos y el agua de deshielo, para cultivar mayor superficie de tierra.
La extensión de las redes de acequias se hizo en la Alpujarra Media granadina siguiendo las roturaciones de tierra, como lo muestran las telas de araña que se dibujan en el paisaje. Su construcción dependió también de los cambios en los sistemas de cultivo y la disminución de la productividad de las tierras, así como el cambio de las especies cultivadas: panizo, mijo y alcandía se sustituyeron por maíz que requiere más agua; el lino disminuyó en pos del cáñamo, etc.

Estas acequias constituyen una parte fundamental de un sistema mayor, un agroecosistema. El medio natural, las actividades humanas que en él se desarrollan y las complejas interacciones entre sus elementos, forman un agroecosistema que ha supuesto durante siglos la base material de estas comunidades.

De acuerdo a su función y al tipo de gestión que tengan, hay dos clases de acequias:

- Acequias de riego, cuyo objetivo es conducir el agua desde los veneros naturales hasta aquellas explotaciones que se riegan. Son varias acequias escalonadas en una ladera y tienen pendientes pequeñas. Algunas características de las acequias de riego es que llevan agua durante todo el año, excepto en época de lluvias abundantes en las que las ordenanzas de riego permiten regar con ellas los pastizales de las zonas altas, que en verano no tienen derecho al agua, y a veces se carea el agua excedente de éstas, y se reparan y limpian en invierno cuando el agua es menos necesaria. Su gestión depende de la Comunidad de Regantes correspondiente y del acequiero que se encarga del reparto del agua entre los regantes, así como de supervisar y reparar la acequia. La Comunidad de Regantes se compone de todos los usuarios de la misma acequia.
El agua se reparte a cada acequia según normas socialmente establecidas y recogidas en sus Ordenanzas de Riego.
Según estás, a cada regante de una acequia le corresponde un tiempo de agua en función, generalmente, de la superficie de regadío que posee. El agua se reparte por tandas de riego, tiempo que transcurre en llegar el agua a un pago desde un riego al siguiente.

- Acequias de careo, cuyo cometido es conducir el agua desde cauces naturales hasta zonas relativamente llanas, denominadas simas, con un sustrato permeable para que se infiltre. Fundamentalmente se surten del agua del deshielo, trasladándola de las zonas de alta montaña a los terrenos de cultivo. El agua pasa a formar parte de la capa freática y aflora en lugares concretos y conocidos, con un tiempo de retención determinado. De este modo, en el período de estiaje se dispone de una abundante cantidad de agua en una altitud intermedia, que coincide con el asentamiento de los núcleos humanos, procedente de las altitudes superiores. Se sitúan siempre por encima de los 1.800 metros y se cargan desde el otoño hasta la primavera. Tienen más pendiente que las de riego y disponen de numerosos aliviaderos que se pueden abrir en caso de necesitarlo.

Las siete acequias incluidas en este expediente son fundamentalmente de riego, aunque contienen algunos tramos o ramales menores que son de careo. En otras ocasiones el origen es de careo, surtiéndose los tramos iniciales del agua de lluvia.

El principal impacto que sufren las acequias actualmente, junto a su progresiva falta de uso por el abandono de las labores agrícolas, es la utilización de nuevos materiales y técnicas; de este modo se sustituyen y/o modifican algunos con hormigón, ladrillos, tubos de fibrocemento y PVC. Si bien así se mantiene y abarata el mantenimiento de las acequias, también se acaba irremediablemente con el sistema tradicional de construcción y con los beneficios para el medio que proporcionaba dicho sistema.


ELEMENTOS DE CARÁCTER MINERO-INDUSTRIAL:

- Minas de Macilla en Cástaras.
- Minas de Retama en Timar y Lobras.
- Minas del Conjuro y caminos tradicionales.
- Minas Rodríguez-Acosta en Lobras.
- Puente Minero sobre Camino Real de Trevélez.

El número de explotaciones existentes en los municipios objeto de inscripción es muy abundante por la riqueza mineral de la zona, que ha sido explotada en varios períodos históricos. Las de mayor interés patrimonial, atendiendo a sus valores históricos y sociales, de acuerdo a lo representativo material y simbólicamente de estas industrias para sus poblaciones, así como a la entidad de los restos conservados. Siguiendo estos criterios, se han incluido en la declaración cuatro núcleos mineros: Minas del Conjuro en Busquístar, Minas de Mancilla en Cástaras, Minas de los Rodríguez-Acosta en Lobras, y Minas de Retama en Timar, encontrándose en la actualidad todas ellas inactivas.

Sus producciones fueron de dos tipos: en las minas del Conjuro se extraía hierro, en Cástaras, Lobras y Timar se producía mercurio.
El Puente Minero en Cástaras, ligado a la actividad minera de la zona, se sitúa en el paraje denominado Portillo de Prado Seco, y más concretamente sobre el Camino Real de Trevélez. Esta construcción surge como solución al conflicto que planteaba conjugar el uso habitual del camino real y el nuevo uso para transporte de material minero.

No obstante, toda esta zona fue prácticamente agraria hasta el siglo XIX; encontrándose escasas referencias documentales e históricas anteriores, como la posible explotación de las minas del Conjuro en época árabe (según Riu) basándonos en el hallazgo de una lucerna medieval en el cerro del Conjuro.

El auge minero se extiende desde el siglo XIX hasta la primera mitad del XX, provocando un intenso deterioro de la cubierta forestal, en cuanto a incidencia en el paisaje, ya que se instalaron de forma indiscriminada fundiciones, sobre todo en el primer tercio del siglo XX. Aunque, por otro lado, se empleó a buena parte de la mano de obra de la zona.

Los principales restos conservados son la mina principal a cielo abierto, un cargadero, y restos de construcciones de la zona administrativa y habitacional de las minas del Conjuro, en Busquístar, dos caminos que unen este núcleo poblacional con dicha explotación.


YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS:

Los yacimientos arqueológicos de mayor entidad en este territorio son: el poblado en el cerro de El Fuerte, en Juviles y Peñón Hundido, en Timar municipio de Lobras, así como otros tres lugares que se han incluido en áreas patrimoniales más amplias: enclave de la Mezquita y baños de Panjuila en Busquístar, y Baños del Piojo en Cástaras.

En todos los casos la prospección arqueológica superficial ha constatado materiales arqueológicos diversos, como restos cerámicos y constructivos de las diferentes estructuras de habitación y/o explotación, que conformaron estos establecimientos humanos.

El yacimiento de El Fuerte conserva restos constructivos, especialmente de albercas, pozos y canalizaciones varias, dentro de un recinto posiblemente amurallado, aunque los elementos que conformaron sus defensas se encuentran ahora asolados y enmascarados por las paratas y los bancales construidos para la explotación agrícola del cerro.

En cuanto al Peñón Hundido destaca por su amplia secuencia de ocupación que parece iniciarse en época protohistórica, encontrándose también otros restos materiales de difícil caracterización, aunque podrían fecharse desde época tardo-antigua hasta medieval. Dadas las características morfológicas del cerro y el sistema de explotación que aún se lleva a cabo, mediante cultivos en bancales, es posible que el yacimiento mantenga un aceptable nivel de conservación, al menos en algunos sectores. El terreno está formado por materiales y por algunos de los recursos minerales que durante milenios han constituido la principal razón del asentamiento humano en la zona.


CAMINOS HISTÓRICOS Y ESCARIHUELA:

- Camino Viejo, entre Juviles y Tímar.
- La escarihuela asociada al enclave de La Mezquita, el molino del río Trevélez y sitio arqueológico de los Baños de Panjuila.

El camino que une Juviles y Tímar tiene un recorrido aproximado de tres kilómetros y medio. Dentro de la red de caminos de la zona se consideraba de primer nivel hasta mediados del siglo XX, ya que en buena parte de sus tramos podían transitar tanto personas como ganado, así como carros. De una anchura de más de dos metros, el camino está empedrado en gran parte de su recorrido y dejó de transitarse con la construcción de una moderna carretera.
Por su parte, la escarihuela que une los Baños de Panjuila con el paraje de La Mezquita es un tramo en zigzag a lo largo de dos acusadas pendientes que tienen como punto de menor altitud el río Trevélez, zona de gran impacto visual desde las dos laderas, divisándose sendas partes desde ambas laderas. Su trazado responde a la necesidad de realizar, lo más cómodamente posible, el paso de una zona a otra, y su factura consiste en delimitar tramos rectos de unos diez metros, acodados, marcando casi un ángulo de 900, con el siguiente tramo de similar longitud. Su anchura no llega a un metro en algunos tramos, con lanchas en el suelo a tramos, y delimitado en su borde por piedras ancladas a la tierra.

Estos caminos estructuran el territorio y constituyen, junto a la trama de acequias, una segunda red, dado que los caminos comunican los núcleos de población entre ellos y con el resto del territorio donde se desarrollan las actividades productivas, lo que cobra una gran importancia en un espacio de alta montaña como éste, ya que hasta 1970 algunos pueblos como Atalbeitar sólo eran accesibles a pie.


ÁREAS CONFORMADAS POR ELEMENTOS PATRIMONIALES DE VARIADA CATEGORÍA:

- Conjunto Cortijo Los Arcos, acueducto y zona de cultivos asociada.
- Conjunto Enclave de la Mezquita, incluye los Baños de Panjuila, dos escarihuelas, un molino en el río Trevélez y la zona conocida como La Mezquita.
- Conjunto Los Baños del Piojo, en Cástaras, incluye un cortijo y restos de los antiguos baños cubiertos de maleza.
- El conjunto Cortijo de los Arcos está constituido por el cortijo, la zona de cultivos asociada a éste y un acueducto. La explotación recibe su nombre por el acueducto y acequia que riega su zona de cultivo, junto al caserío del cortijo. La arcada, de una docena de ojos, que da nombre a la finca y que actualmente mide unos 50 metros de longitud, por 4 de alto en su parte más elevada, está construida con ladrillo visto y continúa en uso junto a la zona de cultivo y el cortijo.

La Mezquita es un asentamiento de carácter agropecuario de origen altomedieval, tratándose de una serie de estructuras de habitación parcialmente excavadas en la roca. Está compuesta por una vivienda y diversas estancias para el ganado, amén de otros restos constructivos y áreas de actividad antrópica, difícilmente datables, pero correspondientes a diversos momentos históricos.

Una escarihuela, o camino histórico, comunica el cerro de La Mezquita con el río Trevélez, ocupando una ladera pedregosa de pronunciada pendiente. Al llegar al río se encuentra un pequeño puente, junto a un molino de rodezno harinero que ha perdido su cubierta, aunque conserva perfectamente reconocibles sus estancias y su tipología, construido a base de la técnica de la piedra seca. Una vez que se cruza el puente, comienza de nuevo la escarihuela, cuyo segundo tramo se desarrolla hasta el final de la ladera, enfrente del montículo de la Mezquita, donde comienza el camino que conduce a los Baños de Panjuila, a unos 200 metros y ya en zona relativamente llana. Estos baños, a pesar de estar hoy muy deteriorados, han funcionado como tales hasta hace unos setenta años, dado que ocupan una zona de paso. Es fácil discernir que eran usados como zona de descanso y avituallamiento para los viajeros; apoyando además estos datos los testimonios orales de los informantes.

Bajo la denominación de Los Baños del Piojo, en el municipio de Cástaras, se engloban varios elementos. Se trata fundamentalmente de una gran explotación agrícola, donde se encuentra un extraordinario cortijo frente al cual hay unos antiguos baños que le dan nombre al pago. El cortijo se compone de una destacada vivienda en dos plantas, un molino de aceite y viga, así como un horno. Junto a los baños de Panjuila ambos son los testigos materiales de la red de baños que hubo en la zona, herencia de unas formas de vida altomedievales que aprovechaban las aguas de la zona y sus propiedades.


IGLESIAS Y TORRES.

- Torre e Iglesia de Bérchules.
- Torre e Iglesia de Cástaras.
- Torre e Iglesia de Juviles.
- Torre e Iglesia de Pitres.
- Torre e Iglesia de Pórtugos.

La linealidad de los recorridos, generados a partir de las vías de comunicación del territorio, crea cierta continuidad espacial entre los núcleos urbanos, los cuales -diferenciándose claramente del medio natural- se constituyen como hitos o referentes paisajísticos. Dentro de las poblaciones destacan, por su escala y verticalidad, las torres campanarios de sus iglesias mudéjares, de las que se valora su implantación como referentes territoriales, e incluso como elementos para la orientación en un territorio tan extenso.

Entre las torres, las de Pitres, Busquístar y Pórtugos son los hitos más potentes, siendo todas ellas visibles desde el cerro del Conjuro. En cambio, las de Juviles, Cástaras, Lobras y Bérchules no ofrecen perspectivas lejanas, ubicándose en cuencas visuales más cerradas, aunque también con una importante presencia territorial.
Los templos mudéjares a los que pertenecen estas torres han sufrido importantes destrozos a lo largo de su historia, especialmente durante la Rebelión de los moriscos (1568) y la Guerra Civil. Por otra parte, la débil economía que ha caracterizado a esta zona ha dificultado las tareas de mantenimiento. El resultado es que la mayoría de ellos, incluidas sus torres, están parcial o totalmente reconstruidos en fechas relativamente recientes.


Datos históricos

Los yacimientos arqueológicos de la zona constituyen referentes culturales de distintos periodos prehistóricos e históricos de esta área, y hablan del poblamiento constante de la misma y de las formas de vida de sus primeros pobladores, de sus construcciones, de los materiales que utilizaban, de su adaptación al medio.

Esta zona de la Alpujarra cobró especial protagonismo durante la reconquista del Reino de Granada, así como durante la rebelión de los moriscos de 1568, que tuvo especial incidencia en estas poblaciones.
Por otra parte, tras la conquista cristiana del Reino de Granada se produjo en la Alpujarra una intensa actividad edificatoria de iglesias mudéjares. Este fenómeno se encuadra en el ambicioso programa constructivo impulsado por los Reyes Católicos en toda la provincia, como medio más eficaz de difundir el nuevo modelo político-religioso impuesto en los territorios conquistados.

Este periodo histórico resulta muy relevante en tanto en cuanto las características de asentamiento en el territorio y de explotación de los recursos naturales que se observan en la actualidad, se conformaron en gran parte durante los siglos XV y XVI. Se trata de la ubicación, disposición y morfología de los núcleos de población y al sistema de cultivo aterrazado, basado en la posibilidad de riego que proporcionan las acequias. Este es un sistema de poblamiento y un tipo de explotación agrícola característico de alta montaña.
En la línea de la perspectiva de la conformación de este territorio en los periodos moderno y contemporáneo, destaca la red de caminos históricos y dentro de estos, por su singularidad y adecuación a la orografía del área, las escarihuelas, caminos trazados en zigzag para suavizar las pendientes y el mejor modo de salvar los enormes desniveles que jalonan la Alpujarra granadina. Algunas de ellas se datan documentalmente desde el siglo XVIII y XIX, en relación directa con la explotación industrial de las Minas del Conjuro o con el asentamiento de La Mezquita, en Busquístar, de fechas anteriores. Obviamente esta red viaria de corto radio se usaba tanto para el traslado de mercancías y personas entre estos municipios, como para acceder a las zonas de cultivo desde los núcleos habitados, y algunas permanecen en uso constante desde hace más de cinco siglos.

Se pueden observar muy claramente los valores etnológicos en esta red de caminos, en la arquitectura tradicional de los núcleos de población o en las zonas de cultivo en torno a las poblaciones, también hay que reseñarlos tanto en las acequias como en las actividades y usos relacionados con la explotación de los recursos naturales que se llevan a cabo en esta área. La extraordinaria muestra de espacios naturales que se dan en esta zona, la sucesión de estratos altitudinales de zonas cultivadas mediante el sistema de terrazas, bosques de caducifolias y quercus, pasando por otros situados a mayor altitud como las coníferas, hasta terminar con las zonas desarboladas de pastos de verano, constituyen un modo de adaptación a un medio muy hostil con severas restricciones productivas inter e intranualmente. El buen estado general de conservación de estas gradaciones agroambientales, muestran claramente el desarrollo de unas actividades tradicionales vigentes aun y acordes a los ciclos ecológicos. Son especializaciones laborales altamente cualificadas, saberes y usos que poseen y practican estas poblaciones locales necesarios para explotar las terrazas, construir balates o mantener y conservar las acequias.


Un valor fundamental en este Sitio lo constituye el paisaje, la imbricación entre las áreas patrimoniales y el territorio es tal que el actual paisaje alpujarreño es fruto de la interacción secular entre el hombre y el medio. Naturaleza y cultura están aquí íntimamente relacionados. Así, los elementos incluidos (acequias, paratas, bancales, minas, yacimientos, caminos, núcleos urbanos¿) son los testimonios materiales de unas formas de asentamiento y unos sistemas de ex

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Inscrito BIC Sitio Histórico BOJA 03/05/2007 86 52

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

Decreto 129/2007, de 17 de abril, por el que se declara Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico, el área delimitada de La Alpujarra Media Granadina y La Tahá, en la provincia de Granada.. 52-83.

Información documental

Dirección General de Bienes Culturales y Museos. GESTO. Gestión y Valorización del Patrimonio Cultural S.L., Documentación técnica del expediente de declaración como bien de interés cultural, categoría Sitio Histórico, de la Alpujarra media granadina y La Tahá, 2007.



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