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NAVEGACIÓN
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IDENTIFICACIÓN

Denominación: El Torreón
Otras denominaciones: Torre de Carniceras ; Dehesa del Telégrafo Código: 01140160032
Caracterización: Arqueológica, Arquitectónica
Provincia: Córdoba
Municipio: Cardeña

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos/Etnias Cronología Estilos
Torres de telegrafía óptica Edad Contemporánea

Descripción

Esta torre se sitúa en la Loma de la Sirizuela, a 780 metros de altitud sobre el nivel del mar, en comunicación óptica con otras torres similares tanto situadas al sur, caso de la Torre de la Onza (Montoro), como al norte, enlazando ya con torres de telegrafía óptica de la provincia de Ciudad Real.

Es similar a la de la Nava o la de la Onza, situadas asimismo en el término municipal de Montoro. Se trata de una construcción de tres plantas hecha con mampostería de piedras irregulares de mediano tamaño, a excepción de las esquinas y los anillos externos, hechos de ladrillo. Tanto ladrillos como mampuestos van unidos por medio de mortero o cemento hecho de cal y arena. Al exterior, el cuerpo de mampostería va provisto de enlucido de fino mortero, que en algunos casos se ha perdido y deja ver el material infrayacente (mampostería). La planta de la torre es casi cuadrada, siendo la mitad del edificio un módulo cúbico. Sin embargo, de la mitad hacia abajo se estructura en tres partes desiguales y claramente diferenciadas. En primer lugar, comenzando por la parte inferior, la torre posee una pequeña plataforma de mampostería de 15 centímetros de altura, tras la cual encontramos una base de ladrillo de 1,10 metros de altura. A partir de ahí la torre se va estrechando y a 1,85 metros por encima de la base hay un voladizo que rodea toda la torre formado por cuatro hiladas de ladrillo. Los ladrillos empleados en la torre miden 5 centímetros de grosor por 25 de largo y 12 de ancho. Tras ese módulo, las paredes de la torre comienzan a tomar dirección inclinada hacia otro módulo que también sobresale de la planta pero que es mucho menos alto que la base, estando formado por ladrillos en las esquinas y mampostería en el cuerpo. Finalmente, sobre él, sin solución de continuidad, existe un último módulo formado también por mampostería y ladrillos en las esquinas y separando las diversas "tongadas" del mampuesto. Este último cuerpo se corresponde con las dos plantas superiores (primera y segunda). Finalmente, es de destacar que la torre va coronada por un voladizo de ladrillo de, al menos, dos hiladas de ladrillo separadas por mampostería.

Respecto a vanos, la torre posee en la cara norte tres ventanas con marcos de ladrillo y adinteladas, aunque alguna es arqueada al interior. La planta baja, que no posee ventanas, está dotada, en cambio, de tres aspilleras estrechas al exterior, de unos 50 centímetros de longitud y 7 u 8 de anchura, que van ensanchándose al interior con un acusado derrame. Son, sin duda, elementos defensivos que dan buena cuenta de la vinculación de estas torres telegráficas con la seguridad del territorio nacional español. En el lado sur el esquema se repite, pero en los lados este y oeste la torre está completamente cegada, a excepción de las aspilleras de la planta baja, de las que obviamente no se podía prescindir si se quería mantener un mínimo de seguridad.

Al interior se observan, realizados en las paredes, huecos o mechinales destinados a acoger las cabezas de las vigas que sostendrían las techumbres y suelos de las diversas plantas


Datos históricos

Esta fortificación es una torre de telegrafía óptica construida a mediados del siglo XIX. Se trataría de una torre repetidora de señales visuales transmitidas a distancia. Aunque una Real Orden de Carlos IV (1788-1808) había permitido construir la primera línea de telegrafía óptica española -que entró en funcionamiento en agosto del año 1800- (donde tuvo un gran protagonismo la figura de Agustín de Betancourt, 1754-1824, ingeniero tinerfeño que mejoró el telégrafo óptico inventado por el francés Claude Chappe), la crisis y las guerras paralizaron la construcción de nuevas líneas. Habrá que esperar hasta 1844, cuando se encargue a José María Mathé, coronel de Estado Mayor, la instalación de la línea de Castilla para unir Madrid con la frontera francesa. Mathé instaló en sus torres un nuevo telégrafo, ideado por él, que constaba de un bastidor con tres franjas negras alternadas con franjas blancas, en cuyo extremo se movía verticalmente una pieza llamada indicador capaz de adoptar doce posiciones diferentes respecto a las franjas. La utilidad de su sistema resultó pronto manifiesta, de manera que, desde que en 1846 entró en funcionamiento, se levantaron numerosas torres en nuevas líneas. Diez años después, la red española era tan densa como la francesa, inaugurada algunos años antes.

Pero la telegrafía óptica sería desplazada por la introducción de postes y conductores para uso telegráfico por parte del Gobierno, según obligaban la ley de 22 de abril de 1855 y la Ley General de Ferrocarriles a las empresas constructoras de la red ferroviaria, pues la expansión del ferrocarril llevó aparejada también la del telégrafo por cable. Al aplicarse la electricidad a la telegrafía se ganaría eficacia, aunque el nuevo sistema llegase a España con retraso (Morse había transmitido su primer mensaje, entre Washington y Baltimore, en 1844). Gracias al nuevo invento, como afirmaba Martínez Alcubilla en su Diccionario de la Administración Española (1894), "las distancias se han acortado, las relaciones de todas clases se estrechan y los gobiernos han adquirido un poderoso medio para sostener el orden público y atender a las demás necesidades de la administración con más celeridad que antes, teniendo además de poderoso auxiliar de este agente maravilloso a los ferrocarriles". No obstante, el primer ferrocarril de la historia de Córdoba llegaría en la primavera de 1859, por lo que hasta ese año o después no debió de llegar el telégrafo eléctrico a Córdoba y, por tanto, cabe pensar que las torres repetidoras de telegrafía óptica seguirían funcionando, debiendo de suceder lo mismo en el resto del país. De hecho, la primera línea de telégrafos por señales de la que se tiene noticia en España fue abierta en 1848 para cubrir Madrid, Aranjuez y La Granja, justo el mismo año en que se inauguraba el primer ferrocarril español entre Barcelona y Mataró.

De las tres rutas radiales con que contó la telegrafía óptica en España durante su corta vida, Madrid-Irún, Madrid-La Junquera y Madrid-Cádiz, con unas doscientas torres repetidoras en todo el territorio nacional, la última atravesaba la provincia de Córdoba y estaba dotada de 59 torres. Junto a la Torre de Carniceras o El Torreón había otras como la de Mingasquete, La Nava o La Onza, también en el término de Montoro, la Torre Juncá de Villafranca o la del Chancillarejo, en término de Córdoba, además de las ya desparecidas como la Torre del Palo, ubicada cerca de la capital cordobesa. La línea de Madrid a Cádiz fue tendida entre los años 1850 y 1853 y fue la última en dejar de funcionar en todo el territorio español, hacia 1857.

Como ha notado L. de Mora-Figueroa, este tipo de torres eran aún torres de almenara con igual sentido que las de la Edad Media, es decir, atalayas que, ubicadas en emplazamientos topográficamente adecuados, percibían y transmitían señales ópticas vinculadas a la seguridad del territorio u otros fines. Es un tipo de torre tan exitosa y necesaria que habría de subsistir hasta bien e

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información documental

Archivo de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de Córdoba. Antonio Martínez Castro, Inventario de fortificaciones del medio rural. Norte de Córdoba. Volumen II. Ficha nº 28, El Torreón, 2005.



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