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NAVEGACIÓN
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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Torre de la Onza
Código: 01140430078
Caracterización: Arqueológica, Arquitectónica
Provincia: Córdoba
Municipio: Montoro

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos/Etnias Cronología Estilos
Torres de telegrafía óptica Edad Contemporánea

Descripción

Esta torre se localiza sobre una elevación situada a unos 700 metros sobre el nivel del mar. Estaba, sin duda, en conexión visual con otras torres telegráficas similares, como la de la Nava de Montoro o la de Carniceras (El Torreón) de Cardeña. Junto a esta fortificación se halla la nueva carretera de Montoro a Cardeña así como un observatorio construido por la Delegación de Medio Ambiente. Se halla dentro de una reserva natural vallada que, entre otras especies, posee ciervos en su interior.

A pesar de que se halla en un estado de avanzada ruina, se sabe casi con total seguridad que era una construcción de tres plantas hecha con mampostería de piedras irregulares de mediano tamaño, excepto en las esquinas y los anillos externos, que eran de ladrillo. Tanto ladrillos como mampuestos van unidos por medio de mortero o cemento hecho de cal y arena. Al exterior, el cuerpo de mampostería iba provisto de enlucido de fino mortero. La planta de la torre es casi cuadrada. A pesar de que esta torre llevaba tres partes desiguales y claramente diferenciadas, sólo se conserva hoy la parte inferior o planta baja, seguramente poseyendo en su base, al igual que El Torreón de Cardeña, una estrecha plataforma de mampostería tras la que se encontraría otra base de ladrillo de aproximadamente 1 metro de altura. La planta conservada, que no posee ventanas, está dotada en cambio, como sucede en El Torreón, de tres aspilleras estrechas al exterior, de unos 50 centímetros de longitud y 7 u 8 de anchura, que van ensanchándose al interior con un acusado derrame. Son, sin duda, elementos defensivos que dan buena cuenta de la vinculación de estas torres telegráficas con la seguridad del territorio nacional español.


Datos históricos

A mediados del siglo XIX fue construida la torre de telegrafía óptica en el lugar. Se trataría de una torre repetidora de señales visuales transmitidas a distancia. Aunque una Real Orden de Carlos IV (1788-1808) había permitido construir la primera línea de telegrafía óptica española -que entró en funcionamiento en agosto del año 1800- (donde tuvo un gran protagonismo la figura de Agustín de Betancourt, 1754-1824, ingeniero tinerfeño que mejoró el telégrafo óptico inventado por el francés Claude Chappe), la crisis y las guerras paralizaron la construcción de nuevas líneas. Habrá que esperar hasta 1844, cuando se encargue a José María Mathé, coronel de Estado Mayor, la instalación de la línea de Castilla para unir Madrid con la frontera francesa. Mathé instaló en sus torres un nuevo telégrafo, ideado por él, que constaba de un bastidor con tres franjas negras alternadas con franjas blancas, en cuyo extremo se movía verticalmente una pieza llamada indicador capaz de adoptar doce posiciones diferentes respecto a las franjas. La utilidad de su sistema resultó pronto manifiesta, de manera que, desde que en 1846 entró en funcionamiento, se levantaron numerosas torres en nuevas líneas. Diez años después, la red española era tan densa como la francesa, inaugurada algunos años antes.

Pero la telegrafía óptica sería desplazada por la introducción de postes y conductores para uso telegráfico por parte del Gobierno, según obligaban la ley de 22 de abril de 1855 y la Ley General de Ferrocarriles a las empresas constructoras de la red ferroviaria, pues la expansión del ferrocarril llevó aparejada también la del telégrafo por cable. Al aplicarse la electricidad a la telegrafía se ganaría eficacia, aunque el nuevo sistema llegase a España con retraso (Morse había transmitido su primer mensaje, entre Washington y Baltimore, en 1844). Gracias al nuevo invento, como afirmaba Martínez Alcubilla en su Diccionario de la Administración Española (1894), "las distancias se han acortado, las relaciones de todas clases se estrechan y los gobiernos han adquirido un poderoso medio para sostener el orden público y atender a las demás necesidades de la administración con más celeridad que antes, teniendo además de poderoso auxiliar de este agente maravilloso a los ferrocarriles". No obstante, el primer ferrocarril de la historia de Córdoba llegaría en la primavera de 1859, por lo que hasta ese año o después no debió de llegar el telégrafo eléctrico a Córdoba y, por tanto, cabe pensar que las torres repetidoras de telegrafía óptica seguirían funcionando, debiendo de suceder lo mismo en el resto del país. De hecho, la primera línea de telégrafos por señales de la que se tiene noticia en España fue abierta en 1848 para cubrir Madrid, Aranjuez y La Granja, justo el mismo año en que se inauguraba el primer ferrocarril español entre Barcelona y Mataró.

De las tres rutas radiales con que contó la telegrafía óptica en España durante su corta vida, Madrid-Irún, Madrid-La Junquera y Madrid-Cádiz, con unas doscientas torres repetidoras en todo el territorio nacional, la última atravesaba la provincia de Córdoba y estaba dotada de 59 torres. Junto a la de La Onza había otras como la de la Carniceras en Cardeña, las de Mingasquete y La Nava en Montoro, la Torre Juncá en Villafranca o la del Chancillarejo en término de Córdoba, además de otras ya desparecidas como la Torre del Palo cerca de la capital cordobesa. La línea de Madrid a Cádiz fue tendida entre los años 1850 y 1853 y fue la última en dejar de funcionar en todo el territorio español, hacia 1857.

Como ha notado L. de Mora-Figueroa, este tipo de torres eran aún torres de almenara con igual sentido que las de la Edad Media, es decir, atalayas que, ubicadas en emplazamientos topográficamente adecuados, percibían y transmitían señales ópticas vinculadas a la seguridad del territorio u otros fines. Es un tipo de torre tan exitosa y necesaria que habría de subsistir hasta bien entrado el siglo XIX, e incluso para

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información documental

Archivo de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de Córdoba. Antonio Martínez Castro, Inventario de fortificaciones del medio rural. Norte de Córdoba. Volumen II. Ficha 32, Torre de la Onza, 2005.



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