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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Muralla Ciclópea
Otras denominaciones: Castillo de Ibros ; Muralla Ibérica de Ibros ; Muralla ciclópea de Ibros ; Muralla ibérica ; Castillo Código: 01230460007
Caracterización: Arqueológica, Arquitectónica
Provincia: Jaén
Municipio: Ibros

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos/Etnias Cronología Estilos
Murallas Defensa Edad del Hierro II - Iberos
Murallas Defensa Época romana

Descripción

La muralla ciclópea se ubica en la zona Norte del casco urbano y en una de sus cotas más bajas, en el barrio que se ha conocido como "el señorío". Resulta un emplazamiento totalmente lógico desde el punto de vista estratégico ya que defendía la zona más vulnerable y más cercana a los cauces de agua.
La Muralla Ciclópea de Ibros, como su propio nombre indica, pertenece a la tipología de arquitectura defensiva militar, ya que se trataba del muro que circundaba la totalidad o al menos parte, del perímetro de un poblado. También define su nombre el carácter y dimensiones de su aparejo, consistente en grandes bloques pétreos que han sido trabajados para mejorar su acople.
Son dos los lienzos de muralla conservados, dispuestos de forma transversal y por tanto formando un ángulo de 90 grados. Puesto que se asienta sobre la roca viva -que ha sido trabajada para mejorar su función- la anchura de la muralla oscila entre los dos metros aproximadamente en sus puntos más estrechos y los seis metros en los de mayor amplitud. La longitud de los lienzos es de 12'55 metros para el menor y 14'50 para el mayor tomados en sus lados exteriores. Por el interior, y debido a su considerable espesor, las mediciones de longitud pasan a ser 10'20 metros y 11'20 metros respectivamente.
En cuanto a las alturas, éstas oscilan entre los 3'80 y 3'95 metros medidos en su lado exterior, mientras que por el lado interior oscilan en torno a los 3 metros.
Por la fachada exterior a la calle Pilar, presenta tanto mayor altura como mayor amplitud. El aumento del primero de los paramentos se debe a la topografía irregular del terreno y a que el descenso en desnivel en dirección Norte obliga a dotar a la muralla de una mayor altura, para así igualar la parte superior.
Esta altura suplementaria viene dada por una gran masa de piedra que sirve de asiento a la muralla. Esta piedra, de las mismas características de los megalitos -que posiblemente fueron extraídos de ella- ha sido trabajada y labrada para asimilarla y aprovecharla como parte de la muralla. El despiece observable tras los muchos siglos transcurridos consiste en una serie de capas horizontales superpuestas. La planta de esta masa de piedra que se encuentra "in situ" no es regular, sino que presenta una extensión transversal hacia su zona central que le confiere una forma de "U" muy abierta. El vértice de esta "U" coincide con el punto de la muralla de mayor amplitud o anchura.
La erosión ha motivado que parte de estas capas aparezcan dotadas de cierto vuelo, al faltarles los materiales sobre los que se asentaban. Pese a su aparente mayor tosquedad, un análisis más detenido nos revela como determinados puntos de esta base han sido objeto de una minuciosa talla, logrando una serie de piezas asemejadas a paralelepípedos, que encajan perfectamente a modo de rompecabezas geométrico, tal y como se puede apreciar en los documentos gráficos adjuntos. La línea de conjunción de las distintas piezas presenta un trazado en zig-zag.
Merece destacarse que esta roca madre presenta en algunos puntos graffittis realizados mediante incisiones.
La fachada exterior a calle Castillo viene a constituir el lado Occidental u Oeste del monumento. La muralla ciclópea constituye aproximadamente un tercio del muro de cerramiento del patio de la vivienda ya aludida. El resto del muro es reciente y se halla realizado con piedras irregulares de menor escuadría unidas con mortero. Puesto que la naturaleza de la piedra es similar, la detección del punto de unión de ambos muros ha de realizarse atendiendo al grosor de la muralla -notablemente superior en la ciclópea-, al tamaño de las piedras -idem-, a su disposición, a la presencia del mortero de cemento, y a que las piedras del muro reciente presentan aristas más vivas en comparación con el aspecto redondeado y más erosionado de las del muro ciclópeo.
La calle Castillo, que presenta un moderado desnivel en sentido Norte-Sur, se halla a una cota sensiblemente superior a la de la calle Pilar, por lo que aquí no aparece la muralla sobre ningún basamento pétreo, sino directamente sobre el suelo. Si la roca viva existe en esta zona se halla bajo el nivel del pavimento y no resulta visible. El aspecto pues, de este sector de la muralla, es de mayor regularidad en comparación con el de la calle Pilar.
Si presentan los megalitos diversidad de proporciones entre sí, observándose que algunos de ellos vienen a ser el doble de grandes que los colindantes. La disposición de las piedras es la misma que en el lienzo ya comentado: colocación horizontal y con los lados de mayor longitud hacia afuera. Merece destacarse que la esquina de la muralla -entre las calles Pilar y Castillo-, aparece constituida con grandes bloques que confieren especial solidez a la misma.
Si se observan con bastante claridad en este sector de la muralla ciclópea algunas reparaciones posteriores. Estas restauraciones se han realizado con piedras de menor escuadría que las originales, y las llagas o juntas de unión se han rellenado de mortero de cemento.
Las caras internas de los dos lienzos de la muralla no presentan ninguna singularidad respecto a las exteriores. En la confluencia de la muralla ciclópea con el muro moderno de la casa se puede apreciar tanto el grosor o amplitud de la muralla en este sector, como la configuración de la misma y disposición de los megalitos, así como el relleno con piedras más pequeñas de un hueco, lo que se debe corresponder con una reparación reciente en un intento de restituir la solidez a la muralla.
En algunos puntos, sobre todo en el ángulo o confluencia de los dos lienzos de muralla ciclópea, se advierten reparaciones realizadas con piedras pequeñas y mortero de cemento, que tapan o rellenan huecos o llagas demasiado abiertas. La vegetación parásita y musgos han proliferado en muchos puntos de la muralla.
En la confluencia de la muralla ciclópea con la casa -lienzo Norte- se observan al pie de la muralla algunos grandes megalitos en disposición ordenada formando dos hiladas superpuestas. Esto parece indicarnos que la muralla originalmente pudo presentar un grosor o una anchura superior a la actual, y que un recubrimiento de grandes losas se prolongaría por todo su perímetro interior, protegiendo a un interior con piedras de menor tamaño. El paso del tiempo habría reducido el grosor de la muralla mediante sucesivos desmoronamientos.
El coronamiento superior de la muralla muestra una superficie horizontal y plana integrada por grandes losas, así como los reparos en algunos puntos realizados con piedras de tamaño menor.
El material único utilizado en la construcción de la muralla es la piedra arenisca, formando megalitos o grandes piezas en forma de paralelepípedo. Las piedras de menor tamaño que en la actualidad rellenan llagas y el mortero de cemento portland que las une, se corresponden con reparaciones posteriores.
En la declaración como Bien de Interés Cultural de la Muralla Ciclópea de Ibros, se considera que en el interior de la muralla ciclópea de Ibros no se encuentra ningún bien mueble que pueda considerarse parte esencial de la misma.
El asentamiento está dotado de una defensa natural en la zona superior y posterior del poblado, que se complementaba con las murallas que rodeaban todo el recinto edificado, o al menos, la zona de acceso más fácil. En ocasiones, algunas torres -por lo general macizas- reforzaban la eficacia de la muralla, que solía ser única. Las viviendas eran sencillas y modestas, con habitación única de planta rectangular, construidas de adobe sobre zócalo de piedra y con suelo de tierra apisonada. La techumbre era, por lo general, de ramas sobre vigas de madera, aunque se han encontrado algunas con cubiertas de pizarra.
A esto es necesario añadir que la mayor densidad de poblados fortificados ibéricos -según escritores griegos y latinos- corresponde precisamente a Andalucía, si bien no todos han llegado hasta nosotros. Solían tener planta redonda, elíptica o cuadrada.
El miedo o necesidad de seguridad que explican la existencia de las murallas en los poblados, justifican también las torres atalayas que se emplazaban en la sierra o la costa.
Centrándose en las murallas, éstas podían ser de aparejo ciclópeo, poligonal y de mampostería, es decir, de piedras irregulares sin labrar que constituirían dos muros paralelos que se rellenarían después de piedras. Algunas de estas murallas tenían un alzado de adobe y un enlucido de arcilla o cal. Su grosor permite suponer que la parte superior podría albergar un camino de ronda para realizar las labores de vigilancia. Como ejemplo de muralla de aparejo ciclópeo se citan las de Tarragona, realizadas ya en época romana por artífices ibéricos. Como ejemplo del sistema poligonal tenemos las murallas de Sagunto.
Abad Casal puntualiza la diferencia entre muralla ciclópea y megalítica. El adjetivo ciclópeo lo asigna a las "murallas de grandes piedras sin labrar, por megalíticas las de grandes piedras, estén trabajadas o no". A las murallas de Ibros las cataloga como pertenecientes al segundo grupo, ya que las piedras tienen forma de paralelepípedo. Esta forma se debe en parte a que la cantera de la que se extrajeron facilitaba ésta y en parte a que la propia roca que sirve de base a la muralla se ha labrado para facilitar su función. La irregularidad de los sillares se ha solventado con la inclusión de cuñas.
Diversos testimonios identifican la actual población de Ibros con la antigua "Iberis" o "Ibris", denominación que se ha venido interpretando tradicionalmente como alusiva a su origen. La muralla que nos ocupa se emplaza en la parte más baja del pueblo, conocida como barrio del señorío, y que vendría a coincidir con el asentamiento ibérico. Sus características son similares a las de otros poblamientos ibéricos, tales como el enclave estratégico, la cercanía al cauce de un río y el amurallamiento en las cercanías de éste, su parte más vulnerable.
Resulta acertado concluir que la construcción de la muralla necesitó de un periodo de paz para acometer los trabajos, un deseo de seguridad y una organización social, económica y política complejas, así como la posesión de un nivel de tecnología adecuado.
La sepultura ibérica encontrada a unos 300 metros del casco urbano en la carretera que conduce a Canena viene a confirmarnos la datación de la muralla. De esta forma podemos rechazar la pertenencia al periodo neolítico en el cual la había enclavado Manuel de Góngora.
Algunas hipótesis aventuran que los restos conservados pertenecían a un recinto en forma cuadrangular. Esta circunstancia resulta bastante probable, aunque no existe ningún testimonio que permita corroborar esta interpretación. Olivares Barragán -si bien no cita fuente alguna- precisa que la superficie del castillo de Ibros, (esta denominación incorrecta a perdurado hasta nuestros días) era de ciento once metros cuadrados.
Este hecho debe ser destacado, pues constituye la base de una hipótesis que tiene considerables visos de verosimilitud. Algunos autores destacan el hecho de que el mismo miedo que llevó a la población indígena a la construcción de murallas y torres atalaya, impulsó a los romanos a conservarlas y repararlas. Para esta labor, realizada obviamente bajo dirección romana, utilizaron a menudo la mano de obra ibérica, así como sus técnicas constructivas. Esta posibilidad debe llevarnos al planteamiento de que -dada la ausencia de cerámicas que aporten una secuencia cronológica-, la muralla hubiese sido realizada en un periodo algo posterior, ya bajo el dominio romano, aunque siempre por los pobladores ibéricos.
Al parecer, existen evidencias de que los visigodos también pasaron por estas tierras, sobre todo teniendo en cuenta la cercanía de su sede episcopal, Biatia o Viatia, actual Baeza.
Los musulmanes también debieron mantener el uso del recinto defensivo, ya que entre sus muros apareció una lápida sepulcral con el siguiente texto: "En nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso; murió Zagut Ebu Walid, Dios le haya perdonado, el día cuarto en ventiún días de Xaben del año 416".
La población de Ibros pasó a manos cristianas en el año 1157, aunque la posesión definitiva no tuvo lugar hasta la llegada de Fernando III el Santo. De esta forma, Ibros pasó por los distintos periodos históricos sin que se hayan encontrado referencias concretas a la muralla ciclópea, por lo que no se hará alusión a los mismos.
Durante el Antiguo Régimen, la muralla quedó integrada como muro perimetral en un edificio doméstico sirviendo de cerramiento al patio del mismo y de apoyo al corral. Este edificio, dotado de rejas de hierro forjado, podría datarse en el siglo XVIII, aunque su tipología, materiales y distribución parece indicarnos una mayor antigüedad, que incluso podría retrotraerse hasta el siglo XVI.
Conocemos una referencia histórica a la muralla -considerada como castillo-, en tiempos relativamente recientes como es el año 1647. Se refiere a la concesión que el rey Felipe IV hizo de la alcaldía del castillo de Ibros a Juan Rus y Arcos, familiar del Santo Oficio, vecino de Jaén y natural de Ibros, quien se había comprometido a reedificarlo. En el escrito del rey reconoce no conocer el castillo, pero que le había dicho que por ser muy antiguo se había hundido su habitación, quedando únicamente la muralla y su cerca, así como dos torres descubiertas. Estas alusiones a elementos ya desaparecidos pueden llevarnos a conclusiones distintas. Las torres referidas pudieron ser añadidos de época más reciente, o bien datar del periodo ibérico.
El 3 de junio de 1931, la muralla fue declarada monumento nacional. Con posterioridad, en 1961, la Dirección General de Bellas Artes envió al arquitecto Alvaro Martín con el cometido de levantar un plano de la muralla con vistas a incluirlo en el Catálogo General de Castillos Españoles.
En 1977 se redactó un proyecto de restauración por parte del arquitecto José Antonio Llopis, que no se realizó por falta de fondos. En 1986 la Consejería de Cultura acometió la primera intervención conservadora de la muralla. Un año antes la Junta de Andalucía había procedido a la adquisición a sus propietarios del inmueble en el que se integraba la muralla.
En 1988 se desprendió un sillar de la muralla, por lo que el Ayuntamiento de Ibros procedió a demoler el interior, tabiques y cubiertas del inmueble en el que se integraba la muralla, aduciendo que el derrumbe fortuito de algún elemento constructivo podría afectar a la muralla. Según informaciones orales, existe la intención de construir sobre el solar de la casa un nuevo edificio destinado a un uso social y cultural.
Se adscribe cronológicamente a época Ibérica siglo VI a siglo I antes de Cristo, (posible realización durante el periodo romano, y por tanto de cronología algo posterior).
La muralla ciclópea de Ibros se ha comparado por su estética con la Puerta de los Leones de Micenas, en la zona del Peloponeso (Grecia), perteneciente a un ámbito cultural muy distinto y distante al ibérico. Ya en nuestra península, la muralla de Ibros puede relacionarse con las ciudades de Numantia y Tarraco, ambas realizadas durante el periodo ibérico y reformadas en época romana.
Se trata de una muralla ciclópea en ángulo con dimensiones de 20 y 14 metros y un espesor que va desde 7 metros en su parte más gruesa hasta 2'5 en su zona de coronación. La altura es de unos 2'5 metros.
Aunque bastante deteriorado y con unas posibilidades de restauración y conservación bastante complicadas constituye un elemento valiosísimo, no sólo por su valor histórico y su antigüedad, sino porque desde el punto de vista constructivo constituye un ejemplo interesantísimo de una forma de construir que dentro de su aparente sencillez y brutalidad constituye un complejo y sabio sistema de atado y acuñamiento realizado con una precisión impecable.
La muralla está formada de grandes piedras superpuestas de roca arenisca, no excesivamente compacta y algo porosa. Las rocas están talladas para conseguir la horizontalidad en los tendeles, pero además disponen de unas entalladuras en las que encajan con toda exactitud unas con otras.
Las rocas están muy desgastadas y sus bordes han perdido regularidad. Hay trozos desprendidos y otros en peligro de desprenderse. Existen señales de haberse efectuado arreglos o consolidaciones, que si bien ha sido imprescindible ejecutarlas, no son muy acertadas, ya que se han acuñado piezas o sustituido rocas grandes por rellenos de piezas de pequeño tamaño que desvirtúan absolutamente el aspecto global de la muralla y su más señalada característica.
En la zona Norte, más baja y donde la muralla tiene mayor potencia, pueden apreciarse con toda claridad los restos de las entalladuras y encontrar como en un puzzle las piezas de piedra. El asiento de éstas, por desgaste de las zonas bajas, ha perdido horizontalidad, y las rocas se desplazan de sus posiciones originales, proceso que avanza y que culminará haciendo ilegible el sistema de encastramiento. Entre las piedras crece además diversa vegetación que colaborará en el deterioro.
Es urgente acometer una restauración, al menos de esta parte, rellenando con grandes piezas, de textura y coloración diferenciada, hasta la nivelación y llevando a su posición original las piezas talladas. Únicamente de esta forma puede detenerse el proceso de destrucción y recuperar la forma constructiva original, que constituye la gran relación de este monumento.
Respecto a los añadidos realizados también sería conveniente alguna actuación que restituyera la identidad del monumento, aunque fuera un sistema de revestido o tratamiento de los mismos que las identificara como piezas ajenas a la muralla. Esta prótesis que es necesario colocar se define claramente no ofreciendo una imagen equívoca.
La muralla está situada en el perímetro de un patio o corral que pertenece a una vivienda. Esta vivienda ha pasado a propiedad pública, lo cual parece una situación adecuada para adecentar un entorno más amplio y situar el monumento relacionado con una edificación auxiliar que le sirva de acceso y apoyo. La vivienda ha sido demolida en su totalidad, conservándose sólo los muros perimetrales. Esta situación es lastimosa, pues la edificación no guarda ninguna relación real con la muralla. Evidentemente tenía cierto interés tipológico y constituía también un ejemplo interesante de un tipo de construcción muy tradicional realizada con ladrillos de adobe, pavimentos de barro y zaguán empedrado y estructura de rollizos de madera.
El patio posterior, donde se sitúa la muralla, se encuentra en un estado de absoluto abandono, sirviendo de almacén los restos del derribo de la casa.
La muralla se encuentra en una posición de borde respecto al casco urbano. Se encuentra en una zona algo caótica y con urbanización y construcciones deficientes. Existe cierta actividad urbana, pues hay bastantes obras en ejecución. Sin embargo, dentro de su carácter popular y periférico es un lugar con posibilidades. La muralla ocupa una posición algo dominante sobre un valle con un arroyo, vegetación y un paisaje muy agradable. Se encuentra en la bifurcación de una calle de borde que forma un mirador sobre el límite urbano y el valle mencionado.
Existe una plazuela pequeña que si bien no está enfrentada al monumento, si lo está a la casa por donde tiene su acceso. Una intervención urbana cuidadosa y discreta y la rehabilitación de la casa sería fundamental para conseguir un entorno adecuado que evidentemente la muralla merece.
Asimismo, es necesario aludir a la vegetación espontánea que crece en las llagas y juntas de las piedras, así como sobre la superficie de la misma, musgos, cuya acción química se considera perjudicial y proporciona una imagen de descuido al monumento. Otro aspecto negativo se refiere a los graffittis e incisiones que aparecen en algunos puntos de la piedra, sobre todo en la roca que sirve de basamento, que se encuentra en la vía pública y por tanto más expuesta a la acción de desaprensivos. Quizás la puesta en valor del monumento deba incluir algún tipo de cerramiento, vigilancia e iluminación que evite nuevos deterioros, que por otra parte, pueden llevar hechos mucho tiempo.
Gran parte de la bibliografía que se refiere a la muralla ciclópea de Ibros, expone la suposición de que los restos conservados pertenecían a un recinto cuadrangular. Si nos atenemos a la certeza de esta suposición de la que no quedan evidencias, faltaría al monumento los otros dos lienzos de muralla que completarían el rectángulo o cuadrado, así como la continuación de los dos lienzos mayores a las actuales.
En cuanto a las restauraciones realizadas en la muralla ibérica de Ibros, tan sólo se documenta una intervención de carácter conservador. Así mismo, en 1976 fue redactado un proyecto que finalmente no sería realizado. El encargo partió de la Dirección General de Patrimonio Artístico y Cultural. Ascendía el presupuesto a 499.919'91 pesetas y redactó el proyecto el arquitecto José Antonio Llopis Solbes.
Esta intervención planteó como objetivo únicamente la conservación del monumento, para lo que planteaba proceder a recalzar la muralla en algunos puntos con hormigón ciclópeo, a drenar la base del muro y a limpiar la muralla de aditamentos vegetales. Así mismo, se pretendía completar con ripios las faltas.
Para acometer la intervención se solicitó una subvención de 250.000 pesetas al M.E.C. La carencia de presupuesto llevó a la D.G. de BB.AA. a estimar la colaboración del propietario al 50%. Finalmente, en mayo de 1977 y ante la falta de presupuesto se desestimó la realización del proyecto.
Años más tarde, en 1986, se verificó una intervención conservadora por parte de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Esta contó con un presupuesto de 1.012.000 pesetas y acometió por igual medida la muralla y el inmueble en el que se integraba. Conocemos los términos de la misma por los informes del arquitecto técnico Luís E. Tajuelo Sánchez y de la historiadora María Antonia Villar Jiménez.
Las obras tuvieron su inicio el 11 de octubre de 1986 y acometieron la demolición de un cobertizo en el patio de la casa que se adosaba a la muralla, la consolidación de la parte superior con mortero de cemento para evitar las de un hueco de entrada en el punto más alejado de la muralla por la calle Castillo -que se cerró con una cancela de hierro-, enterrar la conducción de agua que existía en el patio y llevarla hasta el interior de la vivienda, tapar el orificio de desagüe existente en la muralla y la realización de un sumidero en el patio para la recogida de las aguas pluviales, realización de saneamiento en la casa, realización de un pequeño cuarto de aseo en la misma y limpieza de todo el patio.
El uso tradicional que ha tenido la Muralla Ciclópea de Ibros, que perdura aún en nuestros días, ha sido de índole práctica, ya que ha servido de cerramiento al patio de una vivienda. A su vez, la especial configuración y dimensiones de los sillares que la componen suscitaron el interés y la curiosidad por parte de la población, así como de viajeros e interesados, que citaron en sus libros la existencia de esta antigüedad.
Sin embargo, habría que esperar a nuestro siglo, hasta la fecha de su declaración como monumento protegido y a la mejora de las comunicaciones y por ende del turismo, para que se pueda hablar con propiedad del uso cultural.
Este uso cultural y turístico es el que se pretende que predomine, para lo cual está siendo objeto de atención por parte del Ayuntamiento de Ibros y de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, quienes además de garantizar su conservación pretenden potenciar su difusión, conocimiento y uso cultural.
En la actualidad, y pese a la singularidad, antigüedad y relativa rareza del monumento, el flujo de visitantes no es demasiado elevado. Al respecto, su cercanía a los núcleos urbanos de Úbeda y Baeza, cuya monumentalidad atrae gran número de turistas, puede jugar una gran baza en su favor.
Según informaciones orales, existe la intención por parte del Ayuntamiento de Ibros de levantar en el solar del inmueble en el que se integraba la muralla del edificio destinado a un uso social y cultural.

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Inscrito BIC Monumento Gaceta 04/06/1931

FUENTES DE INFORMACIÓN

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Información documental

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Archivo Municipal de Ibros. Legajo correspondiente a la Muralla Ciclopea. Muralla Ciclopea de Ibros.



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