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Imagen de Peñalosa Más Bibliografía Más Información

IDENTIFICACIÓN

Denominación: Peñalosa
Código: 01230110012
Caracterización: Arqueológica
Provincia: Jaén
Municipio: Baños de la Encina

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías P.Históricos/Etnias
Cistas Edad del bronce
Murallas Edad del bronce
Poblados Edad del bronce

Descripción

El yacimiento de la Edad del Bronce de Peñalosa se sitúa en una región geográfica que tiene como protagonista al río Guadalquivir, auténtico eje este-oeste que atraviesa por entero la provincia de Jaén, creando un amplio valle que se cierra al este por las Sierras de Cazorla y Segura y, por el contrario, se abre hacia occidente por las campiñas de Córdoba, hacia la Baja Andalucía (Hernández Pacheco, 1926; Cabanas, 1953; Corchado Soriano, 1963; Higueras Arnal, 1961).
Tanto al norte como al sur está delimitado por dos barreras montañosas: Sierra Morena y el Subbético, franqueadas, sin embargo, por una serie de pasos y afluentes del Guadalquivir que abren esta zona tanto a la Meseta como al Sureste de la Península Ibérica.

El poblado se asienta sobre un espolón de pizarra en forma de lengua, con pendientes pronunciadas, estando enmarcado por el arroyo Salsipuedes y el propio río Rumblar. Se alza, por tanto, sobre dicho río, cuyo valle está inundado actualmente por las aguas del embalse del Rumblar. Este sitio arqueológico ha tenido y tiene un gran papel en la valoración cultural de la Edad del Bronce del mediodía peninsular, al haber sido considerado como el poblado más septentrional de la expansión de la Cultura del Argar en su búsqueda de mineral de cobre (Valiente, 1980; Lull, 1983).
El sitio fue excavado a princIpIos de los años sesenta por R. García Serrano (Arribas, 1973; Malina el alií, 1979; Contreras el all, 1987b; Contreras, 1995). Sin embargo, la documentación de dicha actuación, centrada en la parte superior del poblado, nunca fue publicada, desconociéndose en la actualidad los resultados de la misma. Las primeras noticias publicadas al respecto y de las que se derivaron las adscripciones culturales con que se dotó a este yacimiento son las referentes a una colección de materiales obtenidos del expolio (Muñoz Cabo, 1976). Los restos constructivos que actualmente son visibles en la superficie del cerro son el fruto de cuatro campañas de excavación realizadas en los años 1986, 1987, 1989 Y 1991 por un equipo de investigadores del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada dirigido por F. Contreras Cortés, F. Nocete Calvo y M. Sánchez Ruiz.

Peñalosa se ha convertido tras estas campañas de excavación en un yacimiento modélico para el estudio y contrastación del mundo de la Edad del Bronce en el Alto Guadalquivir. Ello se debe no sólo a su localización en la zona minera de Sierra Morena, sino también al buen estado de conservación de su registro arqueológico, a pesar de la erosión postdeposicional que ha sufrido por el efecto del embalsamiento del agua, presentando una última fase del poblado marcada por el abandono repentino del mismo. Esto se manifiesta en una buena conservación no sólo de los complejos estructurales, sino también de la cultura material asociada a ellos.
Esta situación ha propiciado el desarrollo de un detallado análisis microespacial que ha conducido a la interpretación funcional del espacio en el asentamiento, factor clave para la reconstrucción socioeconómica de estas comunidades.
Se ha podido definir la existencia de al menos dos grandes fases constructivas en la ocupación prehistórica del yacimiento de Peñalosa (lIlA y IlIB). Los niveles estratigráficos de la fase más antigua (IIlB) están muy mal conservados como consecuencia de la reestructuración espacial que se hace en la siguiente fase (lIlA). En este momento el poblado se expande hacia el norte, bajando hacia el río Rumblar. Las dataciones de C-14 para este momento señalan el final del poblado entre el 1400 y 1500 a.e. (Contreras el alii, 1991), no pudiendo precisarse por ahora el momento de fundación del poblado.

El esquema urbanístico de Peñalosa responde a los patrones típicos de la Edad del Bronce en el Sureste. Se adapta perfectamente a las características morfológicas del terreno aterrazando las laderas del cerro a través de la construcción de grandes muros de pizarra que recorren longitudinalmente dichas laderas y otros que, perpendicularmente a los anteriores y transversales a la pendiente, organizan escalonadamente el espacio destinado a las viviendas, que cuentan además con compartimentaciones.
Así en cada una de las terrazas artificiales la distribución espacial viene marcada por la existencia de varias unidades de habitación de variado tamaño y complejidad. En todas ellas se documentan diversos espacios dedicados tanto a actividades domésticas como de producción especializada. Los distintos grupos de unidades habitacionales están perfectamente comunicados por una serie de calles y pasillos estrechos que van recorriendo el poblado y que ponen en comunicación las distintas áreas de habitación.
En Peñalosa se han distinguido cuatro grandes áreas: Terraza Inferior, Terraza Media, Terraza Superior y Fortificación, en base a las zonas de excavación.
El poblado está defendido naturalmente en la parte occidental, mientras que en la oriental está cerrado por un gran muro, reforzado con bastiones macizos, y que a su vez dirigen la estructuración del espacio en la fase lIlA. En él se ha localizado una puerta estrecha de acceso que conduce a un pasillo zigzagueante y fácilmente defendible. En la parte superior del cerro se han documentado restos de una fortificación central compleja, afectada en gran parte por las excavaciones antiguas.

Se han determinado en la zona excavada un total de 10 Unidades de Habitación -UH-(Contreras el alii, 1993a, 1993b) que incluyen diversos espacios separados (Complejos Estructurales, CE), dedicados a diferentes actividades, aunque a veces más de una compartió la misma zona. La especialización de los espacios en los poblados de la Edad del Bronce ya había sido referida en algunos lugares del sur de la Península Ibérica (Lull, 1983; Malina el alii, 1986), habiéndose señalado también para algunos poblados "especializados en la coerción" de la Edad del Cobre (Ruiz el alii, 1986; Nocete el alii, 1987; Nocete, 1994) y existiendo también en momentos del Neolítico Final en estructuras muy diferentes excavadas en el suelo y que tradicionalmente habían sido desestimadas bajo el nombre genérico de silos (Lizcano el alii, e.p., 1993).
En este contexto lo importante en la configuración del espacio en el poblado de Peñalosa no es la especialización de las diversas áreas sino la consolidación de la unidad familiar reflejada no sólo en la presencia de las tumbas familiares, sino también en la definitiva asociación a las unidades de habitación de determinadas actividades que antes se hallaban en algunos casos separadas, como la metalurgia del cobre a gran escala tal y como se había documentado en Los Millares (Arribas et alii, 1987; Delibes el alii, 1988; Moreno, 1993).
De tal manera en diferentes casas del poblado (UH l, n, V, VI) se han podido rastrear espacialmente diversas fases del proceso metalúrgico del cobre: molienda del mineral, reducción, fundición y vertido en moldes. No se aprecia una especialización de las viviendas en cada una de estas fases, sino que se realizan en distintas habitaciones de la misma casa. Algunos de los espacios dedicados a la metalurgia solían estar descubiertos como se manifiesta en los CE Vlh, Vlg y IIa .

El problema fundamental es que al noroeste de Peñalosa el pantano del Rumblar con su actividad erosiva ha cercenado el extremo de muchas de las casas documentadas en el área más baja (especialmente la conexión entre las UH III y IV).

Más fácil es, de momento, comparar el ajuar cerámico presente en las diversas casas. El análisis morfométrico de la muestra (Contreras el alii, 1992) indica una diferenciación entre los elementos presentes en la Terraza Media y los que localizamos en la Terraza Inferior, y sobre todo, y respecto a los demás, destacan los materiales que constituyen la casa VI. Incluso hay indicios para señalar la diferenciación entre las casas en que está presente la metalurgia y las que no, naturalmente dejando a un lado los elementos propiamente relacionados con esta actividad (crisoles, vasijas-horno, moldes, etc.), aunque se debe precisar que esa relación se deriva de la oposición entre almacenaje de grano a gran escala y metalurgia en cuanto a las subdivisiones de las casas, y a su vez entre la diferente representación de las especies animales consumidas en la Terraza Inferior y en la Superior.


Por lo que se refiere al registro funerario, Las sepulturas se caracterizan no sólo por sus rasgos formales (cista o urnas), sino también por su localización, bajo las unidades de habitación.
El poblado, por tanto, funcionaba como lugar de morada de los vivos y de los muertos. Esto traduce de una manera clara la significación que para los habitantes de Peñalosa tenían sus difuntos, a los cuales no solo rendían cultos rituales, cifrados en las creencias relativas al "más allá", sino que también llegaban a venerarlos como antepasados notables, manteniéndolos cerca, seguramente para simbolizar de una manera directa la ascendencia que algunos vivos mostraban con orgullo, sobre todo en aquellos casos en que importaba justificar conceptos de sangre y linaje.

El ritual es siempre la inhumación, individual o doble, casi siempre incluyendo en esos casos hombre y mujer, y en algunas ocasiones niños. Esto demuestra el gran papel que dentro del seno de las organizaciones sociales de la Edad del Bronce del sur peninsular habían llegado a desempeñar los núcleos familiares y los individuos, siendo elementos capaces de sugerir la ostentación del prestigio, la alcurnia, la riqueza y el poder.
Las sepulturas son un buen indicador para poder delimitar los distintos conjuntos espaciales, ya que normalmente cada unidad habitacional cuenta con una o dos sepulturas. No en todos los espacios de Peñalosa se han localizado enterramientos ni tampoco existe una representación igual para las fases lIlA y lllB. Los escasos restos humanos de la fase IIlB se han recuperado bajo el CE VIl, afectados por la construcción de uno de los muros que lo delimitan y mostrando cómo en esa primera fase los enterramientos se realizaron en el espacio abierto que quedaba junto al muro de cierre original del poblado (Contreras et alii, 1991).
Otras evidencias sobre enterramientos en espacios abiertos no pueden situarse en una fase u otra y se reducen a hallazgos superficiales de determinados recipientes y a la tumba 12 en el farallón rocoso, muy afectada por la erosión e imposible de asignar a cualquiera de los dos momentos.
Sin embargo se cuenta con una documentación mucho mejor de los enterramientos que se sitúan al interior de las viviendas en la fase lIla, especialmente porque, debido al abandono del poblado, no han sido afectados por construcciones posteriores.
Hay por el contrario determinados espacios en los que no se producen inhumaciones, especialmente en las Terrazas Media y Superior de la ladera norte, relacionados en muchos casos con las actividades metalúrgicas.
En la Terraza Superior la mayoría de las tumbas de la fase lIlA se realizaron en habitaciones de uso exclusivamente funerario, en algunos casos embutiendo verdaderas cistas en espacios estrechos (CE Xld y VIlg). Por el contrario, hay que señalar que en el complejo estructural - VIIa, donde no se pueden relacionar los enterramientos con las actividades que allí tuvieron lugar, debido a las alteraciones producidas por una fosa romana en el extremo oriental y a la erosión en el occidental, hay inhumaciones en huecos de la roca revestidos y también un pithos con enterramiento infantil.

En la Terraza Media la tumba 7, construida en el centro de la vivienda (CE Vlc) a través de una estructura de mampostería de grandes dimensiones, adquiere un carácter verdaderamente monumental (Contreras et alii, 1991).
En la Terraza Inferior las tumbas localizadas se sitúan junto al muro de fortificación, al fondo de las casas, en cistas embutidas en estructuras de mampostería utilizadas como bancos después de la inhumación, sobre los que se sitúan recipientes de almacenaje u otros elementos, lo que marca aún más la continuidad entre la vida y la muerte.
Por último, dados los datos obtenidos de las excavaciones en extensión en algunas zonas, se puede plantear como hipótesis la existencia de espacios destinados a los enterramientos en el área inmediata a la fortificación central.

Estas diferencias en situación y tipología de las tumbas tienen una importante relación con la desigualdad social que se verán tras estudiar los ajuares y las características físicas de los esqueletos.
Conviene recordar aquí que las sepulturas bajo las viviendas quedan enmascaradas para el resto de la sociedad en lo referente a contemplación, percepción de su monumentalidad y contenido; aunque, por un lado, la continuidad con los vivos justifica la herencia de éstos, su posición y, por otro lado, la fuerza simbólica de la tumba queda aumentada por su continente, las viviendas entre las que ya se apreciaba la desigualdad, incluso como se verá entre los que viven y mueren en ellas, y que en cierto modo podrían considerarse una nueva forma de túmulo con respecto a las tumbas que incluye.

Aun teniendo en cuenta las pocas fases de ocupación documentadas en el poblado de Peñalosa durante la Edad del Bronce (fases lIlA y I1IB), las tumbas hasta ahora localizadas pueden considerarse muy escasas en relación a la superficie excavada en profundidad. Así con la salvedad de que la introducción de varios cadáveres, emparentados sin duda en la misma tumba, y el hecho de la concentración de estas estructuras funerarias en determinados espacios pueden distorsionar los resultados, se puede señalar que no toda la población accedía al enterramiento en el interior del poblado.

En el total de las 17 tumbas excavadas en Peñalosa la representación de los sexos, pese al problema de identificación de los individuos infantiles (hasta 12 años), muestra importantes diferencias, hasta el punto de que los hombres, en los casos determinados, doblan a las mujeres.

En cuanto a los ajuares, los elementos cerámicos localizados hasta ahora en las tumbas excavadas de Peñalosa muestran escasas similitudes con los que se han recuperado de las habitaciones. Se incluyen como elementos típicos funerarios, junto a las copas, determinados vasos carenados, botellas y vasitos de fondo convexo. En cuanto a las piezas metálicas de cobre, tampoco los grandes puñales se han recuperado fuera de las sepulturas, siendo punzones y puntas de flecha los hallazgos metálicos más corrientes en los contextos domésticos. En general, la frecuencia de tumbas dobles y triples en el asentamiento de Peñalosa, impide precisar la asociación de elementos cerámicos y metálicos a un sexo determinado.

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

CONTRERAS CORTÉS, Francisco. Peñalosa. Un proyecto de investigación de la Edad del Bronce en el Alto Guadalquivir. 11 Congresso de Arqueología Peninsular. 1995, ..

CONTRERAS CORTÉS, Francisco ... et al.. Proyecto Peñalosa. Análisis histórico de las comunidades de la Edad del Bronce del piedemonte meridional de Sierra Morena y depresión Linares-Bailén.. Monografías 10. Junta de andalucía. Consejería de cultura., 2000.

CONTRERAS CORTÉS, Francisco; ARANA CASTILLO, Rafael; CÁMARA SERRANO, Juan Antonio; MILÁ OTERO, María Sonia. Estudio arqueométrico de diversos materiales cerámicos procedentes de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén).. 2004, 37-50.

CONTRERAS CORTÉS, Francisco; CÁMARA SERRANO, Juan Antonio. La jerarquización en la Edad del Bronce del Alto Guadalquivir (España). El poblado de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén).. 2002, ..

CONTRERAS CORTÉS, Francisco; CÁMARA SERRANO, Juan Antonio; RODRÍGUEZ ARIZA, Mª Oliva; MORENO ONORATO, Mª Auxiliadora . Hace 4000 años...Vida y muerte en dos poblados de la Alta Andalucía.. Desconocida, 1997.

LIZCANO PRESTEL, Rafael; NOCETE CALVO, Francisco; SÁNCHEZ RUIZ, Marcelino; CONTRERAS CORTÉS, Francisco. Prospección arqueológica sistemática en la cuenca baja/media-alta del río Rumblar. (Jaén). 1987, ..

LIZCANO PRESTEL, Rafael; NOCETE CALVO, Francisco; SÁNCHEZ RUIZ, Marcelino; CONTRERAS CORTÉS, Francisco. Prospección arqueológica sistemática en la cuenca baja/media-alta del río Rumblar. Jaén. 1987, ..

Información documental

Archivo Central de la Consejería de Cultura. Inventario de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Jaén. Peñalosa, 1993.

Archivo Central de la Consejería de Cultura. Inventario de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Jaén. Peñalosa, 1988.

Archivo de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de Jaén. Herranz Sánchez, Ana Belén, Contrato menor de consultoría y asistencia para Catalogación Genérica Colectiva de los yacimientos arqueológicos de Baños de la Encina, Andújar y Arjona. Cerro del Plomo, 2005.



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