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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Puente romano de Espejo
Otras denominaciones: Calle Antonio Guzmán ; Puente de la Pontanilla Código: 01140250005
Caracterización: Arqueológica
Provincia: Córdoba
Municipio: Espejo

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías P.Históricos/Etnias
Calzadas Época romana
Puentes Época romana

Descripción

La construcción del puente debió estar ligada a la calzada que unió las poblaciones romanas de Ategua y Spalis (Monturque), a través de Ucubi. Esta vía partía de Ategua y cruzaba el río Guadajoz, junto al Cortijo Camarilla, donde se conservan algunos restos del puente que debió cruzarlo. El camino continúa por el actual Camino de Montefrío, entre los cerros de Silla del Caballo y Montefrío, y a un kilómetro de Espejo, cruza el arroyo de Malperdido por el puente de Pontanilla.

Desde Ucubi el camino sale hacia el sur, pasa por el cortijo de Atanores, el lagar de Melondo y el de Cisneros, luego enlaza con la carretera local que une las poblaciones de Montilla y Monturque, a la altura del kilómetro 6, continuando bajo la actual carretera hasta el río Cabra, donde se une al Camino de Metedores, cruza el río y llega a la población de Monturque.
Esta calzada, de nivel secundario, estaría en relación con la calzada de primer orden, con una anchura de entre 360 y 390 centímetros, que uniría las poblaciones de Corduba (Córdoba) e Iliberris (Granada) que, según los restos localizados, sería una ¿via ligera¿, es decir que el pavimento estaba compuesto por tierra y guijarros, con enlosado únicamente en las zonas encharcables. Su origen debe estar en la red de caminos ibéricos de esta zona que pondrían en contacto poblaciones como Corduba, Ategua, Ucubi o Ulia, importantes centros poblacionales en este periodo. En época romana, la vía Ategua ¿ Monturque, era probablemente un camino vecinal de la colonia de Ucubi, puesto que cruzaba su territorio de norte a sur, poniéndolo en conexión con las dos principales rutas terrestres que discurrían por la campiña en esa época: Corduba ¿ Iliberris y Corduba ¿ Malaca.
El tramo de calzada localizado durante una intervención de excavación coincide con la rampa del puente, presenta unas características similares a las denominadas vías ligeras de época romana. Consta de varias capas de relleno compuestas mayoritariamente de tierras arcillosas, que alternan con estratos menos potentes de picadura de sillar de arenisca que dan más firmeza al camino. Por su parte el pavimento de la calzada está formado por gravas de dolomías micríticas, con lo que, convenientemente apisonadas, se conseguía un camino de cómodo tránsito, tanto para carruajes y monturas, como para caminantes. De hecho, las losas de piedra en empedrado se usaron, cuando existían en la zona, en capas inferiores del firme, no en la capa de rodadura (summa custra) ya que resultaría contraproducente para el tráfico rápido de vehículos y cabalgaduras. Sobre esta capa se colocaban capas de materiales sueltos de grano fino que suelen tener un espesor de unos tres pies romanos (90 centímetros) En este caso, estas capas han desaparecido de la estructura del puente, pero aun son visibles en los cortes realizados en ambos lados del mismo.

Dando forma y consistencia a la rampa del puente, aparecen cuatro muros (dos a cada lado). Estos muros están realizados con sillares de arenisca, pudiéndose distinguir dos niveles: un nivel de cimentación con sillares de 160 ¿ 176 centímetros de largo por 35 centímetros de altura y unos 65 centímetros de anchura, y un nivel de estructuras visibles igualmente compuesto por sillares de arenisca, unidos en seco, con unas medidas de 112-122 centímetros de largo, 36 centímetros de alto y 64 centímetros de anchura; sin embargo, se diferencian de los sillares de cimentación, en que presentan un almohadillado en su cara visible. Si bien sólo se ha podido comprobar en el muro noreste, las estructuras de cimentación ocuparían zanjas que bajarían hasta dar con estratos geológicos firmes. Para la realización de la cimentación se debió emplear una ataguía, una especie de recinto hermético fabricado en madera un poco mayor que los cimientos, con la parte inferior firmemente clavada en el lecho y la parte superior abierta. Mediante bombas se achicaba el agua y se podía iniciar la excavación en busca de terreno firme sobre el que construir los cimientos.
El elemento arquitectónico que salva el cauce del arroyo es una bóveda de cañón realizado con dovelas de arenisca de unos 120 x 54/40 x 60 centímetros, de las que sólo se conserva una hilada.
En la excavación no se ha documentado ningún tipo de argamasa en las uniones de las piedras, por lo que parece que se unían en seco; esto implica un perfecto tallado de las caras en contacto, para conseguir una correcta unión de los distintos componentes, dotando de gran solidez a la construcción; se evitaban así concentraciones puntuales de tensiones en la transmisión de las cargas. La cara del intradós de las dovelas presenta un resalte similar al del almohadillado de los sillares de los muros de la rampa. La bóveda se elaboraba sobre una estructura de madera, el centrado o cimbra, que servía para mantener en su lugar las dovelas hasta que era colocada la clave que debía sustentar el conjunto. Sobre el centrado o armazón de madera, se irían colocando las dovelas con ayuda de algún tipo de grúa. Lo habitual era el uso de pinzas de izado, ferrei forcipis, para el que eran necesarios dos agujeros en caras enfrentadas del sillar. En este caso son numerosas las piedras que conservan el hueco tallado (8,5 x 2,5 centímetros) en una sola cara que sirvió para el anclaje del sistema de izado (en este caso castañuelas metálicas o clavijas). Tras el izado era necesario el ajuste frontal de las piezas mediante una palanca.

Las medidas de la estructura abovedada son de 402 centímetros de luz por 187 centímetros de flecha visible, en tanto que el ancho total del tablero es de 586 centímetros, sin tener en cuenta los pretiles, de los que no ha quedado 6ningún resto.
En esta época, el módulo al que se referían las distintas medidas para la construcción era el pie, con una medida de 29,6 centímetros. Este módulo era utilizado para conseguir un efecto de simetría y armonía. Tipológicamente, este puente entra en el grupo de puentes de un solo arco, cuya luz varía en función del cauce sobre el que se levanta; aunque la mayoría son pequeñas alcantarillas con una abertura de entre 4 y 5 metros. (la medida en Pontanilla es de 402 centímetros).
Un rasgo distintivo de los puentes romanos de este tipo, en contra de los de época medieval o moderna, es su amplia anchura de tablero, superior a los 5 metros en muchos casos; Pontanilla presenta una anchura de 586 centímetros. sin tener en cuenta la probable presencia de pretiles. De este modo, los ingenieros romanos pretendían no reducir la anchura de la calzada, para conseguir una mayor comodidad del tránsito. Otra característica diferencial de las bóvedas romanas es el espesor uniforme de la rosca, a diferencia de las medievales que suelen ser mayores en los aristones del borde que en el interior.
El objetivo de este tipo de obras era cumplir con una triple función, marcada por Vitrubio: la consistencia y solidez (firmitas), la racionalidad y funcionalidad de la opción elegida (utilitas) y la belleza de sus proporciones (venustas).
La obra completa, en esta primera fase, estaría formada por la bóveda de cañón que salva el cauce del arroyo y una rampa a cada lado, giradas respecto al eje del puente en el sentido de las agujas del reloj. Estas rampas, formadas por estratos alternos de arcillas y canto, y picadura de sillar, quedan delimitadas a cada lado por muros de sillares de arenisca con decoración de almohadillado. La medida de las cotas de la parte alta de la bóveda, así como los restos de camino de los cortes este y oeste, indican que el puente tuvo un perfil alomado, aunque con una pendiente no demasiado pronunciada.
En época altoimperial, tanto las calzadas como los puentes que las servían, estaban al cargo de un personaje, el curator viarum, responsable de la supervisión de la construcción y el mantenimiento de todos los elementos ligados a las vías de comunicación públicas.
Buena parte de los técnicos de este tipo de obras (arquitectos, ingenieros, agrimensores...) procedían del ejército, la única institución pública capacitada para dar formación y organización necesaria para las mismas. En ocasiones la mano de obra también se conseguía de las filas de las legiones establecidas en la zona.


En cuanto a su datación cronológica, el material cerámico relacionado con las unidades estratigráficas de esta fase, hay que decantarse por una fecha de la primera mitad del siglo primero, posiblemente en relación con la política de desarrollo de la red de comunicaciones iniciada con Augusto y continuada durante el principado de Tiberio. Sin embargo, el camino es anterior, de época republicana o ibérica, puesto que aparece mencionado en el Bellum Hispaniense. Por otro lado, en cuanto a la técnica edilicia, hay que destacar la presencia de almohadillado en los sillares del alzado de los muros, forma decorativa muy común en la primera mitad del Siglo I. También señala a una fecha cercana a la indicada, el hecho de que las piezas de piedra, sillares y dovelas, que conforman el puente, estén unidas en seco.

En vista de la uniformidad en el tamaño de las dovelas, así como por la presencia de las muescas de izado y el almohadillado del intradós, las dovelas que se conservan pertenecen a la obra primitiva de época altoimperial. Al parecer las reformas posteriores se realizaron con unos materiales y unas técnicas edilicias completamente distintas.


Fase II. Romano bajoimperial
En esta fase se realiza, al menos, una reforma del sector norte del puente, en particular en el ángulo nordeste. Así, sobre el alzado de sillares del muro altoimperial de este ángulo, se encuentra un alzado de sillarejo de piedra caliza trabado con argamasa de cal. Del mismo modo en el ángulo formado por la bóveda del puente y el muro norte de la rampa este se localizó una estructura de sillarejo y argamasa de cal que supone una reparación de este espacio del puente. Por su lado en el ángulo noroeste se localiza una estructura, así mismo de sillarejo de caliza y argamasa de cal, que se ubica en paralelo a la corriente del arroyo y cuya función pudo ser la de encauzar un tramo de la corriente, protegiendo el muro norte de la rampa oeste .
Posiblemente en relación con estas reformas ¿ reparaciones sufridas por el puentes se localizaron dos unidades estratigráficas negativas superpuestas. La superior presenta un diámetro aproximado de 137 centímetros y unos 36 centímetros de profundidad; está recubierta por una capa de ceniza de unos 2-3 centímetros de espesor. Sobre las cenizas aparecen abundantes restos de pequeños huesos carbonizados, posibles restos de comida. En este nivel apareció una moneda cuyos relieves acuñados no son visibles, pero que presenta un módulo (25¿2 ¿ 27 milímetros de diámetro y 1 ¿ 1¿5 milímetros. de grosor) que se puede fechar en torno al Siglo IV. El hueco fue rellenado con un estrato de arcillas con ceniza y algún elemento cerámico (tégula).
Bajo este conjunto apareció otra unidad estratigráfica negativa de unos 120 centímetros de diámetro y 27 centímetros de profundidad.
Está recubierto, como la anterior, por una capa de ceniza y colmatado con un estrato de arcillas sobre el que se sitúa la hoguera superior. Posiblemente estos dos niveles de fuego superpuestos estén en relación con los trabajos de reparación realizados en el puente y que se fechan en función de la moneda aparecida, así como por la técnica constructiva empleada (sillarejo y argamasa de cal) característica de época bajoimperial.

Fase III. Medieval - moderno
Durante este periodo se constata que se mantiene el uso del puente. De ello son muestra las reparaciones que puntualmente se realizaron sobre la estructura, así como las huellas de rodadas de carro que quedaron marcadas en las dovelas tras la desaparición del pavimento original.
Las profundas incisiones dejadas por el paso de vehículos sobre el puente reflejan su uso continuado a lo largo del tiempo (además de demostrar las excelencias de la ingeniería romana). Se trata de dos surcos, paralelos y que se hunden en la estructura hasta 33 centímetros. La distancia máxima entre su extremos exteriores es de 211 centímetros en tanto que el espacio de separación entre las huellas está entre 60 y 80 centímetros A ambos lados las hiladas de dovelas inferiores no presentan estas marcas, debido a la presencia de la rampa, por la que discurriría la calzada. Dicha calzada se disponía en dirección este ¿ oeste, con un quiebro en el puente para adaptarse al curso del arroyo. Las marcas presentan la misma orientación que el camino, por lo que se dibujan en diagonal en el trasdós de la bóveda del puente.
En cuanto a las reparaciones han sido fechadas en una época avanzada del uso del puente porque, algunas de ellas, aparecen en zonas originalmente ocultas por las dos rampas de acceso. El resto se agrupa en torno a la huella de rodada situada más al norte; al parecer esta zona fue la que sufrió más desperfectos. Éstos pudieron producirse de forma violenta o, más probablemente, debidos al uso continuado. Una ligera inclinación de los carros a su paso por el puente pudo hacer que la carga recayese sobre ese lado, sobrecargando este sector del puente, lo que hizo que algunas de sus componentes se desplazasen hacia el exterior, obligando a las reparaciones.
Estas reparaciones se realizan con guijarros y cantos cementados con argamasa de cal, de aspecto más arenoso y color más oscuro que la empleada en las estructuras bajoimperiales.
En esta fase parece claro que se mantuvo el interés por conservar el uso del puente, puesto que ponía en contacto la población de Espejo con Córdoba y el Valle del Guadalquivir, manteniéndose en la práctica el camino de época romana. Sin embargo, esta conservación no pareció incluir los muros de protección de la rampa. Así, se han localizado sendos estratos de colmatación de arcillas y limos provenientes de las crecidas del arroyo durante este periodo. De estos estratos destacar la mayor potencia del situado en la ribera oeste, probablemente debido a que el cauce hace ahí una ligera curva. Ésta favorece el depósito de los sedimentos transportados en suspensión por la corriente en ese lugar.

Fase IV. Contemporáneo
A este momento pertenecen las unidades que conforman un camino contemporáneo que se superpone a las estructuras romanas.
Se reutiliza, para el paso del arroyo, la bóveda del viejo puente.
Este camino esta formado por una serie de estratos de preparación del terreno, buscando una base firme y nivelada para asentar el camino. Este camino cuenta con un pavimento de gravas cementadas con cal y apisonadas para darle una fuerte consistencia. En época más reciente se construyó, aguas abajo, un nuevo puente para evitar el tránsito de vehículos pesados sobre el puente romano.
La presencia de este camino contemporáneo, que ocultaba la parte exterior de la rosca del puente, pudo ser la causante de que P. Sillieres, al no apreciar las marcas de los huecos de izado, opinase que se trataba de un puente medieval o moderno que reutilizaba materiales romanos procedentes de Ucubi.

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

GIL FERNÁNDEZ, Raquel; VALERA PÉREZ, Rafael. Actividad Arqueológica Puntual en el puente romano de la Pontanilla, Espejo Córdoba . 557-564.

MELCHOR GIL, Enrique. La red viaria romana de la campiña de Córdoba: sector oriental. 1991, -.

THOUVENOT, R.. Essai sur la province romaine de la Betique. Desconocida, 1940.

Información documental

Archivo Central de la Consejería de Cultura. Inventario de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Córdoba. Puente romano de Espejo, 1992.



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