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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Mulva
Otras denominaciones: Munigua ; Castillo de Mulva Código: 01410990023
Caracterización: Arqueológica
Provincia: Sevilla
Municipio: Villanueva del Río y Minas

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías P.Históricos/Etnias
Ciudades Alto imperio romano
Ciudades Bajo imperio romano
Ciudades Edad del Hierro II - Iberos
Ciudades República romana
Casas Época romana
Fosas funerarias Época romana
Mausoleos Época romana
Templos clásicos Época romana

Descripción

La primera mención al yacimiento en la historiografía data del año 1756, cuando dos eruditos sevillanos, Sebastián Antonio Cortés y José de las Cuevas Zayas descubrieron varias basas de esculturas con el epígrafe Municipium Flavium Muniguense, desconocido hasta entonces por su ausencia en los textos clásicos. El hallazgo fue publicado por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
A principios del siglo XX Munigua fue visitada por G. E. Bonsor y R. Thouvenot, los cuales no llegaron a percatarse de la envergadura de los restos.
Las excavaciones comenzaron en 1956 y fueron asumidas desde el principio por el Instituto Arqueológico Alemán. Los trabajos se continúan en la actualidad, cuando está a punto de producirse la sustitución del que ha sido durante décadas su director Theodor Hauschild. Gracias a estas excavaciones se conocen muchos detalles del desarrollo histórico de Munigua, y a ellas se deben la exhumación de la casi totalidad de los restos hoy visibles. Paralelamente a estos trabajos, se han desarrollado actuaciones de restauración-consolidación, especialmente centradas en los muros de contención de las terrazas artificiales del cerro y en los edificios públicos que ellas albergan. De ello se encargó en principio la Dirección General de Bellas Artes, sustituida posteriormente por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
El asentamiento más antiguo detectado en Munigua se fecha hacia fines del siglo IV a. C. y se concentra en el sector Norte y Noroeste del cerro, que debió estar densamente poblado por entonces. La principal actividad económica de este poblado fue, ya desde ésta época, la extracción y fundición de mineral de hierro, documentada en varios puntos por la acumulación de escorias.
El florecimiento de Munigua, correspondiente a la reurbanización del cerro y a la construcción del santuario, el templo tetrástilo, la reforma principal del foro,..., se produce en época flavia y dura hasta época de Adriano y de los primeros emperadores Antoninos.
La decadencia comienza a fines del siglo II. Una época de inestabilidad provoca la construcción precipitada de una muralla en época de Marco Aurelio, y el lento despoblamiento de la ciudad. Tal vez ello esté en relación con las invasiones de tribus mauritanas de las que nos hablan las fuentes clásicas para este periodo.
Durante el siglo III una población menguada continuó habitando Munigua. En el siglo IV parece detectarse un incremento poblacional, pero la ciudad no volverá a ser la misma. En estas fechas sólo se produce una reutilización de los edificios y viviendas de épocas anteriores, ya medio en ruinas. Los últimos indicios de habitación corresponden ya al siglo V, y constatan la existencia de un poblamiento muy marginal.
El yacimiento se halla enclavado en un valle de suelos graníticos atravesados por filones porfídicos, y vegetación de encinas y alcornoques. La ciudad romana se localiza en una colina alargada de 150 metros de altitud, con pendientes abruptas al Norte y al Oeste, por donde discurre el arroyo Tamohoso, afluente del río Huesna. La ladera meridional es más suave y enlaza con la llanura, de 135 metros de altitud; en este sector es donde mayor desarrollo adquirió la ciudad. La ladera oriental vuelve a ser abrupta, aunque no tanto como las del Norte y Oeste.
Las prolongadas excavaciones han puesto de manifiesto numerosos edificios del yacimiento, donde destacan el santuario, un templo, un foro, un pórtico con edículo, seis casas, unas termas, varios tramos de murallas y torres y dos necrópolis.
El edificio más destacado de Munigua es sin duda su Santuario, cuyos muros exteriores han permanecido siempre visibles, y han sido identificados popularmente como los restos de un castillo, el "castillo de Mulva".
El edificio religioso fue construido a fines del siglo I en la cima del cerro, previamente nivelado y conformado en terrazas mediante gruesos muros de contención. El allanamiento del terreno supuso el arrasamiento de varias viviendas, constitutivas del sector más antiguo del yacimiento. Uno de estos muros de contención, el del Oeste, está reforzado con potentes contrafuertes exteriores que se elevan sobre la abrupta pendiente occidental del cerro, y constituye la imagen más espectacular y conocida de Munigua. Para acceder al santuario se desarrolló un sistema de calzadas ascendentes enlazadas con dos rampas simétricas que conectan con las tres terrazas.
Para acceder a la terraza superior desde la terraza media hay dos escalinatas simétricas y opuestas a las rampas. La terraza superior tiene dos patios laterales rodeados de galerías y sendas pilas rectangulares en el centro. Desde los patios se accede a la exedra central por dos estrechos pasadizos con bóveda de medio cañón.
La exedra se orienta al Este y hace las funciones de atrio de la "cella", situada inmediatamente detrás (Oeste). Ésta última, consolidada y restituida en parte, muestra una ordenación interior de pilastras que delimitan nichos de 30 centímetros de profundidad. En la parte Noroeste, junto al santuario, existen cuatro habitaciones simétricamente dispuestas en torno a un patio central, que se consideran almacenes relacionados con el culto y vivienda de los guardas del templo. Más allá, en dirección Norte, se han localizado también restos del asentamiento más antiguo, de fechas republicanas, sobre un espolón que se levanta sobre el arroyo Tamohoso. A este núcleo poblacional se orientaba al menos una de las calles, más tarde incorporada en el sistema de acceso a las terrazas. No hay datos concretos sobre la divinidad a la que estaba consagrado el santuario, aunque la epigrafía hallada hace pensar en Hércules o en la Fortuna Augusta, ambas divinidades relacionadas con el culto imperial. En los trabajos de excavación del santuario se localizaron muros de época tardorromana, de los siglos IV y V, que constituyen la última ocupación de la cima de la colina.
La terraza media está ocupada por un templo del que se conservan, consolidados, la parte inferior de los muros. Es un templo tetrástilo con podio, datado en el siglo II. Como la terraza superior, también está sostenida por sólidos muros de contención con contrafuertes.
Muy cerca del templo, al Sur, se conservan restos de un pórtico de dos pisos, que en su momento estaría adornado con estatuas honoríficas colocadas entre los pilares del cuerpo inferior. Adosado al lado Sur del pórtico se conserva una edícula o capilla. Ambas construcciones son anteriores al resto de los edificios del cerro, pues se fechan en la primera mitad del siglo I.
La terraza inferior la ocupa el foro de la ciudad. Se trata de una plaza cuadrangular de pequeñas dimensiones (20,36 metros de lado), porticada y rodeada de varios edificios. El centro de la plaza lo ocupó un templo elevado sobre podio y orientado al Este, con unas dimensiones de 6,80 por 9,80 metros (sin el podio); su nivel se destaca poco sobre el pavimento de la plaza (tres escalones). De su ornato sólo han quedado restos de uno de los pilares de ladrillo para sustentación de las columnas y algunos capiteles. La obra era de mampostería menuda.
El muro Oeste de la plaza tiene cuatro nichos poco profundos, en uno de los cuales apareció un epígrafe que recordaba la donación del foro a la ciudad por parte de un destacado ciudadano. En el lado Norte se distribuyen varios edificios, dos de los cuales han sido identificados como curia y tabularium; en otro de ellos estuvo colocada la estatua de un caballo de bronce dedicada al "Dis Pater". La supuesta curia tiene tres puertas de entrada en el muro Sur, desde el pórtico de la plaza. La habitación inmediata por el Este estaba comunicada con la curia y tenía un suelo de sencillo enladrillado. En la tercera hacia el Este, posible tabularium, se descubrieron dos inscripciones en bronce, una con un texto de un tratado de hospitalidad de los tiempos de Augusto, y la otra, con el texto de una carta del emperador Tito a la ciudad del año 79 d. C. Al exterior, en el muro que daba a la plaza, hay una hornacina enmarcada por columnas junto a la cual se halló una inscripción dedicada al "Bonus Eventus". La habitación situada inmediatamente al Este pudo ser una entrada al foro por el Norte.
Al otro lado de la plaza, al Sur, se han hallado muros que se interpretan como pertenecientes a la cimentación de un sólo edificio, una basílica, y junto a ella, al Oeste, un vestíbulo de acceso Sur al foro.
La fachada occidental conserva 1 metro de altura y presenta una estructura de nichos y pilastras. Este mismo esquema se pudo detectar en la fachada oriental del foro, cuyo muro ha sido restaurado. Por este sector no había pórtico.
Según Hauschild, en el foro se detectan dos fases constructivas: a la primera corresponderían la plaza con el templo, el tabularium y la sala contigua por el este, mientras que la curia, la sala de "Dis Pater", la basílica y el vestíbulo contiguo corresponderían a una segunda fase. Ambas respetaron el trazado viario de una época anterior. Esta hipótesis encuentra refrendo en la inscripción de L. Quintius Rufinus, según la cual regaló a la ciudad el templo, el foro y el tabularium. La primera fase se data de época flavia, mientras que la segunda puede corresponder a una reforma de época de Adriano. El momento final de reocupación de esta zona de Munigua se ha fechado el el siglo V (viviendas y horno de fundición de mineral de hierro).
De las casas de la ciudad se han excavado parcial o totalmente hasta la fecha un total de seis, todas ellas en las laderas Este y Sur. Las casas 1 y 6, tal vez las mejor conocidas, responden a un esquema de casa de atrio muy bien definida y de distribución axial. Sus fechas de construcción constatan la reurbanización de este sector a mediados del siglo II, en una zona ocupada previamente por talleres de fundición de mineral de hierro y por una prensa de aceite. Como en otros puntos de la ciudad, en época tardorromana se instalaron sobre las ruinas de estas casas otras viviendas humildes que reutilizaron materiales de épocas precedentes. Las seis casas conocidas se localizan en el sector más próximo a los principales edificios públicos del yacimiento, en una posición elevada dentro de la topografía del lugar, por lo que pertenecieron a familias de alto nivel social.
Al Norte del foro y compartiendo con él la terraza inferior, se sitúan las termas. Se trata de un edificio de planta rectangular, con pasillos delante de los lados estrechos para el servicio del praefurnium, y un patio colindante en el lado occidental. Las habitaciones tienen nichos con estucos pintados en las paredes, bajo el arranque de la desaparecida bóveda, y el frigidarium conserva su pavimento de opus spicatum. Del tepidarium quedan restos de los suspensura. La construcción de estas termas se fecha en época de Nerón o principio de la época Flavia, con reformas en los siglos II y III. A partir del siglo IV se instalaron en sus dependencias varias estructuras de habitación correspondientes a humildes viviendas.
El perímetro amurallado de Munigua se conoce casi en su totalidad. La muralla, de trazado irregular, ha sido excavada principalmente en los sectores Este y Sur. Los lienzos se levantaron con grandes bloques de granito y multitud de materiales reutilizados, con una anchura total de 1,60 metros. De trecho en trecho hay torres rectangulares, y se conoce una puerta al Sureste, de jambas prolongadas hacia el interior. La construcción del recinto se fecha en la segunda mitad del siglo II, y sus técnicas constructivas delatan precipitación, tal vez atribuible a las invasiones de los mauritanos que asolaron la Bética por estas fechas.
Se conocen dos necrópolis. La oriental, que fue respetada por el trazado de la muralla, que la situó intramuros, y se fecha en los siglos II y III; posiblemente tuvo un muro de delimitación interior. En esta necrópolis destaca un mausoleo, con gruesos muros de opus caementicium, junto al cual aparecieron tumbas con ricos ajuares. Se han excavado un total de 16 tumbas de inhumación construidas con ladrillos reutilizados.
La necrópolis del Sur se fecha desde la segunda mitad el siglo I hasta mediados del siglo II. Se han excavado unas cien tumbas, la mayoría de incineración en urnas (muchas de ellas de vidrio), con escaso ajuar. Esta necrópolis fue cortada por la construcción de la muralla.
Fuera del recinto amurallado se localizan los restos de un taller de fundición de mineral de hierro. Es un edificio de planta rectangular, con dos habitaciones y dos patios antepuestos, donde se hallaron un horno de fundición y gran cantidad de escorias. Su cronología se ha establecido entre los siglos II y III y es testimonio evidente de una de las principales actividades económicas de Munigua: la minería de hierro, que junto con la agricultura del aceite han dejado huella entre los restos de la ciudad.
Entre los restos escultóricos destaca el de una venus hallada entre el foro y las termas. La cabeza, que apareció antes que el resto, se consideró durante un tiempo como una representación de la "Hispania".

PROTECCIÓN

Estado Régimen Tipología Jurídica Publicado en Fecha Número Página
Inscrito BIC Monumento Gaceta 04/06/1931

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

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Información documental

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