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Imagen de Hacienda El Esparragal Cartografía Más Bibliografía Más Información

IDENTIFICACIÓN

Denominación: Hacienda El Esparragal
Código: 01410450046
Caracterización: Arquitectónica, Etnológica
Provincia: Sevilla
Municipio: Gerena

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IDENTIFICACIÓN

Denominación: Hacienda El Esparragal
Código: 01410450046
Caracterización: Arquitectónica, Etnológica
Provincia: Sevilla
Municipio: Gerena

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades P.Históricos Cronología Estilos
Cortijos Actividad agropecuaria Edad Contemporánea 1950/1959
Cortijos Hostelería Edad Contemporánea

Agentes
Tipo Nombre Actuación Fecha
Traver y Tomás, Vicente

Descripción

Gran complejo arquitectónico cuyo estado de conservación refleja el cuidado y respeto que desde antiguo y hasta el momento presente han orientado cada una de las actuaciones acometidas por los distintos propietarios. Hay que añadir a ello su definida y peculiar estética y su implantación en un espectacular entorno de campiñas, dehesas y bosques.

El complejo principal está compuesto por un conjunto de edificaciones de grandes proporciones perfectamente jerarquizadas. Consiste en unidades construidas entre las que se alinean patios rectangulares asociados a determinadas funciones. Al este se suceden los sectores agrarios y ganaderos. Es la parte más reciente, producto de actuaciones de los años 40 y 50 del pasado siglo y de la transformación de elementos anteriores, como es el caso del pajar y del tinao, hoy convertidos en almacén y cuadra equina, respectivamente. Son los núcleos de menor interés arquitectónico. Sin embargo, las unidades dispuestas al sur, residencia señorial y patio del molino y otras dependencias, revisten una monumentalidad y ornato que revelan intenciones distintas a la simple funcionalidad.

Iniciando nuestro recorrido desde el norte, se disponen, en primer lugar, dos naves modernas que sirven de garajes para el estacionamiento de maquinaria y depósito de aperos y útiles. Le sigue la nave del antiguo pajar y granero, cubierta a dos aguas y dotada de potentes muros. Continúa un amplio patio cuyo tramo central está ocupado por las modernas cuadras, antaño destinadas a tinao. Se caracteriza esta pieza por su escasa altura y robustez y está provista de aberturas consistentes en arcos escarzanos.

Coincidiendo con el muro perimetral oeste se alzan dos cuerpos cilíndricos destinados a depósito de agua y silo de pienso. Sigue una serie de dependencias menores abiertas a un pequeño patio, hoy vivienda de encargados, para inmediatamente dar paso al gran patio del molino, también de superficie rectangular, adoquinado, flanqueado por sendas naves y otros accesorios al fondo, donde todavía figuran azulejos rotulados que dan cuenta de la anterior disposición en este sector del molino donde también se hallaban la atahona, al fondo, cocheras a la izquierda y oficinas en el lado opuesto. Es un núcleo netamente funcional pero en el que se advierte un cambio de rumbo constructivo y estilístico respecto a lo ya descrito, al ser producto de la reordenación del conjunto acometida por el arquitecto castellonense Vicente Traver a partir de 1917 bajo los auspicios del entonces propietario, Ignacio Vázquez de Pablo.

Sin lugar a dudas, estas nuevas instalaciones estarían provistas de una moderna maquinaria impulsada por electricidad o gasoil para accionar el molino y las prensas hidráulicas que venían a sustituir a una antigua almazara de viga. En la actualidad, albergan salones de celebraciones y áreas de servicio del hotel. En líneas generales, destacamos la perfecta ordenación de los elementos constructivos a lo largo del patio, la limpieza de las superficies, donde se abren sencillos vanos correctamente alineados, las escalinatas dobles laterales, o las cubiertas a dos y cuatro aguas, ribeteadas por tejas cerámicas, entre otros aspectos.

Al exterior se desarrolla una interesante portada donde el arco de medio punto central se inserta en un sencillo torreón cúbico cubierto a cuatro aguas; a los lados, los hastiales de las citadas naves lucen contornos mixtilíneos e incluyen en las superficies del muro una serie de hornacinas. Adivinamos aquí inequívocas intenciones de monumentalidad, definida por quebradas líneas de clara estirpe neobarroca. No olvidemos que estamos ante una de las producciones señeras del introductor del neobarroco en la arquitectura regionalista sevillana.

Por fin, el extremo sur, al tratarse del señorío, el caserío del Esparragal acumula las mayores dosis de refinamiento y cuidado constructivo. Aquí, Vicente Traver puso en práctica todo un recetario de fórmulas neobarrocas, centrando su actuación en la remodelación de un núcleo señorial anterior, mucho más humilde que la actual mansión, reconvertida en hotel. El señorío establece una nítida diferenciación jerárquica con el resto del edificio. De planta rectangular, dos patios internos articulan una serie de crujías que concentraban áreas de servicio y de residencia. Uno de los patios, concebido al modo granadino, tiene balconadas de inspiración mudéjar, con balaustradas de hierro y pies derechos con zapatas de madera sobre las que descansa el alero. El segundo, provisto de mayor monumentalidad, incorpora en dos de sus lados arquerías de medio punto que voltean sobre columnas de mármol. La planta superior sustituye los arcos por ventanales adintelados. Su lenguaje ornamental insiste en la recreación del barroco, mediante molduras planas que enmarcan arcos y ventanas, describen movimientos mixtilíneos en el remate o dibujan círculos. Son notas geométricas que animan el muro y aberturas sin caer en excesos decorativos.

A pesar de la adaptación de los espacios internos a las necesidades de la moderna hostelería, se ha conservado la capilla, quizás el vestigio más antiguo subsistente del anterior edificio señorial. A ella se accede desde la fachada principal del señorío y a través del patio que hemos denominado granadino. Muestra una sencilla planta rectangular y presbiterio cubierto por bóveda de arista revestida de pinturas murales de mediados del XVIII. Se ha recuperado una inscripción que la fecha en 1615. Mediante la técnica del temple fueron representadas figuras devocionales. El principal de los altares incorpora un retablo de las primeras décadas del XVII, articulado por columnas pareadas sobre las que descansan los lados de un frontón partido y entre ellos un pequeño ático. En la única de sus hornacinas continúa expuesta una representación de la Virgen de la Encarnación, imagen sedente de la misma cronología.

La principal de las fachadas vuelca al jardín que se extiende a occidente. Aquí, huyendo de la organización simétrica, Vicente Traver acertó en la ordenación de una serie de elementos verticales, aberturas y lienzos de muro entre los que destacan torres mirador, portadas, espadaña, hastiales, balconadas, etc. Se suceden un cuerpo con balcón coronado por un vistoso remate moldurado seguido de la portada, provista de vano adintelado flanqueado por pilastras, una torre mirador con dos arquerías en cada uno de sus frentes, un cierro acristalado moderno, culminado por una espadaña, la sencilla portada de la capilla y un prolongado mirador, en esquina, compuesto por pequeños vanos de medio punto. Al oeste, el señorío subraya su importancia mediante una galería de arcos en planta baja y huecos adintelados en la alta. Junto a ella figura un torreón provisto de una clásica serliana resguardada por un potente tejaroz recientemente añadido. Esta fachada se retranquea respeto a la principal del caserío, de la que pretende separarse. Así, el espacio resultante está ocupado por un jardín reservado a las miradas externas.

Al exterior volvemos a encontrar las mismas notas distintivas del estilo de Traver: molduras lisas describiendo quiebros o figurando formas geométricas simples, acanaladuras que evitan la monotonía del muro liso. No sólo toma Traver ejemplos del complicado ornato barroco, pues igualmente acertó a inspirarse en elementos propios de la arquitectura tradicional agraria y urbana, como son las torres mirador, balconadas, espadañas, etc. En definitiva, el Esparragal, depara un interés que va más allá de su modélica organización como conjunto de edificaciones agrarias para erigirse en joya emblemática de una etapa tan importante y definitoria de la historia artística sevillana como es el regionalismo de principios del siglo XX.

Respecto a otras construcciones aisladas repartidas por la propiedad, el Cortijo de las Carmonillas se configura como una estructura nuclear alargada flanqueada por un conjunto de corralones delimitados por muros de cantería seca. Hay un tinao, hoy desmontado y con cubierta moderna. Sus elementos de sustentación consisten en rudos pilares prismáticos de granito sobre los que apoyan vigas muertas. Hoy está dedicado a "museo" de carruajes tradicionales. Paredaño al mismo se ubica el pajar. Es de mayor altura y sigue cumpliendo su función. Continúa una humilde vivienda y otra pieza residencial de menores proporciones. Destacamos, por último, la casa de los temporeros o gañanía, ubicada junto al acceso al corralón o patio del tinao.

El Cortijo de Casablanquilla, a su vez, compone una pequeña unidad, muy elemental, que unifica mediante un patio rectangular los espacios habitacionales y agropecuarios. A un lado se alzan la vivienda de dos plantas y el pajar, hoy utilizado como almacén. En el extremo opuesto destaca un interesante tinao, de similares características y dimensiones al señalado en las Carmonillas, pero mejor conservado al mantener las pesebreras y las techumbres, formadas por vigas y pares de rollizo y cubierta interna de cañizo. Los soportes son, como en el caso anterior, toscos pilares de roca metamórfica, aquí conocida como "caracolillo". Un azulejo nos ofrece los datos históricos conocidos sobre el edificio y su anterior heredad. En el siglo XVI perteneció al convento de la Encarnación de Belén, de Sevilla. En 1683 fue vendido a los Jerónimos, quienes pocos años después, en 1690, lo enajenan a particulares. A mediados del XVIII pertenecía a una capellanía instituida en la iglesia sevillana de San Bartolomé. En 1787 fue adquirido por el comerciante belga Jacobo Vandenberghe.

Por otra parte, de la anterior construcción de la Granja sólo restan dos portadas sin especial interés, dispuestas en un amplio recinto acotado por un muro de mampostería. Un azulejo puesto por la familia Oriol informa de la adquisición del pago por los monjes de San Isidoro del Campo en 1502. Este caserío era conocido entonces por la Granja o Huerta de los Moros.Enclavado en una de las cotas más altas de la propiedad, Martín Gil está compuesto por una minúscula casa reformada en las últimas décadas, a la que se adosa un corralón rectangular cerrado por muros de mampuesto. El lugar debe su nombre a un hermanastro de Martín Alfonso, primo del rey Fernando III, a quien lo donó el monarca en el reparto efectuado tras la conquista de Sevilla, según notifica el acostumbrado panel cerámico.

Por último, prueba de la intensa explotación y meticuloso aprovechamiento a los que han sido sometidas estas tierras desde tiempos antiguos es la abundancia de restos de edificios y estructuras productivas repartidas por el territorio, ubicadas para aprovechar fuentes de energía natural o según la comodidad del emplazamiento.

En primer lugar destacamos el conjunto de molinos hidráulicos distribuidos a lo largo del arroyo de los Molinos, sencillos edificios rectangulares, algunos cubiertos por bóvedas de medio cañón, con muros de mampostería y con una infraestructura de cauces, caos, azudes, desaguaderos, etc. Uno de ellos ha sido recientemente restaurado y conserva parte de la maquinaria de molienda. Hay también ruinas de instalaciones mineras y lavaderos de cobre, hornos de cal, "majadas de colmenas", etc. todo ello sin contar las modernas instalaciones como la presa del embalse, la granja vacuna para la producción a gran escala de leche, los silos, etc.


Datos históricos

El Cortijo del Esparragal es el núcleo de una extensa propiedad cuya superficie abarca 3.000 ha. Situada en las primeras ondulaciones de la Sierra Norte, en tan dilatado espacio observamos la transición desde los campos de regadío y las tierras calmas cerealeras a los más animados paisajes serranos de bosque y matorral mediterráneo, sin olvidar, en terrenos intermedios, la presencia de olivares y espacios de dehesa. La actual finca es producto de la agregación de distintas propiedades en la segunda mitad del siglo XIX y en el XX, cada una de las cuales disponía de sus respectivos caseríos, por supuesto, mucho más modestos que el central, como los de las Carmonillas, Casablanquilla, Martín Gil o la Granja.


Al territorio montuoso del Esparragal ya hizo mención el rey Alfonso XI en el siglo XIV al mencionar, en su célebre Libro de la Montería, las excelencias cinegéticas de la zona. Conocemos al detalle las distintas manos por las que pasó la heredad desde comienzos del siglo XV, cuando perteneció a don Martín Fernández de Córdoba.

Corría el año 1596 cuando los monjes de San Jerónimo de Buenavista la adquirieron en pública almoneda por un importe de 10.500 ducados. Componían el lote el Cortijo del Esparragal y sus dos dehesas, la casa para paja de la dehesa baja del Esparragal, el corral, la torre y el huerto de la dehesa del Castrejón. Se inicia así la dilatada vinculación de la propiedad con la Orden Jerónima. Otras de las heredades integradas hoy en la finca pertenecían con anterioridad a la segunda de las casas jerónimas de Sevilla, el monasterio de San Isidoro del Campo. Se trataba de la Granja y la dehesa de Carmonillas, adquiridas en 1502 a Francisco Delgado de Lara, vecino de Salteras. Poseían también los llamados "isidros" la dehesa de Cantaelgallo. Los jerónimos sometieron sus fincas al régimen de arrendamiento, debiendo parcelarlas en pequeños lotes. Parece que los siglos XVII y XVIII fueron en general prósperos, testimoniándose al final de la segunda de las centurias la expansión del olivo en terrenos hasta entonces ocupados por dehesas.

Las desamortizaciones decimonónicas darían lugar al siguiente capítulo de enajenaciones. El comerciante gaditano Francisco Antonio Larraza adquiere, en 1822, la finca del Esparragal. Con la desamortización de Mendizábal llegaría la hora de la emblemática familia Vázquez, en la que destacan los hermanos Ignacio y Juan Vázquez. El primero compró Casablanquilla en 1851, así como la Granja y Carmonillas. Todas ellas serían luego traspasadas a su hermano Juan entre 1874 y 1877. Este fue el auténtico artífice de la conformación actual de la propiedad. Entre 1861 y 1867 se había hecho con una serie de pequeñas parcelas limítrofes, sin embargo, los trámites para la adquisición del principal de los núcleos no se iniciarían hasta 1887, tras el fallecimiento de Carmen Larraza, hija y heredera del comerciante citado.

Con todo, el proceso de compra no se vería culminado hasta 1914. La gestión de los Vázquez en la finca significa un largo período de constante expansión de cultivos, introducción de maquinaria y empleo de modernos sistemas de gestión. Es a partir de 1914 cuando el complejo adquiere su actual fisonomía en lo que a construcciones respecta. La racionalidad de la empresa agrícola y las necesidades de representación social de la familia orientarán el proceso de reconstrucción que ahora se inicia.

En 1967, José María de Oriol y Urquijo compró a los Vázquez la posesión, comenzando una nueva etapa en la que se reorienta la función de la finca para compatibilizar las actividades agropecuarias con las recreativas y hoteleras.




Datos históricos

El Cortijo del Esparragal es el núcleo de una extensa propiedad cuya superficie abarca 3.000 ha. Situada en las primeras ondulaciones de la Sierra Norte, en tan dilatado espacio observamos la transición desde los campos de regadío y las tierras calmas cerealeras a los más animados paisajes serranos de bosque y matorral mediterráneo, sin olvidar, en terrenos intermedios, la presencia de olivares y espacios de dehesa. La actual finca es producto de la agregación de distintas propiedades en la segunda mitad del siglo XIX y en el XX, cada una de las cuales disponía de sus respectivos caseríos, por supuesto, mucho más modestos que el central, como los de las Carmonillas, Casablanquilla, Martín Gil o la Granja.


Al territorio montuoso del Esparragal ya hizo mención el rey Alfonso XI en el siglo XIV al mencionar, en su célebre Libro de la Montería, las excelencias cinegéticas de la zona. Conocemos al detalle las distintas manos por las que pasó la heredad desde comienzos del siglo XV, cuando perteneció a don Martín Fernández de Córdoba.

Corría el año 1596 cuando los monjes de San Jerónimo de Buenavista la adquirieron en pública almoneda por un importe de 10.500 ducados. Componían el lote el Cortijo del Esparragal y sus dos dehesas, la casa para paja de la dehesa baja del Esparragal, el corral, la torre y el huerto de la dehesa del Castrejón. Se inicia así la dilatada vinculación de la propiedad con la Orden Jerónima. Otras de las heredades integradas hoy en la finca pertenecían con anterioridad a la segunda de las casas jerónimas de Sevilla, el monasterio de San Isidoro del Campo. Se trataba de la Granja y la dehesa de Carmonillas, adquiridas en 1502 a Francisco Delgado de Lara, vecino de Salteras. Poseían también los llamados "isidros" la dehesa de Cantaelgallo. Los jerónimos sometieron sus fincas al régimen de arrendamiento, debiendo parcelarlas en pequeños lotes. Parece que los siglos XVII y XVIII fueron en general prósperos, testimoniándose al final de la segunda de las centurias la expansión del olivo en terrenos hasta entonces ocupados por dehesas.

Las desamortizaciones decimonónicas darían lugar al siguiente capítulo de enajenaciones. El comerciante gaditano Francisco Antonio Larraza adquiere, en 1822, la finca del Esparragal. Con la desamortización de Mendizábal llegaría la hora de la emblemática familia Vázquez, en la que destacan los hermanos Ignacio y Juan Vázquez. El primero compró Casablanquilla en 1851, así como la Granja y Carmonillas. Todas ellas serían luego traspasadas a su hermano Juan entre 1874 y 1877. Este fue el auténtico artífice de la conformación actual de la propiedad. Entre 1861 y 1867 se había hecho con una serie de pequeñas parcelas limítrofes, sin embargo, los trámites para la adquisición del principal de los núcleos no se iniciarían hasta 1887, tras el fallecimiento de Carmen Larraza, hija y heredera del comerciante citado.

Con todo, el proceso de compra no se vería culminado hasta 1914. La gestión de los Vázquez en la finca significa un largo período de constante expansión de cultivos, introducción de maquinaria y empleo de modernos sistemas de gestión. Es a partir de 1914 cuando el complejo adquiere su actual fisonomía en lo que a construcciones respecta. La racionalidad de la empresa agrícola y las necesidades de representación social de la familia orientarán el proceso de reconstrucción que ahora se inicia.

En 1967, José María de Oriol y Urquijo compró a los Vázquez la posesión, comenzando una nueva etapa en la que se reorienta la función de la finca para compatibilizar las actividades agropecuarias con las recreativas y hoteleras.



FUENTES DE INFORMACIÓN

Información Bibliográfica

HERNANDEZ DIAZ, José; SANCHO CORBACHO, Antonio. Catálogo Arqueológico y Artístico de la provincia de Sevilla. Tomo III. Diputación Provincial de Sevilla, 1955.

POMAR, Pedro J.; HALCON, Fátima; RECIO, Álvaro. Haciendas y Cortijos. Historia y Arquitectura en Andalucía y América. Universidad de Sevilla, 2002. 84-607-4946-0.

Información documental

Junta de Andalucía. Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio. Francisco Javier Herrera García; TEJIDO JIMÉNEZ, Javier, Inventario Cortijos, Haciendas y Lagares. Provincia de Sevilla. Cortijo el Esparragal, 2009.

Dirección General de Bienes Culturales y Museos. Inventario de Arquitectura Popular 1992-1997. Hacienda El Esparragal, 1992.

Archivo del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Registro Andaluz de Arquitectura Contemporánea. Provincia de Sevilla. Hacienda El Esparragal.





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