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Imagen de Hacienda Bujalmoro Cartografía Más Bibliografía Más Información

IDENTIFICACIÓN

Denominación: Hacienda Bujalmoro
Código: 01410380042
Caracterización: Etnológica
Provincia: Sevilla
Municipio: Dos Hermanas

DESCRIPCIÓN

Tipologías
Tipologías Actividades Cronología
Haciendas Actividad agropecuaria
Haciendas Oleicultura
Haciendas Olivicultura

Descripción

Bujalmoro, una de las haciendas más conocidas de Dos Hermanas, se encuentra próxima a la carretera nacional IV, de cuyo km 560 parte el carril llega a su caserío. Se ubica en un privilegiado emplazamiento de feraces tierras rojas, en buena parte puestas en regadío desde 1981 gracias a la proximidad del canal del bajo Guadalquivir.
Bujalmoro se organiza en torno a un gran patio cuadrado, al que se le adosó en paralelo otro rectangular con dependencias ganaderas, hoy por completo transformado. Su antiguo trazado quedó recogido en la planta que publicara Pablo Gutiérrez Moreno en 1919.
En el cuerpo de fachada, junto a la portada neomudéjar con ornamentación de cerámica bicolor, rematada por merlones y espadaña con campana, en la que campea la "Y" de Ybarra, estaba, según indican unos azulejos, la vivienda del casero, en cuyo interior hay un horno, y más allá una cuadra y un pajar. Al otro lado de la portada, al pie de la torre de contrapeso almenada, está la vivienda del guarda, con acceso desde el exterior del edificio.
Una vez en el patio, de pavimento empedrado, llama la atención la inusual anchura de las edificaciones que lo delimitan, bajo grandes faldones de teja. Las dependencias del lado derecho corresponden a la antigua almazara, que se identifica por la torre de contrapeso rematada por almenillas escalonadas y con vanos ciegos mudéjares en las caras. En la actualidad este ámbito ha sido completamente renovado y se utiliza como taller y casa de máquinas. Todavía se reconoce, con todo, el espacio del empiedro para la molienda bajo un gran arco, junto a la capilla donde se encastraba la viga de prensado. A continuación, en el resto de las instalaciones debieron disponerse los aclaradores, trojes y, a los pies de la almazara, la bodega de aceite. En el costado exterior del molino se añadió una hilera de pequeñas viviendas de una altura para los aceituneros.
Al otro lado del patio se levanta el gran bloque longitudinal de la pieza que ha sido habitualmente interpretada como bodega de vino, lagar y almacén, o "atarazana", según el término que se les asocia en otras haciendas, como la cercana Ibarburu, que tiene otra "atarazana" de fisonomía en todo muy similar. El espacioso interior se articula en tres naves con dos arcadas de ladrillo sostenidas por rústicas columnas de piedra. En el muro del testero meridional de la nave central se aprecia un arco de ladrillo que pudiera haber correspondido al hueco de una capilla para una prensa de viga. Pese a las dificultades de interpretación debidas a las alteraciones, este hecho junto con las mencionadas semejanzas de esta edificación con otras de haciendas vecinas y los testimonios documentales citados contribuyen a apoyar la idea de que esta llamativa pieza fuese concebida en origen para lagar y bodega, tal como ya indicasen Gutiérrez Moreno y Gema Florido. Más complejo es establecer la conexión entre la capilla de esta prensa y la torre del señorío que sirve de palomar y de mirador, y que se halla a cierta distancia, quizá a causa del crecimiento de las dependencias residenciales a costa de parte de las naves de la atarazana.
El señorío se dispone al fondo del patio, con un porche en cuya galería se distinguen azulejos decorativos y un escudo que incluye los calderos de los Guzmán. La residencia es de una sola altura más soberado, y se acompaña además del mencionado mirador, de composición clásica, y de un jardín trasero, cerrado por una tapia, que al parecer fue en origen un corral y al que se llega por un pasillo que sale del porche, pasillo donde está la escalera de madera del soberado. Adyacente se dispone la capilla, de gran sencillez y con una portada de acabado historicista, aunque con sustrato del siglo XVI y unos azulejos que han sido fechados en el primer tercio del XVIII. En su interior destaca el retablo, presidido por una pintura de la Inmaculada y flanqueado por dos escudos cerámicos; merecen atención así mismo la reja que comunica el oratorio con el señorío y la puerta de la sacristía.
A la izquierda del núcleo principal está el patio o corral ya mencionado, del que sólo quedan parte de la tapia y una vivienda en fachada, junto a la entrada. En la actualidad, los únicos elementos llamativos de este espacio son cuatro grandes silos cilíndricos emplazados donde antaño estuvo la extensa nave del tinao y pajar. Según Sancho Corbacho, en el interior del tinao se disponían dos filas de pesebreras, como recoge el plano de Gutiérrez Moreno.
En torno al bloque principal de la hacienda, por último, hay numerosas piezas y espacios que dan su definitiva dimensión al complejo conjunto de Bujalmoro, como el jardín que se ha plantado en fecha reciente ante el edificio y, muy alejadas, unas zahúrdas.


Datos históricos

Aunque en la zona se han encontrado vestigios romanos y visigodos, y aún anteriores, Bujalmoro en origen debió ser una alquería andalusí, de lo que parece ser testigo su sonoro nombre, cuyo prefijo borg hace referencia en árabe a la palabra torre, elemento que caracterizó muchos de estos asentamientos, especialmente en el término nazareno. Con dicho nombre se conocía una heredad en el siglo XVII que junto a Dos Hermanas pertenecía al ducado de Alcalá, que la había comprado en 1625 a Felipe IV, población que pasó así de realenga a señorial. En esos momentos se hizo un deslinde de la finca que por su interés transcribimos completo: Primeramente medí en la dicha heredad las viñas y olivares y tierra calma que están dentro de los ballados antiguos de la dicha heredad y tiene ciento y siento y sesenta, digo ciento y setenta y quatro alançadas, de las quales las nueve alançadas son de tierra calma que parte desde la esquina del olivar mirando hazia la heredad del Álamo hasta llegar a un acebuche que está como quinientas baras de la dicha heredad, y ay buelbe a la mano derecha, mirando hacia la villa de Los Palacios, hasta llegar al camino que dicen de los Carboneros y el que ba de Sevilla a Los Palacios que baxan juntos por aquella parte; y buelbe hazia la venta de Bujalmoro hasta llegar a la punta del olivar de la heredad, colindando con el camino de Los Palacios donde acava la dicha tierra. Y toda ella biene señalada alrededor con una cosa de ballado y tiene ciento y quarenta y dos fanegas de tierra; y dentro de estas ciento y quarenta y dos fanegas está un pago de viñas que llaman Los Muxullos de Rotales que tienen veinte y dos fanegas, las quales entraron en el cuerpo desta dicha medida. Yten medí un pedaço de tierra que es el que comprende la benta que dicen de Bujalmoro, y empieça desde el ballado del olivar de la dicha heredad y ba corriendo hazia lo que llaman en el Hornillo por donde ban señalados unos mojones de golpe de azadón, que ban dando la buelta hasta topar otra vez con el ballado de la heredad por baxo del pozo que allí ay, que llaman de Bujalmoro; y en este sitio quedaron medidas quarenta fanegas de tierra. Un texto que, de manera clara, no hace sino poner de relieve el carácter polifuncional de la explotación.
Sólo once años después de esta compra, tanto la finca como Dos Hermanas fueron vendidas otra vez a Pedro de Pedrosa, cargador de Indias que invirtió una considerable fortuna en tierras. Su hijo, Alonso de Pedrosa y Casaus, fue el primer marqués de Dos Hermanas, según el típico proceso de ennoblecimiento de la burguesía en el que la tierra siempre jugó un importante papel. En el siglo XVIII la hacienda se conoce como la del Marqués de Dos Hermanas, cuyo titular siguió adquiriendo fincas, como el Copero. No obstante, a finales de dicho siglo es vendida al señor Meoqui, comerciante de la ciudad de México, y a principios del XIX pasa al marqués del Real Tesoro. Finalmente, el último tramo de su historia se inicia cuando a mediados de dicha centuria la compra don José María Ybarra Gutiérrez de Cabiedes, primer conde de Ybarra, gran propietario e innovador pionero en los métodos de explotación, gestión y comercialización del campo sevillano, en especial en relación con el olivar. De esta forma, la finca ha figurado durante siglos como un importante baluarte de los capitales comerciales más especulativos del momento.
La citada variedad de aprovechamientos de la hacienda se repite así mismo en otras descripciones. El Catastro del Marqués de la Ensenada no hace más que reiterar esta tónica, reflejando el predominio del olivar y una presencia menor de la viña al citar entre las dependencias de su caserío dos molinos de aceite y dos calderas de arrope y de aguardiente. Y en lo que se refiere a su superficie, cabe considerarla como un latifundio emergente, ya que Bujalmoro fue creciendo de manera progresiva a lo largo de su dilatada historia. Así, en el siglo XVII tenía 165 aranzadas ¿cerca de 80 ha¿, que en el XVIII

FUENTES DE INFORMACIÓN

Información documental

Dirección General de Bienes Culturales y Museos. Inventario de Arquitectura Popular 1992-1997. Hacienda Bujalmoro, 1992.

Junta de Andalucía. Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio. Álvaro Recio Mir; SÁNCHEZ ROMERO, José Carlos, Inventario Cortijos, Haciendas y Lagares. Provincia de Sevilla. Hacienda Bujalmoro, 2009.



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