26/10/2017

Abordaje del proyecto

El Carmen . Plácido González Martínez

La ampliación progresiva de los limites el patrimonio es un proceso en curso desde los orígenes de la postmodernidad, que cuenta con la Convención de Patrimonio Mundial de 1972 como hito fundacional. La definición complementaria de patrimonio cultural y natural que se desarrolló a partir de la misma conto con una atención destacada a sitios y procesos que como consecuencia del cambio productivo, comenzaron a adquirir simultáneamente condición de bienes culturales y potenciales enclaves de la nueva economía de las industrias del ocio y el conocimiento.

Debido a su escala y posición urbana relevante, el nacimiento del patrimonio industrial fue la consecuencia más visible, a la que siguieron las primeras llamadas de atención acerca del carácter excepcional de la arquitectura del Movimiento Moderno. Especialmente tras la desaparición de los representantes de la primera modernidad arquitectónica –Le Corbusier, Mies van der Rohe, Frank Lloyd Wright, Alvar Aalto-, nuevas corrientes críticas de la arquitectura, apoyadas en renovadas lecturas sociales y políticas, relegaron a un segundo plano obras que la obsolescencia funcional y la degradación material terminaron de llevar al desuso y al abandono.

A la luz de esta creciente degradación, posicionamientos igualmente críticos pero conscientes de la vigencia del legado moderno, comenzaron a llamar la atención sobre los valores de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos. A mediados de los años 80, organizaciones pioneras como DOCOMOMO empezaron a aglutinar esfuerzos en la defensa de este patrimonio que hasta entonces había tenido contados apoyos, entre ellos y de manera destacada en Andalucía desde sus orígenes, el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Llegado a la UNESCO, este reclamo tuvo efecto en el desarrollo desde 2001 del Programa de Patrimonio Moderno, que busca intensificar las acciones de identificación y conservación del patrimonio arquitectónico y urbano del siglo XX.

Como tal entenderemos, desde una perspectiva ortodoxa, a edificios, conjuntos, barrios, pueblos y ciudades, construidos a lo largo del pasado siglo y que valoramos atendiendo a cuestiones espaciales, históricas, culturales, económicas y sociales. Una perspectiva más contemporánea nos situará ante el patrimonio del siglo XX como acumulación de capas definitoria de su complejidad, entrelazada con otras manifestaciones artísticas entre las que se incluye la cinematografía, medios de comunicación como la radio o la televisión y las grandes infraestructuras, entre otras. De tal manera, y atendiendo a la especificidad de la arquitectura y la ciudad, la atención patrimonial se expande desde el objeto hasta la consideración del habitar de las periferias urbanas del siglo XX como soporte y manifestación de la cultura contemporánea.