15/11/2017

La situación de la vivienda en Sevilla a mediados del siglo XX

Chabolas de Sevilla 1945 . MARÍN DE TERÁN QUEIPO DE LLANO, L.

La situación de Sevilla a mediados del siglo XX no distaba mucho de la de las otras grandes ciudades españolas. Al igual que muchas de ellas, la ciudad había experimentado un aumento constante de población desde comienzos de siglo, tal vez más acentuado en la década de 1920 por la celebración de la Exposición Ibero-Americana de 1929. Las estadísticas indican que a partir de 1930 la ciudad creció a un ritmo aproximado del 20% cada diez años hasta 1980[1].

A pesar del continuo crecimiento de la población, la precaria situación económica de la ciudad (y del país en general) tras la Guerra Civil impidió que durante mucho tiempo se acometiese la necesaria construcción de viviendas. Según los datos que aporta Luis Marín de Terán (1980: 72), entre 1936 y 1950 se construyen en Sevilla 13.000 viviendas, cifra que no bastaba para cubrir la demanda residencial de los 141.000 nuevos habitantes para ese periodo.

Como consecuencia las viviendas del centro histórico se tugurizaron y los núcleos de infraviviendas se extendieron por toda la ciudad. Según nos cuenta este autor, al llegar a 1945 existían en Sevilla 17 grupos importantes de chozos y chabolas, concentrados principalmente en la zona norte de la ciudad, más allá del centro histórico. En torno a ellos se agrupaban, en viviendas improvisadas, los inmigrantes que llegaban desde las zonas rurales. Pocos años más tarde, en 1959, la Sección de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla identificó un total de 32 grupos de chabolas, ocho de ellas en la zona de Triana- Los Remedios.

Una vez empezada la década de los cincuenta se producen los primeros intentos serios de corregir el problema de vivienda que sufría la ciudad. En los once años que transcurren desde 1951 hasta 1962 se levantaron 43.000 viviendas (MARÍN DE TERÁN, 1980: 80), muchas de las cuales sirvieron para realojar a los inmigrantes que malvivían en los poblados chabolistas y a aquellos que empezaban a salir del centro histórico. En estos años se construyen, por ejemplo, las 3500 viviendas que componen los barrios de La Candelaria, Los Pajaros y Nazaret. Al norte, Pio XII, San Jerónimo y las 968 vivienda de Virgen de los Reyes, al este las barriadas de Los Diez Mandamientos y Los Quinteros, y al oeste El Tardón y El Carmen, etc.

Todas ellas comparten algunos rasgos comunes. En primer lugar, hay que destacar el cambio de escala de las actuaciones. Si hasta mistad de siglo las actuaciones de vivienda social consistían en grupos relativamente pequeños de vivienda (de decenas o, como mucho, cientos de viviendas), a partir de 1950 empiezan a levantarse polígonos residenciales que contaban sus viviendas por miles. En segundo lugar, es importante señalar su ubicación periférica en la ciudad. El tercer punto de encuentro entre las barriadas era su total falta de equipamientos y servicios. Eran barriadas compuestas únicamente por viviendas, no se construían colegios, zonas comerciales o verdaderos espacios verdes. Por último, habría que señalar que, desde el punto de vista del diseño urbano y la arquitectura, la mayoría de ellas respondieron a los principios estéticos y funcionales que el Movimiento Moderno había estado promoviendo desde comienzos de siglo en Europa.

Referencias y bibliografía

[1] En la década de 1930 la población de Sevilla crece un 36,46%, en la de los cuarenta un 20,66%, en la de los sesenta un 23,91%, y en la de los setenta un 19,29%. (INE 2017)