21/02/2018

Los primeros pasos del vecindario

"Los pisos de los maestros" . Raquel Almodóvar

Hace casi sesenta años que las primeras familias comenzaron a trasladarse a El Carmen, muchas de ellas, procedentes de la Triana anterior a las reurbanizaciones de la dictadura. Comenzó así el tiempo de (re) construir barrio y vecindario con mayúsculas, y no sería fácil. A principios de los años 60 del siglo XX, El Carmen de Triana se encontraba rodeado por huertas, separado de Triana por caminos sin asfalto, o campo a través, según se mire. Era, pues, un tiempo donde la expresión popular trianera de “ir a Sevilla” tenía un sentido de honda realidad. Muchos oficios, hoy catalogados de tradicionales, se sustentaban gracias, y en parte, a la venta ambulante de los productos. No obstante, El Carmen era zona de paso, los y las vendedoras ambulantes bajaban y subían de El Aljarafe quedando la barriada en su camino diario. Aprovechaban para vender allí el género, pues el barrio no contaba con bares, tiendas o comercios; otras y otros vendedores “venían de Sevilla”.

Tiempo después surgieron, en ciertas viviendas de las plantas bajas de algunos bloques, pequeños ultramarinos conocidos popularmente como “ventanitas”. Solucionaban desavíos cotidianos al tiempo que vendían chucherías y otros pasatiempos. Una habitación del domicilio familiar cumplía la función habitacional, la de almacén y despacho de venta a través de la ventana, de ahí la denominación popular. Las “ventanitas” resolvieron una carencia en la relación oferta/demanda vecinal: inexistencia de una economía de servicios estable (bares, tiendas y comercios más cercanos se encontraban en El Tardón). Y estaban estratégicamente ubicadas en relación a su público objetivo, como era el caso evidente de la “ventanita” situada en frente del colegio.

El colegio de educación infantil y secundaria San José de Calasanz se construyó en paralelo con el conjunto residencial, de tal manera que, cuando las primeras familias se trasladaron, el centro se encontraba en funcionamiento. Junto con las 636 viviendas que conforman El Carmen, se construyeron dos bloques de pisos, de tres y cuatro plantas, destinados a ser las viviendas de las y los profesores del colegio. También de ahí que se conozcan popularmente como “Los pisos de los maestros”.

Así, el círculo económico (y de sociabilidad) de esta primera etapa del conjunto residencial lo cerraba el kiosco de prensa de Pepe y, posteriormente, el de golosinas de “Cachito”. Con un vecindario tan joven -en su mayoría compuesto por familias numerosas-, los tebeos eran una de las lecturas más cotizadas del kiosco de Pepe. Como recuerdan vecinos y vecinas que eran infantes por aquellos entonces, aquella era la época en la que los cómics sólo traían en color la portada, se coleccionaban estampas y se intercambiaban cromos.