El biodeterioro de las obras de arte se entiende como una alteración irreversible de los materiales que las constituyen, debido a la actividad metabólica de una o más poblaciones de microorganismos u organismos pertenecientes a distintos grupos sistemáticos.
Existen múltiples organismos que pueden interaccionar con los materiales constitutivos de los bienes culturales, y provocar el deterioro de los mismos: insectos, hongos, algas, líquenes, bacterias, plantas superiores, aves, pequeños mamíferos. Para llevar a cabo los tratamientos biocidas más adecuados es imprescindible caracterizarlos con la máxima precisión posible.
Consiste en identificar los microorganismos (bacterias, hongos, algas) responsables de los daños ocasionados sobre los materiales que constituyen la obra en estudio. Para ello se requiere la toma de muestras (mediante material estéril) y posterior cultivo en el laboratorio. Las colonias desarrolladas se estudian mediante observación al microscopio óptico y electrónico y/o mediante técnicas de biología molecular (PCR).
Los líquenes, musgos y plantas superiores se identifican en el campo o en el laboratorio tras la toma de muestras, mediante observación visual, al estereomicroscopio y al microscopio óptico.
Para la identificación de los insectos causantes del deterioro de soportes orgánicos, se emplea el estereomicroscopio tanto sobre el material afectado como sobre las muestras recolectadas. La valoración del ataque se realiza en función de la extensión del daño producido sobre el material atacado.
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