IAPH. Instituto Andaluz del Patrimonio Historico

Bienvenido 28/09/2016

English | Español

Ayuda | Directorio | Contacto | Mapa web | Ayuda buscador

A+|A-

Imprimir

Enviar a un contacto

        

Aviso legal
Los datos personales del solicitante serán incluidos en un fichero de usuarios del IAPH y serán tratados de forma confidencial conforme a lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de Protección de Datos de carácter personal. Si desea ejercitar los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición puede dirigirse al Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, sito en Isla de la Cartuja, Camino de los Descubrimientos s/n, 41092- SEVILLA.

Junta de Andalucía Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico Consejería de Cultura Logo del Instituto andaluz del Patrimonio histórico

Guía Digital del Patrimonio Cultural

El patrimonio minero andaluz. El futuro de un pasado

Introducción

Despreciado hasta fechas recientes, y hoy todavía amenazado por la ignorancia, el patrimonio industrial es objeto de un verdadero descubrimiento para muchos ciudadanos. En Andalucía, donde las condiciones económicas generales hicieron derivar esta "industrialización" hacia el sector extractivo, la minería constituye una parte importante de su patrimonio cultura e histórico.

A partir del desarrollo en las últimas décadas de la "arqueología industrial" [ARQUEOLOGÍA, 1991 y TICCIH, 1995], el patrimonio minero contemporáneo ha pasado a constituir una importante fuente de conocimiento histórico y un valor patrimonial en alza, con una problemática específica de gestión.

Si la toma de conciencia sobre el valor de estas huellas ha partido de su amortización como restos obsoletos gracias a los cambios tecno-económicos operados, el proceso de su valoración específica (y por lo tanto, la dotación de un contenido histórico concreto) abre nuevas vías para su comprensión y puesta en valor, un camino en el que todavía queda mucho por recorrer.

Patrimonio minero y arqueología

La valoración de los recursos extractivos como tema de estudio cuenta con una larga tradición arqueológica que gira entorno a la importancia económica de los metales y al significado social que alcanzaron muchos de ellos. Por lo tanto, los lugares de explotación (ya fueran minas o canteras) han merecido cierta consideración por parte de los investigadores.

1) La arqueología minera y los paradigmas de investigación

Desde las teorías difusionistas dominantes hasta hace algunas décadas en el ámbito de la prehistoria reciente y la protohistoria, la minería constituía un medio privilegiado para comprender no tan solo la economía [ARRIBAS y otros, 1989] y los intercambios de productos específicos sino también el cambio cultural [BOSCH y DE LUJAN, 1935]. De hecho, la formación geológica de muchos arqueólogos produjo una temprana atención sobre las minas y los metales [SIRET, 1887]. Sin embargo, trabajos recientes han rebajado la importancia social de la primera metalurgia [GÓMEZ, 1997], con relación a la explotación del sílex [RAMOS y otros, 1991].

Como una especialización de la arqueometría destaca la arqueometalurgia, centrada en el estudio de las propiedades físico-mecánicas de los útiles, resultado de las características intrínsecas del mineral, los mecanismos de extracción y la forma de transformarlo en metal [AMORES y LLORET, 1995], materia de la que ya se va disponiendo de algunas monografías [MONTERO, 1992 y 1994]. En este sentido, cabe afirmar que conocer las características de las menas, sus calidades y usos tradicionales, puede servir para explicar la tipología de las explotaciones (por ejemplo, en la primera mitad del siglo XIX, el plomo de sierra de Gádor se extraía en cuatro calidades [CARA, 2002]).

Sin embargo, la investigación sobre el patrimonio minero ha alcanzado un nuevo desarrollo en los últimos años como resultado de un doble cambio de perspectiva de estudio. De una parte, las investigaciones han virado de la economía del consumo a la de la producción, centrándose en los lugares, procesos, tecnologías y relaciones sociales de producción [TORRÓ, 1994]. De otra parte, del estudio del objeto privilegiado se ha pasado a la investigación sobre la "cultura material" y con ella al mundo cotidiano, donde se manifiestan y resuelven las contradicciones entre la producción y el consumo [CARANDINI, 1984 y 1997] y es posible rastrear otras "historias paralelas" [THOMPSON, 1988].

Hasta cierto punto concomitantes, estos cambios han supuesto la aplicación y consolidación de unas metodologías específicas, que tienen por fundamento la arqueología, y la pareja valoración del mundo minero en toda su complejidad e implicaciones [FRANCOVICH, coord., 1993 Y 1997]. De hecho, estudios integrados recientes han permitido abordar la minería desde un enfoque diacrónico [BLANCO-FREJEIRO y ROTHEMBERG, 1981] y extensivo, con un importante componente paisajístico y territorial [OREJAS y otros, 1999] que supone un nuevo aliciente para su puesta en valor.

En este sentido, es evidente que la aportación de la arqueología (y la propia naturaleza de las fuentes o documentos con los que se complementa) será muy distinta según el objeto y las características materiales y funcionales de la instalación o equipamiento pues las huellas de las actividades extractivas desmanteladas pueden dejar menos evidencias ahora que en el pasado.

2) La arqueología industrial

Dentro de la propia flexibilidad del "documento arqueológico" ha sido posible la aparición de arqueología temáticas, entre las que cabe incluir la "industrial" o la "de la arquitectura". La primera ha conocido un desarrollo progresivo en los últimos treinta años hasta su consolidación en la década de los Ochenta, cuando se implanta en España [ARQUEOLOGÍA, 1991 y TICCIH, 1995].

Acción minera del levante almeriense (Colección del autor).

Vinculada desde sus inicios a la defensa del industrial heritage, el proceso de toma de conciencia sobre el valor patrimonial y de identidad colectiva de estas "reliquias" del pasado giró entorno a la catalogación de los edificios y su preservación como un frágil legado.

Como disciplina de estudio se fue abriendo camino entre algunos investigadores del Reino Unido más como objeto que como método de estudio [BUCHANAN, 1977 y HUDSON, 1964]. Al carácter localista, nostálgico y sentimental de los primeros aficionados se fue uniendo el interés suscitado por diversos profesionales. Las aportaciones que ha recibido la "arqueología industrial" de distintas disciplinas (Historia Económica, Social o Técnica, Sociología del Trabajo, Antropología social), justifican tan acusada riqueza y complejidad metodológica que casi cabe definirla como un campo de investigación disperso y confuso.

Digo confuso porque, en principio, poco podría aportar la arqueología (una disciplina nacida en el siglo XIX para conocer el pasado más antiguo del hombre, fundamentalmente, a través de la excavación de sus lugares de ocupación [CARANDINI, 1977]) con unas instalaciones de las que podemos conservar, incluso, los proyectos de obras, memorias y prolijas descripciones [MADOZ, 1845-50] cuando no fotografías y otros formatos documentales.

Pero si nos atenemos, simplemente a los objetivos, y a algunos de los métodos de investigación, las relaciones parecen más estrechas con una disciplina que hace tiempo rompió sus ataduras temporales. Además, la arqueología posibilita partir del análisis concreto de las situaciones reales, un punto al que historiadores [COHEN, 1987] y antropólogos sociales [CHECA, 1995], preocupados por modelos de desarrollo o comprensión generales, quizá no estén dispuestos a llegar. En este sentido, hay que tener en cuenta que el concepto (igualmente difuso) de "cultura material" ha sido el que ha rehabilitado la investigación arqueológica entre los historiadores, a veces, más tradicionales [CARANDINI, 1997 y FRANCOVICH y MANACORDA, eds., 2001].

Incido en el carácter de la investigación porque sólo a través de ella es posible establecer la realidad concreta del bien y destacar sus valores más importantes; es decir, sin investigación no sabremos nunca qué es lo que estamos presentando al público.

Un patrimonio diverso que hay que conocer

Aunque son numerosos los datos históricos [PÉREZ, 1996] más o menos legendarios sobre la minería prerromana en la región (incluidas algunos interesantes relatos como el de la "Mina del Sabinar" o la "Sepultura del Gigante", en sierra de Gádor [CARA, 2002]), es en época romana (entre los siglos I a-C y II d-C) cuando encontramos una trama de conocimientos históricos suficientemente amplia, susceptible de materializarse en un sistema patrimonial complejo a partir de algunos restos arqueológicos [DOMERGUE, 1987 y 1993].

Los testimonios abarcan desde la famosa Societas Castulonensis o Castulonensium, con sede en la importante población cercana a Linares (que también controlaba explotaciones en la provincia de Córdoba), hasta datos sobre los sistemas de explotación y las condiciones de trabajo [DOMERGUE, 1993], pasando por los procesos tecnológicos aplicados (por ejemplo, el famoso sistema de desagüe de las minas de Ríotinto mediante ruedas hidráulicas conservadas en su museo [BLANCO-FREJEIRO y luzón, 1966]).

La minería de época andalusí es una gran desconocida, pues hasta el presente los estudios se han centrado en la recopilación de referencias textuales [VALLVE, 1996] y la publicación de hallazgos ocasionales [BERNÁNDEZ y otros, 1996](1). No obstante, está plenamente atestiguada (por ejemplo, una mina y fundición de Berja era propiedad particular del sultán de Granada y en el beneficio de los antiguos escoriales para dar un baño de "alcohol" o vidriado protector y decorativo a la cerámica [CARA y RODRÍGUEZ, 1996]). Recientemente ha despertado el interés de los investigadores con resultados prometedores [BERTRAND, 1996].

En la corona de Castilla, las minas constituyeron una regalía, es decir un monopolio que la monarquía explotaba a través de diferentes concesiones y privilegios. En el siglo XVI destacan varias actividades extractivas, en las que sobresale Francisco de Cobos, comendador mayor de Castilla, secretario y hombre de la confianza absoluta de Carlos I [SÁNCHEZ, 1989]. En Almería, se explotó el alumbre, utilizado como mordiente de las fibras textiles [FRANCO, 1996], aunque la explotación minera andaluza más importante aparece con las minas de plata de Guadalcanal en 1555, que cierran al poco [GONZÁLEZ, 1832 y SÁNCHEZ, 1989].

En La Alpujarra, el siglo XVII es un periodo de consolidación [GONZÁLEZ, 1832]. A partir de 1642 (cuando aparece el estanco o prohibición del aprovechamiento y venta libre del plomo [COLECCIÓN, 1889, 1890 y 1892]), se estableció una fundición con varios hornos de pava, alimentados con fuelles, en Presidio (hoy Fuente Victoria). Por desgracia, apenas se han descrito restos materiales de la minería andaluza de este periodo.

Dibujo del lavadero por flotación de fluorita en Berja (1956).

La Dirección General de Minas, creada en tiempos de Carlos III, reorganizó la producción en 1748. A partir de este momento, la fundición del plomo se establecía obligatoriamente en las fábricas nacionales de Alcora (1753), Baza, Motril y Turón (1789) y sobre todo en la de Presidio, con una diversificación de la producción de municiones que se expedían por el puerto de Almería a Sevilla, Alicante, Valencia y otros puntos.

La Real Fábrica de Plomos de Alcora (Canjáyar) es la única que se conserva íntegra en toda Andalucía. En su interior, los edificios se encuentran alineados a lo largo de un patio; entre ellos destacan dos hornos "castellanos" y uno reverbero posterior, más un conjunto de dependencias secundarias y áreas de transformación del mineral [CARA, 2002].

Debido a la presión de los mineros de la zona, la nueva ley de 1825 liberalizó totalmente del sector [COLECCIÓN, 1889, 1890 y 1892], algunos años antes de la "liberalización" política. La minería de sierra de Gádor revolucionó a los mercados internacionales del plomo en las décadas de 1820 y 1830 [PÉREZ DE PERCEVAL, 1985], precisamente cuando la revolución industrial y un importante desarrollo urbano requerían de sus aplicaciones.

Además, aportó una tecnología propia (el horno "reverbero español") capaz de consumir el escaso combustible de la zona y obtener un beneficio del 80 % del plomo. El carácter innovador de esta actividad se percibe cuando la casa comercial malagueña "Rein y Cía" introduce en su fábrica de Adra los primeros hornos reverberos ingleses, alimentados con carbón (1824), e instala una máquina de vapor de 25 CV (1827), convirtiéndola en una de las primeras de España que utiliza esta fuente de energía [PÉREZ DE PERCEVAL, 1985]. Las fundiciones del Peñón de Castala (Berja) y de Heredia (Almería) son algunos de sus ejemplos todavía visibles.

Por aquella época, Marbella lideraba la incipiente industrialización española con las fundiciones de hierro de "La Concepción" y "El Ángel" en Río Verde, mientras empresarios locales levantaban la fundición de plomo "Buenavista" en 1836 [NADAL, 1972], cuyas interesantes ruinas aún se conservan.

Antigua cabria de Sierra Almagrera (foto: Gabinete Pedagógico de Almería).

Hubo también una industria metalúrgica derivada de la minería, de menor importancia económica y trayectoria más incierta, de la que apenas quedan restos, y resulta, por tanto, peor conocida (por ejemplo, las fábricas de albayalde para pintura o de calamina para latón) o bien se trata de manufacturas más especializadas [MORA, 1994].

Mayor grado de concreción histórica y patrimonial presentan las herrerías, cuya importancia en el mundo rural fue grande al abastecer de herramientas, aperos de labranza, clavazón (imprescindibles, por ejemplo, para puertas, mobiliario o molinos harineros) y utensilios domésticos a los campesinos.

Aparte de otras menores, conservamos información de las de Bogaraya (entre Almócita y Padules), Bacares (ambas en Almería) y Lugros o Jeres del Marquesado (cerca de Guadix) [LÓPEZ, 1985 y 1990]. La primera fue fundada en 1517 [CARA, 2000] y dio origen a la del Aguilón (Ohanes) en 1824; de ambas se conservan el imponente salto del martinete y otras dependencias [CARA,2002].

Con el descubrimiento de los ricos filones plomizos de sierra Almagrera (Cuevas de Almanzora, Almería) en 1839, capital local y extranjero (muy vinculado al vecino coto minero de Cartagena-La Unión y a la ciudad de Almería) se aunaron para desarrollar una metalurgia avanzada y complejos sistemas de desagüe [SÁNCHEZ, 1983]. Las minas y hornos del Pilar de Jaravía (Pulpí), las fundiciones "Nueva" y "La Invencible", el desagüe de El Arteal o la máquina de vapor de El Chaparral (1873) , en Cuevas, constituyen algunos de sus restos más evidentes.

A la decadencia de la minería del plomo almeriense (a partir de los años 1870, y con mayor incidencia desde 1885), le siguió el desarrollo de la del hierro [SÁNCHEZ, coord., 1991]. Esta tuvo una expansión tan rápida como su decadencia (de 1885 a 1915). El transporte fue la gran asignatura pendiente para lo que se habilitaron líneas férreas (de Linares Almería, en manos de la "Compañía del Sur de España", para el hierro de Alquife [COHEN, 2002] o la de Sierra Alhamilla), cables aéreos (como el de Bédar a Garrucha) y embarcaderos [GÓMEZ y COVAS, 1994], entre los que destaca el de Las Almadrabillas de Almería, proyecto de Harrison y Monche llevaron a cabo entre 1901-1904 [MORALES y GAGO, coord. 2001a y 2001b], aun pendiente de rehabilitación.

En Sevilla, destaca el complejo siderúrgico de El Pedroso (Sevilla), iniciado en 1817 y con importantes vestigios hasta los años Setenta, y Aználcollar donde se explotaron las piritas de 1876 a 1942.

Colonizada por empresa extranjeras, el desarrollo de la minería onubense despega con fuerza en 1866 para consolidarse con la poderosa "Riotinto Company Limited" que compra al Estado las minas (1873) y construye una línea de ferrocarril. Pero sin duda, la obra señera, es el muelle de embarque, un extraordinaria ejemplo de la arquitectura del hierro, obra de los ingenieros Bruce, Gibson y Ridley (1874) [FLORES, 1983 y GIL, 1984].

Máquina de vapor de El Chaparral (1878) en Cuevas de Almanzora (foto: Gabinete Pedagógico Almería).

La "tranversalidad" del patrimonio minero

Las consecuencias del desarrollo minero fueron fundamentales para entender el progreso de la región entre 1815 y 1930. Algunos efectos fueron directos, otros son producto revertido, de larga duración y una inusitada amplitud territorial; todos han interrelacionado de manera compleja y local. De aquí el valor"pedagógico" del patrimonio minero para evidenciar, por ejemplo, las contradictorias relaciones entre historia y medio ambiente.

Al fuerte aumento de habitantes se unió la formación de una burguesía regional con intereses en diversos puntos geográficos y sectores productivos, cuyo prototipo fue la familia Larios o Heredia de Málaga, muy vinculada esta a Almería [NADAL, 1972], o los Orozco [SÁNCHEZ, 1983 y 1991]. Este capital local fue perdiendo importancia con el auge de la minería del hierro y del cobre (desde 1880), que prácticamente quedó en manos inglesas [FLORES, 1983 y GIL, 1984].

La cara opuesta de la sociedad minera fue la emergencia de la clase trabajadora de mineros-campesinos [COHEN, 1987] y la pronta inclusión de ideales emancipatorios de desigual implantación [CHECA, 1995].

Mientras que gran parte de los beneficios obtenidos en el primer periodo se revirtieron en la construcción y mejora de la vivienda urbana y en el acondicionamiento agrícola [CARA, 2002 y RUIZ, 2001], la segunda minería generó un modelo de desarrollo "colonial" [GIL, 1984] cuyos beneficiarios fueron los comerciantes y, sobre todo, el capital extranjero que concentró las explotaciones [SÁNCHEZ, coord., 1991]. Además introdujo como elemento singular ciertos gustos sociales y arquitectónicos europeos (en especial ingleses) en la vida doméstica [RAMÍREZ, 1985].

La minería también produjo efecto medioambientales devastadores. Una intensa deforestación de los montes y la acumulación de escombreras terminaron por aumentar la erosión del terreno, lo que aumentó la peligrosidad de las riadas [SOBRINO, 1994]. El ejemplo paradigmático vuelve a ser Almería, donde en 1834 se había acabado con cualquier trazo de bosque en La Alpujarra [SÁNCHEZ, 1996]. Por su parte, la inestabilidad de escombreras y vertidos ha ocasionado desastres como el de Aználcollar.

Cinta transportadora en Alquife, abandonada en 1996 (foto: autor).

El reto de la puesta en valor

A pesar del evidente potencial de ocio cultural [CAPEL, 1996] que presenta el patrimonio minero andaluz, se puede afirmar que la política de su puesta en valor ha sido, en gran parte, errática y difusa.

Como siempre, el registro y el inventario son herramientas fundamentales de conocimiento y gestión patrimonial [CATALOGACIÓN, 1996 e IZARZUGAZA y OLAIZOLA, 1994]. Pero, pese a planteamientos pioneros [MARTÍNEZ, 1985 y TOMÁS, 1994], todavía no se ha ultimado un catálogo sistemático y detallado de instalaciones y conjuntos mineros particularmente significativos de ámbito regional [DOCUMENTACIÓN, 2000].

Bien es verdad que el patrimonio minero se caracteriza por su dispersión y diversidad (pozos con castilletes, cabrías o malacates, escombreras, sistemas de selección, molturaje o preparación, hornos y chimeneas de fundición, almacenes, naves, tolvas, líneas de ferrocarril y embarcaderos, generadores de energía, etc.), por su especificidad (es realmente difícil aplicar propuestas foráneas [GONZÁLEZ-MORENO, 1994]) y por un fuerte componente medioambiental que permite inscribirlo en corrientes museológicas novedosas.

Además, dentro de los complejos industriales es necesario proceder, nos guste o no, a una doble selección, tanto en su carácter (histórico, cultural, técnico, artístico, emocional, testimonial o práctico) como en su integridad física (por ejemplo, se puede conservar una cabria pero es muy difícil hacerlo con la totalidad de la cadena de extracción), factor éste estrechamente vinculado al de la seguridad del visitante, un aspecto que, a menudo, se olvida o minusvalora.

En este sentido, es de gran importancia plantearse seriamente el uso de estos elementos. Dotar de un futuro al pasado debe justificarse tanto en criterios de difusión como de viabilidad económica y rentabilidad social [AGUILAR, 2001].

Museo Minero de Ríotinto.

Sin duda, el ejemplo más destacado en el panorama andaluz es el onubense Museo Minero de Ríotinto (creado en 1992), un amplio proyecto [AGUILERA, 2001] del que tenemos abundante información en este mismo boletín.

Definitivamente cerrado en 1991, el coto minero de Linares presenta en su misma amplitud y diversidad graves problemas de conservación y gestión.

Destacan del conjunto de instalaciones (fundición de "San Luis" o los complejos de San Miguel, con el pozo más profundo de la Península, "La Cruz", "La Minera", Los Arrayanes"...), un elemento excepcional: la única instalación de bombeo general (llamada "casa bull"), para desagüe de las galerías, conservada en la Península.

Una reciente iniciativa, encabezada por el colectivo "Arrayanes", pretende habilitar una ruta (con una extensión total de 58 kilómetros) para visitar las 130 instalaciones mineras inventariadas que se conservan en Linares y municipios próximos (Bailén, La Carolina, Guarromán y Vilches). Se tienen previsto que la visita tenga por eje un "Centro de Interpretación de la Metalurgia", que recoja la importancia que la extracción de galena argentífera tuvo para la comarca entre 1875 y 1930, periodo en el que fue (junto al coto minero de Cartagena-La Unión) el mayor productor europeo [MORENO, 2001].

Mayores problemas de gestión presentan las minas de Alquife, en la vertiente septentrional de sierra Nevada (Granada), pues, mientras un colectivo de intelectuales y vecinos han solicitado su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) y Punto de Interés Geológico (PIG), la empresa propietaria mantiene diversos contactos para crear un "parque arqueológico industrial", todavía de contenido bastante inconcreto.

Carácter más medioambiental adquirió la rehabilitación por la Consejería de Obras Públicas hace unos diez años de parte de los edificios de Las Menas de Serón (Almería), coto minero cerrado en 1968 [ESPINOSA y MENA, 1997].

El resto de las iniciativas [GIL, 1994 y SOBRINO, 2001] mantienen un carácter local y dependen para su desarrollo, consecución y mantenimiento de la buena voluntad de los propietarios y, sobre todo, de la inversión obtenida de entidades locales y de los fondos regiones europeos de desarrollo para áreas rurales.

BIBLIOGRAFÍA

AGUILAR CIVERA, I. La investigación sobre el Patrimonio Industrial. Una revisión bibliográfica. Rev. TST, nº 1, 2001, pp. 169-86. Edic. electrónica: <enlace_externo url="http://www.tstrevista.com/descargas/dossier7.pdf"> http://www.tstrevista.com/descargas/dossier7.pdf </enlace_externo>

AGUILERA COLLADO, E. El Museo Minero: un proyecto progresivo de recuperación. En Preservación de la arquitectura industrial en Iberoamérica y España. Cuaderno IAPH, nº XII, 2001, pp. 256-74.

AMORES CORREDANO, F y LLORET MARÍN, T. Un lote de crisoles triangulares modernos en Sanlúcar de Barrameda. SPAL, nº 4, 1995, pp. 265-272.

ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL. Actes del I Congrés del Pais Valenciá. Colecc. Estudios de Historia Local, nº 7, Valencia: Diputación Valenciana, 1991.

ARRIBAS, A. CRADDOCK, P., MOLINA, F. y ROTHEMBERG, B. Investigación arqueometalúrgica en yacimientos de las Edades del Cobre y Bronce en el Sudeste de Iberia. En Minería y Metalurgia en las antiguas civilizaciones mediterráneas y europeas. Madrid, I, 1989, pp. 71-80.

BERNÁRDEZ GÓMEZ, Mª J., GUISADO DI MONTI J. C. y RUIZ CARMONA, S. Cuatro candiles inéditos de Río Tinto en el Museo de la escuela de Minas de Madrid: nuevos datos para el conocimiento de la minería musulmana en la zona. En Actas de las I Jornadas sobre minería y tecnología en la Edad Media peninsular. León, 1996, pp. 162-179. Que tengamos constancia, candiles de época intermedia (siglos XI a la primera mitad del XIII) han sido hallado en algunas minas de Linares y La Alpujarra.

BERTRAND, M., SÁNCHEZ VICIANA, J.R. y ZUBIAUR MARCOS, J.F. Mines et métallurgies médiévales de la Sierra Nevada (Région de Guadix, Prov. de Grenade). Premieres données. En Actas de las I Jornadas sobre minería y tecnología en la Edad Media peninsular. León, 1996, pp. 180-197.

BLANCO-FREJEIRO, A. y LUZÓN, J. Mª. Mineros antiguos españoles. En Archivo Español de Arqueología, nº 39, 1966, pp. 73-88.

BLANCO-FREJEIRO, A. y ROTHEMBERG, B. Exploración arqueometalúrgica de Huelva. Barcelona, Labor-Río Tinto Minera, 1981. ROTHEMBERG, B. y BLANCO-FREJEIRO, A. Ancient Mining and Metallurgy in South-East Spain. Londres: Institute for Archaeo-Mettallurgical Studies, 1981.

BOSCH GIMPERA, P. y DE LUXAN, F. Explotación de yacimientos argentiferos en el Eneolítico, en Almizaraque (prov. de Almería). En Investig. y Progreso, nº IX, 1935, pp. 112-117.

BUCHANAN, R. A. Industrial Archaeology in Britain. Harmondsworth, 1977 (Primera edición, 1972).

CAPEL, H. El turismo industrial y el patrimonio histórico de la electricidad. En Jornadas sobre Catalogación del Patrimonio Histórico. Hacia una integración disciplinar. Sevilla, 1995. IAPH. Sevilla,1996, pp. 170-195 (edición electrónica: <enlace_externo url="http://www.ub.es/geocrit/sv-14.htm"> http://www.ub.es/geocrit/sv-14.htm </enlace_externo>

CARA BARRIONUEVO, L. y RODRÍGUEZ LÓPEZ, J. Mª. Notas para el estudio de la minería almeriense anterior al siglo XIX. En Bol. Inst. Est. Almerienses, nº 6 L, 1986, pp. 11- 24.

CARA B., L. Las herrerías del Andarax. Notas para el estudio de la minería alpujarreña en los siglos XVI a XVIII. En Farua, nº 3, Almería, 2000, pp. 95-104.

CARA B., L. La minería de Sierra de Gádor, nuestro legado. Colección Patrimonio de la Alpujarra nº 1. Almería, 2002.

CARANDINI, A. Historias en la tierra. Manual de excavación arqueológica. Barcelona: Crítica-Arqueología, 1997.

CATALOGACIÓN del Patrimonio Histórico. Actas de las I Jornadas sobre Catalogación del Patrimonio Histórico. Hacia una integración disciplinar. Sevilla, 1995, Sevilla. IAPH, Sevilla, 1996.

COHEN, A. El Marquesado de Zenete, Tierra de Minas. Granada: Diputación de Granada, 1987.

COHEN, A. Minas y mineros de Granada (siglos XIX y XX). Granada: Diputación de Granada, 2002.

COLECCIÓN legislativa de minas, 3 vols. Madrid, 1889, 1890 y 1892.

CHECA, Fr. Labradores, pastores y mineros en el Marquesado del Zenete. Una monografía antropológica sobre Lanteira (Granada) (1890-1960). Granada, 1995.

DOCUMENTACION para la inscripción colectiva en el Catálogo General de Patrimonio Histórico de Andalucía, con carácter genérico, de los elementos industriales de interés arqueológico relacionados con la actividad minera en la provincia de Almería. Eugenio Cifuentes Vélez y Jaime López Gómez, con la colaboración de Baltasar Martínez Portillo. Trabajo encargado por la Delegación prov. de Cultura de la Junta de Andalucía. Almería, 13-XII-2000 (Mecanografiado). En la actualidad se tiene previsto ampliar esta documentación a otras provincias.

DOMERGUE, C.: Catalogue des Mines et Fonderies Antiques de la Peninsule Iberique. 2 vols, Madrid: Casa de Velázquez, 1987.

DOMERGUE, C. Les Mines de la Peninsule Iberique dans l'Antiquité Romaine. Roma, 1993.

FLORES, M. Río Tinto. La fiebre minera del XIX. Huelva: Instituto de Estudios Onubenses Padre Marchena, 1983.

FRANCO SILVA, A. El alumbre del Reino de Murcia. Una historia de ambición, intrigas, riqueza y poder. Murcia, 1996.

FRANCOVICH, R. (coord.). Archeologie delle attività estrattive e metallurgiche. Firenze, 1993 y Per una storia sociale delle attività estrattive e metallurgiche: a proposito di alcune recenti richerche archeologiche nella Toscana mineraria del medioevo. En Actas de las I Jornadas sobre minería y tecnología en la Edad Media peninsular. León, 1996, pp. 19-35.

FRANCOVICH, R. y MANACORDA, D. (eds.). Diccionario de arqueología. Barcelona: Crítica-Arqueología, 2001.

GIL VARÓN, L. Río Tinto. Papeles Socioeconómicos de una Gran Mina Andaluza en Régimen Colonial. Huelva, 1984.

GIL VARÓN, L. Arqueología minera de Los Pedroches. En 1ª Jorn. Ibéricas del Patrimonio Ind. y de la Obra Pública. Sevilla-Motril, 1990. Sevilla: Consejería de Cultura, 1994, pp. 377-83.

A. GÓMEZ MARTÍNEZ, J. y COVAS NAVARRO, J. V. Trenes, cables y minas de Almería. Almería: Inst. Est. Almerienses, 1994.

GÓMEZ RAMOS, P. Historiografía de la arqueometalurgia en España. En Boletín de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología, nº 37, 1997, pp. 139-150.

GONZÁLEZ, T. Registro y relación general de minas de la corona de Castilla. 2 t. Madrid, 1832.

GONZÁLEZ-MORENO NAVARRO, A. Reutilización del patrimonio industrial. En 1ª Jorn. Ibéricas del Patrimonio Ind. y de la Obra Pública. Sevilla-Motril, 1990. Sevilla: Consejería de Cultura, 1994, pp. 419-24.

HUDSON, K. Industrial Archaeology. An Introduction. Londres, 1964.

IZARZUAGA LIZARRAGA, I. y OLAIZOLA ELORDI, J. J. Inventario del patrimonio industrial en España: una aproximación al estado de la cuestión. En 1ª Jorn. Ibéricas del Patrimonio Ind. y de la Obra Pública. Sevilla-Motril, 1990. Sevilla: Consejería de Cultura, 1994, pp. 3-61.

LÓPEZ, T. Diccionario geográfico de... Almería. Ed. y est. de SEGURA, Cr. Almería: Inst. Est. Alm, 1985 y Diccionario geográfico de Andalucía: Granada. Sevilla, 1990.

MADOZ, P. Diccionario geográfico-estadistico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Madrid, 1845-1850. Edic. Facsímil de cada una de las provincias andaluzas: 1986 (Cádiz, Málaga y Sevilla), 1987 (Córdoba y Granada) y 1988 (Almería, Huelva y Jaén).

MARTÍNEZ MARÍN, A. Arqueología industrial en Almería. Guía de la Exposición. Almería: Inst. Est. Almerienses. Almería, 1985.

MONTERO RUIZ, I. Estudio Arqueometalúrgico en el Sudeste de la Península Ibérica. Colección Madrid: Universidad Complutense, Tesis Doctoral, 1992 y El origen de la metalurgia en el Sudeste de la Península Ibérica. Almería: Instit. Est. Almer,. Colección de Investigación 19, 1994.

MORA PIRIS, P. La Real Fundición de bronces de Sevilla, ejemplo de arqueología industrial dieciochesca. En 1ª Jorn. Ibéricas del Patrimonio Ind. y de la Obra Pública. Sevilla-Motril, 1990. Sevilla: Consejería de Cultura, 1994, pp. 663-68

MORALES SÁNCHEZ, R. y GAGO VÁZQUEZ, A. (coord.). El patrimonio industrial. El Cable Inglés de Almería. Almería: Inst. Est. Almer., 2001 y Arqueología industrial y entorno urbano: reflexiones sobre la recuperación del Cable Inglés de Almería. En Preservación de la arquitectura industrial en Iberoamérica y España.Sevilla: Cuaderno IAPH XII, 2001, pp. 318-28.

MORENO RIVILLA, A. Un proyecto para la valorización de los vestigios mineros e industriales de Linares. En Preservación de la arquitectura industrial en Iberoamérica y España. Sevilla: Cuaderno IAPH XII, 2001, pp. 297.

NADAL, J. Industrialización y desindustrialización del Sureste español, 1817-1913. En Moneda y Crédito nº 120, 1972, pp. 3-80.

OREJAS, A., PLÁCIDO, D., SÁNCHEZ-PALENCIA, F. J. y FERNÁNDEZ-POSSE, Mª D. Minería y metalurgia. De la protohistoria a la España romana. En Stvd. Hist., Hª Antig., nº 17, 1999, pp. 253-298.

PÉREZ, J. A. Metalurgia Extractiva Prerromana en Huelva. Huelva: Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1996.

PÉREZ DE PERCEVAL VERDE, M. A. Fundidores, mineros y comerciantes. La metalurgia de Sierra de Gádor, 1820-1850. Almería, 1985.

RAMÍREZ COPEIRO, J. Ingleses en Valverde. Aspecto Humano de la Minería Inglesa en la Provincia de Huelva. Huelva, 1985.

RAMOS, A., MARTÍNEZ, G., RÍOS, G., GARCÍA, A., JABALOY, A. y ERIGARAY, C. La Venta flint mine (Southeast Spain). A report on integrated Geoarchaeology in field methodology. En Abstracts del VI Symposium del Sílex, (Madrid-Bilbao-Granada 1991). Madrid, 1991, pp. 170-173.

RUIZ GARCÍA, A. Arqueología industrial almeriense: memoria histórica, recursos didáctico y potencialidad turística. En MORALES, R. y GAGO, A., (eds.). Actas del Seminario "El Cargadero de mineral. Una apuesta de futuro. En El patrimonio industrial. El Cable Inglés de Almería. Almería: Inst. est. Almer., 2001, pp. 13-33.

SÁNCHEZ GÓMEZ, J. De minería, metalúrgica y comercio de metales. La minería no férrica en el Reino de Castilla, 1450-1610. 2 vols. Salamanca, 1989.

SÁNCHEZ PICÓN, A. La minería del levante almeriense, 1838-1930. Especulación industrialización y colonización económica. Almería, 1983.

SÁNCHEZ PICÓN, A. (coord.). El siglo minero. Imágenes de una Almería del siglo XIX. Almería: Inst. Est. Almer., 1991.

SÁNCHEZ PICÓN, A. La presión humana sobre el monte en Almería durante el siglo XIX. En SÁNCHEZ P., A, (ed.). Historia y medio ambiente en el territorio almeriense. Almería: Univ. de Almería, 1996, pp. 169-202.

SIRET, H. y L. Les Premiers Âges du Métal dans le sud-est de l'Espagne. Amberes, 1887 (traducc. española. Barcelona, 1890).

SOBRINO SIMAL, J. El impacto medioambiental del desarrollo tecnológico en la historia de España. En 1ª Jorn. Ibéricas del Patrimonio Ind. y de la Obra Pública. Sevilla-Motril, 1990. Sevilla: Consejería de Cultura, 1994, pp. 235-41.

SOBRINO, J. El complejo minero de Villanueva del Río y Minas. En El Patrimonio Industrial en Andalucía. Sevilla: Consejería de Cultura, 2001, pp. 143-149

TICCIH [Comisión Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial]: VIII Congreso Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial. Madrid: Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo-CEHOPU, 1995.

TOMÁS GARCÍA, L. La campaña de protección del patrimonio tecnológico de Andalucía en el programa de Juventud y Cultura de la Junta de Andalucía. En 1ª Jorn. Ibéricas del Patrimonio Ind. y de la Obra Pública. Sevilla-Motril, 1990. Sevilla: Consejería de Cultura, 1994, pp. 521-24.

THOMPSON, P. La voz del pasado. Historia oral. Valencia, 1988.

TORRÓ, J. Arqueología, trabajo y capital. En Sociología del Trabajo, nº 22, 1994, pp. 47-62.

VALLVE BERMEJO, J. La minería en Al-Andalus. En Actas de las I Jornadas sobre minería y tecnología en la Edad Media peninsular. León, 1996, pp. 56-64.

Notas

1.- Además de estas aoportaciones que tengamos constancia, candiles de época intermedia (siglos XI a la primera mitad del XIII) han sido en algunas minas de Linares y La Alpujarra.

Índice Boletín 45

Artículo a texto completo


Referencias: CARA BARRIONUEVO, Lorenzo. El patrimonio minero andaluz. El futuro de un pasado. En PH Nº 45. El futuro de un pasado. Sección Información: Patrimonio Histórico Andaluz

Compartir esto

¿Sabes cómo compartir?

Facebook Twitter Delicious Myspace Menéame
Los contenidos de esta web, incluidas las imágenes, están sujetos a una licencia de Creative Commons si no se indica lo contrario. Para el Banco de Imágenes, ver especificaciones.
Creative Commons W3C W3C W3C
INSTITUTO ANDALUZ DEL PATRIMONIO HISTÓRICO

Sede Central:
Camino de los Descubrimientos, s/n. 41092 Sevilla
Tel. 955037000 | Fax 955037001

Centro de Arqueología Subacuática:
Balneario de la Palma. Duque de Nájera, 3. 11004 Cádiz
Tel.956203394 | Fax.956203417