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Guía Digital del Patrimonio Cultural

Arquitectura militar en tierras del interior de Andalucía

Es evidente que el turismo tiene gran importancia para el desarrollo de un país, produciéndose en los últimos tiempos un cambio en las tendencias de parte del sector que intenta pasar de un modelo de crecimiento expansivo a otro que ha venido a denominarse turismo sostenible. En ese sentido, el patrimonio cultural se va configurando como uno de los elementos que conforman un turismo diferente con unos componentes más especializados en la búsqueda del uso del tiempo de ocio (1). El modelo tradicional basa su objetivo en el incremento del número de visitantes y la obtención de beneficios a corto plazo procurando una oferta homogénea que no tiene en cuenta ni la capacidad del territorio ni el respeto a la cultura o tradiciones locales (2). Este modelo ha tenido como consecuencia una transformación, en gran medida negativa, del medio físico y un deterioro de la calidad ambiental y de vida en el lugar. Las propuestas más recientes de aplicación turística buscan en cambio lograr unir aspectos como son el desarrollo económico, la justicia social o la eficaz gestión de los recursos del territorio, dentro de un concepto de desarrollo sostenible.

En 1987 el informe Brundtland expuso que era imprescindible utilizar vías de desarrollo sostenible que ajustaran la actividad económica al entramado que supone la vida en la tierra. En este mismo informe se insistió sobre la necesidad de comprender el desarrollo sostenible como un proceso continuo de cambio en el que se armonicen el desarrollo y la explotación de los recursos hacia las necesidades presentes y futuras (3). Asimismo, la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 adoptó el programa de Acción Agenda 21, planteando que el desarrollo sostenible debía atender las necesidades económicas actuales pero sin comprometer el futuro ya que el proceso de producción económica debe compaginar la explotación de los recursos naturales con las necesidades económicas y empresariales. De esta forma es posible definir dos de los principios básicos del desarrollo sostenible. El primero de ellos debe ser la perdurabilidad ya que el desarrollo tiene que permanecer en el tiempo y no ser una actuación que por agotamiento de recursos y esfuerzos finalice en un plazo relativamente corto. El segundo sería la integralidad, ya que el desarrollo sostenible debe abarcar todas las facetas del desarrollo humano: política, económica, social, cultural, ambiental, etc. Así, éste debe garantizar tres aspectos fundamentales: la sostenibilidad ecológica ?asegurando los recursos y la continuidad de los procesos ecológicos-, la sostenibilidad cultural y social ?facilitando que los individuos puedan compatibilizar el desarrollo con sus señas de identidad-, y la sostenibilidad económica ?permitiendo que el desarrollo y los recursos se conserven para el futuro- (4).

En esta línea el fomentar actividades de desarrollo turístico, que permitan realizar un turismo activo y participativo, favorecería la puesta en valor de territorios normalmente fuera de los circuitos comerciales, propiciando un mayor desarrollo económico pero respetando y conservando las peculiaridades ambientales y culturales de cada zona. Para ello sería necesario la realización de una serie de actuaciones que deben ir desde las actividades de promoción y animación hasta la investigación de la potencialidad de los recursos existentes, buscando una oferta completa que pueda atraer a los posibles visitantes.

Reales Alcázares de Sevilla

En ese sentido, el patrimonio histórico es un recurso importantísimo para el desarrollo económico y como tal debe integrarse su uso en las diferentes políticas regionales que se lleven a cabo (5). Para poder utilizar los elementos del patrimonio histórico como recurso turístico hay que buscar en ellos cuales son sus potencialidades para el beneficio de la comunidad y esto sólo puede hacerse desde la interpretación y presentación del ente patrimonial dentro de las propias coordenadas culturales del lugar (6). Aunque sin perder la visión unitaria que debe tener el conocimiento de un lugar concreto, un recurso que puede ser utilizado para estos fines es el de la arquitectura militar, de la que tantos ejemplos existen en Andalucía como muestra de su devenir histórico.

Andalucía ha sido una región fronteriza, donde en multitud de casos se han dirimido las diferencias políticas y territoriales de los distintos estados que han ido surgiendo en la Península Ibérica. Así es de sobra conocida la historia de la Edad Media andaluza caracterizada por las continuas luchas entre reinos cristianos y musulmanes y que incluso han dejado una clara muestra en la toponimia de multitud de localidades (7). Esta época dejó cubierto el territorio andaluz de innumerables fortalezas y castillos como muestra de este pasado bélico. Pero esta historia de conflictos continua en los siglos sucesivos desarrollándose en Andalucía una política defensiva que conllevó la construcción de innumerables fortificaciones, baluartes y demás elementos para la protección del territorio y sus poblaciones. Así, hay que señalar varios hitos que marcan esta política constructiva. El primero de ellos y de gran importancia es la defensa costera, centrándose principalmente en dos tipos de puntos. En primer lugar, la de los puertos y las ciudades, por ejemplo todo el recinto fortificado de Cádiz. Y en segundo lugar la creación de una serie de puntos y puestos de observación a lo largo de todo el litoral a través de torres. Son las torres almenaras que pueblan todas las costas andaluzas, tanto atlánticas como mediterráneas. En el caso del occidente andaluz son obras originarias del siglo XVI que intentaban crear una línea defensiva entre el Guadiana y el Guadalquivir (8). Los enemigos a los que había que hacer frente eran de diferente origen. Por un lado las continuas incursiones de los piratas berberiscos que asolaron la costa andaluza durante bastante tiempo, y por otro, los ataques de potencias europeas, principalmente ingleses y holandeses, que tuvieron su culminación con la toma de Cádiz en 1596.

Otro punto de fricción continuo era la frontera portuguesa. Castilla y Portugal se encuentran desde la Baja Edad Media en una continua pugna por establecer claramente su frontera en la Península Ibérica, y posteriormente también en los diferentes territorios ultramarinos. Si bien el río Guadiana establece una frontera natural muy precisa es cierto que durante largo tiempo las incursiones bélicas en uno y otro sentido son continuas. Aunque a partir de 1580 la unificación de las dos coronas bajo Felipe II significa un periodo de relativa paz, con la independencia de Portugal a mediados del siglo XVII se reanudan los encuentros armados con dos hitos importantes radicados en la guerra de Sucesión Española a comienzos del siglo XVIII y la guerra de las Naranjas de 1801 (9). Esta situación hace que el territorio de la actual provincia de Huelva sea una zona donde se realizan multitud de esfuerzos para la creación de espacios defensivos, sean de nueva construcción o, lo que es habitual, la reutilización de las antiguas fortalezas medievales.

También marca el sistema defensivo andaluz otro hito histórico que es la guerra de Sucesión Española que hace que gran parte de Andalucía sea territorio de conflicto. En este sentido es importante señalar la toma de Gibraltar por las tropas británicas en 1704 y la consiguiente reacción española que durante todo el siglo XVIII intentará la reconquista del peñón, lo que lleva a la construcción de algunos recintos de defensa y que suponen incluso la creación de la ciudad de la Línea de la Concepción. Por último, habría que señalar que durante la Guerra de la Independencia un gran número de poblaciones tuvo que adaptar una serie de edificios tanto para acuartelamientos como fortificaciones defensivas.

Real Maestranza de Artillería. Sevilla

Aunque históricamente Andalucía ha sido, como se ha visto, tierra de fronteras, este es un problema que aún continua. Si bien la pertenencia de España a la Unión Europea hace que los enemigos ya no sean los tradicionales, sí es cierto que aún existen fronteras que se fortifican, aunque ahora con medios electrónicos y de vigilancia, para evitar fenómenos de tan diversa índole como pueden ser los de la inmigración, el contrabando o el tráfico de drogas.

Todas estas circunstancias políticas hacen que desde comienzos de la Edad Moderna se vaya planteando un cambio radical en la concepción de la arquitectura militar. Una de las razones básicas de esta evolución que supera el anterior concepto medieval del castillo, es la transformación que deben sufrir las fortificaciones por el uso y avance de la artillería. Así se van creando nuevos modelos de fortificación, potenciando el baluarte y las formas que puedan defender las plazas de los ataques artilleros. En este sentido el hecho de que España tenga a lo largo de estos siglos una enorme intervención política y militar en Europa hace que las relaciones con los teóricos e ingenieros europeos, principalmente italianos, sea enorme. A lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII se publican numerosos tratados sobre fortificaciones que van contribuyendo a la creación de diversas tipologías defensivas. A esto hay que unir la existencia de los ingenieros militares, personas de gran preparación científica que van llenando el territorio de innumerables fuertes, puestos, baluartes, etc. También hay que señalar que en esta época va a aparecer un nuevo tipo de construcción que es el cuartel, ya que el estado moderno necesitaba un ejercito permanente que apoyara su política y por lo tanto de lugares para tenerlo alojado. Así, sobre todo en el siglo XVIII, en Andalucía van a plantearse numerosas propuestas de construcción de cuarteles en muchas localidades para el acantonamiento de las tropas (10). Asimismo, y gracias a las políticas reformistas de la dinastía borbónica, se plantea la necesidad de erigir industrias y fábricas que colaboren en los esfuerzos bélicos. De todas formas, habría que señalar que en gran medida por motivos económicos muchas de las construcciones planteadas no se llevaron a cabo por lo que son reutilizadas las ya existentes. En el caso de las fortificaciones se usan en gran medida los castillos y murallas medievales con las oportunas reformas, y para cuarteles otros edificios que debían tener la capacidad necesaria. Este es un fenómeno que, principalmente a lo largo del siglo XIX, se va a potenciar con el uso de conventos y monasterios como cuarteles, favorecidos por las diversas políticas desamortizadoras.

A pesar de ello sí quedan los vestigios suficientes de arquitectura militar moderna como para plantear su utilización como recurso turístico y de desarrollo. La fórmula más optima para rentabilizar el conocimiento de una determinada zona puede ser el itinerario. Este debe integrarse en un ámbito geográfico concreto para buscar un conocimiento totalizador del mismo. No se debe tender sólo al conocimiento y visita de un edificio o ente concreto sino buscar la comprensión de una realidad compleja. En el itinerario hay que buscar un motivo central que de sentido a toda la visita. En el caso que nos ocupa este motivo será la arquitectura militar moderna o del Antiguo Régimen, estudiada desde una doble óptica. En primer lugar como fenómeno de desarrollo y configuración urbana, para lo cual se analizará someramente el caso de la ciudad de Sevilla. En segundo lugar se verá su desarrollo en un ámbito rural como es el de la frontera con Portugal, viendo también como el itinerario puede ser un elemento de desarrollo transnacional y colaborar a la comprensión de diferentes culturas. La intención de este artículo no es la de realizar un estudio histórico o artístico de estas construcciones sino simplemente la de señalar una serie de hitos que puedan ayudar a configurar estos itinerarios, pero sin olvidar nunca que todo ente patrimonial se encuentra inmerso en una realidad ambiental, cultural y artística superior.

Con respecto a la primera propuesta de itinerario habría que decir que Sevilla ha tenido históricamente cierta importancia militar, aunque a partir de la Baja Edad Media ésta radicaba más en ser sede de gobierno y centro administrativo, y en lugar de estacionamiento de tropas e industrias militares. Como recinto fortificado hay que señalar las murallas construidas en la primera mitad del siglo XII por los Almohades, de las que se conservan bastantes restos, y en las que destacan las dos puertas aún existentes. En primer lugar el Arco de la Macarena, muy reformado desde el siglo XVI para darle un sentido más monumental y menos defensivo, aunque su aspecto actual responde a la reforma realizada por José Echamoros en el siglo XIX. La otra puerta es el Postigo del Aceite reformado en 1575 por Bartolomé Tortello. Asimismo, existen una serie de torres entre las que sobresale la del Oro a orillas del río, cuyo acceso defendía. Esta obra de origen musulmán fue reformada en 1760 por Sebastián Van der Borcht.

torre vigía

Otro elemento que debe ser estudiado son los diferentes cuarteles existentes. Así, en Sevilla hay edificios que fueron antiguos conventos y que después han sido utilizados para el alojamiento de tropas. En este sentido es a partir de la Guerra de la Independencia y la ocupación de la ciudad por las tropas francesas cuando la mayor parte de los monasterios masculinos se convierten en espacios para el acantonamiento militar. Posteriormente con las políticas desamortizadoras de los gobiernos liberales estos edificios vuelven a cubrir este cometido. Es, por ejemplo, el caso del cuartel del Carmen de la calle Baños, antiguo convento de carmelitas descalzos. Pero también hay otros edificios que aunque no se conserven también han sido cuarteles y que luego han dado lugar a espacios urbanos que han configurado la imagen de la ciudad, como es el caso del cuartel de San Pedro en la actual plaza del Cristo de Burgos (11). En este sentido otro edificio de singular interés es el antiguo cuartel de Intendencia, actual sede de la Diputación Provincial de Sevilla, obra del sigo XVIII.

Pero también en un itinerario urbano por la Sevilla militar de estos siglos es interesante observar que la ciudad fue sede de industrias de carácter bélico a lo largo de los siglos XVIII y XIX. En ese sentido existieron fábricas como la fundición de bronce, la Maestranza de Artillería, la fábrica de salitre, la fundición de artillería, la fábrica de pólvora de Santa Bárbara o la fabrica de fusiles. Desgraciadamente pocos de estos edificios se conservan, aunque aún existen la fundición de artillería y la Real Maestranza de Artillería, ambas obras del siglo XVIII (12).

Por último no puede faltar una referencia a la Cartuja de las Cuevas, que a lo largo de la Guerra de la Independencia fue convertida en fortificación por las tropas francesas, transformando para esta función tanto el territorio que rodeaba el convento, como sus muros exteriores y el interior del edificio. De esta forma se fortificó todo el recinto construyendo fosos, aspilleras, taludes, puestos de vigilancia, etc. También el recinto interior fue adaptado para el alojamiento de tropas. A pesar de que la historia del edificio con su posterior conversión en fábrica de cerámica han hecho que se conserve poco de su función militar, aún es posible observar algunos de estos aspectos en el edificio (13).

El segundo de los itinerarios propuestos es totalmente diferente al anterior. En primer lugar se realizará por una zona rural ya que se refiere a las comarcas del Andévalo y la Sierra en la provincia de Huelva y sus límites fronterizos con Portugal, en la que habría que recorrer diversas localidades lo que se ve dificultado por las poco optimas vías de comunicación de la zona. En segundo lugar la historia de la zona se ha caracterizado por los continuos conflictos fronterizos con Portugal lo que ha condicionado la evolución de las construcciones militares de este territorio. De la importancia de la arquitectura militar de la zona son clara muestra el gran número de proyectos constructivos que existen, la mayor parte de ellos no llevados a la practica, pero que han dejado un rico patrimonio documental y gráfico en diferentes archivos (14). A pesar de ello, para la defensa de la zona era habitual, por motivos económicos, el uso de las antiguas fortificaciones medievales con las oportunas modificaciones.

Esta propuesta, en una ruta que iría de sur a norte siguiendo la línea del Guadiana, podría empezar en Ayamonte, ciudad de excepcional importancia por la defensa del puerto y la desembocadura del Guadiana. La ciudad tuvo un castillo de origen medieval que no se conserva y varias baterías y fortines "mezquinamente artillados" (15)., de las que aún pueden observarse algunos restos al norte de la población, principalmente del hornabeque del Socorro. Seguidamente se encuentra la ciudad de Sanlúcar de Guadiana donde está el castillo de San Marcos, actualmente muy deteriorado, utilizado tradicionalmente para la defensa de la zona ya que estuvo fuertemente artillado para sus enfrentamientos con la vecina población de Alcoutim. El siguiente punto de este itinerario podría ser Paymogo donde se encuentra el edificio de la iglesia parroquial y el castillo que fue fortificado en el siglo XVIII en prevención de las invasiones portuguesas.

Ya entrando en la Sierra de Huelva, Aroche que ofrece uno de los recintos más interesantes de la ruta, al presentar un interesante castillo medieval del siglo XII y las murallas que actualmente se encuentran englobadas en el caserío, y que se componen de un recinto artillero de cuatro baluartes y una torre en el cerro superior, construido en el siglo XVII para la defensa de la población. A continuación Cortegana dominada por su castillo y murallas del siglo XIV que sufrieron continuas reformas hasta el siglo XVIII por los desperfectos que causaron los diversos combates que allí tuvieron lugar. Posteriormente en Cumbres de San Bartolomé, existe un castillo del siglo XIII, que presenta diversas reformas en sus murallas. Por último, la población de Encinasola tiene un castillo de origen islámico del que sólo se conservan algunos lienzos de murallas ya que sufrieron un gran deterioro en la Guerra de la Independencia. En los extremos de esa población están dos fuertes o baluartes del siglo XVI, el de San Felipe, dedicado a Felipe II, y el de San Juan, dedicado a don Juan de Austria.

Pero este itinerario no estaría completo si no se pudiesen conocer las poblaciones portuguesas que se enfrentaron a estas onubenses. Así cerca de Encinasola está la población de Barrancos donde se observa el castillo de Noudar del siglo XIV reformado en 1510. En Moura existen unos interesantes cuarteles y fortificaciones de los siglos XVII y XVIII. Volviendo hacia el sur la población de Serpa presenta un castillo musulmán, pero sobre todo habría que destacar sus murallas reformadas en el siglo XVII sobre las que además se sitúa un acueducto. Es muy interesante la fortaleza de Alcoutim, del siglo XIV, muy reformada en el siglo XVI a causa de los enfrentamientos con la vecina Sanlúcar de Guadiana. Por último, finalizando la ruta, habría que referirse al castillo de Castro Marín frente a Ayamonte, originario del siglo XIII, y muy modificado a lo largo de los siglos para la defensa ante las fortificaciones ayamontinas. Esos enfrentamientos son la razón por la que en el siglo XVII frente a este castillo se construyó el fuerte de San Sebastián (16).

Castillo. Cortegana

Aunque existen multitud de otros edificios de carácter militar en estas zonas los que se han citado constituyen un itinerario natural a ambos lados de la frontera, y con su elección se pretende la puesta en valor de un patrimonio muchas veces olvidado por diversas razones pero que ha configurado el carácter y la imagen de estas poblaciones. Su conocimiento y difusión integrados dentro de itinerarios culturales o turísticos pueden ayudar a potenciar el desarrollo del territorio siempre dentro de una actitud de respeto y conservación, y teniendo en cuenta todos aquellos factores que configuran la forma de ser de una zona.

Notas

1. Véase: MARCHENA GÓMEZ, M. y CARRASCO NIEVES, G.: "La promoción turística del patrimonio cultural en Andalucía". En Cuadernos VII. Difusión del Patrimonio Histórico. Sevilla, 1996. Págs. 75-85.

2. Sobre este tema es interesante el libro de FRACUELL I SANSBELLÓ, R. M. (coord.): Turismo sostenible en el Mediteráneo: guía para la gestión local. Gerona, 1998.

3. Este informe fue publicado por la Comisión de las Naciones Unidas para Medio Ambiente y el Desarrollo: Cit.: Turismo sostenible...Ob. cit. Pág. 14

4. Véase: Turimo sostenible... Ob. cit. Págs. 15-16.

5. Esto es reconocido en el propio Plan General de Bienes Culturales de Andalucía 1996-2000. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. (1997). Págs. 19-25.

6. Véase: SIVAN, R.: "El futuro del pasado. El producto turístico y la conservación de los bienes culturales". En Cuadernos VII:... Ob. cit. Págs.: 38-43.

7. Por ejemplo, los nombres de localidades como, entre otras, Jerez de la Frontera, Morón de la Frontera, Arcos de la Frontera, Cortes de la Frontera, etc.

8. Para conocer más sobre estas torres véase el libro de MORA FIGUEROA, L. de: Torres de almenara de la costa de Huelva. Madrid, 1981 y FALCÓN MARQUEZ, T.: "Faros y torres de almenara en el litoral andaluz". En Arquitectura e iconografía artística militar en España y américa (Siglos XV-XVIII). Sevilla, 1999. Págs. 339-353.

9. Recientemente ha sido publicado sobre la guerra de 1801 el artículo de SÁNCHEZ MANTERO, R.: "Godoy, el Pacificador". En La Aventura de la Historia, nº. 32. Madrid, 2001. Págs. 48-52.

10. Sobre este tama verse, entre otros,: MARZAL MARTÍNEZ, A.: "Notas sobre arquitectura dieciochesca en Andalucía: cuarteles". Actas I Congreso de Historia de andalucía. Vol. IV. Andalucía Moderna. Siglo XVIII. Tomo II. Córdoba, 1978.; ARROYO BERRONES, E. R.: "El cuartel de los Caballeros Cuantiosos de la plaza de San Francisco de Ayamonte". IV Jornadas de historia de Ayamonte. Huelva, 2000. Págs. 273-302; BAENA GALLÉ, J. M.: "Bartolomé de Amphoux: proyectos de cuartel y puente para Arcos de la Frontera". Laboratorio de Arte, nº. 6. Sevilla, 1993. Págs.: 343-357.; HERNÁNDEZ NÚÑEZ, J.C.: "Gerónimo Amici y los proyectos de cuarteles para el regimiento de caballería de Andalucía, en la provincia de Huelva". Espacio, Tiempo y Forma. Serie VII. Tomo 4. Madrid, 1991. Págs.: 239-264.

11. Véase: OLIVER CARLOS, A.: La arquitectura y el lugar: análisis histórico-urbanístico de una manzana de la ciudad de Sevilla. Sevilla, 1987.

12. Sobre estos edificios pueden verse: VEGA VIGUERA, E. de la: "La Sevilla del siglo XIX, capital mundial de la concentración de industrias militares". Tres estudios sobre Sevilla. Sevilla, 1984. Págs.: 81-105; y del mismo autor: Sevilla y la Real Fundición de Cañones. Sevilla, 1992.

13.Véase: MARTÍNEZ MONTIEL, L. F.: "De monasterio a cuartel: la fortificación de la Cartuja de Sevilla durante la Guerra de la Independencia". Archivo Hispalense, nº. 238. Sevilla, 1995. Págs.: 137-149.

14. Para conocerlo puede verse, CORTÉS JOSÉ, J. (coord.): Catálogo de cartografía histórica de Huelva. Sevilla, 1995.

15. MADOZ, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar: Huelva. Valladolid, 1988. Pág.: 29. Sobre estas fortificaciones, ROMÁN DELGADO, J.: "Las fortificaciones de Ayamonte en el siglo XVIII". Arquitectura e Iconografía... Ob. Cit.Págs.: 501-520.

16. Ya en el siglo XIX un historiador decía de la fortaleza de Castro Marín que estaba "en pie y cuidada (y) constrasta por notable modo con la destruida de Ayamonte". Cfr.: AMADOR DE LOS RÍOS, R.: Huelva. Barcelona, 1891. Ed.: Madrid, 1983. Págs.: 656.

Índice Boletín 36

Artículo a texto completo


Referencias: BAENA GALLÉ, José Manuel.. Dos propuestas de itinerarios culturales en Andalucía Occidental sobre arquitectura militar. En PH Nº 36. Arquitectura militar en tierras del interior de Andalucía. Sección Información: Patrimonio Histórico Andaluz.

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