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Denominación:

Inmaculada del Padre Eterno. Museo de Bellas Artes de Sevilla.


Datos intervención:

Registro: 19P/96
Anualidad: 1999
Bien: Mueble
Tipo: Pintura
Técn./Soporte: Óleo sobre lienzo
Propiedad/Demandante: Demandado por el Ministerio de Educación y Cultura
Término municipal: Sevilla
Ámbito geográfico: Sevilla
Titularidad: Público

Identificación del bien:

Autoría: Bartolomé Esteban Murillo
Encuadre crono cultural: Barroco. Escuela Sevillana. SVII. 1668-1669.

Descripción:

El origen de la obra, se debe al encargo de una serie de cuadros encomendados a Bartolomé Esteban Murillo entre los años 1665 a 1669, por la comunidad frailes capuchinos de Sevilla. Este convento se fundó en 1627 cuando los capuchinos fueron autorizados para tener casa en Sevilla. Eligieron una vieja ermita extramuros en la zona norte, frente a la puerta de Córdoba, que estaba bajo la advocación de las Santa Vírgenes Justa y Rufina. Esta pintura de formato rectangular actualmente, aunque acaba en medio punto, posee una composición en diagonal, propia del estilo más profundo del barroco. Se representa a la Inmaculada ascendente y en la zona superior de la obra aparece el Padre Eterno con sus brazos extendidos en actitud acogedora. A los pies, el globo terráqueo y el dragón. Intenso resplandor de tonos áureos enmarcan la figura de María, en torno a la cual se mueve una gloria de pequeños ángeles. La escena que representa este lienzo es el momento en que la Virgen María es eximida del pecado original por Dios Padre, que desde que lo cometieron nuestros primeros padres, aprisiona a la humanidad que es lo que simboliza en la parte inferior del cuadro un dragón que representa al demonio que abraza el globo terráqueo. Iconográficamente La Inmaculada del Padre Eterno es singular con respecto a las demás representaciones de la Concepción de María de este maestro, denominado el pintor de las Inmaculadas. Una de la características propias de Murillo que se aprecia en esta obra, es que entorno a la cabeza de la Purísima aparece una especia de aureola de un intenso color dorado que sirve para intensificar y realzar el rostro de la imagen al igual que lo hiciera en la Concepción Grande o Colosal de 1650 y la realizada en 1667 de la Sala Capitular de la Catedral de Sevilla. Estéticamente Murillo supo introducir en su pintura un sentido realista en sus figuras y a su vez supo transmitir una espiritualidad trascendental en sus obras como se demuestra en este cuadro. Además fue un excelente dibujante y un habilidoso colorista, técnica que fue dominando a través de su evolución estilística. Este cuadro presenta dos notables novedades, dentro de las numerosas Inmaculadas de Murillo, que son la presencia en la zona superior de Dios Padre y en la parte inferior el globo terráqueo con el Dragón. Esta obra responde como pocas al deseo de la Reforma Católica de despertar el amor fervoroso del creyente con la contemplación de escenas más o menos humanas, sentimentales y tiernas de la vida de Cristo, María y los santos


Intervención:

Actuación:

El tratamiento de conservación-restauración realizado a la obra Inmaculada del Padre Eterno se inició tras un estudio previo del estado de conservación mediante el examen visual de la misma. Previamente a su intervención se documentó gráficamente mediante técnicas físicas de examen para el conocimiento del campo visible y no visible. Las técnicas empleadas fueron las siguientes:- Fotografías normales, con luz rasante y con luz ultravioleta, general y de detalles y radiografías. Se efectuaron analíticas para el conocimiento de los materiales constitutivos tanto de los estratos pictóricos (pigmentos, cargas, aglutinantes, etc.), como del soporte (fibras textiles del soporte original, entelado e injertos).Tras el estudio de los resultados obtenidos se elaboró un diagnostico y tras la propuesta del tratamiento adecuado se inició la actuación sobre la obra. En primer lugar se protegió la superficie pictórica con papel de seda y cola animal. Seguidamente se desmontó la obra del antiguo bastidor. Una vez libre y con el reverso a la vista se procedió a la eliminación del antiguo reentelado que ya no cumplía su función de protección y refuerzo del original y presentaba faltas de adhesión y deformaciones debidas a la debilidad del bastidor. El reentelado nuevo se realizó con lino belga y como adhesivo el tradicional a la gacha. El nuevo bastidor se diseñó siguiendo la misma tipología del anterior, reforzándolo con más sección, pero manteniendo los mismos machihembrados y los dos travesaños horizontales. El lienzo original es mixtilíneo presentando en la zona superior un arco rebajado. En la restauración anterior efectuada a la obra en el S. XIX lo transformaron en rectangular añadiendo dos piezas de lienzos adaptadas al arco hasta formar los ángulos rectos. Estas piezas añadidas presentaban buen estado de conservación por lo que fueron respetadas en esta última intervención. El trabajo de limpieza se realizó en dos fases ya que la pintura estaba cubierta por dos estratos de distintas características químicas. Estos fueron determinados previamente mediante el estudio de micro catas de limpiezas y con el apoyo técnico de los estudios analíticos. En primer lugar tras la elección de los disolventes adecuados se procedió a la eliminación de una primera capa de barnices oxidados, muy oscurecidos por el tiempo y que en algunas zonas presentaban carga de pigmentos para camuflar alteraciones subyacentes. La segunda capa seguía oscureciendo la obra, impidiendo la visión de las delicadas pinceladas casi transparentes con que Murillo trabajaba. Este estrato consistía en una pátina grisácea de dificultosa limpieza cuya eliminación dejó libre de elementos añadidos a la pintura. La limpieza permitió la visión correcta de las pinceladas y medias tintas de la obra y también los deterioros provocados por desgastes, roces o las abrasiones producidas por antiguas limpiezas. Los deterioros más importantes afectaban a la mitad inferior de la pintura, concretamente situados sobre el globo terráqueo situado bajo los pies de la figura de la Inmaculada y consistían en alteraciones con forma de chorreones verticales, probablemente debidos a un accidente en la utilización de un producto caústico utilizado en anteriores limpiezas. Terminada esta fase de trabajo se colocaron injertos de lino en las faltas de soporte. La más importante afectaba a toda la zona inferior de forma que el lienzo original no llegaba al borde del bastidor con una anchura aproximada de 4 a 7 cm. Las faltas de preparación fueron reintegradas con estuco compuesto de cola animal y sulfato cálcico. La reintegración cromática de las faltas de pintura y de los desgastes antes citados se han realizado de forma transparente, respetando la delicadeza del original y utilizando materiales reversibles.

Informe final

Sabemos por una etiqueta colocada en el reverso del cuadro, concretamente en el bastidor que la obra estuvo expuesta en la Exposición "400 años de la pintura española" que se celebró en Caracas (Venezuela) entre los días 19 de febrero y el 19 de abril de 1981 y figuró en su catálogo con el número 40.

  • Fotografía general con un corte de limpieza horizontal situado en la mitad superior. Se aprecia la diferencia tonal debida a la degradación de las capas de barniz. Fotografía general con un corte de limpieza horizontal situado en la mitad superior. Se aprecia la diferencia tonal debida a la degradación de las capas de barniz.
  • Busto de la Inmaculada con un corte de limpieza situado verticalmente en la mitad de la figura. Se aprecia en la zona limpia los trazos de la a ejecución pictórica y la belleza de los colores originales. Busto de la Inmaculada con un corte de limpieza situado verticalmente en la mitad de la figura. Se aprecia en la zona limpia los trazos de la a ejecución pictórica y la belleza de los colores originales.
  • Vista general después de la intervención. Vista general después de la intervención.

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