Uno de los oficios tradicionalmente más extendidos a lo largo de municipios dedicados al trabajo en el campo era el del astillero, artesano que elaboraba los denominados «astiles», o mangos, ordinariamente de madera, que tienen las hachas, azadas, picos y otros instrumentos semejantes.
Hoy día prácticamente desaparecidos con la introducción de la mecanización en la agricultura y la fabricación industrializada de herramientas de mano, en la localidad de Cabra aún se conserva uno de estos talleres que, desde que iniciara su actividad en torno a 1916, ha seguido fabricando manualmente, con madera de olivo, el astil de las herramientas usadas en la labranza de la huertas o en la construcción. El artesano que mantiene esta producción es continuador de la actividad iniciada por sus familiares, siendo esta nueva generación la que ha sabido conservarla.
La elaboración de estos astiles consiste en la talla de madera de olivo, la cual se va trabajando hasta conseguir el asta o mango de los escardillos, amocafres, azadas, hachas y toda una serie de herramientas artesanas para las tareas del campo. Una vez tallado, mediante la técnica del desbastado y pulido se reduce el grosor del mismo, según las preferencias en longitud que solicitan los clientes. Una vez finalizado el trabajo, el artesano marca la inicial de su nombre en el extremo del mango que, unido al tipo de tronco de olivo que ha utilizado y su curvatura, indican que está hecho de forma artesanal en la comarca de la Subbética de Córdoba, llegando esta forma a convertirse en un sello de identidad, dado que en otras comarcas de la provincia se producen astiles de troncos rectos.
La actividad se mantiene durante todo el año y, de momento, supone el modo de subsistencia para el artesano, ya que en su mayoría la producción se vende tanto a particulares, aunque también a intermediarios que lo comercializan.