Los primeros grupos de etnia gitana se registran en Andalucía con la llegada de los Reyes Católicos, emplazándose sus asentamientos en municipios de Jaén, como Martos, y en la provincia de Granada. Desde su llegada se dictan disposiciones, decretos y pragmáticas, y las persecuciones se suceden en el afán de conseguir una localización permanente del pueblo gitano o, en su caso, la expulsión. Durante el reinado de Carlos III, se abre un capítulo de tolerancia con la aplicación de una política diferente, ya que se promulga la Pragmática que reconoce a los gitanos como ciudadanos españoles.
Por las características de la organización social del pueblo gitano, cuya composición se estructura a partir de las relaciones de parentesco y sobre la base de ejes como el estatus, sexo y grupo de edad, el rol de la mujer ha formado parte de la economía del hogar y su trabajo ha trascendido sólo al ámbito de lo doméstico. Suelen desempeñar el papel importante de asegurar la subsistencia cotidiana de la familia. No obstante, las mujeres gitanas sacaban tiempo para desempeñar una actividad artesanal, la cestería, que habían aprendido de sus abuelas y que consistía en la elaboración de cestos o cestas de mimbre. De ahí la conocida expresión de «gitana canastera», que alude a la etnia y a la actividad.
Los oficios más comunes de la etnia gitana fueron y aún perduran: herreros, ganaderos, esquiladores y canasteros. Los gitanos más humildes, hombres y mujeres, se dedicaron a realizar canastas de mimbre o a la venta de ropa y objetos usados en los mercadillos.
Según los datos que se recogen en el libro de la población gitana de Íllora, publicado en 2004 por la «Asociación de Mujeres Gitanas ROMI», su autor, Antón Carmona Fernández, bajo el título «Historia de una familia gitana andaluza», en su trayectoria histórica «los gitanos adoptaron el trato de objetos y de animales, la compra/venta y otros oficios como el de artista cantaor a bailaor, que les permitían una relativa independencia respecto a las relaciones de producción de la sociedad mayoritaria y; asimismo, una organización propia del trabajo y la cooperación económica. Las alternativas que les ofreció la sociedad mayoritaria no fueron muy alentadoras para la población gitana, «debían someterse a un señor». El cambio, les situó en una situación no muy ventajosa para ellos, y tuvieron que practicar aquellos oficios que conocían y otros que la comunidad mayoritaria les ha ido imponiendo: oficios artesanales (que van desapareciendo en la actualidad), agricultura, industria»
Entre los oficios artesanales que todavía se siguen realizando destaca la cestería, una actividad que consiste en la elaboración de cestos o cestas. Los gitanos de Íllora realizaban sus trabajos en casas bajas de una sola planta, ocupada por dos habitaciones principalmente, una cocina y un dormitorio, distribución que evidencia un estado económico bajo. Estas casas se ubican en el barrio de la «Fuente Apolo» y de «El Cucúll», aunque muchas de estas viviendas, antes frecuentes, ahora son escasas. La mayoría de ellas han aumentado sus dimensiones o se han derribado para hacer otras. Sea como fuere, los trabajos de cestería se realizan coincidiendo con época de maduración de la mimbrera, de donde se obtiene el mimbre, y la mayor parte de las veces se desarrollan en el umbral de las casas como antaño.

En el taller casero se cuenta con todas las herramientas necesarias, que no son más que un par de pinzas livianas, para cortar los mimbres gruesos; un par de tijeras fuertes para recortar; una lezna; una regla; un cuchillo y una barrena con mechas de distintos tamaños.

El material más usado para este trabajo es el mimbre o la caña que se recoge desde los meses de abril a junio, en las inmediaciones de Illora, tal es el caso del arroyo de Santa Catalina. A veces el artesano mezcla materiales (caña y mimbre) que le permiten decorar y dar colorido a la canasta.

Antes de comenzar a confeccionar la canasta es necesario macerar la mimbre en agua tibia durante unos ocho y diez minutos, pues si se supera ese tiempo pierde color. En caso de utilizarse caña hay que cortar con un cuchillo las tiras. Para tejer una cesta se comienza el trabajo por la base de la canasta, de la que salen las hebras de mimbre a las que se denomina «tejedoras». Estas se van entretejiendo con las anteriores pasándolas por delante y por atrás de los soportes verticales o «palitos», cuya longitud debe ser igual a la altura que se le quiere dar al cesto, más lo necesario para hacer las paredes.
En el caso de que se trate de una cesta pequeña, el número inicial de palillos es suficiente para terminar de confeccionar la cesta sin necesidad de agregar otros. Las paredes se elaboran dando dos vueltas alrededor de los cuatro primeros grupos, conformados por cuatro palitos. Posteriormente los grupos se dividen en dos, resultando ocho grupos de dos palillos, alrededor de los cuales se dan otras dos vueltas, dividiendo nuevamente los grupos, como se hizo antes, de modo que se siga trabajando sobre palillos simples. Cuando se trata de cestos grandes, se hace necesaria la incorporación de nuevos palillos, después de haber terminado la rejilla o base que forma el fondo. Cuando se ha terminado de tejer, se usa una hebra para atar o asegurar los palitos, haciéndoles un reborde.
El asa de una canasta se realiza con las primeras vueltas de la tejedora sobre las hebras de mimbres. La tejedora se inserta al lado de ellos, dando tres vueltas sobre los mismos.

La falta de funcionalidad de los objetos de mimbre o caña los ha convertido, al igual que los hechos de esparto, en objeto de decoración rústica de interés turístico. Quedan ya pocos gitanos y gitanas de edad avanzada que sepan realizar estos trabajos que han servido de sustento y han identificado durante muchos años a una etnia como la gitana.