El trabajo del mimbre consiste básicamente en la realización de cestas y otros contenedores a partir del trenzado de varas secas con las que se consigue formas cónicas sobre una base circular, a la que se les puede añadir diferente agarres en forma de azas. No constituía un modo de subsistencia por sí mismo, sino que era un saber ampliamente extendido en el ámbito rural al confeccionar útiles de uso doméstico y para labores del campo.
La antigua abundancia de mimbre en las orillas de los causes de agua, en las lindes de los caminos, alrededor de los huertos o en estos mismos hacía que existiera mimbre disponibles y se pudiera trabajar todo el año, aunque el mimbre se recoja en primavera y verano.
Esta actividad se ha vuelto prácticamente marginal y muy ocasional hoy día, ante la desaparición de mimbreras y la compra de mimbre a un elevado precio, unido a la proliferación y abundancia de utensilios elaborados a partir de otros materiales como plástico y la decadencia de gran parte de las tareas agroganaderas en las que se necesitaban útiles de mimbre.
Pocos son los artesanos que atesoran este saber. Éstos se reducen a personas mayores que trabajan el mimbre y que se resisten a su desaparición, lo realizan como afición o como forma de preservar una actividad a la que dedicaron buena parte del tiempo de sus vidas.
Los coste de mantenimiento en valores económicos son prácticamente nulos, sin embargo los costes en tiempo son muy altos, ya que al tiempo dedicado a la propia realización hay que unir los de el cuidado de las mimbreras, su recogida y su preparación. El artesano puede invertir, teniendo ya la materia prima, una jornada de unas ocho horas para hacer dos cestas de 20 centímetros de diámetro y 20 de altura, vendiéndolas cada una entre 5 y 10 euros. La cuenta, si las logra vender, que es un caso raro, es una ganancia de 20 euros a los sumo por una jornada de trabajo, sin contar la preparación y búsqueda del mimbre o las varetas de olivo.
Cuando la realización de útiles de mimbre estaba asociada a labores agropecuarias como la recogida de la aceituna, con frecuencia esta se llevaba a cabo en el mismo lugar de trabajo, es decir, en el campo.