El oficio de espartero se ha basado en la elaboración de distintos objetos, a partir de la planta del esparto seca o curada, para uso doméstico y para su utilización en los trabajos del campo (agrícola y ganadero). Por lo general, la base para la confección de dichos objetos es la pleita, «faja o tira de esparto trenzado en varios ramales» (Real Academia Española, 2001, 22º ed.); un ramal es un grupo de cinco o seis hojas de esparto que se van trenzando conjuntamente. La pleita estará formada por tantos ramales como el artesano desee, siempre y cuando sean impares; por lo general es frecuente usar entre tres y trece. Dependiendo del número ramales empleados (entre tres y trece) se elaborarán distintos tipos de objetos. Una vez terminada la pleita, el artesano cose esta larga faja según voluntad y criterio, utilizando un cordón del mismo material; como resultado se obtienen serones, espuertas o capachos, entre otros objetos.
Tradicionalmente la espartería ha tenido un papel relevante en la red productiva, ya que la mayoría de objetos realizados se empleaban en el transporte de los productos del campo. En la actualidad esta actividad, y el saber que trae aparejado, se han desvinculado del sistema productivo agrario. Los objetos confeccionados a partir de este material han pasado a ser considerados, en muchos casos, elementos de carácter decorativo -se suelen confeccionar los modelos tradicionales pero en menor tamaño-, o bien han visto reducido su ámbito al doméstico. Es el caso de las persianas de esparto, producto tradicional que recientemente se ha vuelto a poner en valor.
Este oficio tradicional en escasas ocasiones generaba al artesano trabajo durante todo el año, por lo que era habitual que los jornaleros que faenaban en el campo elaboraran sus propios objetos de esparto. También era frecuente que los mismos artesanos compaginaran esta actividad con otros trabajos.