La tejeduría manual es una de las actividades artesanas más antiguas que se conocen y su práctica requiere de bastante experiencia y conocimientos amplios y difíciles de conseguir sin algún tipo de aprendizaje o estudios.

La función principal de un telar es mantener los hilos de urdimbre bien tensados y ordenados para facilitar la pasada de la trama. Los hilos de la urdimbre están recogidos en dos travesaños o rulos (plegadores): el plegador de hilo en el que se enrolla la urdimbre no tejida y el plegador de tela en el que se pliega el tejido realizado. Tomando en consideración la posición de la urdimbre en los telares, éstos se clasifican en telares de urdimbre vertical (también llamados de alto lizo que se reservan para el tejido de los tapices) y telares de urdimbre horizontal (o de bajo lizo). Unos y otros están provistos de lizos que permiten separar instantáneamente cierto número de hilos de urdimbre diferenciando así dos capas y formando una apertura que se denomina calada, por la que se introduce la trama. El hecho de cambiar la construcción del telar y disponer la urdimbre horizontalmente supuso un paso importante en la evolución del telar, lo que permitió unir los lizos a pedales debajo de la urdimbre, impulsando así el movimiento de los primeros con los pies. Otro aspecto fundamental para el perfeccionamiento del telar horizontal ha sido la introducción del batán que permite ajustar la trama del tejido en toda su anchura a la vez. Además, el peine insertado en el batán tiene la capacidad de ordenar los hilos de urdimbre.

La difusión del telar horizontal o de bajo lizo fue un fenómeno plenamente medieval que se produjo en la Península Ibérica a partir del siglo XI y coincidió con el nacimiento de la gran industria lanera del norte de Francia y Flandes, interesada en la elaboración de tejidos cada vez más complejos y lujosos destinados a satisfacer las ansias de ostentación de monarcas, nobles, clérigos y burgueses frente al resto de la sociedad. Fue además una de las mayores innovaciones tecnológicas en la historia de la industria textil europea, puesto que la capacidad productiva del telar horizontal era entre cinco y diez veces superior a la del antiguo telar vertical. Consecuencia de la introducción en Occidente de la industria de la seda, de mano de los musulmanes en el siglo VIII, la tecnología china del lejano Oriente pasó a conocerse también en Europa. En los telares de seda el número de lizos y de elementos auxiliares se multiplicaba para permitir la confección de tejidos compuestos como terciopelos, satenes y damascos. Para ello, comenzó a utilizarse el telar de tiro que era un telar horizontal o de bajo lizo diferente de los convencionales por poseer una doble urdimbre que se enrollaba en un plegador complementario en donde se preparaban muchos hilos de color. Los diseños lujosos en los paños de seda se hacían gracias a muchos juegos de lizos que permitían la formación de dibujos que se repetían en el proceso de tejido y que funcionaban a través de un complicado mecanismo de pesas.

La cultura musulmana fue la gran promotora de esta actividad en la provincia de Almería, que, con la introducción de la seda favoreció la creación y el desarrollo de una importante industria textil, con el tiempo esta industria conocería una progresiva decadencia en tiempos de la reconquista cristiana. A pesar de ello, esta artesanía continuó desarrollándose en los talleres familiares siendo escaso el número de éstos que han perdurado hasta la actualidad, debido al empobrecimiento tradicional que ha sufrido la sociedad rural almeriense.

Concretamente, en la comarcalización de Filabres- Tabernas encontraos un taller en Gérgal, cuya artesana llegó a la localidad en el año 2001, iniciando un largo camino para poder ejercer su profesión de tejedora. Los telares típicos de la comarca, de procedencia musulmana, se encontraban mal conservados y, debido a su gran tamaño, optó por fabricar un modelo que se adaptase a sus necesidades. Fue en Manresa donde encontró a una persona que le fabricó un telar de bajo lizo, fácil de desarmar y de menor tamaño. Con este telar ha impartido numerosos cursos por toda la comarca en un intento de potenciar la conservación y continuidad de esta tradicional artesanía.

En sus tejidos, la artesana ha incorporado formas y colores típicos de la zona, influencia de la cultura musulmana, junto con innovaciones realizadas a los tejidos característicos de la comarca como son las jarapas. En la elaboración de estos tejidos sólo utiliza fibras naturales como el algodón, linos, seda, y lana. Con la llegada de ésta, el municipio ha recuperado una artesanía ya desaparecida hasta el momento y la posibilidad de un futuro desarrollo de la misma a nivel comercial.