Una de las actividades económicas más extendidas y de mayor tradición en las comarcas de Huéscar, Baza y los Vélez ha sido siempre la ganadería ovina, especialmente centrada en las últimas décadas en la raza segureña. Sin embargo es también una de las actividades que más profundamente se ha transformado en los últimos cuarenta años, abandonándose por completo determinadas prácticas que han sido sustituidas por modos de trabajar destinados fundamentalmente a aumentar el rendimiento de la cabaña ovina.

Originalmente la ganadería ovina era importante por la extracción de lana y el consumo de carne, si bien este último era mucho más moderado que en la actualidad (se consumían borregos, pero en menor medida que en la actualidad, ya que también se sacrificaban para su consumo las ovejas de más edad). A partir de los años setenta del siglo veinte, con la introducción masiva de lana australiana y la creciente elaboración de prendas de otros tejidos (fibras sintéticas y especialmente algodón), el ganado comenzó a valer cada vez menos, pero paradójicamente a partir de los ochenta se empezó a valorar para consumo cárnico. Este cambio económico fue seguido inmediatamente por un cambio en las prioridades de cría, se abandonaron las razas lanares (sobre todo la merina) y se comenzaron a potenciar razas cárnicas, entre ellas la segureña era especialmente valiosa, sobre todo por su gran aprovechamiento de los recursos del medio y su rusticidad, que la hacía ideal para las condiciones medioambientales del norte de Granada y Almería.

La opción por la segureña se debió en gran medida a la influencia de la Asociación Nacional de Criadores de Ovino Segureño (ANCOS), que potenció la perfección de la raza y ha actuado durante décadas como motor económico de las ganaderías de la zona. Entre los servicios ofrecidos por ANCOS, además de la gestión comercial de los corderos, se encuentra la del control fenotípico y genotípico de la raza, en la búsqueda de una mayor resistencia a las enfermedades y rentabilidad cárnica.

Por último es necesario tener en cuenta el progresivo abandono del medio rural a partir de los años 60 del siglo veinte, más marcado aún en la zona por la falta de alternativas económicas y lo aislado de la zona. Estos tres factores (cambio económico, cambio de gestión y falta de mano de obra) confluyeron en un cambio radical de los modos de cría de la oveja segureña. El ganadero/pastor que pastorea a sus animales en un espacio determinado y delimitado y completa su alimentación con piensos, ganó espacio frente al pastor que cuidaba animales ajenos o al trashumante que subía a la sierra en verano o cruzaba a Jaén en invierno, por ser estos modelos económicamente inviables (y legalmente dificultosos, al controlarse por motivos sanitarios el movimiento de animales fuera de las explotaciones).

Actualmente el ganadero/pastor (en adelante solo ganadero) posee rebaños de mediano o gran tamaño (casi siempre más de 500 cabezas de ganado) y busca la mayor rentabilidad posible de los mismos, forzando a las madres hasta a tres partos cada dos años, con una vida útil de cinco años como máximo (lo que puede suponer un total de hasta ocho partos, algunos de ellos múltiples). Si bien es una actividad que resulta rentable por si misma, es habitual que se complete con otras actividades (cultivo de leguminosas en secano, en la mayoría de los casos).