El trabajo del apicultor es continuo y constante, e incluye tareas de control de población y extracción de la miel, fundamentalmente en la estación de primavera. Durante el invierno o estación de receso, el trabajo consiste en la preparación del material de madera para la siguiente temporada, en donde alojará las nuevas familias, así como advertir posibles enfermedades o plagas de las poblaciones de abejas para poder tratarlas a tiempo.
La actividad de la apicultura (técnica) exige, en sus inicios, la adquisición del material necesario para la crianza de abejas. Son varios las herramientas que permitirán al apicultor desempeñar esta actividad. La colmena es el instrumento básico y constituye el hogar del futuro enjambre. No es imprescindible la compra inicial de un gran número de colmenas, ya que se pueden ir ampliando con el tiempo y crecimiento de la población de abejas. Tras la elección del espacio donde situar el apiario, el apicultor procede a la colocación y preparación de las colmenas. Las colmenas se rellenan con varios panales que llevan instaladas unas láminas de cera para facilitar la anidación de las abejas y en la parte inferior disponen de una abertura (o piquera) que permite su entrada y salida.
Durante los meses de invierno el apicultor visita las colmenas para conseguir una correcta distribución de las crías, reforzando, en caso necesario, las colmenas con menos cantidad. También realiza tareas de curación (aproximadamente dos veces al año) debido a las numerosas enfermedades que pueden atacar las colmenas (como es el caso de la plaga del pulgón); para ello es necesaria la aplicación de productos específicos para evitar las plagas. Llegada la primavera, los apicultores pueden comenzar a cortar las colmenas en función de la cantidad de miel que contengan los panales. Este proceso pueden realizarlo varias veces en el período comprendido entre el comienzo de la primavera hasta finales del mes de junio. Es en este período cuando las abejas abandonan el ciclo de crianza para comenzar la producción de miel. Finalizada esta etapa, y tras devolver los cuadros despojados de la miel a las colmenas, éstas se dejan descansar durante los meses de julio y agosto para comenzar de nuevo los preparativos coincidiendo con el comienzo del otoño.
El proceso descrito se corresponde con la apicultura sedentaria; en la apicultura migratoria el procedimiento es diferente, pues las colonias se mudan para usar las variaciones regionales de las afluencias de néctar, lo que, efectivamente, alarga el periodo de afluencia de miel, siendo prioritario un buen sistema de transporte.
Hoy día, en la pedanía de El Pocico, perteneciente a Lubrín, quedan todavía algunas familias que producen miel con colmenas de corcho y de caja para el autoconsumo.