Se trata de un caramelo a base de miel de caña que se elabora en la comarca de la Axarquía y se consume con motivo de celebraciones a lo largo del calendario ritual anual, como es el caso de las Cruces de Mayo en Torrox y Frigiliana o la Cuaresma en Vélez-Málaga, entre otros.
Es elaborado por mujeres en sus hogares y llevado al espacio de celebración para ofrecerlo a los asistentes, formando parte de los alimentos que, en el caso de Torrox, son depositados en los altares de las Cruces de Mayo a modo de ofrenda.
Procedimientos:
En un recipiente o una sartén de cobre se vierte un poco de aceite y luego la miel de caña, para evitar que ésta se asiente directamente sobre la superficie. Se pone a fuego lento y se remueve con una cuchara de madera hasta que la miel va densificándose y cogiendo un color dorado y la textura de caramelo. Para comprobar que está en su punto se tira una gota en un recipiente con agua y, si se mezcla con el agua, es que aún le falta un poco de espesor; por el contrario si se «hace una bola» es que tiene la textura adecuada.
Entonces se vierte en una mesa de mármol o bandeja donde, aún caliente, se estira durante un rato. El resultado es una tira de un grosor de un centímetro que se va estirando con las manos y liando sobre sí misma hasta que va adquiriendo una tonalidad más clara. Luego se deposita sobre una superficie y se va cortando con un cuchillo o tijeras cada dos o tres centímetros. Finalmente se colocan los pedazos en una bandeja y se mantiene en frio para que no se deshagan, siendo consumidos posteriormente ya solidificados.