El mollete es el pan típico de Marchena. Es un producto totalmente artesanal elaborado con harina, agua, sal, levadura y ajonjolí. De origen árabe, que recuerda muy de cerca la pita, y que en Marchena se ha integrado en la alimentación cotidiana de la población, adquiriendo marcadas connotaciones identitarias. A pesar de ello, solamente dos panaderías siguen preparando en mollete de forma tradicional.
En una de las panaderías, el mollete se prepara todos los días, domingo incluido. La actividad comienza a las 7.30 de la mañana, menos el domingo que se empieza a las 2.30 de la madrugada «para terminar más temprano y descansar en la tarde». En cuanto a la calidad del pan, la diferencia entre el mollete artesanal y el mollete industrial reside básicamente en su cocción en horno de bóveda, alimentado con leña de olivo, y en el uso solamente de ingredientes naturales, sin «mejorantes» añadidos. Además, los molletes se moldean manualmente, uno a uno, «porque no hay dos molletes iguales».
Sin embargo, es la dimensión socio-económica de la actividad que marca la mayor diferencia entre producción artesanal e industrial. En los hornos tradicionales se diluye la separación entre espacio de vida y espacio de trabajo, en cuanto en las panadería familiares el obrador y el horno son casi una prolongación de la casa. Los adultos atienden la panadería mientras que en la habitación adyacente la vida doméstica se desarrolla normalmente. Así mismo, se acorta la distancia entre el productor y el consumidor, siendo el horno un espacio abierto donde los clientes acceden directamente y socializan en espera de que los molletes salgan del horno. El horno aquí es sinónimo de panadería, en cuanto no existe separación entre espacio de producción (horno) y de venta (panadería).
El valor de producto descansa por lo tanto en el conjunto de estos aspectos, preservando formas de trabajo artesanales y favoreciendo el intercambio comercial como relación social.