Uno de los dulces extendidos por las zonas de sierra, elaborado a base de miel y cidra, es la meloja, tan presente en la tradición culinaria de Almadén de la Plata que a sus habitantes les llaman «melojeros». A pesar de haber disminuido la producción casera de miel, muy difundida hasta los años sesenta y setenta del siglo XX, cuando era muy común que cada familia tuviese sus propias colmenas, aún se sigue elaborando en hogares para consumo propio y su abundante presencia en el mercado local da cuenta del arraigo de un dulce que puede ser consumido solo o acompañando otros alimentos.
Los ingredientes utilizados en su elaboración son miel y cidra.
El primer procedimiento cosiste en hervir la miel en una cacerola. Simultáneamente, se trocea la cidra y se «le da un poquito de hervor en agua». Una vez cocida la cidra, se escurre y se añade a la miel hirviendo. A continuación, esta mezcla se somete a un largo proceso de cocción removiendo constantemente con una cuchara de palo para que no se pegue.
El punto óptimo para ser retirada del fuego y ver si está lista es que la mezcla ha de tomar consistencia y volverse de un color oscuro brillante, y acto seguido, se coloca un poco de ella en un plato y se observa si la masa se inclina, es decir, «si empieza a correr así, despacito, despacito significa que ya está lista». También existe otro procedimiento para comprobar si la meloja esta bien hecha, y consiste en poner un poco de la mezcla entre los dedos y, si al despegarlos forma un » hilito», significa que ya está lista; en el caso de que este se parta, es que todavía tiene agua y hay que seguir con la cocción.