La albardonería constituye una actividad artesanal que comprende la elaboración de aparejos destinados a las caballerías, concretamente de jalmas, los aparejos rellenos de paja que se colocan sobre el lomo del equino, y las sobrejalmas, la manta de lana confeccionada en varias tonalidades que se coloca sobre el aparejo.
En el taller objeto del presente registro se realizan tanto trabajos de guarnicionería como de albardonería a pequeñas escala y casi siempre por encargo.

Para los trabajos de albardonería se suelen usar materiales como la lona y las lanas gordas denominadas estambres con las que se elaboran las guarniciones o dibujos, con hilos de distintos colores, sobre las monturas o aparejos. El equipamiento confeccionado por el albardonero comprende la elaboración de las «albardas», los «lomillos», la «cubierta», la «cincha», las correas que sujetan la montura por la barriga del animal, y «ataharres» o «retranca», los correajes que sujetan la montura por las ancas del equino. Por lo general estos aparejos se confeccionan para permitir el trabajo de las caballerías en distintas faenas o bien para el lucimiento de los animales en exposiciones y ferias.
El artesano entrevistado comienza a aprender el oficio a los dieciséis años en un taller de la misma localidad. Sin embargo, pronto asciende y comienza a trabajar en otro taller local. En este último permanecerá durante veinte años aprendiendo el oficio de albardonero. Por lo general en décadas anteriores en estos talleres se asumían varias especialidades por lo que era frecuente que se desarrollaran trabajos de talabartería, albardonería o guarnicionería de forma simultánea.

Para el equipamiento del aparejo del equino primero se coloca el «ataharre», después el «mandil», la cinta o «cincha» (sujeta todo el aparejo pasándola por debajo de la panza del animal y las ancas), el «rondón» y por último se colocan las «sobrejalmas».