El acero, combinación de hierro con una pequeña cantidad de carbono mediante el temple no se conoce en pequeñas piezas egipcias hasta el siglo XVI a.C. Mientras que la fundición al estado líquido no se da hasta el siglo XIX de nuestra era con la aparición de los altos hornos, aunque anteriormente desde la Edad Media se obtuviera hierro semifundido. Antes, en el siglo XIV se aumentó el tamaño de los hornos utilizados para la fundición y se incrementó el tiro para forzar el paso de los gases de la combustión con lo que se obtenía el llamado arrabio que necesita una temperatura menor que el acero y que el hierro forjado. Tan sólo se obtenía acero de manera accidental a partir del refinamiento del hierro forjado o el mismo arrabio.

Se dice que en la Península Ibérica el conocimiento fue introducido por los fenicios, pero su divulgación se atribuye a los celtas a partir del siglo VI a.C. Durante siglos su conocimiento está expuesto a las diferentes etapas como la protohistoria, el románico, el gótico, el árabe y mudéjar, etc., los cuales cada uno dejará su impronta tanto en las formas como en las técnicas de trabajo. Con la Revolución Industrial, con sus ritmos y repercusiones diferentes según las zonas, se introduce uno de los cambios más drásticos en la dilatad historia de la forja, pues se produjo una adaptación mediante proceso de trabajo menos artesanales.

En el norte de Córdoba, Los Pedroches y el Valle del Guadiato se conoce el oficio desde tiempos inmemoriales y durante el último siglo se combina la forja tradicional, ligada a las tareas agropecuarias y los trabajos finos de minería, como el temple de los punteros de las barrenas, con los trabajos a gran escala en las numerosas industrias subsidiarias de las minas de la zona. En Villanueva del Duque la forja y la fragua viven durante largo tiempo momentos de esplendor, debido a sus usos tradicionales, como debido a la presencia de importantes minas en su término municipal como las ya abandonadas del Minas del Soldado o de Las Morras.

Las fraguas fueron, hasta su declive en la segunda mitad del siglo XX, lugares con una gran actividad, siendo una práctica muy extendida, pues en ella se elaboraban útiles de labranza. Actividad que comprendía las labores propias que se realizaban en ella, pero también resultaban lugares de encuentro entre los vecinos. En la actualidad, salvo la presencia de algún curioso o alguna persona mayor atada a sus antiguas costumbre, en las fraguas se ven poco menos que los que trabajan allí, que en su mayoría son herreros o trabajan la carpintería metálica.

El trabajo de la forja consiste básicamente en la deformación de los metales en frío o aplicándole calor, su soldadura y su ensamblaje a partir de molduras, huecos o canales. Con ello se obtienen piezas de metal de gran resistencia.

Otra de las labores más destacadas dentro de una fragua es el temple de los metales que requieren de un acabado y dureza especial como los punteros de los mineros o cuchillas, que requieren especial dureza. También hay que destacan la transformación del hierro en acero, bien sea con carbono, de especial resistencia, bien en acero inoxidable.