El arte de la taracea ha llegado hasta nuestros días a través de la transmisión del conocimiento que aún conservan los artesanos que mantienen abiertos algunos talleres en la ciudad de Granada. Básicamente consiste en una artesanía cuyo trabajo radica en adherir piezas geométricas (grecas y estrellas de madera) sobre otra superficie plana de madera: un tablero, una mesa, un estuche, un bargueño, una caja, etc.
La taracea es una artesanía que tiene su origen en la España musulmana, pues fueron los árabes los que introdujeron esta técnica vinculada al trabajo de marquetería. El Reino Nazarí de Granada fue el lugar en donde dicha artesanía adquirió mayor esplendor gracias a su uso en el mobiliario palaciego, enriqueciéndolo decorativamente. Poseía una distinción en cuanto a los elementos ornamentales, inspirándose en figuras geométricas y lacerías que pueden hallarse en los zócalos de los palacios y jardines de la Alhambra. Durante este período se fabricaron distintas tipologías de mobiliario como puertas, arcones, sillas, etc., utilizando dicha técnica que consistía en la incrustación de pequeñas piezas de madera en un tablón del mismo material intercalando líneas y formando así una gran diversidad de polígonos. Para la composición de las piezas, aparte de maderas de diversa tipología se utilizaban otro tipo de materiales más lujosos como el marfil, el hueso, el carey, el nácar e incluso incrustaciones de plata. La coloración de las maderas era otro aspecto que definía la taracea nazarí.
Tras la toma Granada por los Reyes Católicos, la taracea no desapareció, si no que pervivió a través del arduo trabajo de los artesanos que prosiguieron con esta artesanía en sus talleres durante varios siglos.