La enea o anea, planta de hojas largas que nace silvestre en las márgenes de los ríos y se recoge en verano entre los meses de julio y agosto, se ha utilizado tradicionalmente para la elaboración de asientos de sillas y banquetas, destinados a cubrir las necesidades domésticas de la población, los cuales también pueden ser reparados y sustituidos con el desgaste. Ha sido un saber generalizado en la localidad, sobre todo mujeres que realizaban este trabajo para las fábricas de sillas de la zona.

En Grazalema existe hoy día tan sólo una persona que se encarga de su fabricación, para la cual la enea ha de humedecerse para poder ser trabajada a mano y se raja longitudinal para hacer tiras finas y retorcerse formando un cordón. Se trabaja con cuatro ramales de enea a la vez, a los que continuamente se le van añadiendo, de dos en dos, más ramales. Primero se trabaja el lado más ancho del asiento, hasta que el relleno de enea alcanza la misma longitud que el palo trasero de la silla. A partir de ese momento se trabajan las cuatro esquinas a la vez. Finalmente, una vez terminadas las esquinas, se rellena el hueco que queda en el centro de la labor. Cuando se descansa en la labor es necesario mantener húmeda la enea, fundamentalmente cuando hace calor. Para ello el haz de la fibra se envuelve con una manta y se humedece con una brocha; también se coloca un plástico sobre el extremo de los ramales alrededor del palo de la silla. Con una aguja con una hebra de enea se cose y cierra el asiento de la silla.