El azulejo es una pieza de barro con decoración de cerámica vidriada que, distribuido a lo largo de grandes superficies, desarrolla un determinado diseño decorativo. Su desarrollo es de origen árabe, si bien la etimología del término es confusa, pudiendo ser una variación del término árabe «az-zulaiy» («piedra pulida») o una descripción referida a una de las técnicas más extendidas en sus orígenes, consistentes en la decoración con esmaltes azules (de donde derivaría el término azulejo, literalmente «azulado»).
En origen se representaban exclusivamente formas geométricas o textos en árabe, pero su extensión por toda la Península Ibérica, el sur de Italia y las islas del Mediterráneo occidental permitió la aparición de numerosas y variadas técnicas decorativas, así como de una gran variación en los motivos empleados.
En España, y particularmente en Andalucía occidental, se vincula la azulejería a la decoración de viviendas, muy especialmente a sus interiores y patios, ya que de este modo se pueden aprovechar sus características refractarias e impermeabilizantes, lo que permite que una gran superficie de azulejos reduzca la temperatura de una vivienda. Como elemento arquitectónico resulta relativamente económico y contribuye a realzar sensiblemente el aspecto de cualquier obra, y como elemento decorativo exterior (particularmente placas identificativas, imágenes y retratos) resulta muy vistoso gracias a los juegos de colores que se pueden emplear.
Actualmente la azulejería ha evolucionado desde los motivos decorativos geométricos y vegetales, a motivos más abstractos y coloristas; asimismo las técnicas de cocción permiten una mayor resistencia de las piezas durante el horneado, y el empleo de nuevos óxidos ha traído consigo una paleta cromática más amplia.
El taller registrado es el único en activo en la comarca de Écija y zonas limítrofes. La artesana se formó durante la segunda mitad de los años setenta en la escuela de Arte y Oficios de Sevilla, donde se especializó en cerámica y artes decorativas, para completar su formación en el taller de García Ortiz. Durante años se dedicó a la azulejería y a la cerámica como entretenimiento y por carecer de un taller adecuado, pero en 2.002 se trasladó a su actual casa-taller y comenzó a producir para el mercado, centrándose en la azulejería y dejando de lado la cerámica de bulto redondo.
Gracias al gran auge de la construcción inmobiliaria su producción creció rápidamente y llegó a tener a cuatro personas junto a ella en el taller. Sus principales mercados eran la zona media del Valle del Guadalquivir y el entorno de Écija, y la zona costera de Málaga. Vendía su producción a través de intermediarios, salvo en la zona de Écija donde actuaba por contratación directa. Su oferta ha ido variando según la demanda, pasando de un azulejo más tradicional a otro más minimalista; asimismo trabaja también para restauradores, copiando piezas antiguas.
Ya en la segunda mitad de 2.008 y sobre todo durante 2.009, debido a la crisis inmobiliaria, la demanda se redujo drásticamente y el taller quedó solamente con dos trabajadoras, la artesana y una empleada. Asimismo el mercado se redujo a la comarca de Écija, con trabajos esporádicos en otras zonas. Por suerte no tuvo problemas de excedentes almacenados, lo que le permitió trabajar exclusivamente a demanda, sistema que seguía manteniendo en el momento de las entrevistas.