La elaboración de cirios o velas constituye una actividad artesanal que consiste en la adición de sucesivas capas de parafina derretida sobre una mecha o pabilo, a través de un proceso de inmersión. El pabilo se sumerge en un recipiente con cera derretida, se saca, la capa de cera se solidifica y se vuelve a sumergir. El procedimiento se repite sucesivamente hasta que se alcanza el grosor deseado.

Para llevar a cabo el proceso de inmersión se emplean unas tablillas donde se sitúan las mechas o pabilos, amarrados en sus extremos a unos cáncamos y con una barra metálica en el centro que actúa de contrapeso. Las tablillas se cuelgan de una estructura metálica que forma parte de una máquina automatizada, que se programa para sumergir los pabilos, cada cierto espacio de tiempo, dentro de un noque de parafina derretida. La cera se mantiene líquida, al baño de maría, dentro del recipiente a unos 80 o 100º de temperatura. Este cuenta con unas resistencias eléctricas que le proporcionan el calor necesario. Dependiendo del grosor que se pretenda obtener, la vela o cirio se sumerge en el noque las veces que sean necesarias. Al salir el pabilo del depósito la cera se adhiere a él por contraste de temperatura. De este modo, va adquiriendo las diferentes capas que engordan la vela al solidificarse unas sobre las otras. Cuando ya han alcanzado el grosor suficiente y se han enfriado, se corta, con ayuda de unas tijeras, la punta de las velas para liberarlas de la barra metálica o contrapeso y separarlas. Finalmente, las velas son calibradas con ayuda de una terraja y cortadas a la medida correspondiente.