Dentro de las escenas cotidianas del paisaje de los municipios costeros de la provincia de Huelva, nos remontaríamos como mínimo a tres décadas, era frecuente encontrar a pescadores «labrando» redes de trasmallo en las puertas de las casas o dentro de ellas en invierno si hacía frío.

Las redes se confeccionaban o labraban entonces a mano de forma artesanal. Entonces eran fardos o pedazos de tela que había que cortar y dar formar. El plomo de la relinga inferior se fundía (plomo antiguo que se machacaba con un martillo sobre la moldura). Los distintos paños de malla se hacían con cuerdas de algodón que se anudan sobre sí misma en forma regular y ordenada hasta conseguir una ¿trama¿.

El trasmallo es un arte artesanal de enmalle que se utiliza a modo de trampa situándose como barrera en el desplazamiento del pescado o banco de peces. Existen varios tipos de artes de trasmallo, donde el sistema de pesca no cambia y las redes son muy similares entre sí, pues sólo varía la ¿brasa¿ o longitud. También puede variar la densidad de la malla, según estén destinadas a la capturas de peces como el lenguado de unos 65 mil o de mariscos, como el langostino, de 50 mil. El pescado capturado con trasmallo suele estar más cotizado que el de otras artes, debido a su mayor frescura, pues su tiempo de enmalle no suele superar las 2-3 horas, es decir, el tiempo que permanece calada la red.

Los trasmallos están formados por tres paños de red superpuestos. Los dos exteriores de malla clara ¿albitanas- se encuentran montados de manera que coincidan sus mallas, es decir, simétricos. El paño central es más tupido y alto que los exteriores para que quede flojo y pueda formar bolsa. Las capturas tropiezan con el paño central al atravesar por una de las albitanas y, al forzarlo, lo arrastran e introducen por la malla de la segunda albitana, formándose de esta manera una bolsa que retiene al pez. La red y las albitanas están unidas en su borde superior a una relinga o tralla de flotadores, y en el inferior a una relinga o tralla de plomos.

En la actualidad, el proceso tradicional de confección de la red en su totalidad ya no se realiza. Con el paso del tiempo, la técnica ha experimentado múltiples cambios. Hoy día las redes sólo se arman, se cortan y adaptan dando forma según el sistema de trabajo o tipo de arte. Se ha sustituido el hilo y malla de algodón por nylon, paños de malla que se compran hechos de fábrica, igual que el plomo.

Si el paño dañado durante el calado de la red es el central, se repone introduciendo en medio de las albitanas la nueva red interior. Se comienza seleccionando cinco mallas por las que se pasa el hilo. Una vez unidas se fijan mediante nudos a la relinga o tralla (se pasa en dos ocasiones el hilo por la relinga o tralla, se anuda, y se vuelve a dar dos vueltas por la tralla y se vuelve a anudar). El punto de arranque donde se amarra el hilo que une las mallas de la nueva red se conoce popularmente como ¿chicote¿. Al mismo tiempo, durante el proceso se pueden reparan las mallas de las albitanas, se empalma la cuerda rota de la malla con dos vueltas y el hilo nuevo se fija otra vez a la tralla. El tiempo total de reparación de la red puede ocupar al redero como mínimo dos o tres horas.

Tradicionalmente, eran los mismos dueños de los barcos los que amarraban las redes y sólo solicitaban en el proceso de trabajo la ayuda de la mujer para hilar las bobinas de hilo o en el momento del ¿chapoteo¿, que consiste en quitar la red vieja y aprovechar los cabos para poder remplazar los paños de mallas.

En la actualidad, ya no quedan rederos que labren redes de trasmallos; y cada vez existe un menor número de personas que sepan ¿armar el arte¿. Los que quedan son en su mayoría hombres de avanzada edad, generalmente jubilados que realizan los trabajos para sus hijos o amigos que se dedican a la pesca y por lo que reciben una cantidad simbólica.