Hasta mediados del siglo XX el caballo tuvo una importancia vital en las economías agropecuarias de toda Andalucía, ya que se empleaba como medio de transporte y constituía un elemento de trabajo indispensable. No obstante, debido a la mecanización de las tareas del campo y a la introducción masiva de automóviles, fue quedando relegado a un segundo plano y con el tiempo pasó de ser una pieza fundamental de la economía a ser considerado un elemento de lujo. Desde entonces y particularmente a partir de los años ochenta y noventa del pasado siglo, la posesión de un caballo no solamente ha sido vista como un elemento que confiere estatus, sino también como un vínculo con la tradición.

Desde el momento en el que el papel del caballo comenzó a pasar a un segundo plano, la cría de este tipo de ganado inició un proceso de especialización en centros, bien de carácter militar bien privados. Tanto en unos como en otros se velaba, ya desde antes de la crisis del sector, por la pureza de ciertas razas equinas, tendencia que pasó a reforzarse a continuación. Cuando la situación empieza a revertir, a mediados de los años ochenta, las yeguadas existentes comienzan a criar animales al gusto de los clientes, pero siempre dentro de unos parámetros raciales determinados, lo que suponía unos costes y se traducía en animales de gran valor.

Se puede afirmar que el proceso de revalorización monetaria y morfológica de ciertas razas de equinos, así como la asociación que se establece entre la equitación y las elites económicas y sociales, contribuyó de manera determinante al «boom» de la cría equina y venta de caballos, que vivió el sector desde los años noventa hasta mediados de la década del 2000, sobre todo en las comarcas de la campiña y el valle del Guadalquivir. Durante esta década larga surgieron numerosas yeguadas nuevas, a partir de encastes solventes y de gran tradición; en la zona se podrían citar yeguadas como Escalera o Torrehermosa. No obstante, muchas de estas nuevas yeguadas apenas contaban con uno o dos sementales, no llegando a ser solventes. Sin embargo el panorama de criadores se amplió considerablemente, continuando y vinculando las nuevas yeguadas a la tradición preexistente.

Tanto en la yeguada objeto de este registro como en las que se mantienen en activo en la comarca ecijana, se cría exclusivamente el caballo andaluz, conocido oficialmente como Pura Raza Española. Se trata de un animal relativamente menudo, con una cruz máxima de 1’65 centímetros, proporcionado, armonioso y de capa torda, castaña o negra, generalmente uniforme y sin manchas. El hecho de que todas las yeguadas trabajen con esta raza se debe a la cercanía de la Yeguada Militar y Depósito de Sementales de Écija, especializada y dedicada a la preservación de la pureza de esta raza. Sin embargo, pese a su dedicación exclusiva, cada ganadero intenta dotar a sus animales de características morfológicas y de comportamiento particulares. Así por ejemplo, la yeguada Herce se precia de tener animales que sobresalen por su altura, pero sin perder la armonía de los miembros y ser de trote muy equilibrado.

La fama y el renombre de los criadores se fundamentan en gran medida en las puntuaciones que reciben los sementales en concursos morfológicos de cierto nivel, entre los que destacan los celebrados en ferias como el SICAB, que tiene lugar cada otoño en Sevilla. Estas ferias sirven también para establecer tratos comerciales, comprar y vender animales, acordar cubriciones, etcétera.

El ganadero entrevistado comenzó la cría de caballos en 1985, pero sin establecer aún yeguada alguna, sólo cruzando algunos ejemplares y comercializándolos a conocidos. Con el tiempo pudo comprar sementales y establecer su propio hierro. Actualmente cuenta con veinticuatro yeguas de vientre y cuatro sementales de distinta procedencia, además de un número variable de potros de diversas edades.

La cría se basa en la existencia de una manada de yeguas de vientre sin domar que viven en semilibertad con algunos potros, unos serán vendidos al alcanzar los dos años y otros permanecerán un poco más para proveer a la manada de nuevos miembros. Por su parte los machos sementales permanecen aparte, bien encerrados en boxes o cubículos o bien en otros cercados: Estos sí reciben entrenamiento continuo, no obstante ambos serán mostrados en concursos de morfología.

Por regla general se intenta ajustar la cubrición de las hembras a la demanda previa existente para evitar el excedente ya que, como es necesario recordar, un potro de más, supone el consumo de piensos y suministros veterinarios. Los potros se entregan al comprador sobre los dos años, cuando ya están completamente formados, para que sea éste quién los entrene según sus preferencias. En cualquier caso el animal no alcanzará su madurez hasta los cuatro años de vida.