En la ebanistería o fabricación del mueble se ha diferenciado siempre entre los carpinteros de muebles «cultos» y los de mobiliario popular. A los primeros se les ha llamado ebanistas, en referencia a la principal madera utilizada, y fabrican los llamados muebles de estilo, cuya decoración ha ido a la par con los movimientos estéticos del momento histórico que vivían, como renacimiento, barroco, . o también los definidos por el nombre del monarca reinante, como el estilo isabelino o el Luís XV. Es ésta una artesanía elitista y minoritaria que tuvo su gran apogeo en el siglo XIX con el ascenso de la burguesía industrial, que reclamaba signos de identificación propios. Este tipo de muebles tuvo uno de sus grandes centros en la Granada del XIX, que hoy está singularizada por el empleo de la madera de nogal procedente de la Alpujarra y por la abundancia en las técnicas de taracea.
Junto a esa carpintería artística y de élite, han existido siempre otros artesanos que manipulaban la madera para elaborar objetos necesarios y destinados a cubrir las necesidades domésticas de la población, no ya a la pura estética. Desde la Edad Media estos artesanos aparecían agrupados por gremios en relación principalmente con el acceso y el aprendizaje del oficio. Para todas las especialidades de la madera, el aprendizaje no podía ser inferior a seis años y los requisitos para acceder a la maestría no eran nada fáciles. La abolición de las ordenanzas gremiales que regulaban toda la artesanía no llegó hasta que la industrialización exigió la libertad de actuación y de comercio. Pero este proceso no ha avanzado en todos sitios a igual velocidad, como es el caso de Andalucía, donde el mayor retraso industrial ha ido de la mano con la prolongación de la existencia de sus productos artesanos. Este tipo de muebles de mayor sencillez decorativa, pero mucho más funcionales que los de la ebanistería, han sido irremediablemente desbancados por la oferta fabril. Sin embargo, se trata de una artesanía de la madera que trabaja todo tipo de muebles elaborados artesanalmente con los mejores materiales, dando como resultado piezas únicas, pues, al estar hechas a mano, no se consiguen dos piezas exactamente iguales, además de ser muy resistentes al paso del tiempo. Algunas artesanías de la madera perviven gracias a su oferta de productos originales y no fabriles; otras se mantienen frente a la competencia industrial, ofreciendo productos más económicos y también existen otros productos cuya sustitución por métodos mecánicos no ha sido posible.
Tanto una línea de la ebanistería como la otra suponen el completo dominio de los oficios y las técnicas complementarias como la talla, la tornería, la marquetería, etc.
En general prevalece el mueble por encargo, por lo que, tanto su estilo como la calidad de la madera, dependen del cliente y el coste final del producto se encuentra en relación directa con el tiempo invertido en su realización.
Lógicamente, a pesar de ser una artesanía, en la actualidad cuenta con el apoyo de maquinaria que simplifica enormemente la realización de algunas fases de la producción, no sólo en los trabajos preparatorios de la madera como cortar, regruesar o cepillar, sino también en el trazado de determinadas molduras y perfiles con la molduradora, la ingleteadora, la espigadora, etc. Pero evidentemente es el artesano quien controla su funcionamiento y no al revés.