La elaboración de manteca con desechos grasos del cerdo supone una de las prácticas tradicionales de aprovechamiento máximo del despiece del animal obtenido en la matanza, siendo transmitido de generación en generación y extendida esta práctica por la geografía nacional, aunque con procedimientos que difieren según unos pueblos y otros. En Adamuz, la elaboración de manteca de cerdo, se realiza paralelamente a los preparativos para la elaboración de chacinas durante el segundo día de la matanza, llevado a cabo en meses de diciembre y enero.
Los ingredientes utilizados para su elaboración son los desechos del cerdo con mayor cantidad de grasas. Previo a la elaboración de la maneca, se prepara el espacio de trabajo, retirado de la vivienda y descubierto para evitar las emisiones de vapor que se producirán durante el proceso de elaboración, y se enciende un fuego con leña donde colocar una estrébedes.
Mientras tanto, se van apartando aquellos desechos del cerdo que mayor cantidad de grasa contienen y que no van a utilizarse para la elaboración de chacinas, quitando con las manos y la ayuda de un cuchillo la grasa de la panceta o manteca acumulada alrededor del estómago del animal, pero sin restos de cortezas. A continuación, se vierte en una sartén grande que se apoya en la estrébedes los desechos grasos del cerdo y se remueven con una rasera para que, paulatinamente, vayan derritiéndose a fuego bajo. Este proceso puede oscilar dependiendo de la cantidad de grasa a derretir, siendo este tiempo ocupado intermitentemente para la preparación y elaboración de otros productos de la matanza.
Una vez derretida la grasa y obtenida la manteca líquida, se vacía de ella la sartén con un pequeño cazo metálico y se trasvasa a recipientes de cristal y plástico duro, los cuales se dejan destapados en un lugar frío para que vaya consolidándose en una masa pastosa, lista ya para utilizar. Los trozos de manteca que quedan en la sartén y se tuestan reciben el nombre de chicharrones, muy utilizados en repostería.L
La matanza supone uno de los rasgos identitarios más relevantes para los adamuceños que sigue presente y da cuenta de su memoria social. Así mismo, goza de una funcionalidad social específica, en tanto que, por un lado, ha constituido a lo largo de varias generaciones y constituye el sustento base en los hogares adamuceños a través del aprovisionamiento para todo un año de productos elaborados como chacinas, jamones y paletas, lomos, solomillos, costillas, espinazo, vísceras, etc. Por otro lado, supone un motivo de encuentro y reforzamiento de lazos entre la red familiar y social, de solidaridad y reciprocidad en la redistribución de alimentos (siendo imprescindible que la persona haya colaborado para que se produzca tal efecto), un espacio de sociabilidad en el que tiene lugar el reparto culturalmente atribuido de roles y espacios según género y edad.