Uno de los dulces más significativos de la repostería utrerana son sus mostachones, bizcochos aplanados que se hornean sobre papel de estraza.

Sobre sus orígenes no hay nada cierto, pues hay quien opina que el nombre deriva de la palabra «mostaceum», de origen romano, y que viene a significar algo así como bizcocho redondo. Sobre esto se podría añadir que, en la actualidad, el «mostacciuoli» es un típico dulce de navidad napolitano con forma de rombo, que puede ir o no cubierto de chocolate y cuyos ingredientes son los mismos que los del mostachón de Utrera, aunque incluye también nueces o almendras. Por otro lado, hay quien lo emparenta con los árabes, alegando que, cuando éstos debieron marchar de Al-Andalus tras haber sido expulsados por los reyes cristianos, los moriscos que en el territorio se quedaron enviaron a sus hijas a conventos, para así evitar que se casaran con un cristiano, llegando a estos lugares la receta del mostachón. Sin embargo, esta narración parece más bien rozar la leyenda, pues no está documentada, aunque bien es verdad que en toda leyenda siempre puede seguirse un rastro de realidad; de hecho, el mostachón de Utrera vivió en los conventos hasta que a finales del siglo XIX pasó a las tahonas del pueblo.

Concretamente la receta de este dulce perteneció a las monjas clarisas instaladas en la localidad, pues es bien conocido que esta congregación franciscana de clausura se mantiene en parte gracias a la elaboración artesanal de los llamados «dulces de convento», cuya venta al público, a través del característico torno del convento, les sirve de sustento económico.

En Utrera fue Diego Ponce de León quien, durante el siglo XVI, cedió algunas de sus casas que ocupaban la manzana entre las calles Matamoros, Catalina de Perea y Juan de Anaya para la construcción del Convento de Santa Clara, del que hoy sólo se conserva un molino y parte del claustro. No fue hasta 1880 cuando José Romero Espejo crea la primera fábrica de mostachones, un horno especializado que, a pesar de sus diferentes transformaciones, ha llegado hasta nuestros días a lo largo de cinco generaciones de artesanos pasteleros.

Es también a finales del XIX cuando el mostachón de Utrera sale de sus fronteras gracias al ferrocarril, siendo estampa característica de los trenes de Sevilla a Cádiz y más tarde también en los Sevilla a Málaga, con trasbordo en Utrera, el vendedor de mostachones que subía al tren en esta localidad para bajar más tarde en alguna otra estación y regresar de nuevo a Utrera. Este peculiar modo de venta ambulante se ha mantenido hasta los años noventa del siglo XX.

En la actualidad el mostachón de Utrera se elabora en la práctica totalidad de hornos y panaderías del pueblo, sin embargo es el Horno de Diego Vázquez el único que puede presumir de ser el heredero directo de la antigua receta de las monjas clarisas.

Es interesante reflejar que en la población manchega de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) existen unos dulces muy parecidos al mostachón, aunque con sutiles diferencias, que son conocidos como «tortas del Alcázar»; también en la más cercana Alcalá de Guadaira se dice que existieron hasta hace poco unos dulces muy parecidos.

Procedimientos:
Se colocan los huevos en un cuenco con el azúcar y se baten enérgicamente hasta obtener un preparado esponjoso. A continuación se agrega poco a poco la harina y la canela y se continúa batiendo hasta que todo esté bien mezclado y homogéneo. Luego se incorpora la miel a la base anterior.

Se les da forma de torta y se colocan sobre papel de estraza previamente engrasado, se introducen en el horno precalentado, a temperatura media, y se hornean los dulces durante unos minutos hasta que adquieran un color dorado.