La festividad de la Noche de Todos los Santos, conocida también por el nombre de la Fiesta de las Castañas, es una celebración extendida por numerosas poblaciones de la Vega de Granada. Se trata de una reunión festiva en la que se encuentran familiares y amigos para compartir y consumir las tradicionales gachas con cuscurrones, boniatos y castañas asadas.
El significado de la fiesta se atribuía a la idea de recordar y honrar a los difuntos. También es una celebración asociada al otoño en la que comenzaban en la cual se realiza un alarde de los alimentos de ésta época del año, como son las castañas o los boniatos. Así como el consumo de gachas con cuscurrones, plato con un gran aporte calórico y accesible económicamente que antaño se comenzaba a consumir para estas fechas en las que comenzaba a hacer frío.
Las gachas se elaboraban con harina, agua, sal, pan y finalmente miel de caña, ingrediente que potenciaba la exquisitez de unas sencillas gachas como plato festivo. Antiguamente existía un refrán dedicado a la persona que comía gachas que decía así: «quién come gachas con cuscurrones está siete días con el guapo subío». Las mujeres, eran fundamentalmente, las que cocinaban las gachas en los rescoldos de la chimenea del hogar. Para ello disponían de una sartén en la que previamente freían el pan cortado en trozos, luego agregaban el agua junto con la harina sin parar de remover hasta que esta se cociese y espesase. Finalmente se mezclaban con los cuscurros y la miel de caña. Durante esta reunión también solían asarse castañas en una sartén perforada y boniatos asados en la lumbre.
Todos comían las gachas en la misma sartén donde se elaboraban, tradición que ha ido variando con el paso de los años.
El primer paso para la elaboración de las gachas con cuscurrones es cortar el pan en pequeños trozos. Posteriormente se fríe en aceite de oliva y cuando se dora se aparta en un plato. A la sartén se agregan cinco vasos de agua y una pizca de sal y cuando empieza a hervir se agregan cuatro o cinco puñados de harina. Con una cuchara de madera se realizan movimientos giratorios mientras se cuece la harina y se espesan las gachas. Cuando la harina se haya cocido se echan a las gachas miel de caña que le otorga ese sabor inconfundible.
Los vínculos que poseía esta festividad con el más allá y lo desconocido potenciaba la oportunidad para que los más osados gastas en bromas, rompiendo así con lo cotidiano. Una de estas costumbres consistía en disfrazarse de fantasma para aterrorizar al vecindario. Para ello utilizaban una sábana vieja de color blanco con la que se cubrían todo el cuerpo y con las manos cogían un candil para provocar destellos luminosos, efectos que lo asemejaban con un «ser del más allá». Otra de las tradiciones asociada con estos días era la elaboración de farolillos luminosos con melón. Los mayores se lo fabricaban a sus nietos para que jugaran durante esta noche con ellos y pudieran deambular de noche por todo el pueblo gastando bromas. El procedimiento era el siguiente: mediante una navaja se vaciaba el melón por uno de los culos y en los laterales se realizaban diversas figuras. En su interior se colocaba una mariposa de aceite para iluminar el farol y por uno de los extremos se ataba una cuerda del tallo para sujetarlo.
Las gachas con cuscurrones es un alimento asociado a un espacio festivo en el que se conjugan diversos elementos citados anteriormente. Aún persiste la tradición en muchos hogares de elaborar este exquisito plato ligado a un significado socioeconómico, pues es un alimento que desciende de tiempos pasados de carestía en los cuales la harina se constituía como base de la alimentación diaria debido a su aporte calórico y accesibilidad entre los hogares más humildes. Para los cuscurrones se aprovechaba el pan duro del día anterior, de ahí el origen de su denominación.