El «pescaito», o pescado frito ha sido un plato emblemático de la Feria de Sevilla desde sus comienzos en el siglo XIX, y aunque su consumo se extienda a lo largo de todo el año, es actualmente durante el primer sábado de la feria, el día del alumbrado, cuando adquiere un significado especial como punto de encuentro social para inaugurar la celebración. El acto de compartir platos de pescado frito entre amigos y familiares durante la feria fortalece los lazos comunitarios y refuerza la identidad cultural andaluza.
Su historia se remonta al siglo XIX, con registros de su consumo desde 1847. Surgió como una solución ingeniosa a las limitaciones de la pesca, ya que los pescadores descansaban los domingos y la feria comenzaba los lunes, dejando poco margen para adquirir pescado fresco. Para contrarrestar este inconveniente, se optó por rebozar y freír el pescado, creando así una preparación diferente que se ha convertido en sinónimo de la Feria de Abril.
A lo largo del tiempo, el pescaíto frito se arraigó como una tradición, manteniendo su estatus como el primer plato emblemático de la feria, precediendo incluso al alumbrado y acompañando otros eventos culturales. Una costumbre peculiar asociada a esta noche es que las mujeres evitan vestirse con trajes de flamenca, ya que la verdadera celebración no comienza hasta después del alumbrado.
Hoy en día, la celebración del pescaíto frito continúa en el sábado de feria, coincidiendo con el día del alumbrado. Aunque es común disfrutarlo dentro del recinto ferial, su popularidad trasciende las fronteras geográficas, con numerosos establecimientos ofreciendo menús especiales para esta ocasión en toda la ciudad.
Las variedades más habituales para este plato suelen ser los chopitos, el cazón, los chanquetes, los boquerones y las pijotas aunque también suele incluirse calamares fritos, choco y/o merluza.
Primeramente, se comienza con la preparación del pescado mediante su limpieza. Se eliminan las vísceras y se procede a desescamarlo. Una vez que esté completamente limpio, se enjuaga y se seca cuidadosamente con papel absorbente, comúnmente de cocina.
A continuación, se procede al troceado del pescado, adaptándolo al tamaño deseado o según la presentación que se busque obtener.
El siguiente paso consiste en sazonar el pescado con sal y pimienta, añadiendo otros condimentos según el gusto personal: albahaca, salvia, orégano, tomillo, laurel y limón.
Una vez que el pescado está preparado, se procede a enharinarlo, cubriéndolo completamente con harina de trigo. Luego, se sumerge en aceite caliente. Es crucial que el nivel de aceite sea suficiente para cubrir todo el pescado y que la temperatura del mismo sea alta, alrededor de 180 grados centígrados, para lograr un rebozado crujiente y perfecto.
La gastronomía y el comensalismo en la Feria de Abril se convierten en elementos esenciales de este ritual festivo, en donde ademas del característico «pescaito» se consumen platos tradicionales de la cocina andaluza como el gazpacho, salmorejo, tortilla de patatas, …