La guarnicionería es un oficio artesanal que en muchos casos procede de la reconversión que han tenido que realizar algunos maestros o familias dedicadas a la talabartería. Aunque la esencia es similar, la talabartería era un oficio en el cual el artesano trataba las pieles de animal para la fabricación de aparejos destinados a los animales de carga que se usaban básicamente para el laboreo agrícola. Antiguamente la figura del talabartero existía en muchas poblaciones, pues la base del sector económico, que era la agricultura, necesitaba de distintos aparejos para las bestias que utilizaban los campesinos para ayudarse en las diversas tareas del campo, como el arado de la tierra, el transporte de la cosecha, etc.

El talabartero solía también ir a poblaciones y cortijos donde permanecía incluso durante todo un mes para arreglar todos los arreos que se habían roto por el uso diario. Sin embargo en la década de los sesenta del pasado siglo veinte, con la mecanización del campo y la introducción de nueva maquinaria que facilitaba y agilizaba el trabajo en el campo fueron desapareciendo los animales de carga que se usaban para las diversas tareas del campo. La talabartería ha sido uno de los muchos oficios que han tenido que reconvertirse para poder mantener su actividad comercial en el nuevo contexto enfocando la producción hacia otro tipo de mercado. Por este motivo la mayor parte de estos artesanos se dedica en la actualidad a la guarnicionería que es la elaboración de arreos para los caballos.

Alhendín es uno de los escasos lugares en donde aún pueden adquirirse guarniciones elaboradas de forma artesanal. El taller de la familia Raya ubicado en la antigua carretera de Motril, goza de una gran popularidad por su larga trayectoria, pues la tradición talabartera en esta familia ha pasado de generación en generación. En la actualidad elaboran arreos de guarnicionería enfocadas al ámbito de la equitación y empresas que ofertan itinerarios rurales a caballo.